RAY
Pensé mucho lo de llevarle una botella de whisky. Yo era un tío muy sociable, extrovertido y bastante divertido, bueno, lo era antes del accidente. Ahora no sabía bien lo que era. ¿Se podía echar de menos a una persona que apenas te caía bien?
Pues eso era lo que me estaba pasando con Liam.
Supuse que estar aquí solo sin hablar con nadie me empezaba a pasar factura.
Me sentía muy vulnerable ante él. Como me había conocido en uno de mis momentos más ridículos, y encima me había gastado una broma, pues eso, que no me gustaba la imagen que podía tener de mí, pero para ser sincero yo no había hecho más que echarlo de mi casa una y otra vez. En fin.
Aproveché un momento en el que no estaba nevando, que eran pocos últimamente porque casi siempre nevaba, para salir y llevarle la botella. Esperaba poder ver su casa y ya que estábamos, poder acompañarlo para bebernos la botella.
—Ahora te pierdes otra vez, melón.
Estaba tan mal que ya me insultaba a mí mismo, pero no permití que eso me quitara las ganas de salir a respirar un poco de aire y hablar con mi misterioso y guapo vecino.
—Que no has impresionado en ningún momento — metí la botella bajo mi abrigo para no llevar las manos fuera de los bolsillos y me dirigí con paso inestable por la nieve, por el único camino que debía unir nuestras dos casas.
—Debo haber perdido todo mi sexapil —mi pelo rubio y mi boca de labios gruesos habían levantado pasiones entre mis fans, tanto de chicas como de chicos.
—Pero ahora pareces más un muerto viviente que un hombre —me recordé en voz alta.
Bufé a mi yo interior, que hoy estaba que se salía de criticón, y me empeñé en no mojarme mis deportivas limpias entre la nieve y el fango que había por todas partes.
Si había un camino que uniera las dos cabañas, estaba tapado por la nieve así que seguí abriéndome camino por donde supuse que debía estar la senda y me cagué en todo lo cagable cuando me cayó encima la nieve acumulada entre los pequeños pinos por los que pasaba.
¡Y eso que quería evitar que me pasase justamente eso!
—¿Por qué mierda estoy haciendo esto por un tío que ni siquiera me cae bien? —dije en voz alta. Me sacudí la nieve que se me había colado por el cuello del abrigo poniéndome la piel de gallina a su paso.
—¿Mierda puta, que fría está!
Empecé a removerme como si llevara hormigas correteando por el cuerpo hasta que llegué ante una cabaña de madera oscura, más pequeña y vieja que la mía.
Envidié el montón de troncos que estaban apilados en el porche junto a la entrada principal.
Mi montón de leña ya empezaba a acabarse, pero haría lo que fuera necesario para que este hombre no tuviera que hacerme de leñador más veces.
En el corto trayecto entre las dos casas me había quedado congelado, tenía las zapatillas mojadas, y por ende mis pies también. Los bajos del chándal también estaban manchados de barro, y el chaquetón se había mojado por la nieve que no paraba de caer.
Apolo comenzó a ladrar dentro de la casa y se asomó a una ventana que había junto a la puerta.
Oí a mi vecino chistarle. Cuando abrió la puerta para ver quién estaba en su propiedad, el perro salió corriendo a saludarme y se me subió encima con tanta fuerza, que me resbalé y me caí de espaldas para mi vergüenza y consternación.
—Ay, joder.
—Apolo, vuelve aquí.
El perro aprovechó que estaba tirado en el suelo para subirse encima y ponerse a chuparme la cara.
—Quita, joder, qué asco. No me caes bien, que lo sepas.
Me incorporé cuando se me quitó de encima y mi vecino se quedó mirándome desde la puerta como el pasmarote que era.
—Estoy bien, gracias por preguntar, ¿eh?
—¿Qué ha pasado para que estés en mi puerta con el tiempo que hace?
—¿Qué pasa? ¿Solo puedes venir tú a visitarme, o qué?
Intenté adecentar mi ropa, pero me di por vencido cuando noté el fango pegado a mi pantalón y a mi espalda.
—Eres aún más insociable que yo, así que no adivino qué es tan urgente para que vengas hasta aquí pudiendo haberte perdido por el camino.
Noté la diversión en su voz y eso aplacó un poco mi mal humor y mi vergüenza. Este hombre me había visto en los momentos más bochornosos de toda mi vida, así que ya me daba igual sumar un momento más.
—Me vas a tener que lavar mi chándal favorito, que lo sepas.
—Eres la única persona que conozco que siempre lleva chándal con un clima como este.
Auch, eso me dolió en mi orgullo.
—Este chándal quizás cueste más de lo que tú ganas en un mes —dije todo orgulloso.
—No lo dudo, pero sigue siendo inapropiado para este clima —suspiró con resignación— entra, anda, antes de que te quedes congelado ahí fuera.
Bueno, no había sido tan difícil llegar después de todo, ¿verdad?