Asesinato en una librería de Irlanda (Mercy McCarthy 1) 15 #2
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Cogí mi tercera galleta. Tenía que parar, pero eran recetas de mi madre y estaban tan ligadas a mi infancia que me hacían sentir como si ella estuviera allí con nosotras.

—Pero centrémonos en la fiesta de la noche que llegamos. ¿Escuchaste alguna conversación con el juez?

—Habló con Lolly —contestó, cerrando los ojos—. Estaban hablando de un festival literario para el que faltaba poco. Pero era algo inocente. Ah, recuerdo que llamó tramposo a Scott. Algo así como: «Si no es el ladrón de rosas…». —Abrió los ojos—. ¿Qué crees que significaba eso?

« El ladrón de rosas ».

—Ni idea —respondí, encogiéndome de hombros—, pero añadiré la pregunta a nuestra lista. Sabemos lo de la gastroneta de Rob. Luego, la remodelación de Linda de la calle principal.

—¿Y creemos que Lolly no sabía que se quedaría con la casa? Estoy segura de que el juez le dijo algo.

—Tienes razón sobre Lolly, la mantendré en la lista. El juez no era el mejor tipo del mundo y ella tenía motivos para cargárselo. Más de uno. Quizá quería tener a su nieto más cerca. O quizá nunca perdonó al juez por abandonarla.

El desamor era un gran motivo, pero había pasado hacía años, y ni siquiera mi mente sospechosa podía imaginar a Lolly como una asesina.

—Por la forma en que hablaba de esa situación —señalé—, parecía que él le había hecho un favor. ¿De verdad creemos que fue Lolly? —Mi instinto me decía que no, pero seguía sin tener pruebas.

—Supongo que no —dijo Lizzie.

—Rob y Scott se mostraron muy conmocionados por la noticia del asesinato del juez. Tendrían que ser actores de talla mundial para fingir esa reacción.

—Sí. —Lizzie arrugó el rostro—. Así que, al menos, eso descarta a algunos de la lista. Pero ¿quién querría matar a Dave? Parecía un chico bastante tranquilo.

—Tienes razón. ¿Qué relación tenía con el juez?

—Es horrible decirlo, pero ¿y si murió por causas naturales? No estaba en muy buena forma. —Puso los ojos en blanco—. No puedo creer que haya dicho eso.

—Pero tienes razón.

Tenía barriga, a pesar de que resultara violento decirlo, así que podría haber sido un infarto.

—Pobre Dave. No puedo creer que haya muerto.

—Era uno de mis principales sospechosos —confesé—. Pero, a menos que haya muerto por causas naturales, el asesino tiene que ser otra persona.

Lizzie suspiró.

—¿Qué ocurre? —pregunté.

—Esta noche me ha recordado la celebración de la vida de mamá y lo mucho que significaba para todos. Dios, la echo de menos. Si alguien no nos estuviera amenazando, a ella le parecería muy divertido todo esto.

—Cierto —dije. A mamá le encantaban las buenas novelas de misterio.

Probablemente era una de las razones por las que me había dedicado a ese género—.

Necesitamos un plan, uno de verdad. Tenemos que empezar a tachar nombres de la lista.

Debe ser alguien que supiera qué receta iba a preparar Brenna.

Ella dijo que había una lista de platos en el correo electrónico.

Tiene que ser alguien que conociera sus ingredientes y tuviera acceso a su casa.

—Linda, Matt, su madre y Lolly cocinan —apuntó Lizzie—. Pero ¿cómo iban a saber Matt y su madre cómo entrar en casa de Brenna o qué aceite usaba en una receta? A menos que fueran muy amigos y nosotras no lo sepamos.

—Cierto.

—¿Y Linda haría daño a Dave? Parecía quererlo mucho.

Mi hermana tenía razón.

—Quizá sea solo una coincidencia —conjeturé—. Su muerte fue repentina.

—Pero tus ojos dicen que es demasiada coincidencia.

—¿Qué podrían tener en común el juez y Dave para que alguien quisiera matarlos? —Suspiré.

Lizzie se encogió de hombros.

—Si logramos encontrar la respuesta, tal vez descubramos quién es nuestro asesino.

—Todo esto es muy confuso. —Se estremeció.

—Aunque hayamos descartado a Rob y Scott de la lista, tenemos que averiguar qué pasaba con las rosas —recordé—. Te voy a dejar eso a ti, ya que eres la jardinera.

—No se me da muy bien la parte de la investigación —contestó, frunciendo el ceño—. ¿Y si digo lo que no toca?

—Empieza a hablar de jardinería. ¿Es que no te conoces? Eres propietaria de una granja de lavanda. Podrías hablar de flores y plantas todo el día.

—Es verdad.

—Pues eso es lo que tienes que hacer. Dile que has oído hablar de sus rosas premiadas. Y luego ya verás a dónde lleva la conversación. No le preguntes por el juez. A ver si menciona cuál pudo ser el motivo de la disputa entre ellos.

—Buena idea —dijo ella—. También creo que deberíamos organizar una fiesta de inauguración de nuestra casa. La gente sigue haciendo eso, ¿no? En lugar de regalos, pediremos recetas y esquejes.

—Es una idea brillante —celebré.

—No puedo atribuirme el mérito. Estaba pensando en todos esos libros de Agatha Christie que me hiciste leer.

—¿Que te hice leer?

—Vale, el primer libro que me hiciste leer fue como una droga de iniciación.

—Se rio—. En fin, su inspector Poirot tenía la costumbre de reunir a todos los sospechosos en una habitación y luego identificar al asesino.

Tendremos que esperar un poco, para que Linda no piense que estamos faltando al respeto a la memoria de Dave.

—Es una buena idea. Quizá podríamos hacer la fiesta en su honor. Incluir a todos los de la plaza, al inspector, a Matt y a su madre.

—Todo eso del pub y el préstamo me confunde —dijo—. ¿Por qué quería retrasar el juez la entrega de esos documentos? Si no se llevaban bien, habría querido dejar de tener cuentas pendientes con Matt y su madre. Creo que, en secreto, se preocupaba por ellos. Si no, ¿por qué habría ayudado a la madre?

—Entonces, ¿estás diciendo que, a pesar de que puede que el juez fuera un idiota, tal vez tuviese un lado tierno? —pregunté—. Sí, parece lógico. Supongo que esta noche hemos conocido una faceta diferente de él gracias a quienes han hablado en el velatorio.

—Tampoco diría que tuviese un lado tierno, exactamente. Pero quizá se sentía responsable de alguna manera. ¿Acaso la abuela de Matt no tenía otra familia a la que pudiera enviar a su hija? No sé. Me parece extraño que el juez acogiera a su hija, teniendo en cuenta que ella lo había abandonado.

—Sin duda, es un enigma —coincidí—. Todavía estoy tratando de asimilar lo que todos han dicho sobre él esta noche. Parecía ayudar a muchas familias a permanecer unidas o a los padres a recuperar a sus hijos.

—Sí, parecía haber un patrón. Así que no era tan malo. ¿Cuándo hacemos la fiesta? Estoy lista para acabar con esto de un modo u otro.

—Tenemos que invitar a todos los que están en nuestra lista de sospechosos, lo que incluye a las personas de la plaza que aún están vivas y a Mattie y su madre —dije, frunciendo el ceño—.

Vamos a consultárselo primero a Lolly. Necesitamos asegurarnos de no entrar en conflicto con ningún otro evento que esté previsto en la plaza o en el pueblo.

Tienes que hablar con Scott sobre las rosas.

Puedes contarle lo de los esquejes y las recetas.

Y pregúntale si podrías conseguir uno de sus famosos rosales.

—¿Y tú? —preguntó, asintiendo.

—Tenemos que dar el pésame a Linda y averiguar qué piensa hacer para despedir a Dave. Y yo tengo que entrar en la casa del juez mañana por la noche. Hay menos posibilidades de que me vean bajo el amparo de la oscuridad.

—Oh, Dios, eso significa que me tocará vigilar otra vez. Me pone nerviosa. ¿Cómo voy a explicar que esté trabajando en el jardín por la noche? ¿Y si nos ofrecemos a limpiar la casa del juez antes de que se mude el inspector?

—Demasiado obvio, ¿y por qué iban a dejarnos?

No creo que Lolly lo permitiese. No, tengo que colarme y tú no tienes por qué estar trabajando en el jardín.

Podrías simplemente sentarte en el banco de enfrente.

O podrías estar revisando los focos solares.

Me he dado cuenta de que uno de los nuestros está torcido.

—Ah, qué buena idea. Pero ¿qué hago si alguien se dirige hacia la casa del juez?

—Síguelo y habla muy alto. Dame tiempo para salir por la parte de atrás.

—Ojalá no me lo hubieras contado. Ahora, no voy a poder dormir. —Cogió otra galleta y luego la dejó—. Sé lo que dije sobre husmear, pero estamos juntas en esto. Espero que sobrevivamos al proceso.

No le faltaba razón. Era peligroso, pero no veía otra opción.