CAPÍTULO 40 #2
Jensen se irritó, lanzándose con fuerza.
Tuve que sujetarlo, empujando el palo contra su pecho, arrinconándolo contra la valla de protección.
Jensen me agarró de los hombros, haciéndome girar y golpeándome con fuerza contra el cristal, intentando librarse de mi marcaje.
Patinó hacia el centro, haciéndose con la posesión del disco al chocar con Scotty.
Mi amigo agarró la cintura de Jensen, haciéndolo volar por encima de su hombro.
A mi cuñado lo lanzaron lejos, y aproveché para hacerme con el disco, avanzando por la línea azul.
Lancé el disco con fuerza contra la portería, marcando un punto.
Mis compañeros se lanzaron sobre mí, los patines deslizándose sobre el hielo hasta quedar contra la valla de protección, celebrando aquella victoria.
Me libré de ellos buscando a mi chica; al encontrarla, la señalé, diciéndole que ese gol era para Lotte. Ella brillaba, celebrando, saltando y gritando por mí.
Continuamos el primer periodo con ferocidad. Marcábamos a cada gemelo, impidiendo la comunicación secreta. Pero ellos no se dejaron amilanar, avanzando como muros contra nosotros.
Yo tenía la posesión del disco, patinando por el lateral derecho; Jensen me marcaba con fervor, golpeándome el hombro con empujones que tirarían a cualquiera contra la valla.
Me mantuve firme, centrado, avanzando. Inaki sujetaba a Craig para que no se uniera a Jensen, pero Mackenyu perdió el marcaje sobre Grant, y mi cuñado patinó a toda velocidad hacia mí.
Jensen apretó la presión por el lateral, dejándome sin alternativa.
Preparé el cuerpo para el impacto. Grant estrelló su hombro contra mi vientre, haciéndome volar por encima de él.
Cayendo de espaldas sobre el hielo, vi el mundo girar sobre mi cabeza.
Gemí de dolor, tardando unos segundos en poder sentarme.
Vi a los dos avanzar y romper la defensa de Jacques, marcando un gol y empatando el partido.
—¿Todo bien? —preguntó Wayne, ayudándome a levantarme.
—Joder, esa dolió. Voy a romperle la cara a Grant —reí, sintiendo la cabeza palpitar.
—Mejor siéntate un rato —Wayne señaló al entrenador, que me llamaba, ordenándome que fuera al banquillo.
Me cambié con Nikita, me quité el casco, me toqué la nuca, comprobando que no hubiera sangre. Me quedé un rato quieto, observando el partido, hasta sentirme mejor e indicar que podía volver.
El entrenador ordenó a Nikita regresar, y volví a ocupar mi posición, deseando vengarme de Grant.
Vi a mi cuñado en el lateral izquierdo con el disco; noté el movimiento de su pie: iba a pasárselo a Jensen, que esperaba en el centro, mientras Craig mantenía a Inaki lejos de Grant.
Avancé patinando a toda velocidad; en el segundo en que lanzaron el disco, lo intercepté, tirando hielo con los patines sobre Jensen.
Patiné obstinadamente para marcar el gol.
Wayne y Scotty me dieron cobertura, manteniendo lejos a los demás jugadores.
Inaki consiguió una buena posición, y le pasé el disco; mi amigo lo cogió, marcando gol enseguida.
Salió patinando, celebrando, y fuimos tras él, aplastándolo en celebración por el punto.
—¡Eso es, seguid así y vamos a ganar! —celebré.
Notaba cómo los jugadores de la Dnort estaban fallando en dar apoyo a los trillizos, dejando que nos acercáramos a ellos varias veces.
Aun con esa carencia, los trillizos seguían siendo brutales en los ataques, derribándonos, aplastándonos y consiguiendo recuperar el disco, marcando otro punto.
No nos quedamos parados; avanzamos, logrando dos goles seguidos antes del final del primer periodo.
El entrenador corrigió dónde estábamos fallando, advirtió que los trillizos habían empezado a marcarme a mí para escapar del cerco, y por eso me estaban golpeando constantemente.
Seguro que acabaría el partido con un montón de moratones, pero valdría la pena.
Nunca me había divertido tanto jugando al hockey como ese día, y fue con esa euforia con la que volví a la pista, sonriendo, emocionado, listo para arrasar con quien intentara pararme.
El partido volvió a empezar; seguimos avanzando.
Inaki consiguió la posesión del disco. Vi a Craig patinar a toda velocidad para quitárselo a mi compañero.
Fui hacia allí, pero Jensen me frenó con un choque.
Irritado, me quité los guantes y, levantando el puño, le golpeé la cara de un puñetazo.
Mi cuñado respondió, librándose de los guantes y lanzándome un golpe a la cabeza.
Gruñí, listo para liarme a puñetazos con el desgraciado.
Empezamos un intercambio de golpes intenso; ya no aguantaba más los empujones fuertes que me dejaban aturdido.
Notaba que Jensen estaba irritado, frustrado por la derrota en el hielo.
Nunca habían sufrido tanta presión antes de un partido, y las cosas se les estaban yendo de las manos.
Le sujeté la cintura, queriendo tirarlo al suelo, pero mi cuñado me dio un codazo en la cadera, haciéndome tambalear.
Tuve que soltarlo, y nos quedamos mirándonos con la respiración agitada.
—¿Habéis terminado? —preguntó el árbitro, pitando para que fuéramos a pasar cinco minutos en el banquillo de penalizaciones. Después del castigo, podríamos volver al partido.
La pelea fue buena, sirvió para poner nuestras cabezas en su sitio. Seguro que Lotte reñiría más tarde a los cuatro por la fea pelea en la pista, pero el hockey era así, y mi ratoncita tenía que aceptarlo. Solo cuando fuéramos compañeros de equipo dejaríamos de matarnos.
En mitad del partido, Scotty se quitó los guantes y soltó el palo, metiéndose en una pelea fea con el jugador número 08 de la Dnort.
Me acerqué, asegurándome de que nadie más se metiera en la trifulca.
Las finales del Frozen Four solían estar siempre llenas de trompadas; los equipos, con los nervios a flor de piel, queriendo la victoria definitiva.
El segundo periodo terminó con la Dnort a la cabeza por un punto. En el vestuario, el entrenador se quejó de cómo habíamos pasado ese periodo concentrados en pelear en lugar de marcar puntos. Me eché agua fría en la cabeza, calmando los pensamientos, y elaboré una estrategia para ganar.
Volvimos al hielo y noté que la Dnort estaba distinta. Nada más empezar el partido, cambiaron a los defensas. Los que entraron jugaban con mejor sintonía con los trillizos, pero eran más lentos que los anteriores. Aproveché ese fallo para abrirle camino a Inaki y conseguir marcar un punto.
—¿Lo hueles? —le pregunté a Jensen mientras peleábamos por la posesión del disco—. Es el olor de tu derrota.
—¡Gilipollas arrogante! No sé cómo te aguanta mi hermana —gruñó, irritado.
Sonreí, disfrutando de ver a Jensen ponerse serio, concentrado, mirándonos como a rivales poderosos, perdiendo la arrogancia del inicio del partido.
Sabía que su equipo estaba fallando, que los hermanos ya no conseguían comunicarse como antes.
Concentrado, noté cuando miró de reojo hacia la derecha; anticipé su jugada, quedándome con el disco cuando lo lanzaron hacia la izquierda.
Jensen abrió los ojos de par en par al darse cuenta de que había previsto su movimiento. Le robé el disco patinando, sorteando a los defensas con la ayuda de Mackenyu, lanzando el disco y anotando otro punto, tomando la delantera del partido.
Ya no había forma de negarlo: se dieron cuenta de que habíamos descubierto el secreto detrás de su comunicación y se cerraron, con cuidado al montar las jugadas, dificultando nuestra previsión. Craig logró marcar un gol, pero enseguida marqué otro, manteniendo firme nuestra ventaja.
Quedaban menos de 10 minutos para el final.
Ningún lado consiguió marcar otro punto, y estábamos cerca de la victoria.
Solo teníamos que sostener el marcador. Disputaba el disco con Jensen en la línea azul; nuestra pelea era intensa, sus hermanos intentando acercarse y siendo frenados.
Fue entonces cuando vi el destello amarillo acercándose por el lateral.
Pero no venía a robar el disco; el jugador patinaba hacia mí con el palo levantado, preparándose para golpearme la cabeza.
Solté mi palo, levantando los brazos para defenderme del impacto. Pero algo impensable ocurrió antes de que pudiera registrar lo que estaba pasando.