Asuntos pendientes RAY
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RAY

No supe qué había cambiado entre nosotros, pero de repente, de estar consolando a Liam en el sillón, me encontré tumbado de espaldas con él encima de mí, comiéndome la boca como si fuese su plato principal.

¡Joder, por fin! Le devolví el beso con la misma ferocidad y nuestras lenguas se ensalzaron en una pelea en la que no iban a quedar supervivientes.

Mi vecino me sujetaba la cara con las manos para que no pudiese ¿evadirme de su beso? ¿soltarme y perderme este momento con el que llevaba soñando desde que lo conocí el primer día? Flipaba si pensaba que iba a dejarlo escapar sin comerme su polla para desayunar.

—Liam…

—¿Ummm?

No se molestó en dejar de besarme para contestarme.

—¿Vamos a follar, verdad?

Alzó la cabeza para mirarme. Sus ojos oscuros estaban dilatados por el placer y tenía los labios hinchados y húmedos por nuestros besos. Sonrió con una sonrisa tan bonita, que me dieron ganas de comérmela entera y quedarme a vivir ahí.

—¿Tú que crees?

Íbamos bien. Me aterraba que quisiese parar ahora y dejarme con el calentón.

—Bien, cómeme la polla y no te entretengas que estoy muy necesitado —no me importaba suplicar cuando era necesario y este momento iba a ser crucial para nosotros.

—¿Por qué no me extraña que seas igual de impaciente para follar también? Y mandón.

Me reí bajito mientras me bajaba el pantalón del pijama que me había puesto a la carrera cuando lo oí antes. Me gustaba dormir desnudo, pero en esta cabaña hacía un frío de mil demonios y los huevos se me ponían como canicas.

—Vas a tener el privilegio de follarte a Ray Orson, el solista de los Tentations — estaba tan nervioso que me puse a decir tonterías, como me pasaba siempre.

—Todo un honor —me dijo con una sonrisa, tomándoselo a broma. Me alegré de que no se lo hubiese tomado a mal. No era tan egocéntrico como para sentirme más importante que nadie, solo que estaba nervioso. Punto.

—No vayas a ir luego a la prensa contando nada sobre mi piercing ni nada por el estilo.

Ahora sí alzó la cabeza para mirarme. Ya no sonreía y me maldije de nuevo por ser tan bocazas.

—¿Por quién me has tomado? No necesito ir…

Me incorporé para volver a besarlo, y tras unos momentos de indecisión se dejó llevar y me devolvió el beso con la misma desesperación.

—Soy un idiota, no me hagas caso. Por favor no te distraigas y sigue con lo que estabas haciendo.

—Pero serás mandón.

—Por favor… —lo dicho, no me importaba rogar.

—Ahora vamos a comprobar si esta cosa —tocó el piercing con la lengua arrancándome un escalofrío— da más placer o no.

—Cuando te folle luego me lo dices. Ahora chúpamela de una vez.

Lamió mi polla desde los huevos hasta el glande, haciéndome suspirar.

Tenía todos mis nervios centrados en él.

Su mano grande apoyada sobre mi abdomen para que no me moviera y su lengua caliente centrada en mi capullo, lamiendo las gotas de líquido preseminal, mientras la otra mano me acariciaba las pelotas me arrancaba pequeños estallidos de placentero dolor.

—¿Por qué será que no me extraña que no tengas pelo ni en las pelotas?

Me reí, mientras él besaba la base de mi polla y luego bajaba hasta mis testículos para meterse uno en la boca y tirar de él con suavidad. Le hizo lo mismo al otro y gruñí porque quería…no sabía bien lo que quería. Pero lloriqueé de frustración.

—Liam…

—Pronto —me prometió sin darse ni una pizca más de prisa— quiero degustarte a conciencia, niño bonito.

Me habían llamado así en la prensa muchas veces, ya que aparentaba muchos menos años de los que de verdad tenía. En su boca, esas palabras sonaban como un piropo y me relajé, pensando que de verdad podía gustarle a Liam por quién era, y no por ser el integrante de un grupo musical famoso.

Ni sabía con cuánta gente me había acostado sabiendo que no se preocupaban por mí, ni siquiera les importaba mi persona, solo el rédito que podían sacar de la experiencia de haber compartido mi cama. Menuda panda de buitres.

—¿Estás listo?

Sus palabras me sacaron de mis sombríos pensamientos y me devolvieron a la realidad.

—¿Listo para qué?

—Para volverte loco de placer.

—¡Oh, créeme que para eso siempre estoy listo!

—Bien.

Se metió mi polla en la boca, hasta el fondo y alcé las caderas en un movimiento involuntario.

—Sí, joder.

Ya no volvió a bajar el ritmo. Me chupó la polla hasta correrme a los pocos minutos y me dejó completamente desmadejado y exhausto sobre el sillón.

Madre. Mía.