Capítulo 12
El Coast Garden Café estaba a medio camino entre Prevelly y las playas.
Tal vez por ese emplazamiento estratégico, aunque algo solitario, se había convertido en el centro neurálgico de un pueblo que conservaba a la mayor parte de su población fija durante todo el año, pero que en la época estival respiraba cierto aire turístico.
Algunos habitantes de Prevelly recogían comida por encargo y otros almorzaban allí directamente, como Peter, que se pasaba un par de horas en la mesa de siempre, vigilando quién entraba y salía desde su posición frente al aparcamiento.
Ethan lo saludó desde lejos y se sentó junto a la ventana.
No le apetecía hablar con nadie, menos aún cuando el tema obligado sería la agresión sufrida por una forastera a manos de dos alumnos nuevos de la escuela de surf.
Aunque no pensaba socializar, se tomaría un refresco para cumplir con la presencia exigida por su abuela.
Eso sería suficiente y así no llamaría la atención de los dos agentes de policía que se tomaban un descanso en ese momento.
Ahora se dejaban ver por allí más a menudo, reforzando su presencia en el bar, donde se cocían todos los rumores y la información que pasaba de boca en boca entre los vecinos.
Solo necesitaba que lo vieran un momento y luego desaparecer. No hablar de manera forzada con nadie y pasar desapercibido .
Para sorpresa de todos, Mila entró y, al ver a Ethan junto a la ventana, se dirigió hacia él mientras trasteaba con el móvil.
Le habría gustado su compañía en otras circunstancias, pero no con la policía allí.
Sabía que aquel encuentro, delante de los agentes, no ayudaría; al contrario, podía reforzar la sospecha de que Ethan tuviera algo que ver con la muerte de Aaron Pike.
Aun así, buscar una excusa para irse y evitarla tampoco sería inteligente.
—¿Cómo estás? Te has atrevido a venir…
—He pensado que tengo que recuperar la normalidad lo antes posible. No puedo estar escondida toda la vida.
—¿Te sientes más segura, entonces?
—No, pero hay que seguir adelante. ¿No crees? ¿Tomamos algo juntos?
Ethan asintió y levantó el brazo para que los atendieran. En ese momento vio las miradas de los presentes, incluidos los agentes, clavadas en ellos.
—Cuántos espectadores. ¿Estás cómoda?
—Se les pasará en unos minutos. No te preocupes.
Mila se ocupó de hacer agradable la conversación.
Pronto hablaron de las olas, del viento y de los pronósticos para los próximos días.
Poco después, cada cual parecía haber recobrado cierta normalidad y, cuando Wade y Casandra llegaron al bar, Ethan y Mila hablaban con una complicidad tranquila, con las consumiciones casi terminadas.
—Qué agradable sorpresa —dijo Wade, adelantándose—. Me alegra verte. Vuelve por la escuela cuando quieras, tengo una tabla esperándote.
Mila se limitó a sonreír a Casandra, como si aquella respuesta bastara, y la saludó con un breve abrazo.
Uno de los agentes, aprovechando su amistad con Wade, se acercó a la mesa con una sonrisa falsa.
—¿Cómo estáis, chicos? ¿Todo bien por aquí? —dijo, y dio una palmada en el hombro a Wade .
Mila trataba de sonreír y Ethan no esperó a que continuara aquella representación.
—Mal. ¿No se puede tener una conversación sin que nos miren o nos interrumpan?
—Bueno, tienes que entender que a la gente le gusta atar cabos —dijo el policía.
—¿Atar cabos? ¿Insinúa que tengo algo que ver con el asesinato de…?
—Tranquilo muchacho. Yo no insinúo nada, pero ya sabes cómo es la gente.
—Usted y el otro policía no me han quitado la vista de encima. Son como los demás.
Mila se levantó de la silla sin decir nada y Casandra intervino.
—No pasa nada, hijo. Estamos todos afectados por lo ocurrido. No nos pongamos más nerviosos.
—Es que parece que no se puede hacer vida normal —dijo, señalando a Mila—. Bastante tiene con superar lo sucedido como para que, a la primera que aparece, todo el mundo la señale con el dedo.
—Nadie está señalando a nadie, hijo.
—Está bien, ya me voy —interrumpió el agente—. Tranquilos que no ha pasado nada.
Mila recogió su bolso con prisa.
—Yo también me voy. Hoy ha sido un gran avance para mí.
Wade se interpuso en su camino.
—Yo invito, no te preocupes. Y vuelve a la escuela cuando quieras.
Mila se despidió de Ethan con una mirada breve, y los demás se quedaron sin saber qué decir.
—Hijo, cómo te has puesto.
—Como me da la gana, mamá. Bastante hemos aguantado con tanta mirada y cuchicheo .
Peter se acercó sonriente, sin ser visto. Su estatura casi infantil lo hacía parecer ridículo al lado de aquella mesa alta.
—No te enfades con ellos, Ethan. La policía solo está haciendo su trabajo. —El chico lo miró sin pestañear—. No tienen muchos recursos, así que será una investigación que les llevará meses. Están desorientados, nunca ha sucedido algo así por aquí. Es normal que quieran tener ojos en todas partes.
Ethan lo observó. Por un instante sintió el impulso de levantarse de la mesa y poner fin, sin utilizar las palabras, a aquella conversación de una vez.
Así le iba a Peter por la vida.
Siempre conciliador, siempre dispuesto a rebajar el tono cuando las cosas se ponían incómodas.
Ethan lo vio actuar demasiadas veces apartando la mirada, cediendo terreno, refugiándose en esa sonrisa torpe con la que intentaba convencer a todos de que nada era tan grave.
Un hombre que evitaba los conflictos como si el simple hecho de ignorarlos pudiera hacerlos desaparecer.
Pero en su familia las cosas no funcionaban así.
Victoria jamás había respetado a los hombres que se escondían detrás de la prudencia. Y Ethan tampoco. Para él, aquel mundo de felicidad impostada que Peter trataba de mantener en pie no era más que una forma elegante de cobardía.
En el aparcamiento, Mila se apresuraba a salir de allí cuanto antes. Escapaba de todas aquellas miradas que sentía clavadas en la espalda.
La chica que casi violan.
La chica que había pasado la noche en el bar.
La chica que ahora hablaba con uno de los últimos que la había visto antes de que todo ocurriera.
Y Ethan había notado cómo algunos lo miraban también a él, como si intentaran encajar las piezas de algo que no terminaban de comprender. Aquella conversación entre los dos había despertado una curiosidad que ninguno necesitaba en ese momento.
Mila solo quería marcharse.
El motor rugió con más fuerza de la necesaria y el coche salió del aparcamiento entre una nube de polvo, como si necesitara poner distancia entre ella y aquel lugar antes de que alguien volviera a llamarla por su nombre.
2
La familia se reunió para comer. Victoria sacó el snapper del horno en una bandeja de cristal y lo dejó en medio de la mesa. Mientras lo hacía, escuchaba a su hija y a su nieto conversar sobre lo ocurrido.
—No puedes ponerte así porque sí. Das mala impresión, parece que estás enfrentado contra el mundo.
—Me da igual causar mala impresión. Nos estaban atosigando con sus miradas y cuchicheos.
—Ya, pues hay que aguantar. Ese numerito que le has montado al policía no nos ayuda.
Victoria estaba a punto de partir el pescado en porciones cuando levantó la vista.
—Tal vez sí nos favorezca, hija. No hay una reacción más natural para un inocente que sentirse indignado por una insinuación de sospecha.
Ethan se sentó delante del plato que su abuela ya empezaba a servir.
—Pues yo creo que ha causado mala impresión a los del pueblo.
—Eso es otra cosa y deberíamos cambiarlo .
Casandra se sentó y esperó con paciencia a que su madre la sirviera.
—Pues esta tarde habrá una sunset session en la cafetería. Wade lleva días diciéndome que el local se llenará. Tal vez sea una buena oportunidad de lavar nuestra imagen.
—¿Estará ese amigo suyo, el policía?
—Supongo que sí. Suele ir cuando acaba su jornada, a veces con el otro compañero. Así que hoy, que habrá música en directo, seguro que estará.
Cuando acabó de servir los tres platos, Victoria se sentó y levantó su copa de vino.
—Estupendo. Entonces iré yo también.
—Mamá, no sé… creo que hoy será un ambiente para jóvenes.
—Me da igual. Seguro que estará Peter.
—Y si no, lo llamas y se presentará allí rápido —dijo Ethan, después de saborear el primer trozo de carne blanca.
—Ya, pero esta tarde no te despegarás de mí, jovencito.
—¿Y eso?
—Un joven que atiende a su anciana abuela es una persona respetable, y eso es lo que queremos transmitir a la policía y al resto del pueblo.
—Lo pillo.
—Actuarás con normalidad, y si esa chica aparece…
Casandra se inclinó para dar un sorbo a su copa.
—Mila no aparecerá después de lo de esta mañana.
—Vale, pero si aparece, le hablarás con naturalidad y haremos lo posible para que se siente con nosotros.
Ethan dejó de masticar y la miró fijamente. Victoria supo que había entendido el plan.
3
El bar estaba lleno y todas las mesas ocupadas por clientes locales y otros que habían llegado desde Margaret River.
En la terraza, las bombillas amarillas colgadas sobre las mesas se movían suavemente con la brisa del océano.
Desde allí se oía el rumor constante del mar rompiendo en Surfers Point mientras dos músicos tocaban folk frente a una pequeña pista improvisada.
Algunos bailaban descalzos, con la arena aún pegada a los pies, y el aire mezclaba el olor a salitre con el de las frituras que salían de la cocina.