21
Intentando interceptarlos, crucé rápidamente el césped.
Kieran llevaba vaqueros y una camisa azul de vestir.
Sheila también había optado por unos vaqueros y una camiseta de Thin Lizzy.
No iban de uniforme. Tampoco es que el inspector lo llevara habitualmente.
A menos que fuera su impermeable con la palabra «Policía» escrita en él.
«¿Los ha brá invitado mi hermana? ».
—Hemos tenido que esperar a que James volviera de la granja de los Corsely —dijo Kieran.
—Así que llegamos un poco tarde —se disculpó Sheila.
—Yo… eh…
—Bienvenidos —dijo Lizzie detrás de mí—. Me alegro mucho de que hayáis podido venir. No sabía que vosotros dos fuerais pareja.
Yo tampoco.
Sheila y Kieran se miraron y se echaron a reír.
—Entonces, no sois pareja —dijo Lizzie.
—Por Dios, no —contestó Sheila—. Mejores amigos, tal vez. ¿Te lo imaginas?
El inspector negó con la cabeza.
—Necesito un hombre al que pueda darle órdenes —dijo ella—. ¿Hay algún soltero esta noche?
Esta vez fuimos Lizzie y yo quienes nos reímos.
—Por desgracia, con la excepción del inspector y quizá Matt, no creo que hayamos conocido a ninguno en Shamrock Cove —declaré.
—¿Ha venido Matty? No soy su tipo, pero nunca he tenido un mejor compañero de copas —afirmó Sheila, y se dirigió hacia la comida.
—Es su compañero de juerga cuando salen —aclaró Kieran.
—Podrías haber traído a tu novia… o novio —dijo Lizzie—. No quiero dar nada por sentado.
—No estoy saliendo con nadie en este momento. No me gusta salir con mujeres en Shamrock Cove. Si no sale bien… —Se encogió de hombros.
—Parece lógico —coincidió Lizzie—. Venga, vamos a servirte algo de comer.
Él dudó.
—Agradezco mucho que me hayáis invitado. No os lo he puesto fácil desde que llegasteis.
—Pero has conseguido que sea interesante —dije con una sonrisa.
Se rio entre dientes.
Después de servirnos algo de comida, nos sentamos todos a la mesa. Como solo quedaban sitios libres en el extremo, me vi obligada a sentarme junto a Kieran.
—Supongo que no sabías que íbamos a venir —dijo mientras cortaba la tierna carne que había preparado mi hermana.
—Pues no. Al principio pensé que veníais a arrestarme de nuevo. ¿Alguna novedad en la investigación? Sé que no puedes dar detalles, pero ¿tienes ya algún sospechoso?
Alguien había matado al juez y a Dave, había entrado en nuestra casa y había robado unos documentos. No tenía forma de demostrar que fuese la misma persona, pero tenía el presentimiento de que era así.
—Estamos investigando algunas cosas. ¿Y tú?
Lizzie me lanzó una mirada asesina desde el otro lado de la mesa.
—Te dejo la investigación a ti —respondí, negando con la cabeza—. Aunque tengo que pedirte un favor más tarde —susurré las últimas palabras—. Pero no con Lizzie enfrente.
Lizzie se levantó con su cerveza.
—Como Mercy ha dicho antes, todo esto es en honor de Dave. Estamos deseando escuchar vuestras historias sobre él. Sláinte .
La gente alrededor de la mesa hizo chinchín con las copas.
Luego, señaló a Lolly.
—Vamos a echar de menos a nuestro Dave —comenzó Lolly—.
Era un buen chico, siempre dispuesto a echar una mano cuando se necesitaba.
El verano pasado no sé qué habría hecho sin su ayuda para la exposición de jardinería.
Nunca se quejó ni una sola vez, e incluso participó como juez.
Le estaré eternamente agradecida, y esa es solo una de las muchas historias sobre un joven que nos fue arrebatado demasiado pronto. Sláinte . —Levantó su copa.
Cada persona de la mesa contó una bonita historia sobre Dave. A medida que avanzaba la tarde, la gente fue relajándose y se convirtió en una bella celebración. De vez en cuando, Linda se secaba los ojos y le dedicaba una sonrisa llorosa a quien estuviera hablando.
Me alegré de que hubiéramos organizado ese encuentro.
Si, además, pudiéramos averiguar quién había matado al juez y, posiblemente, a Dave —no creía que hubiera sido un infarto—, quién había irrumpido en nuestra casa y quién me había empujado contra un árbol, todo sería perfecto.
Omití esa parte en mi discurso.
Más tarde, mi hermana nos hizo jugar a un juego de mesa en el que a todos los participantes se les plantea una gran pregunta sobre la vida.
La pregunta que suscitó algunas de las respuestas más interesantes era muy sencilla: ¿cuál ha sido el mejor día de tu vida?
Y la persona que respondía no podía mencionar nacimientos ni bodas.
Para mí, fue cuando mi editora me llamó y me dijo que iba a publicar mi primer libro.
—Todavía siento esa oleada de felicidad y emoción cuando pienso en ese día de hace siglos —confesé.
Todos se rieron.
A Lizzie se le humedecieron un poco los ojos cuando dio su respuesta.
—El día que conocí a mi prometido fue el mismo día en que mi negocio de lavanda recibió un gran impulso en un programa matinal, gracias a mi hermana.
—¿Cómo?
—Lo mencionaste en un programa matutino nacional y pusieron mi sitio web en la barra inferior. —Lizzie asintió—. Nuestras ventas se dispararon ese día y desde entonces todo ha ido muy bien.
—No tenía ni idea —dije.
Ella nunca lo había mencionado y yo no recordaba haber dicho nada. Sin embargo, siempre había estado orgullosa de su negocio y a menudo me preguntaban si mi gemela también era escritora.
—Y esa noche salí a celebrarlo con unos amigos y conocí a John… Fue una noche estupenda. —Sorbió por la nariz—. ¿Y tú, Lolly?
Le pasé a Lizzie unos pañuelos más. Todavía no podía pronunciar el nombre de John sin emocionarse, y me preguntaba si ese día llegaría alguna vez.
No la juzgaba ni la culpaba. Nunca había visto a dos personas más enamoradas o perfectas la una para la otra.
Que él tuviera una hija era una ventaja para mi hermana.
Yo también quería a John y a Audrey, pero Lizzie había perdido el corazón la noche en que murieron.
Después de Lolly, le tocó el turno a Kieran.
—El día que me gradué y me convertí en agente de policía —dijo—. Probablemente eso no sorprenda a nadie aquí.
—Siempre has sido buen chico —dijo Lolly, acariciándole la mejilla.
—Es posible que mamá y papá no estén de acuerdo contigo. —Se rio y negó con la cabeza.
—Todos los muchachos pasan por dificultades durante la adolescencia. Tú encontraste tu camino. No podría estar más orgullosa.
Era difícil saberlo en la oscuridad, con solo las guirnaldas de luces en lo alto, pero creo que Kieran se sonrojó.
Tenía curiosidad por saber cuáles habían sido sus dificultades. Recordé lo que había dicho, que el juez lo había enderezado años atrás. Detrás de eso había una historia.
Cuando la gente empezó a despedirse, eran casi las nueve y media de la noche.
—Ha sido una de las mejores comidas que he probado nunca —dijo Lolly—. Y eso que he probado muchas.
—Deberías embotellar esa salsa —sugirió Rob—. Te harías de oro.
—Gracias por todo —dijo Linda—. Me equivoqué.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Lizzie.
—No debería haberle hecho caso a Dave. Se merecía un velatorio, lo quisiera o no. Pero hoy me ha ayudado. Ha sido bueno escuchar tantas historias sobre él. Gracias a las dos.
—Ha sido un placer —dijo Lizzie.
Asentí con la cabeza.
—Te acompaño a casa —le dijo Matt a Linda.
—Gracias, Matty —contestó Linda, sonriéndole—. Eres un joven muy amable.
Rob y Scott no pensaban irse hasta que nos ayudaran a recoger.
—Ha sido un nuevo récord —dijo Rob.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Lizzie.
—Es la fiesta más larga que ha habido nunca en la plaza. Lo normal es que alguien acabe peleándose sobre las siete y la mitad de la gente se vaya a casa —explicó Rob.
—O que la hora tope sean las nueve —terminó Scott—. Eso se debía a que la mitad de los asistentes solían tener más de setenta años.
—No te equivocas —coincidió Rob—. Es extraño que solo quede Lolly de la vieja guardia.
—¿Las fiestas de nuestro abuelo eran así? —pregunté.
Los dos hombres se miraron y sonrieron.
—Teníamos curiosidad por ver cuándo lo preguntarías —dijo Scott—. Sí, las fiestas eran así, pero solía celebrarlas en la librería. El hombre sabía mucho de vinos y quesos. Tenía los mejores maridajes.
»Personalmente, creo que era un anciano mágico. Lo digo en el mejor sentido. Me recordaba a algunos de los actores estadounidenses de antaño. Como Cary Grant o James Stewart.
—Sí —añadió Rob—. Tenía una fuerza serena, pero también un sentido del humor seco que te hacía reír horas después de que hubiese dicho algo.
Y era inteligente. Es decir, si lo llevabas al Trivial del pub , se defendía muy bien frente al juez.
Pero, sobre todo, se preocupaba por la gente.
Y no me refiero solo a la gente de la plaza.
—Parece demasiado perfecto —apuntó Lizzie—. Podéis decirnos la verdad. Queremos saber cómo era en realidad.
Eso me sorprendió. Mi hermana era una experta en ver solo lo bueno de las personas.
—Es solo que… salvo por los libros que coleccionaba, no hay muchas cosas personales aquí en la casa —dijo—. Hay algunas fotos antiguas, pero no tenemos ni idea de quiénes son las personas que aparecen en ellas.
»Incluso he fisgoneado algunas cajas —continuó—. Estuvo en el ejército. Encontré algunas medallas y certificados. Pero no hay nada de nuestra abuela ni de nuestro padre, al que tampoco conocimos.
Los dos hombres se miraron de nuevo.
—Deberías preguntarle a Lolly —comentó Rob—. Puede que ella tenga algunas fotos antiguas. Pero tengo entendido, y esto me lo contó Linda, que cuando vuestra abuela murió, todavía joven, él envió a vuestro padre a un internado. Y se deshizo de todo lo que le recordaba a ella.