RAY
El frío de la cabaña fue lo que me despertó.
Fuera, aún era de noche y las llamas de la chimenea se habían apagado. Solo quedaban algunas ascuas que ya no daban calor.
No me lo pensé dos veces. Me metí en la cama apagando todas las luces que antes había dejado encendidas, y me acurruqué bajo el edredón sin quitarme la ropa que llevaba puesta, esperando entrar en calor.
Fuera se oía la furia del viento que parecía querer colarse dentro. Oí un trueno lejano y la lluvia empezó a golpear el techo.
—Espero que no haya goteras —dije en voz alta— solo me falta tener que ponerme a achicar agua del suelo.
Tenía la costumbre de hablar solo desde que era pequeño.
Me ayudaba a centrarme. También me ayudaba a componer la letra de mis canciones.
Pero no quería pensar en eso para que la pena por la muerte de los integrantes de mi grupo no me arrastrara de nuevo a la depresión de la que estaba intentando salir.
Por eso me había venido al culo del mundo. Aunque no fuera yo el que conducía la furgoneta cuando se produjo el accidente, sí era el culpable de haber querido estar de fiesta hasta las tantas. Por eso nuestro batería, Connor, se salió de la carretera.
—Qué mierda de vida, joder.
Sentí el escozor de las lágrimas y el nudo de mi garganta se apretó hasta casi no dejarme respirar.
La culpa se sumó al dolor que tenía en mi cuerpo y me removí, inquieto, buscando una postura en la que no me doliera todo.
¡Qué ingenuo! Como si el dolor del alma pudiera aliviarse buscando una postura en la cama.
Me sentía solo, enfermo y cansado y tan dolorido que apenas podía respirar sin morirme de dolor. ¿Por qué coño había decidido venirme a la otra punta del mundo?
Pensé en mi ático de Nueva York, en mi fisioterapeuta, en mi cocinera y en Avery, que me cuidaba como si fuese su hijo, aunque tenía edad de ser más mi mujer que mi madre, pero ella era así de protectora.
—No empieces por ahí o no pararás nunca.
Me obligué a respirar con calma e intentar dejar la mente en blanco.
—Inspira… espira… inspira… espira.
Me concentré en el sonido de la lluvia. En el aire que llenaba mi diafragma mientras el cielo lloraba de pena.
No podía aguantar mis lágrimas y las dejé caer. ¡Ojalá mis lágrimas pudieran llevarse esta culpa! ¡Ojalá!
Con esos pensamientos me quedé dormido.
***
Me despertó el hambre, ya por la mañana. Miré desconcertado la habitación donde estaba y recordé la idea de venir a los Cárpatos para intentar encontrarme a mí mismo.
Hacía tanto frío que mientras me levantaba con cuidado por el dolor de mis costillas y las operaciones en la tripa, empecé a tiritar de camino al baño y abrí el grifo del agua caliente para darme una ducha y ponerme tres o cuatro capas de ropa e intentar entrar en calor.
Fui a por la maleta que dejé en la entrada de la cabaña mientras el agua se calentaba y cogí unos calcetines largos, una camiseta térmica y mi chándal más calentito de Armani.
Aunque no me fuera a ver nadie aquí, en el culo del mundo, había que ir elegante siempre, por si las moscas. Además, era el que más me gustaba.
Arrastré la maleta hasta la habitación y cogí el gel de baño y el champú que siempre llevaba conmigo a todas partes. No me imaginaba usando otra cosa, ¡qué le voy a hacer! He nacido presumido.
Me metí en la ducha y pensé en tumbarme en el agua caliente un rato, pero al intentar agacharme mis costillas me recordaron que no era buena idea, así que me duché con agua casi hirviendo pensando en el desayuno… ¡estaba famélico!
También pensaba poner música mientras desayunaba y encendía esa chimenea a la que le estaba cogiendo el truco. Incluso daría una vuelta por los alrededores para disfrutar del paisaje y del aire fresco.
¿No decían que era bueno respirar el aire puro? Pues eso.
Recordé que no tenía botas de montaña, pero mis zapatillas seguro que me valían. No tenía que escalar montañas ni nada parecido, ¿verdad?
Con esa idea en la cabeza, me eché acondicionador en mi largo pelo rubio para cuidarlo con el esmero que se merecía y me propuse llevar a cabo todo lo que había pensado.
—Antes de que empiece a llover otra vez y no pueda salir.
Era un alma inquieta y necesitaba mucha actividad para quemar mis nervios, y mis médicos me habían aconsejado que caminara e hiciera algo de ejercicio suave para que mis pulmones se recuperaran después del traumatismo torácico y abdominal.