Asuntos pendientes LIAM
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LIAM

No pensaba tener remordimientos por un idiota que no sabía diferenciar un perro de un lobo salvaje. No señor. No era culpa mía que se asustase ni que se cayese del sillón.

Mira que era torpe, joder.

Tras cortarle la leña había intentado seguir con mi vida y olvidarme de mi vecino. De su pelo rubio. De sus ojos grises. De su cuerpo desgarbado. De lo patoso que era. Pero no podía evitar que cada vez que lo recordaba me echara a reír. Seguro que, si Apolo pudiese reírse, también lo haría.

Lo único que odiaba era que no podía quitarme de la cabeza el dolor de su expresión mientras intentaba levantarse apoyándose en el poste de la esquina de la terraza.

Uno no puede simular dolor, ni siquiera evitar mostrarlo si es lo suficientemente intenso.

Maldito fuera mi lado de doctor que no me permitía borrarlo de la memoria.

Cada vez que lo veía, mi mente intentaba recordar de qué me sonaba su cara, pero era inútil y como ni siquiera me había querido decir su nombre… no tenía ni idea de quién coño era.

Todavía me chirriaba que le hubiese cobrado mil euros por cortarle la leña, pero el muy… snob, había dado por sentado que ese era mi trabajo, el de cortarle la leña cada vez que le saliera de los cojones y se iba a llevar una gran sorpresa.

Que Anka me llamase a los dos días me preocupó más.

¿Había empeorado su marido?

No lo había visto grave, por eso no lo quise mandar al hospital, pero sabía que a determinadas edades cualquier simple resfriado podía complicarse en algo mucho más grave.

—Hola, ¿va todo bien? ¿Blake está bien?

—Sí, sí. No te llamo por eso.

Suspiré aliviado. Como soy un egoísta, no quería tener que conducir hasta su casa con el tiempo que hacía fuera. Llovía con tanta fuerza que parecía que se habían abierto los cielos y descargaban su furia contra nosotros.

—¿Entonces?

—Mira, no te molestaría en un día como hoy si no fuera una emergencia. —eso me preocupó. Si no estaban enfermos ¿qué tipo de emergencia podían tener con el tiempo tan desagradable que hacía? Dejé que se explicara— recuerdas a tu vecino, el de la leña.

Ya no me gustaba la dirección que estaba tomando la conversación.

—Ajá, ¿qué le pasa? ¿Ya ha gastado toda la leña? porque no pienso ir más a ayudarlo. Es muy desagradecido —y lo decía yo que era el peor vecino del mundo.

—No es por la leña —me aclaró— es que por lo visto su representante no puede localizarlo desde hace un par de días y está muy preocupada por él.

¿Representante? ¿En serio?

—Puede que se haya cogido una cogorza o que se le haya olvidado cargar el móvil.

No me extrañaría nada con lo torpe que parecía.

—Ya, pero ellos tenían un acuerdo en el que él tenía que dar señales de vida todos los días y ya lleva dos sin poder hablar con él, así que está muy preocupada.

—Vale. ¿Y qué tengo yo que ver con todo eso?

—Que con lo que está cayendo no podemos subir hasta allí con el todoterreno y me preguntaba si no te importaría acercarte a ver si sigue vivo.

—¿Yo? ¿en serio?

No me lo podía creer.

¿Me estaba pidiendo que saliera de casa con lo que estaba lloviendo para comprobar si el puto pijo de los cojones no se había congelado por las noches?

—Será solo un momento, Liam. Sabes que no te lo pediría si no fuese importante. De hecho, no tienes que ir ahora mismo con lo que llueve. Nos basta con que te acerques a cualquier hora y veas por ti mismo si se encuentra bien y le digas que Avery está muy preocupada por él.

—Anka, no voy a estar pendiente de este tipo por cada cosa nueva con la que su mujer se preocupe. No estoy…

—Lo sé, lo sé, y lo siento de corazón. Sabes que no me gusta molestarte por ningún motivo que no sea importante.

No podía negarle nada. Era tan buena conmigo que no era justo no hacerle un favor que a mí no me llevaría más que unos minutos. No iba a dejar que condujesen media hora, ninguno de los dos, por un camino embarrado, solo porque el tipo no me cayese bien.

Además, así podía comprobar dónde tenía ese dolor que no podía disimular. Odiaría que se hubiera hecho daño por mi culpa cuando se cayó del sillón.

—Está bien. Iré cuando pare de llover, no pienso mojarme por culpa de un inútil que no se preocupa en mandar un puto mensaje a su mujer.

—Gracias, Liam. Cuando hables con él avísame para que yo me quede tranquila.

—Vale. Eso haré, no te preocupes.

Ya podía estar muriéndose, o tendría que escucharme por ser tan irresponsable.