Capítulo 6
Peter cruzó a través del césped y se trastabilló cuando no levantó el pie lo suficiente en el único escalón antes de alcanzar la puerta. Era casi mediodía cuando el timbre sonó varias veces seguidas en casa de Victoria.
—He venido en cuanto he podido. ¿Cómo estáis?
—Bien. ¿A qué viene eso?
El hombre se coló en el interior al ver a Ethan al fondo de la cocina.
—¿Cómo estás, muchacho? Siento lo ocurrido…
Victoria se quedó observándolo desde atrás, aborrecida. A Ethan, el gesto no le pasó inadvertido mientras Peter amagaba con abrazarlo.
—Estoy bien, Peter.
—¿Seguro?
—¡Peter! ¿A qué viene esto?
El hombre se dio la vuelta sobresaltado.
—Esa chica… Mila.
—¡Sí! Ya nos hemos enterado… ¿Vienes por eso?
—Claro, he visto a Ethan saliendo con ella anoche…
—No estamos saliendo.
Peter se quedó en silencio, mirando a un lado y a otro.
—Te agradezco la preocupación, pero apenas conozco a esa chica. Lleva en el pueblo solo unos días.
—Bueno… os vi tan bien la otra noche que… Seguro que podríais encajar. Ella es tan… tan buena chica .
Victoria agarró un trapo de cocina y frotó el muñón de la mano, como si quisiera secársela.
—Mira, Peter… Ya está bien. Entras aquí como si a la que le hubiera pasado algo fuera a mi hija, te inventas cualquier cosa para venir a mi casa, eres muy pesado. Lárgate de aquí. Mi nieto y yo necesitamos hablar de lo nuestro.
—Pero yo solo…
—Y no me llames. Ya lo haré yo cuando pueda.
—Pero esa chica…
—¡Que te vayas! ¡Hombre, ya!
Ethan se adelantó, puso una mano en la espalda del hombre y le indicó la salida.
—Te acompaño hasta el coche.
Peter caminó sin levantar la vista. Cruzó el jardín con la cara hundida y escuchó las palabras de Ethan.
—Así no, Peter. Lo estás haciendo todo mal. Mi abuela necesita mucho espacio. No le gusta tener a nadie pegado, salvo que ella lo decida.
—Salvo que ella lo decida…
—Sí, y cuando lo haga y te elija, entonces no te la quitarás de encima.
—Pero, yo solo quería… —dijo, apoyado en la puerta abierta de su vehículo.
—Tienes que distanciarte, Peter. Es como hacer lo contrario de lo que te pide la cabeza con ella.
—No tiene lógica.
—Pues es así.
El hombre se dejó caer en el asiento y cerró la puerta. Se quedó mirando al arcén a través del parabrisas, inmóvil, sin encender el coche.
—Parecía buena chica. No se merecía eso. Nadie se merece eso… Y yo tampoco.
El teléfono vibró en el pantalón de Ethan.
«Mila» .
—Todo saldrá bien, Peter. Ya verás como al final tendrás lo que mereces.
Se alejó de él con la mano levantada y atendió la llamada.
—Mila… —Esperó a que el llanto cesara—. Tranquila, ¿estás bien?
La chica tardó unos segundos en contestar.
—Sí.
—¿Te han hecho algo?
—Creo que no. Me dieron un golpe en la cabeza y estuve inconsciente, pero los médicos aseguran que no fue a mayores. Me han tomado muestras de todo…
Mila recobraba cierta tranquilidad a medida que hablaba. En Ethan, cada palabra producía el efecto contrario.
—Siento no haber aparecido a surfear esta mañana.
—Y yo siento no haberme quedado contigo anoche.
—No te preocupes por eso, esos cabrones… Seguro que hubieran encontrado la manera igualmente de…
Ethan no supo qué decir durante unos segundos.
—Eran los borrachos que nos molestaron anoche, ¿verdad?
—Creo que sí. No pude verles la cara… Estaba oscuro y no recuerdo bien pero por su envergadura, diría que sí.
—Y eran dos.
—Eran dos…
—¡Putos cobardes! Los destrozaré…
—No digas tonterías, Ethan.
—¿Tonterías?
—Tú y yo no somos nada. Solo te llamo porque tengo algunas llamadas perdidas tuyas en mi móvil. No quiero que hagas nada. Sigamos como lo que somos, dos conocidos en un mismo lugar. Yo solo estaba de paso.
—A veces, las mejores amistades surgen cuando estás de paso .
—Ya, las amistades espontáneas, donde no hay problemas. Estoy bien, de verdad, Ethan. No hagas tonterías. Espero que solo se haya quedado en un susto y ya está.
Ethan se fue alejando de la casa sin darse cuenta.
—¿Estás en el hospital? ¿Quieres que vaya a buscarte?
—Estoy esperando a que me confirmen el resultado de unas pruebas y después tendré que ir a comisaría de nuevo. Una agente de policía está conmigo, no te preocupes. Como te digo, todo parece estar bien.
—Como quieras.
—Yo te llamo, ¿vale? Gracias por preocuparte.
Regresó hacia la casa y reprodujo mentalmente la conversación que acababa de tener. Analizó el tono de voz de Mila, su llanto inicial, su tranquilidad a medida que hablaba más y su independencia después. El coche de Peter ya no estaba y Victoria salía al porche.
—¿Comes conmigo?
Ethan asintió. ¿Con quién iba a estar mejor que con su abuela?
Subió las escaleras a su apartamento sin darse cuenta de que Victoria lo observaba, esperando algo más concreto de aquella comida.
Arriba, todo estaba en su sitio. La cama hecha, el portátil cerrado junto a sus libros y las zapatillas al lado de la puerta, alineadas con las vetas de la madera del suelo. Todo tal y como lo había dejado hacía unas horas, solo que le parecía que habían pasado días.
Después se fijó en el rincón de su dormitorio.
Un bate de béisbol estaba apoyado en la pared, contra el marco del armario empotrado.
Llevaba meses en su habitación. Se lo había regalado Wade poco después de empezar con Casandra, como quien no le da importancia a uno más de esos deportes raros que había probado en su vida, aunque Ethan siempre sospechó que el gesto buscaba estrechar distancias.
Ethan lo había aceptado por cortesía, pero sin entusiasmo, consciente de que aquel tipo de favores nunca eran del todo inocentes.
La madera clara del bate atrapaba la luz de la habitación de una forma extraña. Ethan lo miró, seguro de que algunos objetos no estaban ahí por casualidad. Desvió la vista, como si al hacerlo pudiera acallar un susurro absurdo de aquel objeto.
No lo consiguió.