Asesinato en una librería de Irlanda (Mercy McCarthy 1) 18 #3
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—Interesante —dijo él—. Espero que entienda que ahora se ha puesto completamente en el punto de mira del asesino. Quienquiera que estuviera detrás de la casa de Brenna sabía que tomaría ese camino. Han estado vigilándola.

Sentí un nudo en el estómago.

Mi hermana se estremeció.

« Mecachis » .

—A partir de ahora, le agradecería que me trajera la información que descubra. Pero haga el favor de dejar de husmear. Está poniendo en peligro su vida y la de su hermana. No sé quién está haciendo esto, pero estoy seguro de que van en serio.

No se equivocaba.

—Me gustaría comprobar primero su historia sobre el testamento —dije—. Antes de decidir si confiamos en usted.

Lizzie se tapó la boca con la mano para ocultar su risa.

—Mi abuela tiene el número del abogado. Estoy segura de que ella puede ponerla en contacto con él. —No parecía molestarle que yo no confiara en lo que decía.

—¿Y el portátil? —preguntó Lizzie—. Le prometo que ella puede hackearlo.

Negué con la cabeza.

—En cualquier caso, conozco a gente que puede ayudarme.

—¿Delincuentes? —Arqueó una ceja.

—No tengo ni idea de qué habla.

Lizzie resopló.

—Claro. —Negó con la cabeza—. Pásese por la comisaría mañana por la mañana. Veremos qué podemos hacer.

—¿Y Dave? ¿Sabe qué lo mató?

El inspector negó con la cabeza.

—El informe preliminar dice que fue un ataque al corazón, pero aún no tenemos los resultados de las otras pruebas.

—¿No es demasiada coincidencia? —pregunté—. ¿Dos infartos tan seguidos?

—Pues sí. Tengo que irme. Por favor, intente no meterse en líos.

—Entendido —dije, agachando la cabeza para ocultar mi sonrisa, y el inspector se marchó.

—¿Seguro que tienes bien la cabeza? —preguntó Lizzie.

Asentí.

—Genial, porque me dan ganas de darte un puñetazo en la cara. —Me señaló con el dedo—. Casi me da un infarto cuando Kieran ha entrado en esa casa. ¿Por qué no has salido corriendo?

—No me ha dado tiempo —repliqué, encogiéndome de hombros—. Me he escondido debajo del escritorio, pero me ha olido.

—¿Cómo?

—Mi perfume. Lo ha reconocido.

—De una forma extraña, creo que le gustas —dijo sonriendo—. De lo contrario, esta vez sí que deberías estar en la cárcel. No puedo creer que te haya dejado hacer eso. Todavía tengo el corazón disparado. Y ahora, si quien te ha golpeado es el asesino, va a sospechar de ti.

—Ya sospechaba. ¿Recuerdas la carta amenazante?

—No hemos encontrado el papel —respondió ella, frunciendo el ceño—. Qué raro que nuestro abuelo no lo guardara en algún lugar aquí o en la tienda.

—Estoy de acuerdo. Lo que significa que el asesino lo robó a propósito. Quizá para despistar a la policía. Aquí nadie cierra la puerta con llave, así que cualquiera podría haber entrado aquí en cualquier momento.

—No estoy segura de que mi corazón vaya a volver a latir con normalidad. Tenemos que andarnos con cuidado.

—Estate atenta a tu entorno en todo momento, Lizzie. Ah, eso me recuerda algo. ¿Has hablado con una mujer que se llama Caro? Tenía intención de preguntártelo y se me ha olvidado.

—¿Es sospechosa? —Lizzie parecía confundida.

—No. Matt mencionó que solía ayudar al abuelo con la tienda. Creo que quería volver. Le ha estado echando una mano a Linda. Quizá podrías pedirle que trabaje contigo en la tienda. No me gusta la idea de que estés allí sola todo el tiempo.

—Bueno, me vendría bien la ayuda. Por suerte, hay mucho más movimiento de lo que esperaba.

—Por cierto, me ha sorprendido que Linda estuviera tramitando los papeles del divorcio. Qué raro. Parecían hechos el uno para el otro.

—Cierto. Quizá tuvieron un problema y, cuando se calmaron, cambiaron de opinión. No me la imagino como asesina —dijo Lizzie.

—Tienes razón. Estos asesinatos requirieron planificación y muchos conocimientos. No es que Linda sea tonta, en absoluto, pero es muy bondadosa. No la veo capaz de hacer daño a nadie.

—¿Necesitas ayuda en la tienda mañana? —Tenía curiosidad por revisar todas las fotos que había tomado y los documentos que me había llevado.

—No, la tienda es cosa mía. Escribir es cosa tuya. Mañana hablaré con Caro. Además, también tienes que ayudar a hackear el ordenador del juez.

Puse los ojos en blanco.

—Gracias por lanzarme a los leones.

—Ya…, no lo pensé. Es tan amable cuando no te está arrestando que a veces se me olvida que es policía.

Estaba muy preocupado por ti mientras te duchabas.

No paraba de pedirme que fuera a ver cómo estabas, y lo decía con sinceridad.

No creo que sea el asesino. Parece que se preocupa de verdad por la gente de aquí.

También hay que plantearse que el asesino sea alguien ajeno a la plaza, pero que pueda estar familiarizado con los vecinos.

Por lo que ha dicho, el juez tenía muchos enemigos.

No hay nada más personal que alguien que te envía a la cárcel durante la mayor parte de tu vida.

—Buena observación —coincidí—. No te lo discuto. Pero tengo la sensación de que es alguien más cercano de lo que cree el inspector, y no puedo quitármela de la cabeza.

—Espero que te equivoques. —Se estremeció.

—Yo también.

Pero ¿y si el asesino estaba mucho más cerca de lo que todos creíamos?