CAPÍTULO 25
Callum O’Brien
¡Ganamos, joder!
Mi corazón seguía acelerado, latiendo como un loco dentro del pecho.
Los chicos gritando, montando fiesta a nuestro alrededor.
El entrenador celebró con nosotros, recordándonos los factores que colaboraron en la victoria, como el Craig lesionado y los trillizos dispersos, sin conseguir hacer su maldita comunicación invisible.
Yo sabía todo eso, pero no conseguía estar preocupado ni titubeante.
Ganamos.
Y eso era lo único que importaba. Ahora sabíamos dónde mejorar, cómo actuar sobre el hielo para, cuando nos enfrentáramos a ellos en la temporada, conseguir la victoria definitiva.
Me hervía la sangre en las venas, loco por celebrarlo.
Salimos de la pista gritando, aullando, celebrando nuestra hazaña.
Los chicos seguían llevándome en hombros, mientras pedían aplausos para el capitán.
Solté una carcajada, dando palmas como si hubiéramos ganado la final de la temporada.
—¡Callum! —oí su grito imponiéndose sobre los demás.
Apoyada en mi moto, Lotte daba palmas, dando saltitos, los ojos brillantes, preciosa con mi camiseta pegada al cuerpo.
La sonrisa más bonita provocando explosiones de adrenalina en mi cabeza.
Bajé de los brazos de mis amigos; la gente me abrió paso, dándome palmadas en los hombros a modo de felicitación, mientras yo iba hacia ella.
La agarré por la cintura, girando con mi chica en el aire.
—¡Enhorabuena! —dijo Lotte segundos antes de pegar sus labios a los míos.
Sabía a felicidad. Apreté los brazos alrededor de su cintura, el rostro alzado para llegar a su altura.
Sentía el pelo cayendo a nuestro alrededor como una cascada, las manos sujetando mi cara, mientras, con sus labios, sentía la pasión pasando de ella a mí, llenándome el corazón de emoción, haciendo esa victoria aún más especial.
—¡Has estado increíble! —besó mi mejilla—. ¡El mejor jugador! —besó la otra—. ¡Sencillamente imbatible!
Solté una carcajada, encantado con sus halagos.
Inaki gritó, avisando que me esperaba en la fiesta para celebrar nuestra victoria.
Asentí con la cabeza y, acto seguido, estaba besando a mi chica con fervor.
El recuerdo del partido seguía candente en mi cabeza.
Quería hablar con Lotte sobre los trillizos mirándola de vez en cuando durante el partido, entender aquello, pero, por el momento, lo único que importaba era celebrar.
—Como has ganado, voy a ser buena y dejarte ver lo que llevo debajo de la ropa —sus mejillas se sonrojaron al final de la frase.
Me quedé atento, imaginando cómo podía estar Lotte aún más guapa con una lencería sexy. Gruñí, apoyándola contra mi moto, abriéndole las piernas, colándome entre ellas, sujetándole la barbilla y besándola cargado de deseo.
—Me muero de ganas de metérmela en tu coñito —le mordí el cuello, disfrutando de oír el sonido de su gemido bajito.
—¿Podemos saltarnos la fiesta?
—Cuando empiece a comerte, solo voy a parar cuando estés desmayada en mi cama.
—Callum, así no aguanto.
—¿El qué? ¿Mi polla enorme metida en tu coñito apretado? Voy a moldearlo para que encaje en mi tamaño, Lotte.
—Apenas he perdido la virginidad ¿y ya quieres redefinir la forma de mi vagina? —abrió los ojos como platos, dándome una palmada en el hombro. Reí ronco, pegando los labios a los suyos.
—Voy a dejarla perfecta para mí, la única polla que va a follártela. Es lo mínimo que puedo hacer.
—¿Cómo sabes que será la única? ¿Y si lo dejamos?
—Ratoncita, la única forma de separarnos es la muerte.
Lotte se iluminó por mi promesa, pareciendo casi desesperada por aferrarse a algo.
Sonreí, besándola con gusto, disipando cualquier duda que le pasara por la cabecita.
Puedo ser joven, pero ya había decidido que Lotte sería mía y eso no cambiaría.
Era la mujer perfecta, la compañera que nunca esperé encontrar y con la que ahora no sabía vivir mis días sin tenerla a mi lado.
—Mi tigrecito.
Solté una carcajada por el apodo cariñoso saliendo de sus labios. Lotte rio, arqueando las cejas con duda de si me había gustado el apodo. Le besé el cuello, entendiendo la referencia a la mascota del equipo.
—Los tigres se comen a los ratones, ¿lo sabías?
—¿Y no es eso lo que has estado haciendo conmigo?
Joder, estaba completamente loco por esta mujer.
—Vamos, vámonos ya a la fiesta o me voy a pasar la noche comiéndote en esta moto —la agarré del culo, pegando sus piernas a mi alrededor. Lotte sonrió, traviesa, encantada con la propuesta.
La bajé al suelo, admirando lo perfecta que quedaba mi camiseta en su cuerpo delgado.
Cogí los cascos sujetos a la rueda de la moto, le entregué el suyo, me colgué su mochila a los hombros, colocándola contra mi pecho.
Me subí, encendiendo la máquina verde debajo de mí.
Lotte apoyó la mano en mi hombro; le sujeté el muslo ayudándola a subir.
Me encantaba la sensación de su cuerpo apoyado contra el mío.
Arranqué, saliendo despacio del aparcamiento, pasando junto a los alumnos, celebrando nuestra victoria.
Paré cuando el autobús del Dnort pasó, saliendo del aparcamiento.
Mis ojos se encontraron con los de Jensen; sonreí, engreído, con la chica de mis sueños en el asiento de atrás y el sabor de la victoria en la boca.
Tenía una mirada pesada al encararme, parecía enfadado, pero había algo escondido en su cara que me dejó intrigado, sin saber muy bien qué estaba tramando.
El autobús se marchó y yo seguí hacia mi casa.
Paré un momentito para dejar la mochila de Lotte en mi habitación y coger un coche con unos compañeros.
Para esa fiesta, la misión del equipo de hockey era emborracharse hasta caer desmayados.
Se asignó un conductor por cada cuatro jugadores, evitando que ocurriera un accidente de tráfico.
No me pareció mal. Me subí a la camioneta de Rhey, senté a Lotte en mi regazo y seguimos hacia el campus.
La fiesta era una locura; se oía el ruido desde lejos, coches aparcados por todos lados.
Rhey paró delante de la fraternidad; bajé con la mano pegada a la de mi chica.
Inaki y Mackenyu gritaron al verme. Fui hacia ellos, recibiendo los saludos de los chicos.
El ambiente ahí dentro era de pura euforia.
Puse a Lotte a mi lado, sujetándole la cintura para no perderla entre la multitud.
—¡Un buen aullido para nuestro capitán! —bramó Inaki, y la gente obedeció.
Mackenyu nos repartió chupitos, y me quedé receloso de aceptar, recordando lo fuerte que estaba la última copa que preparó.
Bebí, sintiendo la garganta en llamas. Lotte se puso a toser, e Inaki le echó la bronca por aquella cosa maldita.
Mackenyu soltó una carcajada, bebiendo como si fuera agua.
Ese maldito japonés era el mejor de todos nosotros bebiendo.
La música subió, haciendo que mi piel vibrara con el ritmo electrizante.
Sujeté la cintura de Lotte, llevándola a la pista de baile.
Era casi imposible hablar. Le agarré la cadera, metiendo una pierna entre las suyas, moviéndome al ritmo electrizante, viéndola dejarse llevar por la música y seguir mis pasos.
Me quedé electrizado, sintiendo su coñito rozando mi pierna; esas malditas faldas me volvían loco.
Bajé el torso besándole los labios, agarrándole el muslo con una mano, subiéndoselo.
Lotte hundió las manos en mi pelo, posesiva, mordisqueándome la boca, entregándose, restregando sus pechos redondos contra mi torso, completamente entregada a mí.
Sentí el calor del ambiente subiéndome por el cuello, la polla poniéndose dura dentro del pantalón, queriendo salirse del vaquero que la apretaba.
Metí los dedos en las malditas medias, tentado a rasgarlas, pero recordando que estábamos en público.
Le agarré el cuello con la otra mano, bajando la boca por su mandíbula, alcanzando la oreja con el pendiente colgante.
Me tragué la pieza, chupándole el lóbulo, mordisqueando, disfrutando de cómo se encendía y notando cómo el ritmo de la música encajaba con nuestra obscenidad.
Lotte clavó los dedos en mi hombro, tirando de la camiseta para alcanzar mi piel.
Le besé el cuello, chupando la piel fina.
Sabía que dejaría marca y no me importó.
—Callum… —Dijo mi nombre, gimiendo bajito.
—¿Sí, mi ratoncita?
—Te deseo tanto, creo que voy a volverme loca —la voz le salió ardiente contra mi piel.
—Ni pareces la virgen de hace un día —reí, recordando con deleite el sabor de su virginidad—. Estoy muerto de hambre, Lotte. Ven aquí.
Tiré de ella, caminando hacia atrás hasta sentarme en el sofá, trayéndola a mi regazo. Lotte dio un saltito, mirándome con los ojos abiertos como platos.
—¿Estás duro?
—Como el acero.
—¿Y si alguien lo ve?
—Por eso te he sentado en mi regazo —le coloqué el culo sobre mi polla—. Escóndeme la erección, ratoncita.
—Prefiero hacer otra cosa con ella —inclinó el torso, besándome—. En nuestra cama —susurró.
Sonreí, encantado de que mi chica no huyera de mis provocaciones.
—¡Pareja, una más! —Inaki trajo dos vasos rojos de plástico—. Esta la he mantenido lejos de Mackenyu.
—Eres un soso —se quejó nuestro amigo.
Reí, aceptando la bebida. Lotte, sentada frente a mí, cogió su vaso, bebiendo mientras me miraba a través de las lentes manchadas.
—¿No quieres quitarte las gafas?
—No voy a ver bien sin ellas —respondió.
—Están manchadas.
—Culpa tuya, que me estás besando a cada segundo.
Reí, sin poder discutir eso. La fiesta era una explosión: los chicos del equipo divirtiéndose, ligando con chicas, Lotte en mi regazo besándome con ganas.
Nos levantamos varias veces a bailar. El ritmo cambió y el DJ puso una para las parejas.
Le sujeté la cintura, bajando el rostro para quedar a su altura, pegado a la mejilla de mi ratoncita bajita.
Ella me rodeó el cuello, murmurando bajito la canción.
—Se acerca la fecha del concierto de tus cantantes, ¿no?
—El mes que viene.
—Vale, el calendario de la temporada sale la semana que viene.
—Y tenemos examen también, tenemos que estudiar.
—Quiero seguir de arrumacos un rato más —rio contra mi cuello.
La canción terminó y el equipo me arrastró a una competición de bebida.
Solté una carcajada, sabiendo que Mackenyu machacaría a todos los retadores.
Aposté 100 dólares por mi amigo, negándome a participar como jugador.
Quería tener el mínimo de sobriedad para follarme a Lotte más tarde.
Me dolía tanto la polla que sabía que necesitaba acabar pronto la noche o me correría en los pantalones por sus provocaciones.
Atraje a mi chica hacia mis brazos, dejando la polla contra su espalda erguida, mientras animábamos por la victoria de Mackenyu contra un veterano de derecho.
El tío aguantaba bien el alcohol, pero, tras 15 rondas, cayó sentado al suelo.
Mi amigo lo celebró, subiéndose a la mesa, claramente borracho y tropezando con las palabras al soltar su discurso elaborado.
—Ven, hora de nuestra fiestecita privada —le avisé al oído a Lotte.
Ella sonrió, sabiendo de qué hablaba. No aguantaba más picotear del plato principal; era hora de comérselo como Dios manda.
Agarré a mi chica, buscando a Rhey. Lo encontré dándole el lote a la animadora de fútbol americano.
La chica accedió a venir con nosotros para llevarnos a casa.
Tenía la vista un poco nublada por la bebida, pero no me habría arriesgado a conducir con Lotte acompañándome.
Nunca pondría en peligro su vida, ni la mía; por eso prefería el sistema de coches.
—¿Cuánto tiempo va a seguir Chelsea expulsada de las fiestas? —preguntó la chica, girando el rostro hacia mí.
—Permanentemente —respondí.
—Ah, vale —se encogió de hombros.
—¿Os conocíais? —quiso saber Lotte.
—A veces nos ayudaba en los entrenamientos, tiene mucha experiencia y creatividad para las coreografías.
—Debería haber pensado en las consecuencias antes de cagarla —respondí, zanjando el tema.
Fue un alivio no tener que lidiar con la presencia de Chelsea en la fiesta. Lotte se encogió de hombros, sin darle importancia, apoyando la cabeza en mi hombro. Solo entonces caí en la cuenta de que no había visto a Anna ni a Lera en la fiesta de hoy. ¿Dónde se habrían metido?
Llegamos a casa. Le di 50 dólares a Rhey por la carrera, me lo agradeció sonriendo y volvió a la fiesta; aún tenía mucha gente que recoger esa noche. Cogí a mi chica en brazos, listo para subir las escaleras de casa. Lotte sonrió, besándome la boca con ganas.
No tengo ni idea de cómo llegamos a la habitación sin provocar un accidente ni tirar los muebles, pero, en el segundo en que la dejé en mi cama, supe que solo dormiríamos de día.
Estaba hambriento y saciaría mi hambre de esa chica toda la noche.