Asesinos Sin Límite (Sin Límite 5) Capítulo 21
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Capítulo 21

La iglesia de Prevelly era pequeña, casi irrisoria en otro entorno, pero allí, a unos metros del mar, resultaba acogedora e invitaba a reunirse con otros feligreses en busca de armonía.

Victoria apenas practicaba religión alguna, pero desde que habían llegado a aquel lugar, ese edificio blanco y su ridícula campana le habían servido para encontrar algo de paz interior.

Casandra la frecuentaba más, al principio obligada por su madre, después por iniciativa propia.

Al salir de la misa dominical, los asistentes acostumbraban a pasar por el Coast Garden antes del almuerzo. Ethan las esperaba junto a la barra. Esta vez se había aliado con Wade y disfrutaba de unos aperitivos y de una conversación informal con algunos lugareños.

Todavía faltaban unos minutos para que finalizara la misa cuando Peter y el agente Roger llegaron casi a la vez y se dirigieron juntos hacia la barra para compartir saludos y choques de manos. Peter estaba especialmente eufórico, algo que llamó la atención de Ethan a aquella hora de la mañana.

—Póngase aquí, agente. No voy a competir por el espacio con todo un policía de importancia nacional —dijo, sonriente. Después se dirigió a Ethan—. ¿Cómo va todo, chico? ¿No has traído hoy a tu abuela?

—Esa abuela te da mil vueltas en resistencia, amigo —dijo el agente entre carcajadas .

—Bueno, depende para qué. Aquí donde me ves, aún me llevaría por delante a alguna jovencita.

El corrillo se removió incómodo, casi dándole la espalda a Peter para reír sin que los viera. Wade y el policía lo miraron como si no tuviera remedio. Ethan se mantuvo inexpresivo, su especialidad, pero después reaccionó y lo apartó un poco del grupo.

—Tienes mala cara. ¿Has descansado mal?

—Pues la verdad es que sí. Llevo unos días dando tumbos en cama… Y esta vez no es por culpa de ninguna jovencita —dijo, encarándose al grupo de nuevo.

—Déjalo, hombre. ¿No ves que te quieren vacilar?

—¿Vacilarme a mí? ¿Esos? A mi edad aún soy capaz de llevármelos a todos por delante.

—Ya…

—Bueno… ¿pedimos una botella de vino y nos la bebemos en lo que tarden en llegar las chicas?

—¿No beberás demasiado, Peter?

El viejo tenía las ojeras ennegrecidas y los mofletes colorados.

—¿Qué dicen esos de mí?

—Tranquilo. Nadie está hablando de…

—¡Eh! Vosotros, ¿de qué estáis hablando? —dijo, levantando la voz y caminando algo inestable.

Wade se anticipó para evitar el desenlace que, por experiencia con otros lugareños, ya se temía.

—Nada, hombre. Hablamos de los asesinatos de estos días. ¿De qué habla el pueblo entero sino?

—Bueno, al final no fue para tanto —dijo, apoyándose en la barra—. Nadie va a echar de menos a dos extranjeros, ¿no?

El agente cambió el semblante y lo miró muy serio.

—¡Qué! No me mire así… Era gente de fuera, no los vamos a echar de menos.

—Hombre, un respeto por los muertos …

—Bueno, lo que le hicieron a esa chica…

El corrillo enmudeció y eso a Peter le agradó.

—Eso está bajo investigación.

—Ya, pero esa chica fue clara. Yo mismo vi su cara de terror, ¿verdad, hijo?

Ethan se encogió de hombros, apartándose de la conversación en la que intentaba meterlo. El agente se acercó a Peter y se cruzó de brazos, como esperando una explicación.

—Bueno, pues ya está. Si yo respeto a los fallecidos. Además… —Levantó la mano para pedir otra copa de vino— no sufrieron.

—¿Cómo?

—Sí, fue una muerte rápida.

Ethan no movió un músculo, como si se congelara.

—¿Y eso cómo lo sabe?

—Bueno, lo del golpe en la cabeza…

—¿Qué golpe?

El camarero sirvió la copa de vino de siempre para Peter y él se agarró a ella como si aquello fuera a salvarle la vida.

—Bueno, no sé… Yo, por lo que escuché por ahí. Habladurías de la gente.

El agente se dio la vuelta, cogió el móvil del bolsillo y salió del establecimiento. En ese momento se cruzó con Victoria y Casandra, que acababan de estacionar.

El corrillo volvió a sus habladurías, dejando de lado a Peter. Ethan se acercó a ellas.

—Hola, hijo. ¿Ocurre algo?

—A Peter le quedan unas horas para que lo metan entre rejas.

Un escalofrío recorrió la espalda de Casandra.

—¿Está bebido?

Ethan asintió y Victoria levantó la barbilla, ese gesto característico que le traía recuerdos de cuando su abuela se enfrentaba a un problema crítico .

—Por beber no meten a nadie en la cárcel, hijo. ¿O ha hecho algo malo?

Victoria e Ethan se miraron.

—Lo tenía hecho, abuela. Estaba fuera de sospecha.

—Sí, pero este hombre no sabría vivir con lo que hizo.

—¿De qué estáis hablando?

Victoria se agarró al brazo de Casandra.

—Ven, hija. Sentémonos y te lo explico antes de que se dé cuenta de que estamos aquí.

3

Hacia la hora del almuerzo, Peter ya había bebido tres copas más.

Proponía brindis indiscriminados a los lugareños y algunos entonaban alguna canción ridícula a su lado, aprovechando su embriaguez.

Victoria apuraba el final de la copa de vino ante el espectáculo, dando a entender a Ethan con la mirada que su tiempo allí había terminado.

Casandra, después de escuchar de su madre la hipótesis de que Peter fuera el asesino de los dos hombres, tomaba un aperitivo con Wade en la parte trasera del local, sin acabar de creérselo.

—¿Qué os han dado en misa, que estás tan rara?

—Nada. Solo me apetecía estar más a solas contigo. Esos amigos tuyos arman mucho ruido.

—Es que Peter la está liando gorda hoy —dijo, sonriendo hacia su pandilla—. Nunca lo había visto tan animado.

—Está haciendo el ridículo. Mi madre lo va a mandar a paseo.

—¿En serio? Vamos, aunque esté algo achispado, me gusta. Igual estamos descubriendo al verdadero Peter.

—Igual el verdadero Peter es el que no esperamos .

Mientras Casandra acariciaba la mano de Wade, distraído todavía con la juerga a unos metros, Victoria preparaba la propina rebuscando la cartera en el fondo de su bolso.

—¿Nos vamos, abuela?

—Cuanto antes… —dijo, levantando el brazo hacia el camarero para no acercarse a pagar a la barra.

—Entiendo. Tampoco lo había visto antes así. Es bochornoso.

—Ahora no es el momento, pero, si no lo detienen rápido, le haré saber que ha dejado de existir para mí.

—Nunca se sabe. Tal vez lo necesitemos más adelante, abuela.

—Me da igual. No quiero que se me relacione con un perdedor así, y menos con un asesino. No quiero verlo más.

Ethan se bajó del taburete y se acercó a su abuela.

—¿Quieres que me encargue de él? Puedo hacerlo.

Victoria agarró el antebrazo del chico con su mano mutilada, como un zarpazo.

—El problema no es que puedas hacerlo. Es que empieces a querer hacerlo.

Ethan sonrió y Victoria le soltó el brazo.

—Vamos, abuela. Era una broma. Yo también prefiero que pase el resto de sus días entre rejas antes que mandarlo al cementerio antes de tiempo.