Capítulo 31
Cuando el coche de Wade apareció en la carretera de acceso a la casa, Casandra vio enseguida un vehículo oscuro aparcado en el arcén.
Estaba parcialmente oculto bajo la oscuridad de los árboles.
No hacía falta distinguir que había alguien en el interior para saber quiénes eran.
La policía no había perdido el tiempo. Seguro que los agentes del bar habían dado la voz de alarma.
Wade, que no se percató del detalle, redujo la velocidad al acercarse a la entrada de la finca y maniobró para dejar a Casandra frente a su casa.
Desde fuera todo seguía pareciendo normal.
El que había sido su hogar durante los últimos dos años permanecía a oscuras y las plantas del jardín se agitaban suavemente bajo el viento nocturno.
Era la imagen que querían trasladar a la policía.
La familia Hudson refugiándose tras la tragedia, intentando recomponer una vida que hacía tiempo había dejado de existir.
Pero ya habían visto cosas sospechosas esa noche. Ethan no había vuelto a casa, y ahora lo hacía ella después de ausentarse durante casi una hora de la cafetería. Eso era precisamente lo peligroso, porque, cuando apareciera el cadáver de Silvia, toda aquella vigilancia permitiría atar cabos.
Wade detuvo el coche junto a la acera y dejó el motor encendido. Durante unos segundos ninguno habló. Casandra observaba su hogar por última vez.
—Ven a mi casa, cariño —dijo Wade finalmente, bajando la voz—. No te quedes aquí esta noche .
Ella cerró los ojos un instante. Todavía podía oler el mar de Surfers Point pegado a su ropa. Todavía veía la sangre oscura entre las rocas. Y, aun así, una parte de ella deseó decir que sí. Dormir con él. Desaparecer unas horas dentro de algo normal.
Pero ya era demasiado tarde para eso.
—No puedo.
Wade sonrió apenas, intentando aliviar la tensión.
—Tu madre sobrevivirá una noche sin ti.
Casandra lo miró y aquella ternura sencilla le permitió seguir con el plan que había trazado con su madre.
—No es eso.
—Entonces ¿qué?
Ella apartó la vista hacia el coche policial.
—Voy a entrar un momento para que mi madre vea que estoy en casa.
Wade frunció el ceño.
—¿Ahora?
—Sí. Después me escaparé por la parte trasera. Espérame en quince minutos dos calles más allá.
El gesto de Wade cambió inmediatamente y la tensión desapareció de su rostro, sustituida por una sonrisa casi juvenil.
—¿En serio?
Casandra forzó una pequeña sonrisa.
—No vayas a dejarme allí sola, ¿eh?
Wade soltó una breve risa y negó.
—No tardes.
Ella abrió la puerta y salió del coche.
Sintió la mirada de los policías pero eso era exactamente lo que esperaba, era una mujer regresando a casa después de pasar la noche con su pareja. Nada extraño. Precisamente por eso le hacía ganar tiempo a su familia.
Wade arrancó y se alejó despacio por la carretera. Todo normal .
Casandra entró en la casa y cerró la puerta. El silencio cayó sobre ella con todo su peso. Permaneció inmóvil en el recibidor, escuchando el viento.
Después fue directa al dormitorio de Victoria. Abrió armarios y cajones con rapidez y guardó en un bolso documentación, pasaportes, tarjetas y algo de ropa interior. Lo imprescindible, nada más. Como le había indicado su madre.
Cuando terminó, sostuvo el bolso unos segundos entre las manos y levantó la vista hacia la planta superior. El apartamento de Ethan.
Subió las escaleras y entró rápidamente.
Percibió su olor, con ese extraño orden que siempre parecía mantenerse incluso en mitad del desastre.
Sobre la mesa estaba el portátil y lo cogió sin detenerse a pensar.
No podían permitir que terminara en manos de la policía.
Lo escondió dentro del bolso y descendió las escaleras con el corazón golpeándole el pecho.
Al llegar abajo, dejó la luz de la cocina encendida y cruzó la casa hasta la salida trasera.
El jardín estaba completamente oscuro. Avanzó deprisa entre la vegetación, alejándose de la finca sin volver la vista atrás.
Cuando alcanzó la calle paralela, la cruzó para dirigirse a la siguiente, campo a través. Allí vio los faros apagados del coche de Wade, esperándola.
Él bajó la ventanilla al verla aparecer.
—Esa es mi chica.
Sonreía de verdad, como un adolescente convencido de estar participando en una travesura inocente. Casandra subió al coche sin decir nada y Wade encendió el motor.
—Entonces… ¿a mi casa?
—No.
Wade la miró sorprendido.
—Sigue recto.
—¿Qué ?
Casandra sostuvo el bolso contra sus piernas.
—Vamos a hacer algo más divertido todavía.
Wade sonrió sin entender del todo y el coche se adentró en la oscuridad de la carretera, rumbo a Surfers Point.
2
Wade conducía con una sonrisa que intentaba disimular.
La carretera avanzaba frente a ellos entre árboles deformados por el viento y pequeños montones de arena que se arremolinaban en el asfalto.
De vez en cuando miraba de reojo a Casandra, todavía convencido de que aquella noche extraña acabaría desembocando en una especie de aventura íntima.
Algo impropio de ella y precisamente por eso todavía más excitante.
No dejaba de imaginar posibilidades. La tensión de los últimos días, los asesinatos en el pueblo, la ridícula relación de su familia con todo aquello y la necesidad de escapar unas horas.
Cuando ella le indicó que tomara el camino de tierra que subía hacia la zona del monte, Wade incluso soltó una pequeña risa incrédula.
—Vale… esto empieza a darme miedo.
Casandra intentó sonreír.
El coche avanzó lentamente entre baches y vegetación. Algunas ramas rozaban los laterales. Estaban solos en el bosque, con el viento y el rumor lejano del mar.
Entonces apareció una ráfaga de luz de unos faros justo delante. Wade frenó en seco, asustado. Un vehículo estaba detenido parcialmente entre los árboles.
—Tranquilo.
En cuanto Wade vio salir a Victoria y Ethan desde la oscuridad, toda aquella ilusión adolescente desapareció de golpe y el miedo llegó a sus ojos .
Ethan se acercó al coche sin perder tiempo. Victoria permanecía unos pasos detrás, observando el entorno.
—¿Lo habéis hecho? —preguntó Casandra nada más bajar.
Victoria asintió.
—Está bien escondida dentro del monte. Tardarán días en encontrarla.
La naturalidad con la que lo dijo hizo que Wade palideciera visiblemente.
—¿Encontrar qué…?
Nadie le respondió.
Victoria se acercó a Casandra.
—¿La documentación?
Ella abrió rápidamente la mochila y se la entregó. Ethan cogió el portátil y comprobó que era el suyo mientras Victoria revisaba pasaportes y papeles con la linterna de su móvil.
—Perfecto.
Wade bajó finalmente del coche.
—¿Qué coño está pasando aquí? —Su voz sonó demasiado alta en medio de aquella oscuridad—. ¿Sois vosotros? ¿Vosotros habéis matado a esa gente?
Ethan y Victoria apenas levantaron la vista hacia él, como si Wade fuera ya algo secundario.
Y eso lo empeoró todo.
Casandra se acercó rápidamente y le agarró las manos.
—Wade, escúchame…
—¡No, explícame qué está pasando!
La respiración empezaba a acelerársele. Miraba a Ethan, a Victoria y a aquella mochila. Pero, en la penumbra del monte, todo parecía demasiado extraño como para razonar.
—Cariño… dime que no habéis…
Ella sintió que el corazón se le rompía al verlo así.
—Todo tiene una explicación.
—Pues dámela .
Casandra negó lentamente. Las lágrimas ya comenzaban a acumularse en sus ojos.
—Ahora no puedo.
—¿Por qué?
—Porque no hay tiempo. Porque no me creerías. Porque cuanto menos sepas, mejor.
Wade soltó una risa nerviosa, completamente superado.
—¿Mejor para quién?
Casandra dio un paso más hacia él.
—Para ti.
Wade se llevó las manos a la cabeza y empezó a caminar en círculos pequeños sobre la tierra.
—Dios mío… Dios mío…
Luego volvió hacia ella y el miedo dejó paso a otra cosa mucho más triste.
—No quiero que te vayas.
La frase salió rota y Casandra ya lloraba abiertamente.
—Yo tampoco quería llegar hasta aquí.
—Pues no lo hagas.
La miró con desesperación real.
—Vente conmigo. Ahora. Los dos.
Casandra cerró los ojos apenas un instante.
—No puedo.
—Entonces me voy con vosotros.
El silencio que siguió resultó extraño. Ethan levantó la vista y Victoria dejó escapar una pequeña exhalación irónica.
—No sabes lo que estás diciendo.
Wade se giró hacia ella.
—¡La quiero!
Victoria sostuvo su mirada unos segundos y después negó lentamente.
—Precisamente por eso no puedes venir.
Ethan volvió a concentrarse en el portátil mientras Victoria seguía hablando con más calma .
—Tu vida está aquí. La nuestra ya no.
Casandra le agarró el rostro entre las manos.
—Escúchame. Por favor. Confía en mí una última vez.
Wade respiraba agitado.
—¿Cómo quieres que haga eso?
—Porque te quiero de verdad —la frase detuvo su respiración un instante—. Y porque si vienes con nosotros, tu vida se acabará también.
El viento agitó con fuerza el cabello de Casandra y Wade bajó lentamente la mirada, derrotado.
Victoria aprovechó ese momento para intervenir.
—Ahora escúchame bien.
El tono hizo que todos guardaran silencio.
—Vas a irte de aquí. Nosotros borraremos las marcas de las ruedas de tu coche y cualquier rastro que pueda relacionarte con esto.
Wade miró al suelo.
—Si la policía intenta convertirte en sospechoso, dirás la verdad.
Levantó lentamente la cabeza.
—¿Qué verdad?
—Que encontraste a esta familia en medio del monte hablando de un cadáver y que se marcharon sin darte explicaciones.
Wade tragó saliva y Victoria continuó:
—No nos cubras. No inventes nada. Eso es lo único que puede mantenerte fuera de todo esto.
Casandra volvió a abrazarlo y entonces él se derrumbó definitivamente. La abrazó con fuerza, escondiendo el rostro junto a su cuello mientras intentaba aceptar algo que todavía parecía imposible.
—Prométeme que volverás a hablar conmigo.
Casandra asintió entre lágrimas.
—Lo haré .
—Aunque pase tiempo.
—Sí.
—Aunque sea un mensaje.
Ella le acarició el rostro.
—Haré todo lo posible por encontrarte otra vez.
Wade soltó una pequeña risa triste.
Luego la miró directamente a los ojos.
—No. Tú me dirás dónde estás y yo iré a tu encuentro, por muy lejos que estés —Casandra asintió—. Y prométeme otra cosa.
—La que quieras.
El viento movía el cabello de ambos.
—Sea donde sea que volvamos a vernos… que sea en un sitio donde pueda surfear.
Casandra rompió a llorar definitivamente.
Y aun así, sonrió.
—Te lo prometo.