Asumiendo el Riesgo (Los reyes del hielo 1) CAPÍTULO 27
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CAPÍTULO 27

Charlotte Lins

Fui una cobarde. Tuve la oportunidad de decir la verdad, de confesar mi relación con mis hermanos, pero flaqueé en el segundo en que vi la desconfianza en sus ojos azules.

Quería mantener a Callum lejos de la decepción de saber que le había mentido.

No podía estropear su temporada con mis problemas.

Sabía que se enfadaría, se alejaría y, con la cabeza llena de malos pensamientos, arruinaría su juego.

Puede que ni siquiera llegara a la final con un rendimiento mediocre.

No importaba lo que tuviera que hacer, no le diría la verdad.

Craig y Grant no estaban precisamente amigables conmigo.

Mis hermanos dejaron de escribir en el grupo y, cuando pedía hablar, fingían no ver mis mensajes e ignoraban las llamadas.

En algún momento me hablarían, lo sabía; éramos familia y, a pesar de la rabia, nuestro vínculo prevalecía.

Por eso tenía más miedo de perder a Callum.

No existía un lazo de sangre uniéndonos; si él desaparecía, nunca más lograría encontrarlo.

Escondí la inseguridad en el fondo de mi corazón y, tras el partido, nuestra vida volvió a la rutina.

—Lotte, tengo algo que decirte —dijo Callum, entrando en su habitación.

Había empezado a venir a estudiar aquí, en vez de a la biblioteca, mientras él entrenaba, y a esperarlo para poder estudiar juntos. Solía marcharme solo de noche, cuando no me quedaba a dormir.

—¿Qué pasó? —giré las caderas, quedando de frente a él en la silla.

—Primero, cierra las piernas o me quedo sin concentración para lo que tengo que decir —su mirada hambrienta bajó hacia mi vagina. Sonreí animada, tirando del cojín para cubrirme.

—¿Así?

—No ha ayudado mucho, pero vale —se sentó en la cama, pasándose la mano por el pelo—. Ya tenemos la fecha de nuestro primer partido de temporada. Va a ser en Nueva York, el día 27 de este mes.

—Pero… ¡Espera! —grité levantándome—. ¡Es el día del concierto de Stray Kids! ¡Callum, lo prometiste! —me senté, sabiendo lo que aquello significaba.

—Perdona, Lotte, yo también me enfadé cuando me enteré, pero no puedo hacer nada por ahora —suspiró, apenado.

—¿No hay alguna posibilidad de que termines el partido y vengas al estadio a verlo conmigo? Los asientos son numerados, puedes llegar a la hora que sea, te transfiero la entrada y…

Dejé de hablar cuando vi sus ojos azules mirándome con pesar.

—Voy a intentar ir, pero no sé si podré. Perdona, Lotte.

—Está bien, no es culpa tuya —me levanté, sentándome en su regazo y besándole la mejilla.

No había mucho que hacer. Al día siguiente, Callum viajó con el equipo, ya que irían en autobús hasta el lugar del partido.

Cogí el avión el día 27 por la mañana, sin llevar nada más que lo necesario para el concierto.

No me quedaría en un hotel, volvería en el vuelo de madrugada.

Quería que Callum estuviera conmigo, pero por desgracia no pudimos cuadrar las agendas.

Sabía cómo sería salir con un jugador de hockey; mis hermanos siempre faltaban a compromisos por culpa de la temporada.

Entrar en el estadio fue fácil y, aunque sabía que él no vendría, le mandé la entrada virtual por si acaso ocurría algún milagro.

La tristeza se me quedó pegada al corazón hasta que empezó la soundcheck [11] .

Grité, vibré y canté a todo pulmón con Stray Kids; casi me muero al ver a Felix tan de cerca.

Joder, si Callum hubiera estado aquí, podría haberme ayudado a estar más alta.

Las chicas delante de mí me hacían doler el cuello de tanto estirarme.

Terminó la prueba de sonido y aproveché para ir rápido al baño.

Al volver, me puse aún más triste al ver los únicos asientos vacíos en la fila: el mío y el de Callum.

Me senté, cogí el móvil, le mandé una foto mía y de su asiento vacío.

No respondió; se me formó un nudo en la garganta mientras pensaba en aquello.

¿Cómo iba a sobrevivir a que ese hombre me odiara por mi mentira, si no podía pasar ni un día lejos de él y ya sentía una añoranza infernal?

El estadio se fue llenando cada vez más, la gente acomodándose en sus asientos y, a medida que pasaba el tiempo, mi esperanza de que Callum apareciera se iba marchitando, desapareciendo, esfumándose.

Ni siquiera había respondido a mi mensaje.

Suspiré, con ganas de llorar de impotencia; rodeada de tanta gente y, aun así, sin conocer a nadie, me sentí sola.

Sujeté mi lightstick [12] con una mano, en la otra el móvil; miré una vez más los mensajes, nada de Callum.

Empezó la introducción, respiré hondo, poniéndome de pie para recibir a mis chicos.

Grité cuando sonó la introducción de Mounts por el estadio y las voces se unieron cantando la canción con fervor.

Levanté la lightstick y empecé a grabar, sintiendo el momento mágico de estar en presencia de los artistas que tanto admiro.

Chillé cuando BangChan se quitó la camiseta, temblando, saltando, encantada de ver el abdomen marcado.

—Si hubiera sabido que iba a haber indecencia en este concierto, no te habría dejado venir.

Chillé, girándome de lado y viendo a Callum ahí, parado, como si estuviera viviendo un sueño despierto. Salté, lanzándome a sus brazos, llenándolo de besos, sin lograr creer del todo lo que veían mis ojos.

—¡Viniste! ¡Estás aquí! —grité, aferrada a su cuerpo.

—Sí, prometí ver este concierto contigo —me sujetó la cintura, mirándome encantado—. Estás preciosa; lástima que este arreglo no fue para mí sino para esos idiotas coreanos —entrecerró los ojos, celoso.

—Tuve esperanzas de que vinieras hasta el último segundo —estiré el cuerpo, poniéndome de puntillas para besarlo—. Felicidades por la victoria.

Callum se rio, sabiendo que no me había dicho si habían ganado.

No hacía falta que lo dijera; su presencia aquí ya me bastaba para saber el resultado.

Estaba demasiado feliz. Noté el uniforme del equipo todavía en su cuerpo, cubierto por la sudadera de la universidad.

El pelo mojado, la frente sudada… había salido del hielo y había venido directo a buscarme.

Sus labios acariciaron los míos en un beso delicioso, lleno de cariño y felicidad por la promesa cumplida.

Le acaricié la nuca, entregándome mientras oía de fondo el sonido de mis artistas favoritos, cantando y haciendo arder aquel estadio.

La gente allí no lo sabía, pero había sido testigo del segundo exacto en que me di cuenta de que amaba a Callum.

—Te amo —confesé.

—Yo también te amo —respondió él, sonriendo; su cara parecía brillar frente a mí.

Callum me agarró de la cintura, poniéndome delante de él mientras veíamos el concierto.

No podía llegar hasta la barrera, pero estaba lo bastante cerca para ver a mis chicos.

Callum se agachó, envolviéndome la cintura con fuerza y, en un movimiento, alzó mi cuerpo en el aire, dejándome ver mejor el escenario y a mis artistas.

Grité por la deliciosa indecencia de Lee Know tirando de la camiseta de Han, mientras Changbin y Hyunjin lucían sus brazos musculosos.

—¡Dios mío, Lotte, no habría venido si hubiera sabido que ibas a estar gritando por ocho coreanos! —se quejó Callum.

—¿Y por qué viniste? —giré la cara, desafiándolo, riendo por sus celos.

—Para protegerte de estos coreanos que quieren robarme a mi chica. Ya sabes, hago de todo por ti, hasta enfrentarme a este maldito K-pop.

—No pueden robarme, Callum, soy completamente tuya.

Eso hizo que una hermosa sonrisa asomara en sus labios rosados.

Eché la cabeza hacia atrás, besándolo con pasión, encantada con sus celos y, más aún, con el hecho de que estuviera allí conmigo.

Callum siguió sosteniéndome en sus brazos fuertes; no sé cómo aguantaba, después de un largo partido de hockey, venir corriendo hasta aquí y pasar más de una hora sosteniéndome en el aire. Parecía no notar el peso de mi cuerpo.

Los chicos desaparecieron para el cambio de vestuario y los bailarines tomaron el escenario. Callum por fin me bajó al suelo y pareció buscar algo. Cogí mi mochila y le di una botella de agua; se la bebió toda en cuestión de segundos.

—¿Tienes algo de comer ahí?

—Solo barritas de cereales —cogí dos.

—Tengo hambre, necesito más que esto —miró alrededor y solo entonces noté cómo llamaba la atención de las chicas.

—¿Quieres ir al puesto de comida a comprar algo?

—La cola está enorme, mejor no —abrió una barrita, devorándola.

—Es el último cambio de vestuario, pronto debería terminar el concierto —constaté, triste.

—Tranquila, yo espero.

Me dio pena Callum por tener hambre. Ni se me había ocurrido que se hubiera saltado una comida para venir a verme.

Le abracé la cintura, dándole todas las barritas que tenía en el bolso.

Callum sonrió tierno, pasándome el brazo por los hombros.

Los chicos volvieron con pistolas de agua.

Salté animada cuando Seungmin se puso delante de mí, lanzándome un chorro a la cara.

—Joder, me estoy empapando entero —se quejó Callum, mientras yo me reía, encantada.

La lluvia de agua no paró y, mientras sonaba la versión de festival de Waiting for You, los chicos mojaban a las Stays [13] . Chillé cuando Han le dio de lleno en la cara a Callum. I.N. lo señaló, llamando la atención de los chicos por lo alto que era mi novio.

—¡Joder! —se quejó Callum, cuando se convirtió en blanco de Hyunjin y Seungmin.

Me reí a carcajadas. Mi novio me agarró de la cintura, alzándome delante de él, haciendo que mi cuerpo se volviera más grande que el suyo.

Los chicos se rieron de que se escondiera detrás de mí, y el blanco del agua pasó a ser mi barriga.

Si pensaba que el concierto no podía ser más perfecto, en ese segundo entré en mi propio paraíso.

Callum consiguió lo imposible: hizo que me notaran los miembros de Stray Kids. La lluvia de agua terminó, la música llegó a su fin, los chicos se despidieron, pero la magia siguió dentro de mí.