CAPÍTULO 4 #2
—Ni se me había pasado por la cabeza —dejé la mochila en la mesa—. Pero, por pura curiosidad, ¿qué estás planeando?
—Necesito descubrir cómo romper la defensa de los demonios. Pensé que, si apuntaba algunas cosas, se me ocurriría algo efectivo.
—¿Has tenido suerte?
—No —bufó—. Los muy cabrones parecen comunicarse por telepatía, pero voy a encontrar la forma de romper su defensa.
Asentí, sabiendo que era casi imposible. Mis hermanos habían creado la estrategia de adolescentes y llevaban años perfeccionándola. Yo conocía los secretos detrás de sus jugadas, pero ni bajo tortura sería capaz de soltar algo y entregarle a Callum su secreto.
—Creo —me oí hablar sin poder controlar la boca— que los trillizos deben de tener ventaja por ser hermanos.
—Es obvio. —Callum puso los ojos en blanco.
—No es eso lo que digo —me mordisqueé los labios, las ganas de presumir de ellos eran demasiado grandes—. ¿Cuántos jugadores nuevos han entrado en el equipo este año?
—Siete.
—¿Y cuántos se han ido?
—Cinco.
—¿Alguna baja en el equipo titular?
—Nuestro capitán, un defensa y el portero.
—Voy a suponer que vais a cubrir esas plazas con jugadores nuevos, gente con la que os llevará tiempo conseguir una sincronía decente sobre el hielo. ¿Verdad?
—Básicamente es eso, todos los años la misma mierda.
—Y esa es la desventaja de cualquier equipo universitario.
Pasáis la temporada perfeccionándoos, descubriendo cómo jugar juntos, para que, al final, alguien se vaya y entren jugadores nuevos que no tienen ni idea de cómo funciona el equipo.
Creo que los trillizos tienen esa sincronía de la que hablas porque han formado una defensa que funciona lo bastante bien como para no tener que lidiar con el cambio de compañeros.
—Ya había pensado en esa posibilidad, tienen ventaja, juegan en perfecta sincronía y hacen que el equipo funcione según sus necesidades. Son unos demonios de cuidado —bufó, frotándose la cara—. Yo tengo a Inaki y a Mackenyu, pero todavía necesitamos ajustarnos con los novatos.
Callum era realmente inteligente y dedicado.
Mucha gente no se daba cuenta de que el secreto de los trillizos, en parte, se debía al tiempo que llevaban entrenando juntos y a la habilidad de montar jugadas casi como quien hace un entrenamiento infantil.
Estaban conectados, algo que muchos otros equipos no conseguían.
Que Callum admitiera que necesitaba ayuda de los novatos me pareció interesante.
Pensaba que era un jugador extremadamente orgulloso, pero quizá supiera cómo jugar en equipo y hacer que todos mejoraran, sin pensar solo en sí mismo.
—Sé que lo vas a conseguir —señalé los libros frente a él—, y te voy a ayudar a concentrarte mejor en el hockey.
—Gracias por esto, Lotte. —Su expresión se suavizó, y el azul de sus ojos casi brilló de alivio.
Sonreí. Ese era el límite de la línea. Ninguna información más podía pasarse sobre mis hermanos o su forma de jugar al hockey. Los chicos se habían dejado la piel para llegar adonde estaban, y yo jamás traicionaría su confianza.
—¿Te gusta el hockey? —preguntó Callum, después de que terminara de organizar mis apuntes.
—Hockey, baloncesto y un poco de fútbol americano.
—Extremadamente versátil —silbó.
—¿Y tú, solo hockey?
—¡Es mi favorito! Pero, a veces, juego un partido de baloncesto con los chicos —levantó la mano, echándose los rizos hacia atrás.
El pelo de Callum tenía rizos abiertos, casi ondulados, de un castaño muy bonito.
Parecían suaves e invitaban a pasarles la mano por encima.
Cambié el foco de mis pensamientos, sin dejarme llevar por su rostro masculino y seductor.
Apreté los muslos y saqué la hoja de ejercicios, empezando nuestra clase.
—Vaya, es mucho más fácil entender lo que quiere decir el profesor con tu explicación —observó Callum después de que le dijera qué debía responder en la pregunta sobre gestión de empresas.
—Es una pregunta comodín. Quiere saber cuáles son los medios para identificar un fraude financiero, pero no lo pregunta de forma tan directa. Hay que irse enrollando, engañándote como haría un estafador.
—Tengo que ser listo para estas cosas —tamborileó el bolígrafo sobre el papel—, o alguien puede robarme cuando sea profesional, sin que me dé ni cuenta —frunció los labios.
Por un segundo, su mirada reveló más que sus palabras, y me di cuenta de que Callum no hablaba de forma hipotética.
¿Le habría robado alguien que se ocupaba de su carrera, y por eso no había conseguido que lo draftearan y no tenía un agente libre?
Tuve ganas de preguntar, pero sentí que él no hablaría de eso conmigo.
—Por eso hay que contratar a un agente de confianza —levanté el bolígrafo, sonriendo.
—¿Ya sabes qué vas a hacer después de graduarte?
—Tengo algunas ideas —dudé si contárselo, pero Callum no parecía una amenaza en ese asunto, así que dije—: Ya he pensado en dirigir una empresa centrada en deportistas.
Cuidar de sus carreras, intermediar los contratos con los equipos o conseguir un trabajo en la administración de algún equipo de la liga.
Pero para esto último, voy a necesitar una buena recomendación.
Contaba con mis hermanos para esa parte.
—Cuando sea profesional, puedes contar conmigo —guiñó un ojo, animado—. Te colocaré en el mejor equipo de la liga de hockey.
Sonreí, imaginando lo divertido que sería si Callum y mis hermanos acabaran siendo compañeros de equipo. Seguro que al principio se matarían debido a la fuerte rivalidad, pero después conseguirían ser buenos amigos, y yo no tendría que mentir sobre quién era.
—¿Te has planteado qué pasaría si a ti y a los trillizos os ficha el mismo equipo?
—Me ahorcó —echó la cabeza hacia atrás, y solté una carcajada.
—Sería divertido de ver.
—Tengo la sensación de que no te caigo bien —me acusó, entrecerrando los párpados.
Me reí otra vez, y alguien pidió silencio.
Me encogí de hombros, centrándome en la lista que teníamos que terminar de responder.
Siempre tuve miedo de cómo sería estar en el mismo ambiente que Callum e interactuar con él.
La rivalidad con mis hermanos era extrema, pero quizá conmigo no tuviera que ser así.
¿Sería capaz de ser mi amigo, incluso sabiendo de quién era hermana?