Asumiendo el Riesgo (Los reyes del hielo 1) CAPÍTULO 26
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CAPÍTULO 26

Callum O’Brien

Lotte se rio, apoyando el peso del cuerpo en los codos, los pies con la sandalia baja en mi cama.

Sonreí como un depredador ante su presa, con sed de probarla.

Me arrodillé en el suelo, alcancé su tobillo, le quité una sandalia y luego la otra, tirándolas por encima del hombro.

Estiré la cara, frotando la mejilla en su pantorrilla, oyendo a mi chica jadear.

La arrastré por las piernas hasta sentarla en el borde de la cama.

Le mordisqueé el muslo, metiendo los dedos bajo la falda.

Lotte abrió las piernas, poniendo una a cada lado de mis hombros.

Metí los dedos en el elástico de las medias y tiré despacio, sin prisa esta vez, encantado de ver su boquita rosada abrirse, tomando aire entre sus labios dulces.

Tiré las medias a cualquier rincón, sin prestarles mucha atención. Deslicé la cara por su muslo torneado.

Lotte no era de las que tenían piernas gruesas ni caderas anchas.

Todo en ella era pequeño, menudo y bien formado, hecho de puro músculo.

Le mordisqueé la piel interna, oyendo su suspiro pesado.

Su mano vino a mi pelo, acariciando despacio, queriendo guiar mi boca hacia su centro.

Inspiré hondo, sintiendo el olor de su excitación.

—Me vuelvo loco con tu olor —murmuré, besándole la ingle—. Tengo ganas de meter la cara entre tus piernas y no sacarla nunca más —deslicé la nariz por las bragas mojadas, vislumbrando el color—. ¿Rojo sangre, Lotte?

—Pensé que te iba a gustar —suspiró, embriagada de placer.

—Me encantó —le mordí el pubis solo para probarla. Lotte gimió, apretando las piernas alrededor de mi cabeza.

Sujeté la cremallera lateral de la falda, bajándola con cuidado para no romperla.

Quise hacerlo distinto esta vez, ir con calma, disfrutando cada detalle con mi chica.

Lotte levantó las caderas para que pudiera quitarle la falda.

Las bragas rojo sangre de encaje transparente mostraban el coño depilado, chorreando de deseo, mojadito para mí.

Sonreí, inclinando la cara y mordiéndole el pubis, oyendo el delicioso sonido de su gemido ahogado.

Sentí el tirón en el pelo, el movimiento de sus caderas frotándose contra mi boca.

Le sujeté la cintura, manteniéndola quietecita.

Levanté el torso, quedando casi a su altura.

Me encantaba mi camiseta sobre su cuerpo, pero en ese momento quería ver el maldito sujetador.

Cogí el bajo, tirando hacia arriba. Lotte levantó los brazos, ayudándome en el movimiento.

Las gafas estorbaron, enganchándose en la camiseta.

Me reí junto con Lotte. Cogí la montura entre los dedos y terminé de quitarle la prenda.

Me giré, dejando las gafas en el escritorio.

Lotte se tumbó en la cama con un brazo hacia arriba, el otro al lado de la cabeza y una rodilla levantada al lado de la otra apoyada en la cama.

El pecho le subía con la respiración nerviosa al notar mi mirada recorriendo cada parte de su cuerpo perfecto.

—Preciosa, perfecta, deslumbrante, la mujer más hermosa que he visto en la faz de la tierra.

—¿Incluso sin ropa? —rio nerviosa, las mejillas tan rojas como su lencería.

—Por eso eres la más hermosa. No necesitas ropa cara, maquillaje elaborado ni peinados sofisticados para estar preciosa. Tú, con esa lencería rojo sangre tumbada en mi cama, eres la pura visión del paraíso.

Lotte sonrió, agradecida por el cumplido.

Empecé a quitarme la ropa, quedándome solo en calzoncillos bajo su mirada analizadora.

Agarré el elástico de los calzoncillos, deshaciéndome de la prenda.

Lotte respiró pesado, mirando mi polla enorme y llena de venas.

Parpadeé, subiendo a la cama, hundiendo la rodilla en el colchón.

Lotte se puso más nerviosa, sabiendo lo que le esperaba.

Le sujeté los muslos, abriéndole las piernas para mí, colocándome entre ellas, observando a mi mujer con cautela.

Tumbada en mi cama, la mancha mojada en el centro de las bragas indecentes.

Lotte respiraba pesado, el pelo rubio esparcido por la cama, solo esperando.

—Ponte a cuatro patas, Lotte, quiero ver esas bragas indecentes en tu culo.

—Son minúsculas —provocó.

Le solté las piernas, dejándola moverse.

Ver a Lotte a cuatro patas, con ese culo blanco alzado para mí, el maldito triángulo de las bragas diminutas metido entre las nalgas, me hizo gemir.

Le di un azote en la piel pálida, encantado de ver el color rosado surgiendo.

Lotte gritó, echándose hacia delante. Le agarré las caderas, restregando mi polla contra su culo delicioso; sujeté mi miembro frotándolo arriba y abajo, encantado de ver la cabeza rosada desaparecer entre las nalgas, sintiendo la lubricación empapando aún más las bragas.

—Callum… —Mi nombre se derritió como miel en sus labios.

Subí una mano, arañándole la espalda con las uñas, hasta alcanzar el cierre del sujetador.

Con habilidad, lo abrí. Lotte se quitó la prenda por los brazos, tirándola a la cama.

Estiré la mano, alcanzando el pezón duro de deseo por mí.

Le di un golpe fuerte en el culo, imaginando lo delicioso que sería metérsela ahí.

Mi chica gimió, temblándole los brazos; giró la carita, necesitada, suplicando por mí.

Agarré el lateral de las bragas tirando de ellas por sus piernas, sintiendo el aroma del coño excitado apoderándose de mis sentidos.

Gruñí como un animal, metiendo la cara entre sus piernas, lamiendo lo que tanto quería.

Lotte gritó, curvando el cuerpo hacia delante.

Mantuve sus caderas alzadas, las manos hundidas en sus nalgas con fuerza, separándolas, dejándola abiertita para mí.

Le chupé el clítoris entre los labios con ganas, necesitado, deleitándome en el sabor puro de mi mujer.

El coño en llamas contra mi lengua ávida, marcando cada centímetro de Lotte como mío.

Endurecí la lengua, metiéndola en su agujerito apretado, encantado de oírla gemir con más fuerza, produciendo sonidos de puro deleite.

Se me infló el ego, dejándome saber lo bien que se lo hacía a mi chica.

El coño se apretó alrededor de mi boca. Bajé una mano, envolviendo el clítoris con el pulgar, moviéndolo en círculos, el botoncito duro, mojado de placer.

—¡Callum! ¡Callum! —llamaba mi nombre sin control, volviéndome, a cada segundo, más loco por la mujer frente a mí.

Le mordí la ingle con fuerza, viéndola contener la respiración, ahogando un gemido, mientras su coñito me empapaba con sus líquidos deliciosos.

La ataqué, hambriento, necesitado, precisando mucho más, sin conseguir quedar satisfecho.

Lotte tembló, casi perdiendo las fuerzas en las piernas.

La mantuve de rodillas, con la boca en su centro, penetrándola, chupándola, torturando a mi chica con un placer abrasador.

Me dolía la polla, los huevos pesados, la mente completamente perdida en lo que hacíamos, en oír los sonidos de placer de Lotte, sintiendo su felicidad en la punta de mi lengua.

Metí con fuerza, la barbilla golpeando contra los labios empapados de su coño.

Lotte gritó y un chorro caliente, cremoso y delicioso se deshizo en mi lengua, con su placer explotando.

—Qué coño más rico —la elogié, levantando el torso.

—Hummm, hummm —fue su respuesta.

Reí, encantado de verla así. El culo levantado por la fuerza de mis brazos, el pelo esparcido por la almohada, la boca abierta, los ojos en blanco, la respiración entrecortada.

Completamente entregada al placer, recorriendo su cuerpo.

Sujeté mi polla por la base, hinchada, dura, necesitando probarla, aunque fuera solo un poco.

Pasé la mano por la cabeza, esparciendo la lubricación por todo el largo.

—Voy a meter solo un poquito —le prometí.

—No quiero poco, lo quiero todo —me miró lasciva.

—No tengo condón, Lotte, no puedo resistir las ganas, quiero bañar mi polla en tu coño caliente sin nada entre nosotros.

—Callum… yo también lo quiero.

Sonreí, encantado de su entrega hacia mí.

Presioné la cabeza robusta contra su entrada rosada, pequeña, apretadita.

Lotte gimió, clavando los dedos en el edredón blanco.

Cerré los ojos, saboreando ese placer profano.

Sentir el coño de mi novia devorando mi polla, chupando cada centímetro hacia dentro, sin un condón entre nosotros, era algo enloquecedor.

Me metí en su interior despacio, saboreando cada milímetro, la estrechez, el calor; era una locura.

El corazón me latía con fuerza contra el pecho, casi saliéndoseme por la boca, en un frenesí descontrolado.

Sentí que me correría solo con eso. Le agarré la cintura con ambas manos, manteniéndola en su sitio.

Lotte gimió cuando empecé a tirar de las caderas y meterla con fuerza, oyendo el sonido de nuestras pieles chocando.

Ella gimoteó, mordiéndose el labio, poniendo los ojos en blanco bajo los párpados casi cerrados.

Sentía el cuerpo sumergido en llamas, la temperatura subiendo cada segundo que pasaba dentro de ella, embistiendo con mi polla, piel con piel, sin el maldito condón para molestarnos.

Gemí ronco, aumentando la velocidad, bombeando con fuerza y precisión, arrastrando a mi chica en el placer surrealista que producían nuestros cuerpos juntos, conectados, embriagados.

Lotte gimió fuerte, apretó los dientes y metí la mano en su coñito, aumentando el nivel de placer de su cuerpo.

—¿Te gusta esto? ¿Que te folle sin condón?

—Sí… sí…

—Tienes que empezar a tomar anticonceptivos, Lotte. Quiero follarte así todos los días —rugí, cuando el placer rozó la locura.

—Voy a tomarlos, pero no pares, por favor, mete más, Callum —movió las caderas, viniendo al encuentro de las mías.