Asumiendo el Riesgo (Los reyes del hielo 1) CAPÍTULO 2 #2
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CAPÍTULO 2 #2

Mi fantasía se acabó antes de empezar. Asentí, cambiando de sitio con ella.

Anna extendió la mano, llamando a Callum e Inaki, señalando los asientos libres.

Otras chicas hicieron lo mismo, y me di cuenta de lo popular que era.

Me acordé de mis hermanos, siempre tan solicitados, y de lo cansado que era tener que disputarles la atención a otras personas. No quería eso para mi vida.

Saqué el cuaderno y lo dejé sobre la mesita pequeña.

Vi a Callum sonriendo mientras caminaba hacia Anna.

Inaki tiró la mochila en la silla, despreocupado, mientras Callum se sentaba, las piernas largas sin espacio para estirarse.

Nunca me había fijado en lo incómodos que podían ser los asientos para la gente alta.

—¡Buenos días, Callum! —lo saludó Anna, apretándole el brazo.

—Buenos días —respondió, sin interés—. No hace falta que grites mi nombre. No vuelvas a hacer eso, es molesto.

Me mordí el labio, con los ojos clavados en la pizarra, mientras notaba a mi amiga desinflarse a mi lado. Murmuró un «vale» y se sentó normal, mirándome.

Giré lentamente la cara, notando su expresión irritada.

—¿Te lo puedes creer? —dijo, sin emitir sonido alguno.

Arrugué los labios, levantando las mejillas en una expresión de «madre mía».

—Buenos días, Lotte —me saludó Callum.

Me puse como un tomate, metida en semejante lío. Anna casi me arranca el brazo, apretándomelo entre los dedos mientras pedía explicaciones con la cara irritada.

—Buenos días, Callum —saludé, sonriendo, amistosa—. Inaki —llamé al otro para no parecer tan rara.

—¿Qué pasa?

Inaki tenía una cara jovial, redonda, que combinaba con la mandíbula; ojos extremadamente expresivos, cejas gruesas y negras, igual que las pestañas.

La piel morena clara, un porte que lo hacía parecer delgado, pero, cuando se quedaba sin camiseta, mostraba hombros torneados y abdominales marcados.

Los rizos cayéndole alrededor de la cara lo hacían parecer más adorable que agresivo para ser jugador de hockey.

—¿Desde cuándo conoces a la gente de hockey? —quiso saber Anna, preguntando bajito.

—Desde que me hablaron ellos —mentí, respondiéndole cerca del oído.

Por suerte, Callum no siguió dando conversación, pero Anna seguía mirándome con desconfianza.

Parecía que me había acostado con su novio, y aquello era raro.

Los dos habían estado juntos el año pasado, pero solo era sexo como forma de pago por ayudarlo con los estudios.

Anna siempre se quejaba de la distancia emocional de Callum; no había motivo para esos celos.

A menos que estuviera de verdad enamorada de él y soñara con una relación.

Mierda.

Si se enteraba de las clases particulares, haría lo que fuera por participar y acabaría estorbando. Tenía que avisar a Callum de que debíamos ser discretos, o mi amistad se pondría en riesgo por culpa de un chico.

Noté el móvil vibrar en el bolsillo, lo cogí y vi un mensaje de Callum:

Callum: ¿Algo va mal, ratita? Yo: Sigue llamándome ratita y vas a perder a la profesora. Estiércol de elefante.

Callum soltó una carcajada, mirando el móvil. Anna giró el cuello hacia él, y noté cómo quería ver quién le escribía a Callum, mientras Inaki se reía, dando palmas.

—Tío, ¿estiércol de elefante? ¿Quién es el genio que se ha inventado eso?

—Cállate, Inaki, y ve a leer tus mensajes, desgraciado.

Yo: Mi amiga todavía va a por ti. Mantén las distancias.

Callum: Estoy demasiado bueno para que me ignoren. Pero vale. No tengo ningún interés en Anna. ¿Quedamos hoy?

Yo: Qué chulo (emoji poniendo los ojos en blanco). Después de clase, lo hablamos.

Callum: Como quieras, ratita.

Yo: Anda, vete a comer mierda.

Callum soltó una carcajada tan fuerte que toda la clase se giró a mirarlo.

Él ni se inmutó, escribiendo varios emojis llorando de risa.

Puse los ojos en blanco y guardé el móvil.

Anna apoyó la cabeza en mi hombro bueno, y el profesor entró.

Presté atención a la clase y noté cómo Callum se esforzaba en tomar apuntes, sin mirar el móvil ni hablar con Inaki, mientras el profesor explicaba el semestre, nuestras notas y comenzaba el temario.

Se esforzaba de verdad. Pensé que el gran problema de Callum no era la falta de atención, sino la falta de horas suficientes para estudiar el contenido, procesar lo aprendido y tomar apuntes para no olvidarlo.

—Anna, guapa —la llamó Inaki—. ¿Qué te parece ser mi profesora particular este semestre?

—¿Y yo qué gano con eso?

—Te garantizo que vas a salir satisfecha de las clases. —El énfasis en «satisfecha» ya lo decía absolutamente todo sobre lo que Inaki planeaba hacer con Anna.

Mi amiga miró a Callum, con la esperanza de que él extendiera la invitación, pero, al verlo callado, concentrado en sus apuntes, Anna se rindió.

—Vale, puede ser —se giró hacia mí—. ¿Puedo contar con tus apuntes otra vez? —susurró.

—No.

—¿Qué? —se quedó de piedra.

—Es mucho trabajo estudiar para mí y para otra persona. No puedo hacerlo este semestre. —Y, dándole clases particulares a Callum, no tendría tiempo de organizar el estudio de Inaki. Si Anna quería comerse a ese tío, que se buscara otro motivo.

Pensaba usar las horas libres para estudiar y descansar. El último semestre me llevó a un agotamiento tremendo durante el verano; no quería volver a enfermar.

—Idiota —se quejó, enfurruñada.

—Vaca vaga —respondí.

Si algo me enseñaron mis hermanos, fue a no dejar pasar nunca un insulto sin devolverlo con la misma intensidad o humillar a la persona.

Si alguien se siente cómodo ofendiéndote, haz que se sienta mal ofendiéndolo tú también.

No importaba si era mi amiga, mi hermano o mi novio; siempre devolvía la ofensa.

Ella entrecerró los ojos, sabiendo que, si entraba en una guerra de insultos conmigo, iba a perder. Levanté la barbilla, desafiándola. Anna puso los ojos en blanco, cogiendo el móvil para distraerse.

Me atrajo la mirada de Callum y la sonrisita arrogante en sus labios.

Suspiré. Este semestre prometía ser intenso de una forma inesperada. ¿Habría hecho bien en aceptar ser su profesora?