Asesinos Sin Límite (Sin Límite 5) Capítulo 9
26%

Capítulo 9

Ethan conducía despacio por las carreteras impolutas en dirección a Prevelly, como si al alargar el trayecto le diera tiempo a solucionar lo ocurrido. El sol brillaba en el parabrisas y Victoria no había dicho nada, aunque lo miraba de vez en cuando, esperando una explicación.

—No tengo nada que ver con ese asesinato, abuela.

—Ya lo sé. Solo quiero saber qué piensas.

—No pienso nada, pero no me parece mal que alguien se haya tomado la justicia por su mano.

—Tal vez esa chica, Mila, tenga más influencias de las que pensamos.

—¿Crees que ha contratado algún sicario o algo así?

—Seguro que la policía contemplará esa posibilidad, pero tú también estarás en el punto de mira. Así que nos comportaremos con normalidad. No nos esconderemos, ¿me oyes? Quiero que estos días socialices un poco más.

Ethan detuvo el coche en el cruce que los llevaría hacia el Coast Garden. Wade y Casandra pararon detrás, extrañados. No había nadie circulando en ese momento.

—¿Socializar? Cada vez que lo hago ocurre algo malo.

—Tienes que integrarte más.

—¿A qué te refieres? —dijo, y aceleró despacio.

—La vida no solo es estar en tu apartamento y salir a surfear. No tienes amigos aquí, Ethan. Amigos de verdad …

—¿No decías que lo ideal para pasar desapercibidos era tener un perfil bajo?

—No tener amigos es llamar la atención. Debes tener una vida normal.

—¿Una vida normal?

—Sí, ¿qué haces tanto tiempo a solas en tu apartamento?

—Hago mis cosas y me entretengo en internet.

—Pues ándate con ojo, la policía podría rastrear tus visitas estos días. Lo primero que deberías hacer al llegar a casa es borrar cualquier rastro y dejar solo lo que visitaría un chico de tu edad.

Ethan aumentó la velocidad y sorprendió a Wade, que ya se había hecho a la idea de que terminarían reuniéndose en el bar.

—¿Un chico de mi edad? ¿Dónde crees que entro cuando navego por internet? ¿Crees que soy un delincuente o un pederasta?

—Me refiero a las criptomonedas, hijo.

—Ya elimino el historial de webs de criptomonedas todos los días. Así habíamos quedado.

—Asegúrate de borrar todo rastro y presta atención a lo que ocurra estos días. Lo mismo con el móvil. Y nos dejaremos ver un poco más.

El resto del trayecto entre calles residenciales discurrió en silencio. Victoria había dado instrucciones específicas y no había nada que cuestionar, mucho menos después de todo lo que habían pasado antes de llegar allí.

Ethan metió el coche hasta el fondo del garaje para que Wade tuviera espacio para el suyo, pero este decidió aparcar fuera, junto al arcén, como hacía siempre.

—Abuela… parece que no hay manera de alejarnos de las sospechas y asesinatos. Ni siquiera en este lugar apartado, es como una maldición que nos persigue desde que robamos las criptomonedas .

—Yo tengo otra sensación… —Victoria lo miró antes de bajar del coche— Más bien… es como si hubieran venido a buscarnos.

2

Antes de mediodía, el inspector Keegan llamó personalmente a Ethan. Lo necesitaba en comisaría cuanto antes y, aprovechando la influencia de Wade con algunos agentes, Ethan se presentó dispuesto a colaborar, tal y como le había dicho su abuela.

El interrogatorio fue más grato de lo que esperaba. Después de escuchar los relatos de su madre sobre la detención en Galicia, un par de años antes, acusada del asesinato de su novio empresario, el despacho del inspector, ordenado, soleado y ventilado, le pareció casi un paraíso.

—¿Cuánto tiempo hace que estáis en Prevelly?

—Casi un par de años.

El inspector preguntaba sin mirarlo a la cara, como si buscara algo en la cajonera.

—¿Y cómo vinisteis a parar aquí? ¿A qué os dedicáis?

—Mi abuela es viuda de un alto cargo del FBI —Keegan levantó la vista con las cejas arqueadas—. Tiene dinero y yo hago trabajos como freelance en internet.

—¿Puedo saber qué trabajos?

—Fotografía por encargo, diseño de cartelería para eventos y algún asesoramiento financiero.

El inspector se incorporó y se acomodó en su asiento.

—¿Cuánto tiempo estaréis por aquí? Supongo que el dinero no es eterno, tu madre tampoco trabaja…

—Mi madre ayuda en la escuela de surf, creo que Wade le paga algo. El caso es que podemos mantenernos en este lugar .

—Gracias al dinero de tu abuela…

Ethan se echó hacia atrás para ganar unos segundos.

—Sí. Ella es una parte importante de todo esto.

—Pues mucha salud para ella y que podáis disfrutarlo todos —dijo con una sonrisa.

El inspector relajó la expresión, cogió un bolígrafo, le quitó el capuchón y lo apoyó sobre un folio en blanco.

—Aquí estáis vosotros, en Prevelly, donde también residía Aaron Pike, asesinado esta madrugada, y donde vive su amigo Ben Rourke. Ya me comentaste cómo los has conocido. ¿Deseas añadir algo más sobre ellos?

Ethan negó y apoyó las manos en los reposabrazos. El inspector continuó.

—Aquí está la playa donde surfeas, donde ha aparecido el cadáver. —Trazó una línea costera y un círculo más pequeño alrededor del punto de investigación. Después sombreó una amplia zona hacia el este, lejos de la costa—. Todo esto es monte.

Keegan lo miró a los ojos y esperó alguna reacción del chico, que ya había adoptado esa típica inexpresión suya.

—Conozco algo la zona. A veces voy a cazar por diversión y me traigo algún conejo.

—¿Ah, sí? ¿Y cómo lo haces?

—Con una ballesta que me regalaron hace tiempo. Pero solo por diversión. Creo que no es ilegal, ¿verdad?

—No es ilegal, claro que no. Pero son buenos terrenos para cometer un asesinato. Si ese hombre murió ahí, nos complica mucho la investigación. Sería casi imposible para nosotros.

—Si yo fuera el asesino, no le vería sentido planear matarlo ahí para no dejar pistas y luego llevarlo a la orilla de la playa.

El inspector se levantó con una sonrisa y se acercó a la ventana cuyas vistas daban a una calle residencial .

—De momento no debemos descartar ninguna hipótesis. Los forenses determinarán la hora y la causa de la muerte, pero todavía queda mucho para eso.

—Entiendo.

—¿De verdad?

—Claro. Y le agradezco que no quieran dejar escapar ninguna hipótesis. Mi familia y yo todavía lo hablábamos antes de su llamada. ¿Es este un lugar seguro para vivir?

—Oh, por supuesto que sí. Se trata de un hecho aislado, no debéis temer a nada.

—Bueno, un asesino anda suelto, de eso no hay duda.

—Nada que deba preocuparos más de la cuenta.

Estaremos patrullando a todas horas hasta que esto se resuelva.

—Se acercó a él—. A todas las poblaciones, tarde o temprano, les acaba cayendo algo así.

Tal vez la explicación de esa muerte sea más sencilla de lo que creemos.

Solo te pido que estés localizable por si nuestra investigación avanza y necesitamos tu testimonio.

Ethan se levantó para estrechar su mano.

—Cuente conmigo, si puedo servir de ayuda…

El inspector lo acompañó hasta la salida de la comisaría. Afuera, Mila esperaba en el aparcamiento.

—Señorita Foster. Gracias por venir. Quería hacerle unas preguntas. Terminaremos enseguida.

Ethan la saludó con discreción, y ella le respondió con un leve parpadeo. Tal vez ese encuentro era lo que más le interesaba ver a Keegan esa mañana.

—Ethan, ¿por qué no esperas y la llevas de vuelta? Le ahorrarías un taxi.

—Por mí no hay problema.

—No, por favor, vete, Ethan. No quiero ser una molestia. Además, prefiero estar sola e irme a mi apartamento sin hablar con nadie más de este asunto tan desagradable.

—No hablaremos de eso si no quieres…

—Por favor, no …

El inspector Keegan hizo un gesto de resignación.

—No se preocupe. Una patrulla la llevará de vuelta a su apartamento.

Los tres se saludaron con la mano. Keegan y Mila entraron en el edificio y Ethan caminó hacia el coche.

A medida que se acercaba, algo le llamó la atención.

La tabla de surf seguía atada desde la mañana en los soportes del Toyota, pero un extremo blanco asomaba por la parte inferior, junto a uno de los amarres.

Tal vez una pluma de algún ave o un trozo de tela.

Se acercó al nudo y tiró de aquello que se había quedado enganchado.

En sus manos quedó un papel doblado.

Dentro había un mensaje.