Asuntos pendientes RAY
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RAY

Iba a matar a Avery por ser tan inoportuna y a Liam por torearme como lo estaba haciendo.

—¿Qué? —no pude evitarlo. Estaba de mal humor y cachondo perdido, y seguía en bolas. Miré la puerta del baño esperando a que saliera mi vecino a ver la cara que ponía cuando viera que seguía como llegué al mundo. Desnudo y frustrado.

—Hola a ti también. Me alegro de saber que sigues tan agradable como siempre.

Intenté obviar su sarcasmo, pero me sentí culpable de mantenerla apartada tanto tiempo. Estaba claro que estaba preocupada por mí y no me gustaba causarle más estrés del que normalmente tenía.

—Lo siento —me pasé la mano por la cara con frustración sin quitar la vista de la puerta. Cuando oí el agua de la ducha me di por vencido y me senté en el sillón para empezar a vestirme. Me has pillado en mal momento, es todo.

—¿Te pillo en mal momento? Llevo días… —suspiró al otro lado del teléfono y me apiadé de ella— da igual, dime que estás bien. He estado muy preocupado por ti.

—Lo sé.

—¿Has hablado con Liam? Me dijo que iba para tu casa.

—Nos has interrumpido en un momento… delicado, es todo.

—¿Me estás diciendo que te estás follando a tu vecino? —parecía escandalizada— no puedes hacer eso, se supone que iba a echarte un ojo para comprobar que estás bien.

—Estoy bien y no, no me estaba follando a Liam.

Porque me has interrumpido, me faltó decirle. Aún veía sus ojos oscuros recorriendo mi cuerpo desnudo y sabía que no iba a seguir ignorándome por mucho más tiempo.

—Menos mal, porque tú no necesitas un amante, Ray, sino un amigo.

Me jodía un montón que supiese lo que necesitaba, pero si era sincero conmigo mismo, tenía razón. Quizás follarme a Liam no era buena idea, como también había intentado advertirme él.

—Bueno, follar siempre me ha ayudado a desviar la atención, y a entretenerme —no podía negar eso. Follar siempre era una buena idea. Te ayudaba a descargar tensiones y todo eso. Me gustaba follar. Mucho. Como todo el mundo, ¿a ti no te gusta follar? Pues eso.

—Ray, ¿Dónde está Liam ahora mismo?

—En la ducha —donde se había escondido como un cobarde.

—¿Se está quedando ahí contigo? —oí remover papeles al otro lado y supe que estaba haciendo más cosas mientras hablaba conmigo. Esta mujer no paraba quieta.

—Sí, pero no porque estemos follando, sino porque hay una ventisca que no nos permite salir de la cabaña. Estamos aquí atrapados por la mierda de tiempo que hace en este país.

—Te recuerdo que querías justamente eso. Desconectar de todo. No liarte con tu vecino en cuanto lo conocieras.

—Para tu tranquilidad te diré que Liam tampoco ha querido follar conmigo.

—¿Ves? —como odiaba ese tonito— él es médico. Sabe lo que se hace, deberías hacerle caso.

—Avery —estuve a punto de echarme a reír por lo dramática que era con todo— es médico militar, no psicólogo y ya te digo yo que también se rasca cuando le pica. Solo que nos has interrumpido.

—Eres muy intenso —como si no lo supiera ya— y follarte a alguien con el que tienes que estar conviviendo dios sabe durante cuánto tiempo, no creo que sea buena idea. Os terminaréis tirando los platos a la cabeza.

—Oye —ahora sí que estaba indignado de verdad, y super ofendido.

—Deja de pensar con la polla de una vez y céntrate en recuperarte de todas tus heridas.

—Las físicas están mucho mejor —aunque me hubiese quitado la medicación, tenía que reconocer que las costillas me dolían menos, y las manchas de los hematomas empezaban a borrarse de mi cuerpo, como una acuarela demasiado tiempo al sol— y respecto a las otras…

—Deja de utilizar a la gente como trozos de carne para tu disfrute y párate un poco a analizar la situación. No me gustaría enterarme de que has matado a un tipo por no poder convivir con él unos días.

—Mira que eres exagerada —y como me encantaba chincharla— y para que lo sepas se ha quedado maravillado con mi polla ribeteada.

—Aggg —me reí bajito— deja de decirme esas cosas, tipo cochino. ¿Te he dado la impresión de que quiera saber cómo tienes la polla?

—Avery —dejé las tonterías a parte mientras me terminaba de vestir, cosa difícil de hacer con una sola mano. Puse el altavoz y dejé el teléfono sobre el asiento del sillón para que me oyera bien— todo está bien. No voy a atacar al vecino con el cuchillo de trinchar la carne. Al menos no hoy.

Liam salió de la ducha con uno de mis chándal que le quedaba algo corto y mucho más ajustado que a mí. Pero ni con la ropa prestada perdía ni pizca de su atractivo. Debió oír mi comentario porque sonrió y se sentó a mi lado en el sillón.

—Es bueno saberlo.

—Yo no me relajaría demasiado —advertí con una sonrisa traviesa y le guiñé el ojo solo porque me gustaba provocarlo.

—Lo tendré en cuenta para no perderte de vista.

—¿Ray…?

Mierda, me había olvidado de ella por completo. Era ver a Liam y todo lo demás se me borraba de la mente.

—Avery, tengo que dejarte. Estoy bien, ¿vale? Deja de preocuparte tanto por mí.

—Vale, pero llámame de vez en cuando y si necesitas hablar…

Estaré aquí para ti, fue lo que no me dijo en voz alta.

—Lo sé, gracias. Hablamos otro día. —Y colgué. Me giré en el sillón para vez a Liam con mi chándal celeste.

Aunque le estaba pequeño, a mí se me hizo la boca agua de verlo con mi ropa puesta. Ese detalle me resultaba mucho más íntimo que tener que compartir la cabaña. ¿Y se suponía que no debía follar con él?

Que mierda todo.