Asumiendo el Riesgo (Los reyes del hielo 1) CAPÍTULO 5 #2
14%

CAPÍTULO 5 #2

Cogí las llaves del bolsillo del pantalón y se las di a Inaki.

No me gustaba que él ni nadie condujera mi moto, pero lo necesitaba.

Con la ayuda de mis amigos, me metí en el coche de Mackenyu.

Dejé caer el cuerpo en el asiento, empezando a marearme, las piernas temblando de cansancio.

Mi amigo no habló mucho mientras conducía, y el pensamiento de que Lotte pudiera seguir esperándome fue lo único que me hizo estirar la mano y coger el móvil del bolsillo del pantalón.

Me costó bastante esfuerzo distinguir su número y hacer la llamada. Tardó un poco en contestar.

—Callum, ¿ha pasado algo? —su voz somnolienta me alivió la presión en el pecho. Por suerte, no estaba en la biblioteca esperándome.

—Perdona… por dejarte plantada… —La voz me salió débil, forzada. Sentí un sabor a metal horrible en la lengua.

—¿Qué ha pasado? Tienes la voz rara —dijo, poniéndose alerta.

—Me he puesto malo… en el entrenamiento… —Respiré hondo—. Perdona.

—¿Te encuentras mal y me llamas para disculparte por faltar a nuestra sesión de estudio… a la una de la madrugada?

—Sí… perdona… no quería… dejarte… esperando… —Tomé aire con fuerza, más mareado.

—Ay, Callum, no tenías que preocuparte. Cuando dieron las 20:30 y no me contestaste el mensaje, me fui a la residencia.

—¿Te has… enfadado… conmigo? —suspiré, sintiendo el movimiento del coche.

—Estaba preocupada, pero pensé que podía ser algo del hockey. ¿Se te ha complicado ese horario?

—Hoy ha sido… raro.

—Tío, si seguimos así, vamos a tener muchos días raros —se metió Mackenyu.

Lotte se rio bajito al otro lado. Me relajé un poco, sabiendo que no estaba en un lío con ella por haber faltado a nuestra sesión de estudio.

—Chica misteriosa —dijo Mackenyu en voz alta, para que ella lo oyera—, nuestro capitán se encuentra mal por el cansancio y el hambre. Mañana habláis un poco más; por ahora, voy a llevarlo a casa.

—Buenas noches, Callum. Descansa y ponte bien; mañana organizamos un horario mejor de estudio.

No quería colgar. Oír su voz me ayudaba a calmar la mente cansada. Necesitaba un poquito más de Lotte y no pensaba renunciar a eso.

—¿Cómo… ha sido… tu día?

—Bastante agradable. No tener que ir a la tienda de mascotas por la tarde es un alivio.

¿Te lo puedes creer? Después de comer me tumbé en la cama a descansar unos minutos y me quedé frita.

No recuerdo la última vez que dormí una siesta, nunca tuve esa costumbre, pero me apagué.

Me desperté y no estaba desesperada por ir a trabajar; hice la cena con tranquilidad y estudié en la biblioteca esperándote.

Cuando me di cuenta de que no venías, estudié un poco más, salí y me compré un helado delicioso; me lo estaba comiendo viendo una serie antes de dormir.

Me reí un poco de su parloteo. Me di cuenta de que habíamos dejado el campus y que pronto estaríamos en casa; vivíamos a dos manzanas de distancia.

—¿Cómo era… la serie?

—Con hombres lobo buenísimos. Dos hermanos que están huyendo de un cazador.

Deciden pasar desapercibidos, estudiando en una universidad, donde conocen a una mujer que tiene un olor adictivo y los vuelve locos a los dos.

Sospecho que va a ser la pareja de ambos, pero cómo van a lidiar los machos con eso es un misterio, porque son muy posesivos.

—Interesante.

Lotte siguió hablando de la serie, y yo escuché atento, sintiendo el ardor empeorar.

Mackenyu aparcó, y me di cuenta de que mi moto ya estaba en su plaza de siempre.

Con ayuda de mi compañero, me bajé del coche y subimos las escaleras, con Lotte hablando de fondo.

Fui directo a mi cuarto y sonreí al ver las medicinas en la mesilla y un plato de macarrones en la cama, con un vaso de leche.

—Que te mejores, tío —gritó Inaki desde el baño—. Te he dejado todo lo que vas a necesitar.

Me senté con ayuda de mi amigo, le avisé a Lotte que iba a tomarme la medicación y ella se quedó calladita. Me tomé la pastilla, apoyé la espalda en el cabecero, cogí la comida, sabiendo que necesitaba calmar el estómago, o el ardor solo iba a empeorar.

—Si necesitas algo, grita. Voy a dejar mi puerta abierta —avisó Mackenyu.

Asentí y puse el móvil en manos libres.

—Habla —avisé mientras masticaba.

—¿Te has tomado bien la medicación?

—La que puedo tomar antes de comer, sí… Cuando termine los macarrones, me tomo el resto.

—Vosotros, los jugadores de hockey, siempre olvidando que el cuerpo tiene límites o va a colapsar.

Me pareció raro cómo lo decía; parecía conocer el tema a fondo, como si alguien cercano a ella jugara al hockey y fuera tan insano como yo en los entrenamientos.

—¿Conoces… a otro jugador?

Las medicinas y la comida empezaban a hacer un auténtico milagro en mi cuerpo, aliviando los dolores.

—Ya he estudiado con algunos; la gente de clase habla bastante de cómo tú e Inaki lo dais todo por el hockey.

—Mmm.

—¿Estás mejor?

—Mejorando —suspiré, aliviado.

Seguí comiendo, y Lotte habló de lo que deberíamos estudiar al día siguiente para compensar el día perdido. Oír el dulce sonido de su voz me calmaba el alma. Sonreí al darme cuenta de que estaba alargando la llamada a propósito, porque no podía dejar de escucharla.

Terminé de comer, bajé a dejar el plato y el vaso en el fregadero y a beber agua, mientras Lotte seguía contándome un poco más sobre lo horrible que era trabajar en la tienda de mascotas. Volví al cuarto y me tomé la otra pastilla, tumbándome, sintiendo que el ardor llegaba a su fin.

—¿Estás mejor?

—Sí, gracias por quedarte conmigo.

—Ha sido un placer. Buenas noches, Callum.

No quería despedirme, pero sabía que ella necesitaba dormir.

—Buenas noches, Lotte.

Nos quedamos esperando a que el otro colgara; como ella no lo hizo, me acomodé en la cama con el móvil en la oreja, escuchando su respiración suave. En algún momento, la llamada se cortó, pero yo ya estaba dormido cuando pasó.

No quería pensar en lo que había significado esa noche. No tenía tiempo para una relación y no estaba dispuesto a liarme con Lotte, pero fue imposible ignorar cómo me sentí al hablar con ella mientras me encontraba mal.

Deseé lo que no podía tener.