Asuntos pendientes RAY
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RAY

Hablamos poco después de esas confesiones y nos dedicamos a comer en silencio. Ya no me sentía tan expuesto ni tan vulnerable con él. Hablar de nuestras mierdas nos había acercado un poco más.

—No tengo nada de postre, pero creo que podemos hacer honor a esa botella que has traído.

—Amén – me levanté a recoger la mesa. Se negó a que fregara los platos, menos mal, porque yo era de lavavajillas, aunque fuera para no fregar unos vasos y unos tenedores. No me juzgues.

—Joder, puedes volver a disculparte y traer todas las botellas que quieras —dijo al beberse el primer chupito de golpe.

Yo no era demasiado amante del whisky, pero necesitaba algo fuerte que me ayudase a pasar los días sin sentirme tan destrozado, así que pedí a Avery una caja para tener suficiente durante mi estancia aquí. A mi vecino también le gustaba, así que me sentí estúpidamente feliz.

—Es bueno saberlo.

Estuvimos bebiendo sin hablar de nada en particular toda la sobremesa. Al poco tiempo, se me subió lo suficiente como para no tener vergüenza de preguntarle lo que llevaba días pensando.

—¿Eres sexualmente hetero curioso?

—¿Perdón? —casi se me ahoga con el whisky. Pobre.

—Ya me has oído —me miraba como si de repente me hubiese brotado una segunda cabeza.

—¿Qué me estás preguntando en concreto?

El whisky no parecía haberle subido demasiado, pero no quería perder la valentía que el alcohol me había dado.

—¿Que si eres hetero curioso? —repetí de nuevo.

Sentí que me sonrojaba, pero no le hice caso al rubor. Aguanta.

—¿Me estás preguntando que si soy gay? —una sonrisita canalla bailoteó en sus labios mientras me miraba con atención.

—Bueno, no hace falta ser gay para ser hetero curioso —aclaré sin saber bien lo que le decía— basta con tener curiosidad por mantener relaciones sexuales con otra persona sea del género que sea.

—¿Me estás diciendo que quieres follar conmigo?

Ya que me había lanzado, ahora no me podía echar atrás. Así que asentí y tragué saliva porque de repente se me había quedado la boca seca.

—Sí. ¿Tú quieres?

Me estudió unos minutos sin decirme nada, y me levanté para marcharme casi tropezándome con mis propios pies. ¡Mierda con el whisky!

—Espera, ¿adónde vas? —se levantó de repente y me sujetó evitando que me desplomara sobre el suelo.

—Esto ha sido una idea muy mala.

Evité mirarlo para que no se diera cuenta de la vergüenza que estaba pasando por haberme rechazado. Me dolía mi orgullo. Nunca nadie me había rechazado antes. De hecho, normalmente me tenía que quitar a los amantes de encima.

—Si nos enrollamos no cambiará nada entre nosotros, ¿está claro? No quiero luego mierdas ni compromisos absurdos ni nada por el estilo.

Alcé la vista y lo miré, sobresaltado por su afirmación.

—¿Nosotros? No hay ningún nosotros —aclaré porque no conseguía recordar ni un solo momento en los que nos hubiésemos llevado bien, excepto hoy.

—Exacto.

Me sujetó la cara y me besó con ferocidad.

Se juntaron nuestros labios y chocaron nuestros dientes.

Su lengua entró en mi boca y no pude más que gemir por la sorpresa de estar besándonos en este momento.

Sentí que me caía y quedé tumbado en el sillón boca arriba con el cuerpo de Liam tumbado sobre mí.

—Mira que eres guapo, cabrón.

Me observó unos segundos mientras sus pupilas se dilataban volviéndose más oscuras todavía. Me pasó el pulgar por los labios mientras me seguía estudiando como si quisiese aprenderse mis rasgos de memoria.

—¿Ese es el único piropo que puedes hacerme? ¡cabrón! —repetí divertido por todo esto. Entre el alcohol y lo feliz que me sentía por tenerlo así, tumbado sobre mí y besándome, no había nada que me molestase demasiado. No pude borrar la sonrisita satisfecha de mi cara.

—Tú no necesitas piropos, ya tienes el ego muy crecidito.

Iba a responderle porque nunca dejaba un comentario sin réplica.

—¿Estás seguro de querer hacer esto? —apretó su pelvis contra la mía para que me diera cuenta de lo excitado que estaba.

Su polla, larga y dura, se me clavaba en el abdomen.

—Un poco más abajo —le pedí soltando un gruñido de frustración porque no ejerciera presión donde lo estaba necesitando.

—Voy a follarte tan duro que no vas a poder sentarte en una semana.

—Ya estás tardando —le solté cachondo perdido.

Volvió a besarme, pero esta vez lo hizo con más suavidad. Su lengua trazó el contorno de mis labios antes de entrar en mi boca de nuevo. Sabía a whisky, olía a hombre y me provocaba un sinfín de sensaciones que creía que nunca volvería a sentir.

Mi cuerpo floreció bajo el suyo, exigiendo caricias que hacía tiempo que no recibía. Gemí en su boca mientras se alineaba mejor para frotar nuestras pollas.

Tenía mí misma estatura, pero era mucho más fuerte que yo. Me gustaba que mis amantes fueran más grandes que yo, me daba mucho morbo sentirme más pequeño que ellos. Llamadme rarito si queréis, pero eso me había gustado siempre.

Mi teléfono comenzó a sonar en el bolsillo de mis vaqueros lo que hizo que Liam alzara la cabeza.

—Qué inoportuno, joder —no pensaba contestar— no te entretengas —le puse la mano en el cuello para obligarlo a que me besara de nuevo. La llamada se cortó y de inmediato comenzó a sonar otra vez.

—Joder.

—Parece importante —Liam se levantó de encima de mí y se sentó en el sillón a mi lado.

—Es Avery —dije sin querer coger la llamada. Ya me llamaría en otro momento.

Saqué el teléfono y le colgué antes de que nos cortara todo el rollo.

—¿Por dónde íbamos?

Iba a comenzar a desnudarme cuando el teléfono se iluminó por la entrada de un mensaje. No pensaba leerlo, pero los ojos van más rápido que la mano y leí las palabras que Avery me mandó.

“ Connor ha muerto. Prefiero que te enteres por mí ”

Y esas palabras me destrozaron por completo.