Asumiendo el Riesgo (Los reyes del hielo 1) CAPÍTULO 26 #2
61%

CAPÍTULO 26 #2

Gruñí, sabiendo que tenía que sacar la polla, pero sin poder evitarlo, queriendo hundirme cada vez más dentro de ella, sintiendo sus paredes apretándome, el calor abrasador.

Mi polla encontró el paraíso y, como un glotón, se deleitaba sin querer obedecerme.

Lotte se contrajo, gritando, presionando la cara contra el colchón, estrangulando mi polla con su placer explotando.

Rugí, levanté la mano dándole un azote poderoso en el culo, la marca roja destacando.

Fue mirando eso que sentí que me corría.

Saqué la polla, corriéndome sobre su nalga.

Gemí, respirando pesado, sin creerme la locura que habíamos hecho juntos.

Lotte seguía perdida en su mundo de placer.

Agarré mi polla, bombeando y exprimiendo cada gota de mi corrida contra su piel pálida.

Sus ojos verdes encontraron los míos, bañados en puro placer arrollador. Sonreí como un sinvergüenza, respirando pesado, encantado con la visión de su culo con mi corrida, mi polla todavía dura, el coño mojado por lo que habíamos hecho, las caderas manteniéndose alzadas por mi brazo, sujetándola.

—Eres perfecta —le besé la columna.

—Tú también —sonrió—. Ha sido una locura follar sin condón —noté el tono de reproche en su voz. Ella se rio, poniendo los ojos en blanco, sabiendo que lo habíamos elegido juntos.

—Ha sido delicioso y voy a querer más —le avisé, dejándola tumbarse. Me puse encima de ella, acomodando mi polla en su culo pegajoso, el pecho contra su espalda; le tiré del pelo, besándole la mejilla.

—Hoy no, solo después de que empiece a tomarme el anticonceptivo —avisó—. Ya ha sido demasiada locura para una noche.

—Podemos culpar al alcohol —murmuré, besándole el cuello.

—No podemos —rio.

Lotte se ponía adorable cuando sonreía de esa forma.

Le besé la mejilla hasta alcanzar la boca que tanto me hipnotizaba.

Abracé su cuerpo, sin querer despegarme de ella.

Nos quedamos mimándonos en la cama, besándonos, tocándonos, sintiendo el cuerpo alerta otra vez.

Tuve que ponerme un condón cuando quedé encima, metiendo mi miembro en su intimidad, sintiendo el torbellino de emociones calientes dominándonos cada segundo, las embestidas lentas, fuertes, el placer expandiéndose hasta explotar.

Tiré el condón usado a la basura, tumbándome y atrayéndola hacia mi pecho.

Lotte vino bostezando, el pelo sudado por el sexo caliente, la piel erizada.

Noté la ventana abierta, por donde entraba una brisa.

Me levanté, cerrándola, me giré, encantado de admirar a mi chica somnolienta sobre las sábanas.

Le agarré las caderas, llevándola hasta el borde de la cama, pasé un brazo bajo su espalda y otro bajo las piernas, alzándola.

—¿A dónde vamos? —preguntó, medio adormilada.

—A la ducha, ¿o quieres dormir con el culo lleno de corrida?

—Con lo que me he restregado el culo en el edredón, ya estoy limpia.

—Y la cama sucia.

Miré sus ojos verdes, viendo asomar la diversión en ellos. Lotte empezó a reírse; la acompañé en su risa deliciosa. Le besé el cuello solo porque podía besarla cuanto quisiera.

Entré en el baño, senté a Lotte en la bañera y abrí el agua caliente. Fui hasta el armario del lavabo, cogí el cepillo de dientes que había reservado para Lotte y el mío, y llené dos vasos de plástico.

—¿Nos lavamos los dientes antes o después de la ducha?

—Antes, o me va a dar pereza.

Se levantó, mostrando el cuerpo marcado por mis azotes y mordiscos.

Sonreí orgulloso de mí mismo. Le di el cepillo y me sentí fascinado por aquello: compartir el lavabo con mi novia mientras nos lavábamos los dientes juntos.

Lotte sonrió, los ojos brillantes, admirada.

Terminamos y fuimos a la bañera, medio llena.

Me senté con mi chica entre mis piernas.

—Lotte —la llamé, acariciándole los brazos—. ¿Por qué los trillizos te miraban tanto? ¿Los conoces?

Por más que intentara olvidarlo, aquello se negaba a salir de mi mente, volviendo cuando menos me lo esperaba.

No me gustó cómo Jensen la miró, como si conociera a mi chica y ella le perteneciera.

Sentí la espalda de Lotte ponerse rígida, la tensión apoderándose de su cuerpo.

Se giró lentamente de lado, mirándome con los ojos perdidos.

—No sabía que iba a pasar eso, también me molestó —había verdad en sus palabras. Entrecerré los párpados, queriendo entender más allá de lo que me decía.

—Eres solo mía, no quiero a otro deseándote.

—Puaj, ellos no me desean —arrugó la nariz con asco—. Te lo garantizo, nunca, ni en un millón de años, estaría con uno de ellos ni con ningún otro tío —me tocó la cara con delicadeza—. Soy solo tuya y pretendo seguir siéndolo por mucho tiempo.

—No es que fuera a dejar que otro te quitara de mí —reí con arrogancia, atrayéndola a mis brazos.

—Estuviste genial en el partido de hoy, ¿conseguiste descubrir su secreto?

—Solo cómo romper la formación. Voy a tener una reunión con el equipo para mejorar nuestro rendimiento y, en el próximo partido, conseguir una victoria aplastante. En cierto modo, tuvimos ventaja por la lesión de Craig.

—En la próxima sé que vais a ganar. Esta temporada es tuya —me besó la punta de la nariz—. No tienes que preocuparte por nada.

—Les rompo la cara si te vuelven a mirar —amenacé.

—Lo sé —rio, algo tensa—. Pero recuerda que, si te metes en peleas, pueden expulsarte del equipo, y no quiero eso. Tenemos un trato, y debes cumplirlo.

—No pienso flaquear en mi determinación.

Mi familia dependía de aquello, y nada iba a interponerse. Solo me inquietaba cómo Lotte parecía esconderme algo. Quise insistir, pero sabía que ella cambiaría de tema. Guardé esa pequeña inseguridad en el fondo de mi ser, sin querer pensar tonterías.

Lotte era mi chica, y eso era lo único que importaba.