Asesinato en una librería de Irlanda (Mercy McCarthy 1) 21 #2
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—Que conste que eso solo son rumores —intervino Scott—.

Vuestro abuelo era un hombre muy reservado y bastante mayor cuando lo conocimos.

Pero nunca hablaba del pasado. Una vez, cuando celebrábamos el Día del Recuerdo (aquí no es una fiesta tan importante como en Estados Unidos, pero muchos irlandeses lucharon en la Primera y la Segunda Guerra Mundial), Lolly le pidió a vuestro abuelo que dijera unas palabras, pero él se negó.

Dijo que no tenía sentido revivir el pasado.

Simplemente no le gustaba hablar de ello.

Lo intentamos varias veces, pero él siempre cambiaba de tema.

—Creo que quizá se arrepintió más adelante —añadió Rob—. Tal vez por eso era tan amable con todo el mundo. Había perdido a su mujer y a su hijo, y quizá no había sido tan bueno con ellos como podría haber sido.

—Pero si de verdad queréis conocerlo, preguntadle a Lolly —dijo Rob—. A ella le gusta mantener viva la historia y a las personas de la plaza.

—Le preguntaremos —afirmó Lizzie—. Y muchas gracias a los dos por ayudarnos esta noche.

—Es un placer. En cierto modo, vosotras dos os parecéis mucho a él —observó Rob.

—¿En qué sentido?

—Sois amables y encajáis perfectamente en nuestro pequeño grupo. Ah, y organizáis unas fiestas estupendas —dijo.

Era extraño, pero nunca me había visto a mí misma como amable.

—Mi hermana organiza fiestas estupendas —dije—. A mí solo se me da bien seguir órdenes.

Se rieron.

Cuando todo estuvo listo, le di las buenas noches a Lizzie, que no paraba de bostezar, pero al menos al día siguiente no tenía que trabajar en la tienda.

Yo todavía estaba un poco nerviosa, así que fui a mi despacho y me entró un pequeño ataque de pánico cuando descubrí que mi portátil había desaparecido.

Entonces me eché a reír. Lo había puesto debajo de la almohada de mi cama. La puerta del estudio no tenía cerradura, así que pensé que era la opción más segura, ya que la puerta de mi dormitorio sí tenía cerradura y llave.

Después de asegurarme de que seguía allí, fui a la biblioteca privada de mi abuelo.

Tenía la sensación de que esa habitación significaba algo especial para él.

Aunque había seleccionado libros para su tienda, esos tomos eran su colección privada.

Pensé que tal vez podría conocerlo mejor a través de algunos de sus libros favoritos: los que estaban un poco más gastados que los demás.

Cuando iba a coger un ejemplar de El retrato de Dorian Gray , se oyó un grito espeluznante.

Lizzie bajó corriendo las escaleras mientras yo salía a toda prisa de la habitación.

—¿Has oído eso? —me preguntó cuando nos detuvimos en la entrada principal.

—Pensé que eras tú —respondí.

—Pensé que eras tú —dijo ella.

—Vamos a mirar en la parte de delante.

Salimos disparadas; yo iba pertrechada con el enorme paraguas y Lizzie cogió una pala que había junto al banco del jardín.

Cuando nos acercamos a la verja, distinguimos una figura en el suelo, cerca de la entrada a la plaza.

—Podría ser una trampa —alerté.

—¿Es Linda? —preguntó Rob desde detrás de nosotras.

Lizzie y yo dimos un salto, y puede que gritáramos.

—¿Cuándo aprendiste habilidades ninja ? —preguntó Lizzie.

—Scott tiene el sueño ligero, así que he aprendido a andar con sigilo. ¿Está muerta?

Corrimos hacia ella.

Me arrodillé para tomarle el pulso.

—No. Su pulso es fuerte. Me he dejado el teléfono en casa, ¿alguien tiene el móvil o una linterna?

Rob encendió la aplicación, pero no daba suficiente luz en la oscuridad tan cerca del muro.

Linda estaba bocabajo en la hierba, justo al lado de uno de los senderos. Vestía una camiseta de flores y pantalones de yoga, que no era lo que había llevado a la fiesta.

Seguí los procedimientos de emergencia que había aprendido en mis clases, llegando incluso a comprobar si tenía alguna fractura en las piernas.

—¿Cuánto ha bebido y por qué está aquí fuera? —preguntó Lizzie.

—He llamado a emergencias. —Scott se acercó y también encendió la linterna de su teléfono—. ¿Se ha desmayado?

—Ay, Dios mío —se lamentó Lolly al acercarse. Llevaba una bata y unas zapatillas de casa mullidas.

—Me da miedo moverla si se ha caído. No noto ningún hueso roto, pero podría haberse hecho daño en el cuello al golpearse contra el suelo. —Tenía pequeños cortes en la mano, como si hubiera intentado frenarse al caer.

Todos, incluida yo, dimos un grito ahogado cuando Linda gimió.

—Despacio —le dije—. Te has caído y no sabemos dónde te puedes haber lastimado.

—No me he caído —se quejó Linda mientras se frotaba la cabeza, y se incorporó hasta quedar sentada. Parecía un poco aturdida—. Algún maldito idiota me ha golpeado por detrás. Lo he oído, pero antes de que pudiera darme la vuelta…

—No encuentro la maldita verja —gritó alguien al otro lado del muro—. A ver si ponéis luces aquí fuera.

Scott se apresuró a abrirla.

Dos técnicos de emergencias entraron corriendo y Sheila apareció detrás. Ella también se había cambiado y llevaba pantalones cortos de punto, una camiseta de The Cure y botas de agua.

—Necesito que os apartéis todos, por favor —rogó Sheila—. Dejad que los técnicos hagan su trabajo.

Lizzie me ayudó a levantarme del suelo e hicimos lo que Sheila nos pidió.

—¿Dónde está Kieran? —preguntó Lolly.

—Ocupándose de algo en el pub . Yo ya estaba en la cama cuando me ha llamado para ver si podía venir aquí. ¿Me podéis decir qué ha pasado? —Me señaló—. Estabas sobre la víctima.

¿La víctima?

—Estaba comprobando que estuviera viva —aclaró Lizzie.

—Correcto —añadió Rob—. Hemos oído un grito. He visto a Mercy y a Lizzie dirigirse al jardín y le he dicho a Scott que llamara a emergencias. Y luego me he reunido con ellas.

—Así es —confirmó Scott.

—Gracias a todos por vuestras respuestas, pero le he hecho la pregunta a Mercy.

Me mordí el interior del labio para no reírme. Sin embargo, les agradecía que todos me hubieran defendido.

—Es como han dicho. He oído un grito. Mi hermana y yo hemos salido corriendo con Rob. Hemos encontrado a Linda bocabajo.

Sheila se quedó mirando nuestro paraguas y nuestra pala.

—No estábamos seguras de si se trataba de otro intruso —alegué.

—¿La han golpeado con alguno de los objetos que llevan?

—No. Por supuesto que no —respondió Lizzie—. Estábamos protegiéndonos.

—Señora McCarthy, si no le importa, me gustaría hablar primero con su hermana.

Lizzie resopló.

—Bueno, mi hermana tiene razón —dije—. Excepto para comprobar su pulso y ver si tenía algún hueso roto, no la he tocado.

Uno de los técnicos se acercó.

—Ha recibido un golpe en la cabeza, pero parece que está bien. La llevaremos a casa y llamaremos al médico —detalló—. No quiere ir al hospital.

—¿Hay algo que podamos hacer para ayudar? —preguntó Lizzie.

—Estaré bien. Pero hay alguien con malas intenciones en la plaza —contestó Linda, y nos miró con malicia, como si fuéramos las culpables.

Linda ya había sufrido bastante y ahora alguien había intentado matarla.

Necesitábamos respuestas ya.