12 #2
—No se han peleado —contestó, poniendo los ojos en blanco—.
Ahora que tu abuelo y el juez ya no están, Linda ha pedido formar parte de nuestro equipo del Trivial del pub .
Brenna había ocupado el lugar de tu abuelo.
Cuando Linda se ha enterado de que os había invitado a vosotras esta noche porque Brenna no está, no le gustó que la hubiéramos excluido.
—¿Por qué no les dejáis que jueguen en vuestro equipo?
Rob Miró a Lolly, que sonrió.
—Porque Dave cree que lo sabe todo y, sin embargo, se equivoca en todas las respuestas —respondió Rob, susurrando la última parte—. Pero es muy convincente y Linda lo protege. Ya lo verás.
La historia me pareció muy propia de la época del instituto, pero la dinámica era fascinante. En mi mente había tomado forma un nuevo libro y los correspondientes personajes. Todos parecían llevarse bien en la fiesta, pero, a medida que iba desvelando capas, salía a la luz nueva información.
« Basta . Tienes que terminar el libro en el que estás trabajando » .
Aun así, no quería olvidarlo. Escribí algunas notas en el móvil. Cuando levanté la vista, mi hermana me miró fijamente. Luego, sonrió mientras negaba con la cabeza.
Llevaba allí el tiempo suficiente como para saber lo que estaba haciendo.
Scott regresó con nuestras pintas.
—Buenas noches a todos, nuestra primera categoría de esta noche es geografía —dijo Matt por el micrófono.
—Yo paso —dijo Lizzie.
—Pues yo no soy mucho mejor —admití, riendo.
—Lolly es bastante buena en esto —dijo Scott—. Vuestro abuelo era el mejor. De hecho, era nuestro mejor jugador. Tenía un conocimiento bárbaro de cultura general.
—Ah, ¿sí?
Me encantaba saber más cosas sobre él y me gustaba que tuviera conocimientos generales. Obviamente, tenía muy buen gusto para los libros y el diseño. Su casa era preciosa y no parecía que hubiera sido propiedad de un anciano durante tanto tiempo.
—Primera pregunta de la noche: ¿cuál es la capital de Nueva Zelanda? —preguntó Matt.
Lolly puso los ojos como platos.
—¿Es Auckland? —preguntó Lizzie.
—Podría ser. —Lolly se encogió de hombros.
—Eeeh, es… —Miré a mi alrededor, y vi que otros estaban escuchando nuestra conversación, incluida la mesa de Linda y Dave.
Saqué un bolígrafo del bolsillo de mi jersey, junto con la pequeña libreta que llevaba conmigo, y escribí: «Wellington»—.
Solo lo sé porque hace cinco años firmé libros allí y la mujer que me acompañaba en coche me dio una magnífica visión histórica del lugar.
—La mujer pensaba que sería un buen escenario para una novela de misterio.
La gente me decía eso muy a menudo, pero no me molestaba.
Scott, que sostenía la tablet en la que grabábamos nuestras respuestas, miró a Lolly y luego a Rob, que asintieron.
Escribió la respuesta.
Matt tenía la mirada clavada en la tablet que estaba sobre la barra, donde supuse que se registraban las respuestas.
—Quedan diez segundos —informó—. Bien, se han registrado todas las respuestas. La respuesta a la primera pregunta es Wellington. Solo ha acertado un equipo.
Nuestra mesa vitoreó.
Dave y Linda nos fulminaron con la mirada.
« Uy » .
—Siguiente pregunta: ¿cuál es la moneda de Dinamarca?
—Ah, esta es fácil —dijo Lolly—. Dame la tablet . —Escribió «corona».
Una hora más tarde, nuestra mesa había ganado la primera ronda. Todos los miembros de nuestro pequeño grupo habían contribuido con algo, lo que lo hizo aún más divertido.
—Haremos un descanso de quince minutos antes de la segunda ronda —anunció Matt—. La cocina tiene una nueva tanda de patatas fritas, venid a por ellas mientras estén calientes.
—¿Vas a buscar? —me preguntó Lizzie—. Tengo que ir al baño.
Asentí con la cabeza.
Linda se me acercó en la cola.
—Sois unos máquinas —me dijo. Su tono y su gran sonrisa sugerían que lo decía de corazón.
—Espero que no te moleste —dije, pero, en cuanto las palabras salieron de mi boca, me di cuenta de que debería haberme callado.
—¿A qué te refieres? —preguntó, frunciendo el ceño.
—A que hayamos, eh, ayudado al equipo esta noche.
—No lo entiendo. ¿Por qué iba a importarme? —Parecía genuinamente confundida.
—Si no hubiéramos estado aquí, quizá tú y Dave podríais haber participado en el equipo de la plaza.
Ella se echó a reír.
—Ah… No, querida. ¿Es eso lo que han dicho Rob y Scott?
Ahora me sentía en medio de algo de lo que no tenía ni idea.
—Solo pensé que, como muchos de los miembros eran de la plaza… —No sabía qué pretendía conseguir con esas palabras.
—No tenemos ningún deseo de formar parte del equipo —afirmó ella—.
Cuando murió tu abuelo, lo pedí, pero el juez fue tan grosero al respecto que no volví a cometer ese error.
Y, para que conste, adoro a Rob y Scott.
Sé que no son mis mayores admiradores. Principalmente, porque no hice un arcoíris de lana para el escaparate en junio del año pasado.
Pero planifico mis escaparates y mis pedidos de lana con un año de antelación.
Ya viste la mariposa que hice para la primavera con esos colores —añadió.
Aunque había visto el escaparate, no me había dado cuenta de que era una mariposa.