20 #2
—No lo soy —respondí—. Famosa, quiero decir.
—Sí que eres famosa. He leído sobre ti. Vendes millones de libros cada vez que sacas uno nuevo. Por eso no entiendo por qué quieres vivir en nuestro pequeño pueblo. Y en una casa antigua. Podrías comprarte un castillo con todo ese dinero.
Nunca me había gustado hablar de dinero.
—Me encanta esta casa —respondí—. Tiene el tamaño perfecto para Lizzie y para mí.
He pasado mucho tiempo con ella durante el último año y me he dado cuenta de lo mucho que la echaba de menos.
Mi hermana me da estabilidad y, de una forma extraña, creo que yo le doy lo mismo a ella.
Somos compañeras de piso muy compatibles para ser familia.
—¡Qué bonito! Yo crecí con cuatro hermanos. Todos ellos son un desastre de una forma u otra. No podría imaginarme volver a vivir con ellos.
—Quizá sea diferente para las mujeres o las gemelas —apunté, encogiéndome de hombros—. Es un gran cliché, pero, cuando ella no está, siento que me falta una parte. O sea, tenía una vida estupenda en Nueva York, pero no me di cuenta de lo sola que estaba hasta que pasé un tiempo en Texas.
Linda me miró pensativa.
—En cuanto a vivir en Shamrock Cove, ha sido muy movido. Pero también es muy bonito. El aire es limpio y el mar está ahí mismo.
—En Nueva York estás rodeada de agua.
¿Por qué parecía tan decidida a recordarme lo que me perdía?
—Pero tampoco es que pueda acercarme a la playa dando un paseo —dije riendo—. Lizzie y yo necesitábamos un cambio. Al menos por ahora, creo que Shamrock Cove es el lugar perfecto.
—Lizzie dice que es hora de comer —anunció Rob en voz alta.
—Así es —dijo mi hermana.
Todos se sentaron en las largas mesas que habíamos preparado.
—Mi hermana quiere decir unas palabras —afirmó Lizzie.
«¿Yo?».
Seguro que se me había puesto cara de susto.
« Voy a matarla ».
Me aclaré la garganta.
—Nos hemos reunido aquí para celebrar la vida de Dave.
Aunque Lizzie y yo no tuvimos el placer de conocerlo durante mucho tiempo, sabemos por vuestras historias lo fantástico que era y lo mucho que aportaba a esta comunidad.
Esperamos que sigáis compartiendo vuestras historias sobre él con nosotras. —Levanté mi copa—. Por Dave.
Linda se secó los ojos con la servilleta.
—Esperamos que disfrutéis de nuestro homenaje gastronómico a Dave —añadió Lizzie—. Nos han dicho que era un gran amante de la buena mesa. El menú de hoy es modesto, pero forma parte de muchas celebraciones en Texas. Como ha dicho mi hermana, nos encantará que nos contéis cosas sobre él.
Esperé a que todos se pusieran en fila en el bufé. Lizzie y yo nos aseguraríamos de que todos tuvieran su comida y bebida antes de servirnos nosotras. Era la costumbre tejana.
Le susurré lo que había dicho Linda.
—Creía que ibas a dejar de investigar —me susurró ella a su vez.
—Venga ya. Si hubieras visto esos papeles de divorcio, habrías intentado encontrar la manera de hacer algunas preguntas, aunque solo fuera por curiosidad. Además, fue idea tuya reunir a todo el mundo como en una novela de Agatha Christie.
—Es verdad. —Suspiró—. Matt y su madre no han aparecido. Espero que estén bien. No los insultaste, ¿verdad?
—¿Por qué siempre tengo yo la culpa?
Lizzie arqueó las cejas.
—No —añadí riendo—. Pero llamaré al pub para asegurarme de que están bien.
Justo cuando saqué el teléfono del bolsillo, Matt y su madre cruzaron la verja. Ella solo parecía unos años mayor que él, y nunca me había fijado en lo guapa que era.
—Sentimos llegar tarde —se disculpó Matt—. Nuestro camarero se ha retrasado trayendo suministros desde Dublín…
—No importa, Matty. —Su madre le dio una palmadita en el hombro—. Gracias por invitarnos. Tenéis un jardín precioso.
—Gracias —dijo Lizzie—. Nuestro abuelo tenía muy buen gusto. Ven, vamos a servirte algo de comer. —Guio a la madre de Matt hacia la cola del banquete.
—Lo siento mucho —dijo Matt—. No me gusta retrasarme. Entre que Josh ha llegado tarde y el inspector me ha interrogado por enésima vez, pensé que nunca íbamos a poder salir.
—¿Por qué te ha interrogado?
—Por algo que encontró en los documentos del juez.
Me ha dicho que no había pagado todo el préstamo y que por eso no se había transferido la propiedad, pero no es verdad.
Tengo documentos que respaldan mi versión de los hechos y se los he mostrado.
No tengo ni idea de qué se traía entre manos el juez, pero el préstamo que le había concedido a mi madre se había pagado en su totalidad.
Los documentos que yo había visto lo confirmaban.
—Tuve que ayudar al inspector con el ordenador del juez —expliqué—. Lo más probable es que se hayan fijado en los documentos que no tocan.
—¿Cómo es qué lo estabas ayudando?
—Tengo algunos conocimientos informáticos que he ido adquiriendo con el tiempo —respondí, encogiéndome de hombros.
—Los documentos que él firmó están en mi poder, pero tenía que ser él quien los presentara. Eso era lo único que nos quedaba por hacer, y el juez se estaba tomando su tiempo. No tengo ni idea de por qué.
—Me alegro de que tengas esa prueba —dije.
—Gracias a Lolly, ahora ya está hecho el trámite y por fin estamos libres de deudas.
¿Sabes?, después de hablar contigo la otra noche…
Creo que al juez le importaba más mi madre de lo que dejaba entrever.
Quizá por eso no había presentado los documentos una vez que se pagó todo.
Era su forma de seguir conectado con ella.
Lo llevé hacia el bufé.
—En lo que respecta al juez, no me sorprendería. Cuanto más oigo hablar de él, más confundida estoy. Hay quienes lo ven como un héroe y quienes lo ven como un engorro. Pero creo que era como todos nosotros, un poco de ambas cosas.
—Solo que era más gruñón con la vida en general que cualquier otra persona que haya conocido —dijo, riendo entre dientes.
—Es posible que tengas razón. ¿Alguna vez te trató…? —No sabía muy bien cómo formular la pregunta—. Por lo que he oído, no siempre aceptó a Rob y Scott.
—Ah, ¿te refieres a porque son gais? —Matt arqueó una ceja.
Me encogí de hombros.
—Nunca hablé de mi vida privada con él —dijo—. No creo que supiera cuáles eran mis preferencias sexuales. Desde luego, yo no era de los que hablaban de eso con él.
—Disculpa —dije—. Sabes que no me importan esas cosas.
—No pasa nada, Mercy, de verdad —dijo riendo—. Solo estás tratando de entender al viejo, pero te prometo que es imposible. Sí que te digo que, en lo que respecta a la ley, era justo. Pero cuando se trataba de juzgar a las personas…
—Entiendo. Ven, vamos a comer algo.
Mientras nos dirigíamos hacia la cola para comer, el inspector y Sheila cruzaron la verja.
« Ay, no. ¿Qué pasa ahora? ».