Capítulo 26
Wade condujo hasta el aparcamiento del Coast Garden intentando aparentar que aquella era una mañana como tantas otras.
Llevaba a toda la familia con él y sabía que a ojos del pueblo eso no era normal.
La reciente muerte de Peter pondría todos los ojos sobre ellos.
Casandra iba a su lado y le agarraba el brazo, buscando inconscientemente el refugio de la rutina diaria.
Detrás, Victoria observaba el paisaje costero desfilar por la ventanilla mientras Ethan permanecía ausente.
La estrategia era evidente incluso sin decirla.
Entrar con Wade ayudaba. En un lugar como aquel, donde todos se conocían, el surfero representaba justo lo contrario a la sospecha.
Él era la cercanía, la rutina y la confianza.
Caminar junto a él los hacía parecer parte del pueblo.
Ahora eran gente normal atrapada en una desgracia.
Cuando cruzaron la puerta de la cafetería, el murmullo del interior se quebró durante unos segundos. Las voces se apagaron lentamente, como una ola que se recoge antes de volver a romper. Varias cabezas se giraron hacia ellos, algunas discretas, otras demasiado evidentes.
Había cafés a medio terminar, conversaciones interrumpidas y grupos inclinados unos hacia otros hablando en voz baja. El televisor del fondo seguía encendido en el canal local donde repetían imágenes de coches patrulla y cintas policiales de archivo .
Wade saludó primero con su característico gesto natural y obtuvo varias respuestas rápidas desde algunas mesas. Eso ayudó a romper la tensión inicial. Entonces comenzaron a acercarse.
—Victoria… siento mucho lo de Peter.
—La acompañamos en el sentimiento.
—Una desgracia todo esto.
Ella respondía con leves asentimientos, agradeciendo las palabras con educación, aunque sin llegar a implicarse del todo.
Nunca había construido la clase de relación cercana que ahora habría facilitado aquellas condolencias.
Para la mayoría de ellos, Victoria seguía siendo una mujer elegante y distante, alguien amable cuando era necesario, pero imposible de terminar de conocer.
Ahora, fingir un dolor excesivo habría resultado peor.
Se limitaron a sentarse. Wade pidió algo para todos y el bar retomó poco a poco su ritmo. Las conversaciones crecieron y ya nadie hablaba solo de tragedia. Ahora aparecían teorías.
—Eso no puede ser casualidad.
—Claro que están relacionados.
—Pues yo creo que el primero se buscó lo que le pasó.
—Y el segundo igual.
—La policía oculta cosas. Eso seguro.
Las voces empezaban a cruzarse de mesa en mesa mientras algunos levantaban más de la cuenta el tono. El pueblo entero parecía haber despertado de golpe. Aquellos asesinatos habían roto una barrera invisible que mantenía a todos dentro de una calma artificial.
Victoria escuchaba en silencio con la taza del café entre sus dos dedos.
Hasta que alguien, desde la barra, comentó:
—Peter no se encontraba bien cuando se fue de aquí a su casa.
Algunos estuvieron a punto de reírse después de esa frase. Victoria levantó lentamente la mirada .
—¡Peter no murió por accidente!
La cafetería volvió a apagarse unos segundos y varias cabezas se giraron hacia ella. Victoria esperó un momento más para captar la atención total.
—A Peter lo asesinaron.
El murmullo regresó inmediatamente después. Unos negaban, otros afirmaban haberlo pensado desde el principio y alguien habló de ajustes de cuentas. Las teorías crecían unas encima de otras, alimentadas por el miedo colectivo y la necesidad de encontrar sentido a algo que empezaba a escapárseles.
Pero Victoria ya no los escuchaba. Miraba a su alrededor, sus caras, las ventanas y el exterior y, por primera vez desde que habían llegado a Australia, tuvo la sensación de que aquel lugar empezaba a cerrarse sobre ellos.
Margaret River era casi perfecto para desaparecer del mundo. Dos carreteras perdidas entre bosques y costa infinita. Libertad, distancia y anonimato.
Ahora veía otra cosa. Un rincón atrapado entre kilómetros de nada era un sitio fácil de vigilar. Y Silvia podía estar a solo una llamada de la policía.
Casandra seguía pegada a Wade, intentando aparentar calma mientras observaba el ambiente cada vez más alterado del local. Ethan, en cambio, permanecía atento a su abuela, vigilando cada gesto suyo como si esperara una orden que estaba a punto de llegar.
No les quedaba tiempo. Si iban a marcharse, tenía que ser esa misma noche. Tal vez en unas horas ya fuera imposible.
Victoria volvió la vista hacia el ventanal del café. Más allá, el viento agitaba las copas de los árboles y el océano rompía a lo lejos.
Tan lejos de todo.
Y aun así, sintió que no había ningún lugar donde esconderse.
2
La certeza de que Peter había sido asesinado ya corría por todo el pueblo, y el temor a nuevos crímenes se había apoderado de la zona.
La comisaría de Margaret River recibía llamadas sin cesar de gente quejándose del mal servicio de protección a los ciudadanos y exigiendo más efectivos en la zona para poder vivir tranquilos.
Victoria y Ethan se habían llevado comida recién hecha para casa.
Casandra, a salvo con Wade, comería con él.
Ethan se sentó y esperó de ella alguna frase, un gesto, cualquier señal. Pero Victoria pensaba en fugarse de madrugada y no dijo nada. Recalentó la comida y sirvió los platos en la mesa.
—Come.
Ethan la siguió con la mirada.
—Esta mañana…
—Come —repitió ella, cortando la frase sin alzar la voz.
Ethan empezó a masticar sin ganas, tintineando el tenedor contra el plato y observándola de reojo. Victoria se sentó frente a él, erguida y tranquila, como si nada de lo ocurrido tuviera importancia.
Pero la tenía y los dos lo sabían.
—Me llamaste idiota —dijo Ethan al fin, dejando el tenedor sobre el plato—. Creo que podrías empezar por ahí.
Victoria alzó la vista. No había enfado en su mirada, ni tampoco arrepentimiento.
—No seas un niño.
Ethan no dejaba de mirarla.
—Silvia no me descubrió por eso.
—Silvia te descubrió porque te mostraste de más en esa red social. El cómo es irrelevante .
Ethan negó, molesto.
—Eso no es cierto.
—Lo es —dijo Victoria, apoyando el tenedor con calma—. Y si no lo entiendes ahora, lo entenderás después. Para ti, siempre hay un después, hasta que un día deje de haberlo.
Ethan se recostó ligeramente en la silla.
—No vas a disculparte.
—No —dijo, sin titubear—. No estás en una situación en la que alguien deba hacerte sentir mejor, Ethan.
El silencio volvió a instalarse entre los dos.
Fuera, el viento había cesado por completo.
—Silvia ha entrado de nuevo en nuestras vidas —continuó Victoria—. Y tú le has enseñado cómo hacerlo.
—Esta mañana se acercó a mí, apuntándome por la espalda… Y ni siquiera me preguntaste qué más pasó allí.
—No necesito que te las des de importante para saberlo. Te apuntó, habló y se fue —el chico no respondió—. Eso es jugar con ventaja.
Ethan bajó la mirada un segundo.
—Podría haberme matado.
Victoria negó despacio.
—No.
—¿Por qué no?
—Porque esta partida no va de eso.
—Podría haberla matado yo.
—No estás preparado para matarla.
Ethan sintió cómo algo se tensaba dentro de él.
—Lo estoy.
—No.
Se hizo un silencio más largo esta vez. Ethan dejó el tenedor.
—Esta vida en este lugar… no es lo que querías para mí, ¿verdad?
Victoria dio un sorbo al vino y lo saboreó contra el paladar.
—No —dijo al fin—. Esto no es lo que quería para ti .
Ethan asintió levemente.
—Pues este lugar nos funciona.
Victoria entrecerró los ojos.
—Eso crees.
—No es que lo crea. Lo sé —Victoria no apartó la mirada—. Aquí todos somos felices.
Victoria apoyó las manos sobre la mesa.
—Eso tiene un precio.
—Siempre lo tiene.
Se miraron sin apartarse.
—La diferencia —dijo Victoria finalmente— es que tú todavía crees que puedes elegir cuándo pagar.
Ethan no respondió. Y en ese momento comprendió. Mientras Victoria veía en su nieto a alguien que ya no podía moldear, Ethan vio en su abuela a alguien a quien ya no necesitaba convencer.
Dos formas distintas de entender lo mismo.
—Termina de comer —dijo Victoria, volviendo a su plato.
Ethan cogió el tenedor y comió sin prisa, pero algo se había roto. Y ninguno de los dos intentó arreglarlo.
3
Después de comer, Victoria y Ethan seguían sin hablarse. El sonido de la televisión llenaba la estancia de fondo cuando sonó el teléfono fijo de casa. Desde que habían llegado a Prevelly apenas lo utilizaban, y precisamente por eso el timbre atravesó el pasillo con una violencia extraña.
Victoria fue la primera en reaccionar. Dejó la copa sobre la mesa y caminó hacia el aparato sin prisa aparente. Sería alguna llamada comercial, aunque Ethan percibió enseguida la tensión en la rigidez de sus hombros .
El timbre sonaba insistente y Victoria descolgó.
—¿Sí?
Al otro lado hubo unos segundos de silencio. Después, una respiración suave. Y una voz conocida.
—Sabía que seguirías ahí.
Victoria no dijo nada durante unos instantes.
—Silvia…
Ethan silenció el televisor y se incorporó lentamente.
—Hola, Victoria.
La serenidad de su voz fue lo que más le molestó. No había satisfacción, ni rabia, ni nerviosismo. Hablaba calmada, segura de lo que hacía.
—¿Qué quieres?
—Cerrar esto.
Ethan ya estaba de pie.
—Peter fue el sacrificado —continuó Silvia—. El segundo cadáver… fue la excusa.
Victoria sintió cómo Ethan se acercaba por la espalda.
—Y el primero —añadió Silvia— fue el origen de todo.
El viento regresó zumbando en las cornisas de la casa.
—El origen fue tu excesiva ambición. Aún no lo sabes, pero eso te acabará matando.
—Ya sé suficiente, Victoria. Lo de hace años, el dinero robado, España, los muertos. Incluso tu nieto… —hizo una pausa breve—. Tu nieto ha aprendido rápido.
Tal vez aquella conversación estuviera siendo escuchada por la policía. Ethan dio el último paso para pegar la oreja y Victoria levantó la mano, deteniéndolo sin mirarlo.
—No sé de qué estás hablando.
Silvia dejó escapar una leve exhalación, casi divertida. Después continuó:
—No necesito todas las pruebas. He hablado con gente interesada en escucharme. Gente del FBI incluida .
Victoria abrió los ojos y Ethan repitió el amago de pegarse a ella.
—No he dicho nombres todavía —añadió Silvia—. Pero si desaparezco, el resto llegará solo.
Ethan miraba a su abuela con los ojos muy abiertos.
—¿Qué quieres de nosotros? —preguntó Victoria finalmente.
Silvia tardó unos segundos en responder.
—Que terminemos esto antes de que otros lo hagan. Esta medianoche. En Surfers Point. Venid solos. Tal vez aún podamos entendernos. Os estaré observando, si escapáis haré un llamada e irán a por vosotros.
—La policía nos vigila por algo que no hicimos. No nos arriesgaremos a aumentar sus sospechas.
—Os será fácil despistarlos si tomáis una copa en el Coast Garden y dejáis a Casandra allí como distracción para los agentes de paisano. No la necesitamos para nada. Siempre ha sido una inútil.
La línea quedó muda.
Victoria no apartó el auricular de la oreja durante unos segundos más. Después colgó lentamente.
Se quedaron en silencio y Ethan fue el primero en romperlo.
—¿Qué demonios está pasando?
Victoria pensaba mirando al frente.
Ethan, en cambio, parecía distinto. Más activo.
—Quiere cerrar el círculo.
—Bien, cerremos entonces.
Victoria lo miró de soslayo. Ethan no tenía miedo de aquel encuentro.
Lo estaba esperando.