Asesinos Sin Límite (Sin Límite 5) Capítulo 14
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Capítulo 14

La cocina estaba llena del olor de la carne estofada al horno, un aroma que a Casandra le recordaba a los fines de semana de su juventud, cuando comía junto a su padre.

Fue uno de aquellos domingos, recién comenzados los estudios en la universidad, cuando les dijo que estaba embarazada.

Victoria la servía con la precisión metódica que aplicaba a casi todo lo que hacía.

La mesa estaba puesta con un orden casi excesivo, marca de la casa en Ethan, aunque aquel día parecía exagerado.

Los cubiertos alineados, las copas colocadas exactamente a la misma distancia del plato y la botella de vino abierta junto a la ventana.

Casandra observó ese detalle mientras se sentaba.

Aquella forma de ordenar la realidad siempre había sido típica de su madre, pero en ese almuerzo había algo distinto en el ambiente. No era nada concreto que pudiera señalar.

Ethan entró desde el jardín y tomó asiento frente a ella.

—Huele bien —dijo.

Victoria dejó la fuente en el centro de la mesa.

—Come antes de que se enfríe.

La comida empezó con normalidad. El sonido de los cubiertos contra los platos llenaba el silencio de la cocina mientras el sol de la tarde entraba por la ventana y caía sobre la mesa.

Pero al cabo de unos minutos Casandra empezó a notar esos pequeños desajustes que al principio parecían insignificantes.

Silencios más largos de lo habitual.

Miradas rápidas entre Victoria y Ethan.

Pequeñas pausas en las frases que parecían detenerse justo antes de decir algo más. Aquello le recordó al pasado, a los días en que aquellos dos la sacaron de España sana y salva.

Casandra levantó la vista en uno de esos momentos. Ethan estaba mirando su plato, pero Victoria lo observaba a él. No era una mirada maternal ni preocupada. Era otra cosa. Algo más calculado.

Cuando Ethan levantó los ojos, las miradas se cruzaron durante un segundo.

Después ambos volvieron a comer como si nada hubiera ocurrido.

Casandra dejó el tenedor.

—¿Pasa algo?

Ninguno respondió de inmediato.

Victoria tomó un sorbo de vino y dejó la copa sobre la mesa con la misma calma con la que hacía todo.

—No.

Casandra frunció ligeramente el ceño.

—Os noto raros.

Ethan esbozó una sonrisa breve.

—Estás imaginando cosas, mamá.

Puede que esa respuesta la hubiera convencido tiempo atrás, cuando necesitó ayuda psicológica. Pero ahora no. Esa etapa la había superado.

Ahora lo sabía por la forma en que su hijo hablaba. Había algo contenido en su tono, algo que no estaba allí el día anterior.

Casandra volvió a mirar a su madre.

—Mamá.

Victoria dejó el cuchillo sobre el plato .

Durante un instante pareció medir las palabras que iba a decir. Luego levantó la vista y la miró directamente.

—No te metas.

Lo dijo sin dureza, pero tampoco con suavidad. Era ese tono de autoridad que siempre había tenido cuando decidía que algo no debía discutirse.

Casandra sintió un pequeño golpe en el estómago.

—¿No meterme en qué?

Victoria negó ligeramente con la cabeza.

—En esto.

El silencio volvió a caer sobre la mesa.

Ethan seguía comiendo, tranquilo, como si aquella conversación no tuviera nada que ver con él.

Casandra lo observó.

Su hijo siempre había sido callado, pero aquella calma tenía algo diferente. Sus movimientos eran lentos. Levantaba el vaso, bebía, lo dejaba en su sitio con precisión. Ni una palabra de más.

Victoria lo miró de nuevo.

Ethan la miró de soslayo un solo instante.

Y durante ese segundo Casandra sintió algo. Algo más profundo que la desconfianza o el enfado.

Una sensación oscura se abrió paso en su interior mientras observaba a su hijo sentado al otro lado de la mesa.

Por primera vez en mucho tiempo, Casandra sintió el miedo del pasado. Y supo reconocer que venía de su hijo.

2

Durante la sobremesa, la familia apenas hablaba. Victoria y Casandra veían distraídamente los anuncios de la televisión local y Ethan, sumido en sus pensamientos, daba vueltas a la cucharilla dentro del café .

Después de todo lo vivido, algo jugaba en contra de todos ellos.

Ya no tenían capacidad para engañarse. Cualquier decisión, incluso cualquier sensación, los afectaba a todos y eran incapaces de ocultárselo.

Por eso, una respuesta demasiado directa o una orden para que nadie se metiera en lo que no le importaba, era el camino más corto hacia un final inevitable.

En ese silencio, Casandra sabía que algo acabaría estallando más adelante, pero todavía no era el momento. Victoria esperaba con paciencia los próximos acontecimientos, y Ethan se preguntaba cómo coordinarse con su abuela cuando su madre se fuera con Wade por la tarde.

Cuando sonó el timbre, los cogió a todos por sorpresa y los sacó de sus pensamientos.

—Qué raro. ¿Ese novio tuyo quiere entrar hoy?

—Es temprano para recogerme. ¿Habrá pasado algo?

Ethan levantó la vista y miró a través del cristal.

—Es Mila. Yo abro.

El chico salió con rapidez de la cocina y atravesó el jardín hasta encontrarse con ella.

—¿Ocurre algo? ¿Estás bien?

—Solo vengo a despedirme.

Mila esperó a que el chico le hiciera un gesto para pasar.

—¿Podemos hablar a solas?

—Claro, subamos a mi apartamento.

Ethan hizo un gesto sutil, que su abuela y su madre vieron a través del cristal, y subió las escaleras con Mila.

—Vengo de comisaría. He estado hablando con el inspector Keegan.

—Parece un hombre razonable.

—Sí, me ha ayudado a estar más tranquila, pero me ha recomendado que me aleje de este lugar.

Ethan le ofreció la butaca y él se sentó en la silla de oficina.

—¿Y tú quieres irte ?

—Nadie puede obligarme. —Sonrió con sinceridad, y el rostro se le iluminó—. Pero es lo mejor.

—¿Y eso?

—No sé. Me puse a llorar en comisaría. Después de lo ocurrido, creo que me siento responsable de todo.

—No puedes pensar así, pero es normal. Incluso tiene un nombre, algo como síndrome de no sé qué.

Mila se inclinó hacia delante y se frotó la cara con las manos.

—No sé. El ambiente que hay ahora en este pueblo, cómo me miran al verme, y luego está… Ese cadáver.

—No fue culpa tuya. Nada de lo ocurrido lo fue.

—Lo sé —dijo, a punto de llorar—. Tal vez por eso, lo mejor es que me vaya de aquí.

—Lo superarás.

—Creo que si me alejo de este lugar, lo superaré antes. Solo al pensarlo ya siento alivio. No hay nada que me ate aquí. Al fin y al cabo, solo estaba de paso.

Mila se irguió, levantó la cabeza y después estiró los brazos en dirección a Ethan, que se levantó.

—Estaré localizable por si la policía me llama, pero es lo mejor para mí.

Ethan asintió sin decir nada.

Mila dio un paso más y lo abrazó con la intención de hacerlo con un gesto breve, casi formal, pero ninguno de los dos se separó.

Permanecieron así unos segundos, demasiado cerca para una despedida formal.

Ethan notó el olor de su pelo y la tensión en sus brazos, como si Mila estuviera intentando memorizar aquel momento antes de soltarlo.

Ella levantó la cabeza despacio y sus miradas se encontraron muy cerca.

Mila dudó apenas un instante y entonces lo besó sin urgencia, con todo lo que no se habían dicho en los últimos días. Ethan respondió con la misma calma y la sujetó por la cintura mientras el mundo alrededor se volvía irrelevante durante unos segundos.

Recordaba esa sensación.

Cuando se separaron, Mila mantuvo los ojos cerrados un momento, como si le costara aceptar que aquello había terminado.

Luego dio un paso atrás.

—Cuídate, Ethan.

Él asintió otra vez.

Mila recogió el bolso, se pasó la mano por el pelo y caminó hacia la puerta. Antes de salir se detuvo un instante, como si fuera a decir algo más, pero finalmente no lo hizo.

La puerta se cerró tras ella.

Ethan se quedó quieto en medio de la habitación, escuchando cómo el sonido de sus pasos se alejaba escalera abajo.

Permaneció allí, en silencio, y comprendió que algunas personas se marchan exactamente en el momento en que deben hacerlo.