Asesinato en una librería de Irlanda (Mercy McCarthy 1) 22
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A la mañana siguiente, me desperté con el aroma del café. Miré mi teléfono y eran casi las ocho. Nos habíamos quedado despiertas hasta tarde la noche anterior tratando de averiguar qué le había pasado a Linda y asegurándonos de que estaba bien.

Me había quedado dormida preguntándome si nuestro asesino había intentado matarla. ¿Y por qué iba alguien a querer matarla?

« Nada de esto tiene sentido » .

Llegué al pasillo antes de oír las voces. Me di la vuelta y volví a mi habitación. No estaba presentable para recibir visitas. Después de lavarme los dientes y cambiarme, me dirigí a la cocina.

Todos los de la plaza estaban allí. Incluso Linda, con moratones en el lado de la cara donde se había golpeado contra el suelo.

—Buenos días —dijo Lizzie cuando entré en la cocina—. Les pedí a todos que vinieran para hablar de nuestras preocupaciones en relación con la seguridad. Ya sabes, lo que comentamos anoche. —Me miró.

No habíamos hablado de nada de eso, pero capté lo que intentaba hacer. Era una especie de «mantén a tus enemigos cerca».

—Ah… Buena idea. Linda, ¿cómo te encuentras?

—Gracias a tu cafetera, mucho mejor. El capuchino me ayuda con el dolor de cabeza. Nunca había visto una máquina que pudiera hacer tantas cosas. Es como tener tu propio barista en casa.

—Exacto. —Sonreí—. Hola a todos. Siento llegar tarde a la reunión, no sabía que íbamos a quedar tan temprano.

Se rieron.

—Yo acabo de llegar —dijo Lolly—. Estaba hablando con Kieran para ver si tenían algún sospechoso del ataque a Linda.

—¿Y? —pregunté, paseando la mirada alrededor de la mesa con aire dramático.

—De momento nada —contestó Lolly.

—¿Por qué estabas ahí fuera? —le pregunté a Linda, y me salió un tono más acusador de lo que pretendía.

—Por favor, perdona a mi hermana, aún no ha tomado su medicina matutina. —Lizzie puso una taza de café delante de mí.

—No se equivoca. —Sonreí con aire burlón—. Es solo que anoche estábamos muy preocupadas por ti. Teniendo en cuenta lo que ha estado sucediendo últimamente, tal vez sea mejor que no salgamos solos después del anochecer.

Me sentí bastante orgullosa de mí misma. Sonaba perfectamente plausible.

—No puedo creer que hayamos llegado a esto —intervino Lolly—. Jamás se me ocurrió que los nuevos tiempos afectarían a la plaza. Siempre habíamos permanecido ajenos a la delincuencia.

—Quizá sea mi mente de escritora de novelas de misterio, pero todo lo que ha sucedido me parece personal.

Pero ¿quién había sido? Rob había llegado por el camino desde su casa al mismo tiempo que nosotras, y Lolly tardó aún más.

—Iba camino de la tienda —dijo Linda—. No podía dormir porque no me acordaba de si había apagado la luz de mi despacho. Tiendo a obsesionarme con tonterías como esa, sobre todo antes de acostarme.

Lizzie puso una bandeja con magdalenas de arándanos y bollos de canela en la mesa. Yo a duras penas era capaz de estar levantada y vestida a las ocho de la mañana. Mientras tanto, mi hermana había convocado una reunión y había preparado el desayuno para los asistentes. Era realmente maravillosa.

La noche anterior no habíamos hablado de que nos preocupase la seguridad, pero nos habíamos quedado despiertas hasta tarde dándole vueltas a cómo podríamos obtener más información sobre Dave.

Necesitaba saber si de verdad había fallecido de un ataque al corazón o si se trataba de una muerte sospechosa de criminalidad. Apostaba por lo segundo.

Después de lo que le había pasado a Linda, la habíamos quitado de la lista. Por suerte, ella había sobrevivido al ataque, a diferencia de los demás.

—Juraría que alguien me estaba observando —detalló Linda—, y sentí miedo. Estuve a punto de volver a casa, pero, una vez que algo se me mete en la cabeza, no puedo dejar de pensar en ello. Estaba llegando a la verja de la plaza cuando oí los pasos. Grité y entonces todo se volvió negro.

Lolly se acercó y le dio una palmadita en el brazo a Linda.

—Es horrible, querida. Siento mucho lo que te ha ocurrido. Espero que estos delincuentes dejen de hacer fechorías cuando Kieran se mude a la plaza.

—Entonces, ¿es seguro que se va a venir aquí? —preguntó Scott.

—Estoy intentando convencerlo. —Lolly asintió—. Por alguna razón, no está seguro de querer vivir al lado de su abuela. Le preocupará que lo espíe si trae mujeres a casa. Ojalá. Ese chico nunca ha traído a una mujer a casa para presentarle a su abuela. Ya es hora de que siente cabeza.

Se hizo el silencio. Tenía la certeza de que el inspector se moriría de vergüenza si supiera lo que Lolly acababa de decir.

—¿Te ha salido un chichón en la cabeza? —le pregunté a Linda—. ¿Deberíamos preocuparnos por que puedas tener una conmoción cerebral?

Señaló un lado y la parte posterior de la cabeza.

—Mi marido solía decir que tengo la cabeza dura, y parece que tenía razón. Solo me ha quedado un pequeño chichón. Pero sí que me lastimé el hombro al caerme. Eso es mucho peor que la cabeza.

Una vez más, algo me bullía en la cabeza. Pero no tenía suficiente cafeína en el organismo para dilucidar qué era lo que tanto me incomodaba de la situación con Linda.

—Hasta que el inspector averigüe qué está pasando, creo que necesitamos algún tipo de vigilancia vecinal de alerta máxima —propuso Lizzie—.

Debemos mantener los ojos bien abiertos para cuidarnos mutuamente.

Si alguno de nosotros necesita salir por cualquier motivo después del anochecer, le pedimos a alguien que nos acompañe.

Lolly sorbió por la nariz y una lágrima le rodó por la mejilla.

—¿Estás bien? —pregunté, poniéndole una mano en el brazo.

—Sé que os cuesta creerlo —contestó, negando con la cabeza—, pero nunca hemos tenido que preocuparnos por la delincuencia aquí. Al menos, no detrás del muro que rodea nuestra plaza. E incluso en el pueblo, lo peor que puede pasar es una pelea o un carterista. Nadie que viva aquí haría algo así.

—No estará diciendo que es culpa nuestra, ¿verdad, señora O’Malley? —preguntó Lizzie, inclinándose hacia delante. Su tono era más de sorpresa que otra cosa.

—Oh, no, querida. En absoluto —dijo Lolly, haciendo un gesto con la mano—.

Vuestro abuelo quería que os sintierais seguras detrás de ese muro.

Le preocupaba mucho que vivierais en Estados Unidos.

Ya sabes, se oyen muchas historias de violencia.

No es que aquí no hayamos tenido nuestra parte.

Al fin y al cabo, esto es Irlanda. Pero Shamrock Cove es uno de los lugares más seguros del mundo para vivir.

—O lo era —replicó Scott.

Lolly lo miró con el ceño fruncido, y él se encogió de hombros.

—Lo que me confunde es el porqué de la situación —dije.

—¿A qué te refieres? —preguntó Lolly.

—Nadie en esta mesa es responsable de lo que está pasando, ¿correcto?

—Correcto —dijeron al unísono.

—Entonces, ¿por qué alguien está atacando la plaza? Todo esto comenzó el día que llegamos, pero ¿por qué? Eso es lo que no logro entender. ¿Hay alguien que quería conseguir desesperadamente una casa en la plaza, pero no encontraba la manera? —Me toqué la barbilla con el dedo.

Linda y Lolly se miraron con los ojos como platos.

—¿Cómo? —preguntó Rob.

—Mucha gente se apunta al sorteo por si alguna de las casas…

no tiene herederos —dijo Lolly—. Cuando Driscoll, vuestro abuelo, supo que se estaba muriendo, abrimos el sorteo.

Dios mío, ya han pasado casi dos años. Entonces no sabíamos nada de vosotras dos.

Sin embargo, os aseguro que estaba muy feliz de haberos encontrado.

—Volvió a sorberse la nariz—. Ojalá lo hubierais conocido. Os habríais querido mucho.

El resto de los presentes asintieron con la cabeza.

—Cancelamos el sorteo…, y luego, cuando murió el juez, hablé con el comité de la plaza y con el consejo municipal de Shamrock Cove para reabrirlo.

Entonces descubrimos que me la había dejado a mí, lo cual es una de nuestras lagunas legales para mantenerla dentro de las familias.

Pero no habíamos vuelto a abrir oficialmente el sorteo.

—Entonces, es posible que haya alguien con un gran interés en vivir aquí —argumentó Lizzie—, pero a quien los herederos de la plaza le hayan negado la oportunidad.

—Y podría matar para hacer realidad sus sueños —completé su razonamiento.

Era más lógico que no que alguien de la mesa intentase matarnos.

Las gambas y la sobredosis del juez incluso podrían explicarse si fuera alguien de Shamrock Cove.

Al menos, era un motivo. Pero ahora me faltaban motivos y sospechosos reales.

Me costaba creer que alguien de los que estaban allí tuviera algo que ver con eso.

Había descartado a Lolly, Rob, Scott y ahora, a Linda.

Además, ya vivían en la plaza. No tenían motivos para matar para conseguirlo.

—Lolly, necesitamos una lista de los solicitantes del sorteo —dije, y levanté una mano—.

Antes de que alguien diga que es trabajo de Kieran, estoy de acuerdo con vosotros.

Pero también sé que está muy ocupado investigando a los sospechosos del pasado del juez.

Propongo que consigamos la lista y la revisemos juntos.

Todos conocéis el pueblo y a su gente mejor que nadie.

Quizá haya algunos nombres que podamos darle al inspector para que los compruebe.

—Es casi como si supieras cómo resolver un misterio —dijo Rob, y nos reímos todos.

—Estoy bastante segura de que lo vio en Los asesinatos de Midsomer , ¿o fue en un libro de Ainsley McGregor? —preguntó Lizzie.

—No sabría decirlo —respondí—. Veo y leo mucho suspense.

—¿De verdad creías que era uno de nosotros? —preguntó Linda.

Abrí la boca y la cerré. Luego, me encogí de hombros.

—Para ser sincera, no sabía qué pensar.

—¿De verdad somos sospechosos? —preguntó Rob, llevándose la mano al corazón.

—La imaginación hiperactiva de mi hermana tiene que barajar todas las posibilidades. Por eso es una escritora tan buena —dijo Lizzie con un gesto de la mano.

Fue una buena respuesta, y no tuvo que mentir. Era la verdad.

—Bueno, ¿alguien tiene planes para esta noche? —Cambié de tema.