AVERY
Cinco años antes
—¿Te has peleado con alguien? —no había otra explicación. Estaba claro que le habían dado una paliza entre más de una persona. Porque era imposible que peleándose con otro terminara con ese aspecto— ¿tienes rota alguna costilla o algo?
Mi hermano suspiró y bebió un trago del café que nos había traído la camarera. Me miró un largo rato antes de decidirse a hablar.
—Tengo una costilla dañada, pero no se me ha roto. Y no, no me he peleado con nadie.
Alcé una ceja, porque no me lo podía creer. ¿No se había peleado y tenía ese aspecto?
—¿Entonces…? No lo entiendo.
Intentaba recordar al chico dulce que siempre defendía a los demás de cualquier injusticia y que se disculpaba con todo el mundo intentando caer bien. Me era muy difícil recordar todo eso viendo el aspecto que tenía en este momento.
—Ha sido un ajuste de cuentas.
Miró hacia su café, como si de repente fuera lo más interesante del mundo.
Como no dije nada alzó la vista y decidió contarme toda la historia.
—Le pedí dinero a unos tipos…
Seguí sin decirle nada esperando a que terminara de hablar. Miedo me daba pensar lo que podía ser.
—Y como no se lo he pagado me han dado un aviso.
—¿Esta paliza es por un aviso? ¿pero tú con qué tipo de personas te juntas?
Aunque no quería saberlo me obligué a escuchar la historia completa.
—Con la que te deja dinero cuando lo necesitas.
—¿Cuánto dinero?
—Doscientos mil…
Estuve a punto de atragantarme con el café.
—¿Has pedido dosc…? — me obligué a bajar la voz cuando me di cuenta de que estaba gritando— ¿para qué coño querías tanto dinero? —porque si era para drogas tenía un problema mucho mayor del que pensaba.
—He estado haciendo algunas apuestas.
Parpadeé, intentando que mi cerebro asimilara toda la historia.
—…que no me salieron bien.
—Obviamente.
Me sonó el teléfono en ese momento y obvié la llamada porque no me atrevía a hablar con nadie en este momento. Pero que me llamaran significaba que se me acababa el tiempo que había sacado para hablar con mi hermano.
—Resumiendo. Has estado apostando un dinero que no tenías, y para pagarlo has pedido dinero a unos tipos a los que no se lo has podido devolver y te han dado una paliza como aviso de lo que te puede pasar si no se lo devuelves.
—Exacto.
Había tenido la gentileza de sonrojarse, avergonzado. Ese sí era un recordatorio del niño dulce que yo conocía.
—¿Y qué esperas que haga yo?
—Tú tienes dinero. Trabajas con un montón de gente. No te lo pediría si no fuera urgente.
Se señaló a sí mismo como si no me percatara de lo grave que había sido el aviso que le habían dado.
—¿Estás loco? No tengo ese dinero. Empleé el que tenía en la señal de la casa que me acabo de comprar.
—Puedes hipotecarla o algo…
—Ya está hipotecada Clint.
—Puedes pedírselo prestado a alguien de los muchos grupos que representas, yo qué sé.
—No voy a pedir dinero a nadie para que tú te lo gastes haciendo apuestas, joder.
Estaba tan enfadada y decepcionada con él que apenas me salían las palabras. ¿Cómo demonios había sido tan inconsciente? ¿De verdad esperaba que tuviera ese dinero para que le pagara a los matones de tres al cuarto que lo habían dejado como un cristo?
—Avery, si no me ayudas van a matarme —Me recordó como si no estuviese más que claro. Podía oler el miedo que desprendía como un perfume.
—Yo no tengo ese dinero.
—Pídeselo a Ray, ¿no te llevabas de puta madre con ese tío? Seguro que si se lo pides te lo dejará. Está forrado, joder.
—No voy a pedirle dinero a nadie— no pensaba hacerlo.
Ray me lo dejaría sin dudar, pero ellos empezaban a levantar cabeza y sabía que todos estaban empleando el dinero que empezaban a ganar gracias a que la fama les estaba sonriendo.
Ray era tan mano rota que me había dejado a mí al cuidado de sus cuentas.
—¿Vas a dejar que me maten?
Me levanté para marcharme y dejé un billete para pagar los cafés pensando en por qué permitía que mi hermano me metiera en este tipo de problemas. Porque era mi hermano pequeño, por eso.
Me marché sin volverme de nuevo cuando lo oí llamarme mientras salía por la puerta de la cafetería.
No tenía ni idea de lo que podía hacer.
Bueno, en el fondo sí lo sabía, pero no quería hacerlo.
¿Qué coño podía hacer? No tenía el dinero, ni posibilidad alguna de conseguirlo en un corto plazo de tiempo.
Pedírselo a la gente que representaba no era una opción.
Tenía acceso directo a algunas de las cuentas porque ellos mismos me lo habían dado para que llevara sus finanzas, pero aun así… No tenía idea de cómo solucionarlo.