Asesinos Sin Límite (Sin Límite 5) Capítulo 16
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Capítulo 16

El rodillo del lavado automático avanzaba despacio sobre el parabrisas, arrastrando una cortina densa de espuma que borraba la visión hacia el exterior durante unos segundos. Ethan apoyó las manos en el volante mientras el sonido uniforme de los cepillos llenaba el interior del coche.

Necesitaba ese aislamiento. Ese ruido constante que apagaba los pensamientos de la playa antes de tomar una decisión irreversible.

El agua golpeó el cristal con fuerza y luego resbaló en líneas largas.

La espuma empezó a desaparecer poco a poco, dejando ver de nuevo el exterior.

Primero formas difusas, luego colores y, finalmente, figuras.

Y entonces lo vio.

Ben Rourke, el amigo de Aaron Pike, el hombre asesinado unos días antes y encontrado por Ethan boca abajo en la playa.

Estaba a unos metros, junto a otra zona de aspirado, apoyado contra un coche oscuro. Reía con la cabeza ligeramente echada hacia atrás, relajado y con una mano en el bolsillo. Hablaba por el móvil y no paraba de asentir, como si todo lo que dijeran desde el otro lado tuviera gracia.

Ethan entrecerró los ojos. No había duda, era él.

El recuerdo llegó de inmediato. La noche en el bar, la música y las miradas de babosos.

No era el que había tomado la iniciativa. No era el que había dado el primer paso hacia Mila. Pero estaba allí. Demasiado cerca y riéndose cuando él se fue antes de tiempo aquella noche .

Ethan observó cómo Ben se acariciaba la nuca entre risas. Después cogió una botella de agua del capó y bebió con calma, como si el mundo fuera exactamente como debía ser.

Como si nada hubiera pasado.

El rodillo volvió a cruzar por encima del coche, ocultándolo otra vez durante un instante. No apartó la vista y, cuando la espuma se disipó de nuevo, Ben seguía allí. Igual de relajado.

Ethan apoyó la espalda con fuerza contra el asiento.

«No era el peor de los dos».

La idea se formó sin emoción.

«No decidía».

Ben volvió a reír, esta vez más fuerte. Miró alrededor un segundo, sin prestar atención a nada en concreto, y siguió hablando.

«Pero ahí está».

Ethan lo observaba en silencio, estudiando cada paso, cada gesto. No hacía falta ser la cabeza pensante, bastaba con estar al lado del otro.

Ethan dejó escapar el aire lentamente.

«Fue parte del problema».

El coche avanzó unos centímetros dentro del túnel y el agua cayó de nuevo sobre el parabrisas.

Una necesidad latía dentro de Ethan, tal vez desde hacía mucho tiempo. Crecía y empujaba sin necesidad de justificarse, y ahora no era un impulso, sino un cálculo frío.

Ethan giró ligeramente la cabeza y midió las distancias, los tiempos y las posiciones. Observó el coche de Ben, la forma en que había aparcado y los objetos que tenía alrededor. Todo quedaba registrado sin esfuerzo, como si su mente hubiera empezado a trabajar por su cuenta.

«Peter». El pensamiento apareció de pronto.

Demasiado reciente. Estaba expuesto y cualquier movimiento ahora levantaría sospechas .

Ethan volvió a mirar al frente. El túnel de lavado terminaba a pocos metros. La luz del exterior entraba limpia, casi blanca.

No era el momento. No así. Oyó el carraspeo de su abuela en su mente. Era demasiado arriesgado y cometería errores.

Ben volvió a reír.

Ethan entendió que ya había decidido hacerlo. Solo faltaba saber cómo y cuándo.

El coche salió del túnel con un leve impulso. El aire exterior arrastró las últimas gotas de agua.

Ethan avanzó despacio, sin apartar la vista de Ben Rourke. Sin prisa.

Y detuvo el coche.

2

Dejó el motor en marcha unos segundos antes de apagarlo. Estaba parado unos metros más allá de la salida del túnel de lavado. Observó a Ben Rourke a través del parabrisas. Seguía sonriendo como si nada.

Abrió la puerta y salió. Una ráfaga de aire arrastró el olor a detergente y agua sucia del lavado. Caminó despacio, como si simplemente se dirigiera hacia la zona de aspiradores. No miró directamente a Ben hasta que estuvo lo bastante cerca.

Entonces alzó la vista.

—La otra noche en el bar estuvo movida.

Ben cambió de expresión y la sonrisa se le quedó a medio camino antes de recomponerse con una mueca más tensa.

—¿Perdona?

Ethan se detuvo a su altura.

—La música, el ambiente, casi nos tiras la copa… —añadió, con tono neutro—. Y luego lo de la chica .

Ben bajó la mirada un instante, como si buscara algo en el suelo. Soltó una risa breve y se despidió de su interlocutor.

—Ah, eso… —Se encogió de hombros—. Ya sabes cómo son esas cosas. Se exagera todo.

Ethan se quedó mirándolo. Ben se movió y dio un pequeño paso hacia un lado, como si necesitara espacio.

—Además, no pasó nada. La chica se fue por su cuenta, ¿no?

Ethan lo observó en silencio.

Ben chasqueó la lengua.

—La gente se monta películas. Un malentendido, ya está.

Se rio de nuevo, pero esta vez el sonido no tenía nada de natural.

Ethan inclinó levemente la cabeza.

—¿Y tu amigo?

Ben apretó los labios.

—¿Qué pasa con él?

—Que no tuvo tanta suerte.

Ben miró a su alrededor, como comprobando quién podía estar escuchando.

—Eso es otra historia —dijo finalmente—. Nadie sabe lo que pasó ahí.

Ben sostuvo el contacto visual unos segundos más, pero acabó cediendo.

—Mira, tío… —Bajó un poco la voz—. No tienes ni idea de cómo fue. Las cosas se complican. Te metes en algo y… bueno.

Se pasó la mano por el cuello.

—Pero al final a ella no le pasó nada, ¿no? —añadió, intentando recuperar algo de firmeza—. Cada uno siguió con lo suyo.

Ethan sintió el peso exacto de esa frase porque Mila se había ido.

Ben volvió a encogerse de hombros.

—No éramos los únicos —dijo entonces, casi sin querer—. Había más gente por ahí… moviendo cosas .

Ethan metió las manos en los bolsillos.

—No sé quién era —añadió Ben, bajando aún más la voz—. Pero pagaba bien.

Ben se dio la vuelta, como queriendo olvidarse de que Ethan estaba allí. Había dicho más de lo que debía. Pero enseguida volvió a girarse hacia él y levantó la vista.

—En serio, tío. Déjalo. No te metas en cosas que no te van.

Ethan asintió ligeramente, como si aceptara el consejo. Pero, en su interior, Ben Rourke ya no era una posibilidad. Acababa de convertirse en su objetivo.

—Claro —dijo Ethan con calma—. Tienes razón.

Volvió hacia su coche, sin prisa. A su espalda, Ben forzaba una risa que ya no terminaba de salirle.