Asuntos pendientes LIAM
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LIAM

Días después de haberse marchado de esa manera, no había vuelto a saber nada de mi vecino.

Fue una pena que nos interrumpieran cuando por fin había un acercamiento entre nosotros.

No iba a mentir diciendo que no había fantaseado con follarme a Ray.

Sus ojos azules y su pelo rubio, ese que le llegaba casi por los hombros y que parecía tan suave como luego pude comprobar, había despertado, cuanto menos, mi curiosidad, por no decir que me sentí atraído por él desde el primer momento.

Nosotros no habíamos comenzado con buen pie, así que, estaba dejando el tiempo pasar y ya se vería lo que el destino nos tenía reservado.

Después de todo ninguno íbamos a irnos a ninguna otra parte ¿verdad?

Desde que me había dicho quién era, había leído todo lo que encontré en internet sobre su grupo de música, el accidente y todo lo que eso había provocado en mi vecino.

Entendía lo que estaba sufriendo, si la pérdida de un familiar era dura, perder a todos los integrantes de tu grupo de música tenía que ser una completa pesadilla.

Ahora entendía la desolación que emanaba de él como un perfume…

y no era solo por el dolor de sus heridas, sino por la completa destrucción de su vida hasta el momento.

Nunca había visto unos ojos que transmitieran tanto dolor.

Aunque era una tontería, yo no dejaba de preguntarme qué iba a hacer con su vida después de esto. ¿Dejaría la música definitivamente?

Ahora entendía el por qué tenía siempre música puesta. Aunque no entendía muy bien por qué lo hacía a ese volumen. ¿Se buscaría otro grupo de música? Había escuchado algunos de sus temas subidos a YouTube, y tenía que reconocer que su voz era maravillosa, ronca y sexi…

Por más que intentaba quitármelo de la cabeza no podía hacerlo.

Al tercer día Avery volvió a llamarme por teléfono.

Que me volviese a llamar después de dejarle a él el teléfono, me preocupó.

Sabía por las noticias, que el batería del grupo también había muerto después de estar meses en el hospital.

Supuse, por la manera de marcharse Ray, que eso fue lo que ella le dijo ese día que estábamos a punto de enrollarnos.

A mis treinta años no me había preocupado nunca tanto de alguien como lo estaba por el idiota de mi vecino.

—¿Avery? ¿va todo bien?

La oí llorar al otro lado del teléfono y mis tripas se encogieron de preocupación.

—Es Ray… —me dijo sollozando. El pánico me dejó congelado en el sitio. No, No, No…

—¿Qué ha pasado?

—Creo que ha podido hacer una tontería —la oí sonarse la nariz al otro lado y coger aire para poder hablar conmigo— no me ha cogido el teléfono desde que le di la noticia de la muerte de Connor.

Y hoy me ha mandado un mensaje dándome las gracias por cuidarlo todos estos años y diciéndome que me quería.

Se estaba despidiendo de mí, Liam. Tienes que hacer algo, ve a su casa, o algo, por favor, por favor…

Intenté ordenar las ideas de mi cabeza que eran un batiburrillo de imágenes a cuál peores.

Coge el maletín y ve cagando leches hasta su casa. Me dije, poniéndome en marcha mientras todavía tenía el teléfono en la oreja.

—Vale, Avery, intenta calmarte. Voy para allá y te mantendré informada —le dije mientras cogía la llave de repuesto que tenía de su cabaña por si no estaba en condiciones de abrirme la puerta.

—¿Vas a ayudarlo? Por favor, Liam, por favor…

—Escucha voy para allá ahora mismo, ¿vale?

Prometo informarte en cuanto llegué a su casa —Respiré hondo intentando calmarme yo también.

Mis años de medicina me habían preparado para mantener la calma cuando todo era un caos a mi alrededor— salgo ahora para allá y prometo llamarte cuando llegue.

Posiblemente esté borracho y por eso te ha mandado ese mensaje —o eso esperaba yo, pero algo me decía que Ray estaba mucho peor que borracho.

Colgué el teléfono y me arrebujé en mi abrigo cuando abrí la puerta enfrentándome a la ventisca rabiosa que aullaba en el exterior.

—Como estés borracho y me hayas hecho salir con este tiempo te quito la borrachera a hostias

—Apolo…

No necesité decirle nada más para que me siguiera al exterior mientras cerraba bien mi cabaña. No pensaba que fuera a entrar algún animal ni habría nadie fuera con el tiempo que hacía, pero me gustaba ser precavido de todas formas. Saqué el teléfono y lo llamé esperando que quisiera hablar conmigo.

—Venga, cógelo, cógelo…

El viento rugía tan fuerte que tuve que inclinarme para que no me tirara. Agradecí ponerme las gafas de esquiar que siempre llevaba en los bolsillos del abrigo porque sin ellas no podría ni abrir los ojos.

Apolo andaba pegado a mis piernas para no perderme de vista bajo la tormenta de nieve que lo volvía todo blanco. Si se despistaba un poco, luego ninguno podría encontrar al otro. Bueno, yo no podría encontrarlo, él posiblemente se orientaría mucho mejor que yo, pero no me quería arriesgar.

La nieve me llegaba casi por las rodillas y a los pocos minutos de ponerme en camino, ya llevaba los pantalones mojados y las botas empapadas.

—Mierda de tiempo, joder.

Menos mal que su casa estaba muy cerca de la mía y me conocía el camino con los ojos cerrados, de todos modos, hacía tan mal tiempo, que era una completa locura estar bajo la nieve en estos momentos.

—Voy a matarte con mis propias manos, joder.

¿Por qué me tenía que pasar la vida preocupado por este hombre?

Pensaba cobrarme el favor de haber tenido que salir con este tiempo y le quitaría la mitad de las botellas de whisky que tuviera en su casa, es lo mínimo que me merecía.

Que Apolo saliera corriendo hacia su casa y ladrara desesperado por el camino, me hizo ponerme en lo peor.

—Joder, joder …

Intenté correr, pero el espesor de la nieve apenas me dejaba avanzar. La preocupación que sentía por él me hacía sacar fuerzas de flaqueza e intenté correr por la nieve lo más rápido posible.

Llegué a su cabaña congelado y llamé a la puerta mientras Apolo no dejaba de ladrar, lo que me estaba poniendo mucho más nervioso.

—Ray, abre la puerta, joder. Ray…

Volví a llamarlo por teléfono, pero seguía sin cogerlo, así que saqué la llave que tenía de su casa e intenté abrir la puerta con rapidez.

Me temblaban tanto las manos por el frío que no podía acertar con la cerradura.

—Hostia puta —me sostuve una mano con la otra, para que me dejaran temblar hasta que pude meter la llave y abrir la puerta.

Lo primero que sentí fue el frío que hacía allí dentro porque la chimenea estaba apagada y parecía llevar días así. El terror me recorrió la espalda como patas de insecto y me estremecí, tanto de frío como de preocupación.

No estaba en el salón y corrí hacia la habitación, ya que tampoco se oía el agua de la ducha correr.

—¿Dónde coño estaba?

—Ray, Ray…

El perro llegó a la habitación antes que yo y arañó la puerta con las patas en un intento de poder entrar allí.

Bueno, por lo menos no tendría que buscarlo por el monte con el tiempo que hacía. Abrí la puerta con las manos temblando y cuando encendí la luz me lo encontré tumbado boca arriba en la cama.

Y no estaba dormido…