Asesinato en una librería de Irlanda (Mercy McCarthy 1) 15
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Después de hablar con el inspector, fui en busca de Matt. Tenía curiosidad por saber qué pensaba sobre el hecho de que la casa del juez fuera a parar a manos de Lolly y su nieto. Estaba detrás de la barra, apilando vasos. Había desaparecido poco después de que la gente elogiase al juez.

—Hola —le dije—. ¿Estás bien? He visto que te escabullías poco después de que hablara el inspector.

Dejó sobre la barra el paño que había estado usando para sacar brillo a los vasos.

—Me cuesta escuchar cosas buenas sobre el viejo. —Luego, se encogió de hombros—. Nos hizo la vida imposible a mi madre y a mí. Sin ningún motivo, en realidad. Bueno, excepto que era la hija de mi abuela.

—Estoy confundida.

—El juez no era mi abuelo biológico. Acogió a mi madre cuando murió mi abuela, que era la exmujer del juez. Mi madre tenía unos catorce años y su verdadero padre la había abandonado. Los servicios sociales llamaron al juez y él la acogió.

« Así que no están emparentados genéticamente » . Al fin encajó esa parte del rompecabezas.

—Mamá siempre dice que fue lo peor que le pasó en la vida. Fue entonces cuando el juez se mudó de Dublín aquí. Por lo que ella cuenta, siempre hubo un rechazo mutuo entre ellos. Estuvo resentido con ella desde el principio.

Me había preguntado cómo habían llegado a existir Matt y su madre, ya que Lolly había dicho que el juez no podía tener hijos. Ya tenía la respuesta.

—Entonces, ¿no te molesta que la casa sea para Lolly?

—Eh… No. —Se rio—. No te ofendas, pero hay que ser un tipo de persona concreto para vivir en la plaza. Mamá y yo somos más espíritus libres. No nos gustan las reglas ni que la gente nos diga lo que tenemos que hacer.

—Creo que me has herido. —Era una broma, pero no le faltaba razón.

—Excluyendo a la presente —dijo—. Eres creativa, así que sé que lo entiendes. Además, a mamá le encanta vivir encima del pub . Le gusta poder levantarse de la cama y estar ya en el trabajo.

—Y a mí me gusta mucho mi casita junto al mar. Despertarme cada mañana con esas vistas es algo a lo que no voy a renunciar fácilmente.

—Ah, ¿dónde está? El otro día estuve en la playa y no vi ninguna casa junto al mar.

—A unos quince minutos a pie por la costa. Hay un grupo de casitas en lo alto del acantilado. La compré cuando regresé al pueblo. Así que no, no teníamos ningún interés en la casa del juez.

—¿Y el pub ? —inquirí, preguntándome si había algo más.

—Sí, su muerte nos ha ayudado a obtener el control total del negocio.

Yo ya le había devuelto el préstamo que le había dado a mi madre.

El juez solo tenía que presentar los papeles, pero lo estaba retrasando porque le salía de las narices.

Creo que quería tener la sensación de que nos podía controlar en parte a mi madre y a mí.

De todos modos, Lolly nos ha dicho que ya le ha pedido al abogado que presente los papeles necesarios.

Así que el pub vuelve a ser nuestro, libre de cargas.

—Entonces, ¿no os ha dejado nada?

—El contenido de su casa, si lo queremos.

No he estado allí en años. No recuerdo haber querido nada de allí.

Pero Lolly dice que tenemos un mes para llevarnos lo que nos apetezca.

Mamá se sorprendió de que nos dejase algo.

Y creo que Lolly piensa darle la casa al inspector.

Es el tipo adecuado para la plaza. Le gustan las reglas.

—Es verdad —coincidí.

Nos reímos.

Me excusé para ir al baño, pero algo bloqueaba la puerta que daba al pasillo donde estaban los aseos. Empujé con todas mis fuerzas, pero la puerta no se movía.

—¿Qué pasa? —preguntó Kieran.

Di un pequeño salto. Ese hombre era demasiado sigiloso.

—No puedo abrir la puerta. Hay algo bloqueándola desde el otro lado.

—Déjeme intentarlo.

Empujó con fuerza, tensando los músculos bajo la camisa. La puerta se abrió solo un poco, pero lo suficiente para que yo pudiera pasar.

—Ya está, déjeme pasar. —Me deslicé por el pequeño espacio y me detuve. Tragué saliva.

—¿Qué pasa?

—Es Dave. —Suspiré—. Y creo que está muerto. —Sentí náuseas y un nudo en el estómago.

—Hay otra entrada por la cocina, voy para allá. No toque nada —ordenó.

No tenía por qué preocuparse. Estaba paralizada por el hecho de que hubiera un hombre muerto en el pasillo.

Dave estaba bocabajo, pero su cuerpo se encontraba en un ángulo extraño, como si acabara de caerse.

No había sangre, por lo que di gracias. Su brazo derecho estaba extendido, como si hubiera intentado evitar golpearse contra el suelo.

Saqué el móvil del bolsillo e hice algunas fotos. No sabría decir por qué. Solo pensé que, si me culpaban de su muerte, tendría algo que mostrar para demostrar mi inocencia.

Cuando me guardé el teléfono en el bolsillo, Kieran apareció desde la cocina.

Comprobó sus signos vitales y luego negó con la cabeza. A continuación, llamó por teléfono a Sheila para que llevara kits de pruebas y al forense.

—¿Puede decirme cómo ha muerto? —le pregunté.

—No —dijo, levantando la mirada hacia mí—. ¿Por qué no se va a casa? Hablaré con Mattie y su madre para que cierren el pub . No hay nada que podamos hacer por Dave ahora. Si necesito algo de usted, me pasaré más tarde.

—Yo no lo he matado —afirmé. Mi voz era un susurro.

Se quedó mirándome durante treinta segundos enteros. Lo sé porque los conté.

—Lo sé.

—¿Hay alguna posibilidad de que haya sido por causas naturales? —inquirí.

—Es demasiado pronto para saberlo. —Se encogió de hombros.

Asentí con la cabeza, pero tenía la horrible sensación de que alguien había matado a nuestro vecino.

Más tarde, esa misma noche, Lizzie nos preparó chocolate caliente y nos sentamos una frente a la otra, comiendo las galletas con trocitos de chocolate que había horneado después de volver a casa.

Mi hermana hace repostería cuando está estresada, otra razón por la que había ganado algo de peso mientras vivía con ella.

Habíamos discutido hasta la saciedad la muerte de Dave y habíamos pasado a la cuestión de que el inspector se instalaría en la plaza.

—Técnicamente, supongo que es una forma de mantener la plaza vinculada a las familias que se originaron aquí —dije.

—Tener a un policía tan cerca no está tan mal —añadió ella—. Pero ¿cómo se supone que vamos a resolver los asesinatos si lo tenemos vigilando cada uno de nuestros movimientos?

Sonreí.

—¿Qué? —preguntó ella, metiéndose media galleta en la boca.

—Es curioso que hayas cambiado tanto de opinión con respecto a la investigación. No sabemos si asesinaron a Dave. Pero, si es así, no es una situación segura para nosotras. Debemos tener cuidado.

—Una mujer puede cambiar de opinión —hizo una mueca—, y eso fue antes de darme cuenta de que el inspector estaba decidido a cargarnos el muerto. Aquella noche con Brenna pensé que por fin había entrado en razón. Tú has encontrado el cadáver de Dave. Puede que intente inculparte también por eso.

—No creo. Cuando me ha dicho que me fuera a casa, estaba de verdad preocupado por lo que vio en mi rostro.

—Conmoción, seguramente.

Asentí con la cabeza.

—¿Crees que habrá sido solo una coincidencia y que tal vez haya fallecido por causas naturales?

—Mi cabeza quiere decir que sí —respondí, encogiéndome de hombros—, pero mi instinto dice que no. Las dos muertes están relacionadas.

—¿Quizá porque así sería un misterio mejor para un libro?

—Podría ser. Pero que haya muerto en el velatorio…, eso es demasiado.

—Como no has visto ningún traumatismo externo, ¿crees que lo han envenenado como al juez? —preguntó Lizzie.

—Es posible. Quizá descubrió algo sobre el asesino.

—Parecía un chico agradable, aunque no pasamos mucho tiempo con él. —Frunció los labios—. Y parecía querer a su mujer.

—Pobre Linda. Estaba muy enamorada de su marido.

Lizzie asintió.

—No soy la única que está un poco asustada porque la gente está cayendo como moscas por aquí, ¿verdad?

—No. —Respiré hondo.

—Entonces, ¿qué hacemos ahora? Porque sé que no vas a dejar de investigar.

—Bueno… Seguramente pasará un tiempo antes de que descubramos lo que le ha ocurrido a Dave. Lo más probable es que Lolly lo sepa antes que nadie. Así que lo primero será hablar con ella. Pero creo que debería seguir investigando quién pudo haber matado al juez y por qué.

—Ahora es aún más peligroso. Y dijiste que el inspector no cree que fueras tú.

—Ya, pero ahora tiene dos muertes en sus manos. No sacarán las cosas del juez por lo menos hasta finales de mes. Eso nos da un par de semanas. Todavía tengo que entrar en su casa. Estoy segura de que el inspector la registró, pero…

—¿Qué? —preguntó ella.

—Es una suposición, pero ¿y si todo esto fuera una estratagema para hacerse con el control de esa casa?

—No estarás sugiriendo que el inspector mató al viejo juez para quedarse con su casa —replicó, poniendo los ojos como platos—. O sea, no soy su mayor admiradora, pero parece un tipo honesto. ¿Y por qué matar a Dave a menos que este hubiera descubierto algo?

—Tenemos que pensar en todas las posibilidades.

¿A quién ha beneficiado más la muerte del juez?

Por lo que nos contaron Matt y Kieran, la mayor parte del dinero ha ido a parar a organizaciones benéficas.

El contenido de la casa es para Matt y su madre.

Pero la casa la ha heredado Lolly, que se la dará al inspector.

Lizzie se mordió el labio.

—Solo digo que es una posibilidad. Debemos tener en cuenta a todo el mundo y meditarlo. Si no fuera un agente de la ley, lo pondríamos el primero en la lista.

—Es cierto —dijo ella—. Pero no me encaja. Aunque para nosotros haya resultado un fastidio, fíjate en cómo lo trata la gente. Es muy respetado y parece justo.

—Parece ser… Esa es la frase de la que debemos desconfiar. ¿Y por qué sigue señalándonos a nosotras?

No creía que el inspector fuera el asesino, pero tenía que hacer de abogado del diablo. Era demasiado estricto con las normas. Quizá no lo había sido en el pasado, pero ahora era evidente.

Aunque no quisiera admitirlo, era un buen tipo.

—Técnicamente, no nos está señalando. —Lizzie se encogió de hombros—. Solo que… No, tienes razón.