Asesinato en una librería de Irlanda (Mercy McCarthy 1) 14 #3
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Todos dijeron « sláinte » y luego bebieron de sus vasos.

Era extraño ver al inspector emocionado. Y me pregunté qué quería decir con lo de ser un delincuente. Todos habían actuado como si fuera una broma.

Lolly leyó un versículo de la Biblia. Luego, el cura dijo unas palabras y una oración.

Cuando terminó, nadie tenía prisa por marcharse.

—No ha estado mal como despedida —dijo Rob a mi lado. No había visto a nadie más de la plaza, excepto a Lolly.

—Nunca había estado en un velatorio —comentó Lizzie.

—Algunos son un poco más animados que este, con más alcohol y mucho baile. —Sonrió Rob.

—Así es como queremos irnos —dijo Scott al unirse a nosotros—. Con una gran fiesta. Pero esto le va bien al juez. No era demasiado fiestero.

Los dos hombres se rieron como si fuera una broma privada.

—Me ha sorprendido que haya venido tanta gente —comenté.

—Nos gustaba meternos con él, pero ayudó a mucha gente —dijo Scott—. ¿Ya has averiguado quién lo mató?

Lizzie dio un grito ahogado. Yo casi derramé mi café.

—¿Qué? —pregunté.

—Se rumorea que fue asesinado —afirmó Rob—, aunque nosotros no lo creemos.

Y vosotras dos nos hicisteis muchas preguntas cuando os invitamos a casa la otra noche.

Hemos decidido que estáis fingiendo ser Nancy Drew.

Lo que no entendemos es por qué el inspector sigue llevándoos a la cárcel.

¿Lo matasteis vosotras? Habíamos oído que las mujeres de Texas eran peligrosas.

—Rob se rio como si fuera lo más gracioso del mundo, y Scott lo imitó.

—No, no teníamos motivos para matarlo. —Suspiré—. Parece que Kieran no nos tiene demasiada simpatía. Y no estamos investigando nada. No tengo ni idea de lo que estáis hablando.

Supongo que no habíamos sido tan discretas como querríamos. Probablemente porque nunca habíamos tenido que resolver un asesinato.

—Y, en mi defensa, diré que soy una persona curiosa por naturaleza. Siempre hago muchas preguntas.

—Tiene razón. Si parece que hace muchas preguntas, es porque tiene un libro en la cabeza y nos ha convertido a todos en personajes —dijo Lizzie. Siempre había sido rápida de reflejos—. Lo hace todo el tiempo.

—Ah, qué buena noticia —celebró Scott—. Siempre he querido ser un personaje de un libro o una serie de televisión. Comentaste que te estaba costando volver a coger el ritmo de escribir. ¿Te ha inspirado Shamrock Cove?

Asentí con la cabeza.

—Ahora va bien. Supongo que siento curiosidad porque una de las veces que nos llamaron a la comisaría, nos enteramos de que el juez había sido asesinado. —Lo dije a propósito para ver sus reacciones.

La conmoción fue evidente.

—¿Asesinado? —susurró Scott. Los dos hombres se miraron y negaron con la cabeza—. Entonces, ¿es cierto?

—No es posible —intervino Rob—. Nos habríamos enterado.

—El inspector no ha dicho nada en público —dijo Lizzie—, pero mi hermana dice la verdad. Creo que no era su intención que nos enterásemos. Pero las dos lo oímos.

—Cuesta creer que haya podido ocurrir algo así en la plaza —reflexionó Scott—. No creo que hayamos tenido ningún delito…

—Hasta que nos mudamos aquí —completé la frase.

—Que conste que sabemos que no fuisteis vosotras. Pero podría haber sido alguien de esta sala —apuntó Scott.

—Qué miedo —dijo Rob mientras miraba a su alrededor.

La conmoción y el temor en sus rostros me hicieron creer que no tenían nada que ver con la muerte del juez, aunque el aceite de cocinar pudo haber contribuido a la muerte del juez. Ni Scott ni Rob podían ser tan buenos actores. Estaban de verdad sorprendidos y alarmados.

« Bueno, dos personas que han pasado al final de la lista » . Aún no tenía pruebas definitivas de que no lo hubieran hecho, pero la conmoción en sus rostros lo decía todo.

—Nos ha sorprendido que todo el mundo dijese cosas tan bonitas sobre él —señaló Lizzie.

—La gente siempre dice cosas bonitas de los muertos —dijo Linda al acercarse. Su marido Dave estaba a su lado.

Rob frunció el ceño y Scott arqueó una ceja.

—¿Qué pasa? Es cierto. Todos fingimos que era un pilar de la comunidad, pero también sabemos la verdad. Puede que fuera un buen hombre para muchos, pero tenía una vena cruel.

—Linda —dijo Dave—, no creo que sea el momento.

—No soy de las que van hablando mal de los muertos. Solo creo que deberíamos ser sinceros sobre quién era. Pero supongo que era como la mayoría de nosotros. Ninguna persona es perfecta, yo menos que nadie. Ni ninguno de nosotros, en realidad.

Sorbió por la nariz y se alejó.

—Lo siento —dijo Dave—. No le sienta bien ningún tipo de muerte. Siempre tiende a decir cosas inapropiadas. Creo que es la que está más afectada de todos nosotros.

Por la mirada de tristeza en su rostro, parecía que de verdad estaba afectada.

¿Podría Linda ser la asesina?

Parecía simpática, y no podía imaginarla como una asesina. Su marido, en cambio…

—¿Eras amigo del juez? —le pregunté a Dave.

—No diría que éramos amigos —respondió—, pero me llevaba mejor con él que mi mujer. Debería ir a buscarla.

Lo vimos seguir a Linda.

—Sé lo que estás pensando, pero… —dijo Rob.

—¿Qué? —pregunté.

—Puede que odiara a ese viejo cabrón, pero no tiene las agallas para matar a alguien.

—No más que nosotros —añadió Scott, y luego se giró hacia mí—. ¿Somos sospechosos?

Lizzie se atragantó con el té y yo le di unas palmaditas en la espalda.

—Tendrás que preguntárselo al inspector —respondí—. No tiene nada que ver con nosotras. Deberíamos presentar nuestros respetos, Lizzie.

—Hasta luego —dijo Lizzie, despidiéndose de los dos hombres con un gesto de la mano.

—Adiós al secreto de nuestra investigación —susurró mientras nos dirigíamos al ataúd.

—Pues sí… Y tendremos que mejorar tu cara de póquer.

—Nunca he tenido mucha, por eso no puedes pedirme que mienta —musitó.

Le sonreí.

—¿Quién crees que se quedará con la casa del juez ahora? —preguntó mientras bisbiseábamos junto al ataúd—. Las normas de la plaza son muy confusas. Como no tenía familia, ¿qué pasará?

—Se la ha dejado a mi abuela —dijo el inspector, que estaba detrás de nosotras.

No gritamos, lo que probablemente no habría quedado bien en el velatorio, pero puede que diéramos un pequeño salto.

—No se lo preguntábamos a usted —dijo Lizzie—. Pero yo pensaba que tenía que ser para alguien de la familia.

—Eso iba a decir yo —señalé, volviéndome hacia él.

Él sonrió con aire burlón.

—Hay una laguna legal por la que la casa se puede dejar a alguien que viva en la plaza. Si no se dejara a nadie, se haría un sorteo. Los residentes de Shamrock Cove podrían inscribirse y se elegiría a unos cuantos. Los miembros de la plaza votarían entonces a quién de ellos se adjudicaría la casa.

—Interesante —observé—. Pero ¿qué va a hacer Lolly con otra casa? La suya es preciosa…

—Me la regalará a mí —contestó él.

—¿Aceptaría una casa que debería haber sido para Matt o su madre? —Era posible que hubiese puesto cara de asco.

—No he aceptado nada. Solo he dicho que el juez se la legó a mi abuela, quien, como miembro de la plaza, puede legársela a un miembro de su familia. Me enteré hace una hora más o menos. Todavía no sé qué haremos.

Dios mío . El inspector podría ser nuestro nuevo vecino.

—Hay algo que necesito decirles a ambas. —Su voz transmitía una fuerza tranquila.

—¿Qué pasa ahora? —preguntó Lizzie, levantando la barbilla en señal de desafío.

Hice todo lo posible por no sonreír.

—Me gustaría disculparme, aunque estaba haciendo mi trabajo. Entiendo que podría haber sido más considerado.

—¿Ha sido Lolly o sus jefes quienes han insistido en que se disculpe? —pregunté.

—Ninguno de los dos. Tiendo a centrarme en las pruebas y no siempre tengo en cuenta cómo puede afectar a los implicados el hecho de ceñirme a ellas.

—Entonces, ¿no cree que matásemos a nadie?

—Nunca lo he creído. —Suspiró—. Solo seguía las pistas que había descubierto. Y deben admitir que resultaba extraño que alguien utilizara el mismo papel que su abuelo compró para su tienda.

Asentí con la cabeza.

—Todos podemos tener una visión limitada —dije. Y, sintiendo un poco de pena por él, le tendí la mano—. ¿Amigos?

Él miró mi mano durante unos segundos y luego la estrechó.

—Sí, es mejor tenerla de mi lado que en mi contra.

Mi hermana y yo nos reímos.

—Está aprendiendo —sentencié.

—Debería hacer una ronda. —Asintió y se dirigió hacia los corrillos.

—Bueno, eso ha sido inesperado —dije.

—Estoy de acuerdo. Pero ¿estás pensando lo mismo que yo? —preguntó Lizzie.

Asentí con la cabeza.

¿Por qué no habían heredado la casa Matt o su madre?