Asesinos Sin Límite (Sin Límite 5) Capítulo 24
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Capítulo 24

El sol asomaba y sus primeros rayos ya calentaban entre las copas de los árboles. Ethan cogió las llaves del Toyota del cuenco de la cocina.

—¿Adónde vas, Ethan? Tu madre no tardará en llegar.

—Voy a dar una vuelta. Necesito pensar.

—La policía nos estará vigilando.

—Eso es bueno. Así Silvia estará lejos de nosotros.

Victoria enchufó la cafetera.

—Lo que quieres es alejarte para encontrarla, o a saber qué. Esa impaciencia podría ponerte en peligro.

—Solo voy a Surfers Point. La policía me seguirá en cuanto me vean salir.

—¿Y yo? ¿Qué hago sola aquí?

—Vamos, abuela… Sola eres mucho más peligrosa.

Victoria sonrió apenas y, cuando quiso comentar lo que había pensado durante la noche, Ethan ya encendía el motor y accionaba la marcha atrás.

Se incorporó a la calle mirando sin disimulo a un agente de paisano que estaba dentro de un vehículo negro al otro lado de la acera. Después circuló despacio y, cuando llegó al aparcamiento de la playa, una patrulla pasó por la carretera a su espalda.

Decidió esperar dentro del coche, para ver si regresaba. Afuera, un pedazo de cinta amarilla de la policía ondeaba atrapada bajo una piedra. Las olas llegaban desde el horizonte con una cadencia débil y rompían cerca de la orilla sin la fuerza necesaria para surfearlas.

Permaneció allí sin moverse, dejando que ese ruido apagara el resto de pensamientos. Durante unos instantes sintió algo parecido a la calma. El cuerpo relajado, la mente suspendida entre una ola y la siguiente.

Y por eso no reaccionó a tiempo cuando algo se movió en la parte de atrás.

—Si te das la vuelta, te volaré la cabeza.

Ethan no se movió.

No necesitaba girarse. Reconoció la voz en cuanto terminó la frase.

Aquel tono afilado, casi divertido.

Silvia.

Exhaló despacio por la nariz.

Victoria se lo había advertido. Silvia iba de nuevo un paso por delante.

Intentó verla por el retrovisor, pero estaba medio escondida y solo era visible el cañón del arma que le apuntaba.

Ethan apoyó la espalda contra el respaldo del asiento, sin girarse aún.

—No sabía que te gustara madrugar —dijo al fin.

El viento levantó una ráfaga de arena en el aparcamiento.

—Y yo no sabía que te gustara salir a meditar ni hundir armas en el mar.

Ethan entrecerró los ojos.

Silvia soltó una pequeña risa detrás de él, satisfecha.

Ella también lo sabía. No solo iba por delante, sino que jugaba con todos ellos.

—¿Qué es lo que quieres esta vez? No te llevarás nada de las criptomonedas. No te lo mereces.

—Ese sucio dinero ya me da igual. Sé hasta dónde podéis llegar y no voy a parar hasta veros a todos en la cárcel .

—Estás bajando tus aspiraciones. Creo que ya no vas en serio con eso de volarme la cabeza —dijo, girándose levemente.

—Prueba, y pasarás a la oscuridad sin que te dé tiempo a pestañear.

Ethan la vio un momento de soslayo y apenas la reconoció. Lo apuntaba fijamente con una pistola a pocos centímetros de su cabeza.

—Entonces, ¿vienes a meternos en la cárcel o a matarnos?

—Si no es una cosa, será la otra. El caso es que os vais a pudrir. No saldréis de aquí. Este lugar es vuestra última estación.

Ethan miró al frente y vio salpicar la espuma de una ola que se rompía cerca de la orilla.

—¿Cómo has dado con nosotros?

Silvia tardó en contestar. Sonrió antes de hacerlo.

—Al final eres como todos. Como un primate. Te venció la testosterona. —El chico entrecerró los ojos. No entendía—. Hiciste un comentario en el Instagram de Tania y esa foto, con una tabla apoyada en el cartel de Surfers Point, te delató.

—¿En serio me localizaste en medio de tanto baboso?

—Tuve que probar con varios, pero sí. Al final di contigo, un baboso más.

Ethan intentó cruzar su mirada a través del retrovisor, pero no la encontró.

—Ya… ¿Y cómo está ella?

—Deseando verte entre rejas. No te perdona que la dejaras abandonada a mi suerte.

—Yo no le perdono que se hubiera aliado contigo. Al final sois las dos iguales. No os saldréis con la vuestra.

—No me subestimes. ¿Ves lo fácil que me ha sido empujar a alguien decente hasta incitarlo a matar?

—¿Fuiste tú quien incitó a Peter para que asesinara a Aaron Pike?

—Fue fácil. Solo tuve que esperar a que bebiera un poco .

Ethan sintió subir la furia, pero Silvia apoyó la boca del cañón en su nuca.

—Tenemos contactos, Silvia. Podrían dar contigo, detenerte y hacerte pasar muchos años a la sombra.

—Tus contactos no valen en este juego. Son tantas las ganas que tengo de veros entre rejas que podré con todos. Incluso con esa chica que te gustaba.

Ethan intentó girarse de nuevo, pero captó de reojo cómo ella sostenía la pistola con más firmeza.

—¿A quién te refieres?

—Lo sabes perfectamente. Esa niña a la que casi violan. ¿O la violaron realmente? Quién sabe… —Ethan se tensó para darse la vuelta y Silvia retrocedió—. Acabarías distrayéndote o flojeando. Y quiero que estés bien atento cuando te metan en la cárcel.

—Fuiste tú quien les pagó a esos dos malnacidos, ¿verdad?

Silvia sonrió y no dijo nada más. Ethan intentó reconducirla:

—No sé cuál es tu plan, pero después de lo que hemos pasado tal vez podríamos arreglar las cosas.

El viento sopló y se oyó el chasquido de la puerta trasera al abrirse. Ethan esperó un poco más y la vio por el retrovisor retroceder con el arma en la mano. Después se dio la vuelta. Ya no había nadie.

Salió del coche y caminó unos pasos. En el sendero que bajaba a la playa no había nadie. Ni en los arbustos que bordeaban el aparcamiento. El viento movía las ramas, pero no había rastro de ella. Sintió una certeza incómoda, Silvia ya estaba lejos y por allí no pasaba ninguna patrulla.

Había entrado en su coche, había hablado con él y se había ido con la misma facilidad, sin dejarle ni siquiera la posibilidad de reaccionar.

Ethan apretó los labios mientras miraba la carretera que serpenteaba hacia Prevelly.

Podría subir al coche, arrancar y tratar de buscarla…

pero sabía que sería inútil. Silvia ha bía desaparecido entre la vegetación que ascendía monte arriba.