Asuntos pendientes LIAM
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LIAM

La música atronadora que comenzó a sonar de repente me despertó dando un respingo en la cama. ¿Qué coño? Miré por la ventana comprobando que aún estaba oscuro.

—Voy a matarlo con mis propias manos y a enterrarlo en el bosque, o mejor, dejaré que se lo coman los putos lobos.

Me tapé la cabeza intentando que la música que se oía desde el salón dejara de perforarme los oídos, pero no tuve esa suerte.

Entonces lo oí… A él cantando. Y el mundo se paralizó mientras oía su voz rasgada cantando bajo el murmullo de la gente coreando sus canciones. ¿Ray estaba oyéndose a sí mismo cantar?

El mal humor que me había entrado por despertarme de esa manera se me esfumó como el humo que se lleva el viento para dejarme completamente fascinado al oírlo cantar, pero, sobre todo, por saber lo que eso significaba.

No sabía qué estaba haciendo en el salón, aparte de escuchar la música, pero no quise levantarme por si eso lo hacía sentirse incómodo o cambiar de idea y apagarla o algo…yo qué sé. Solo podía pensar en que por fin se atrevía a dar un paso más y escuchar su propia música.

Sabía, por mi propia experiencia, que superar una pérdida, y en su caso la culpa por lo que pasó, iba a ser muy difícil y podía durarle toda la vida.

Pero lo que estaba escuchando ahora mismo era una declaración de intenciones propiamente dicha, así que me levanté para decírselo en persona.

No podía quedarme al margen de este momento tan importante en su vida.

Iba a salir así, desnudo, como dormíamos los dos desde que nos habían podido las ganas de ir más allá en nuestra relación vecinal, pero me acordé de Apolo y me volví para ponerme mis, corrijo, sus, calzoncillos, que estaban tirados en el suelo desde anoche.

***

Joder, ¿no me vas a dejar siquiera que me quite la ropa? Le dije mientras me besaba como si fuese su mejor manjar.

Es que eres muy lento y yo tengo mucha hambre.

Le señalé mi polla ya erecta cuando la sacó de los calzoncillos dejándolos tirados por el suelo.

—Pues ya puedes comenzar a comer.

Me la sujetó mientras me tumbaba en la cama y se subía sobre mí.

Justo iba a hacer eso. Y se la metió en la boca

***

Me obligué a no pensar en eso o me tendría que aliviar antes de salir de la habitación, aunque seguramente, Ray tuviera otras intenciones cuando me viera empalmado. Era insaciable y yo no podía estar más contento por eso.

No me lo esperaba sentado en el suelo ante la chimenea con Apolo tumbado a su lado y escribiendo algo mientras tatareaba por lo bajo.

¿Qué estaba escribiendo tan concentrado? O mejor ¿cómo podía escuchar sus propios pensamientos con la música atronando de esa manera?

No pude evitar meterme con él al verlo en el suelo.

—¿Ya no te gusta el sillón?

Dio un respingo por la sorpresa, y se volvió con una sonrisa gigantesca en la cara.

—Buenos días para ti también —me gritó.

Le bajé el sonido a la música y me acerqué a él que siguió escribiendo sin hacerme demasiado caso. No sabía bien cómo sacarle el tema, pero algo me decía que el paso que acababa de dar era más grande de lo que en principio había pensado.

—Veo que por fin escuchas música de calidad.

Me sonrió, agradecido y siguió tarareando y escribiendo en una libreta que nunca le había visto.

—Sí, hoy me he despertado inspirado. Dame diez minutos y nos ponemos con el desayuno, ¿vale?

Entonces lo entendí.

—Espera, espera, ¿estás componiendo música?

Me arrodillé a su lado y me miró con ¿vergüenza en los ojos?

¿o era timidez? Ninguna de las dos opciones eran propias de él.

Ray miraba al mundo de frente y aunque seguía echo polvo psicológicamente, su personalidad vibrante y divertida, esa que le gustaba reírse de todo y de todos, comenzaba a asomar la cabeza y a ganar terreno al dolor.

Se despertaba llorando algunas noches, pero en general estaba dando pasos gigantescos en su recuperación, y a mí me gustaba pensar que podía haberle influido algo en su recuperación.

No me quería hacer ilusiones con él. Se iría cuando el tiempo cambiara y pudiéramos salir de aquí.

En cuanto se aburriera de mi compañía, porque no nos íbamos a engañar, su mundo no estaba aquí perdido en una montaña olvidada.

Estaba hecho para brillar, y ahora que comenzaba a componer de nuevo, se marcharía antes todavía.

—He despertado con una melodía en la cabeza y necesitaba sacármela. Siempre he compuesto escuchando música y sabes que no sé hacerlo que no sea de manera estridente. Siento haberte despertado —bajó la vista de nuevo a su libreta y le cogí de la barbilla para que me mirara.

—No me importa que me despiertes si es por este motivo. ¿Tengo que felicitarte por esto? —señalé la libreta y se encogió de hombros.

—Todavía no lo sé. Sé lo mandaré a Avery a ver qué le parece, posiblemente sea una mierda y no valga para nada.

—Si lo has escrito tú, será una maravilla como muchas de tus canciones.

—¿Las has escuchado?

Sus ojos se iluminaron antes mis palabras.

—Por supuesto que sí, ahora termina eso mientras hago café.

—Luego prometo encargarme de eso —dijo señalando la erección que tenía bajo los calzoncillos.

—Vale, yo preparo el desayuno y tú te encargas de comerte la salchicha.

Lo hice reír bajito como esperaba.

—Mira que eres idiota.

Lo besé con suavidad en los labios.

—Hago el café. No tardes.