11 #3
—Vaya, sí que está al tanto de lo que ocurre en la plaza y en Shamrock Cove.
—Los pueblos pequeños son así —dijo, encogiéndose de hombros—. ¿Qué es lo que quería enseñarme?
Dejé la carta sobre la mesa y esperé.
Frunció el ceño y luego la cogió. La sostuvo bajo el foco del techo.
—Dígame cuándo y cómo la ha recibido.
—Sobre las tres de la madrugada. Creo que fue lo que me despertó. Me había quedado dormida en mi estudio. La metieron por el buzón de la puerta.
—Es un tipo de papel muy específico —señaló.
Asentí con la cabeza.
—Me pasé para dársela esta mañana, pero estaba en Dublín.
—Sí. Quería que analizaran enseguida ese frasco y también asegurarme de que Brenna se marchaba sin ningún problema.
—¿Ha sabido algo más del laboratorio? —No mencioné lo que había visto esa mañana.
Aún no había tenido noticias de mi amigo Jack, salvo por un mensaje automático que avisaba de que estaba fuera de la oficina.
Si se encontraba en uno de sus viajes, podrían pasar meses antes de que revisara su correo electrónico.
—Me preocupa esta carta —dijo, negando con la cabeza—. ¿Qué creen que ha hecho?
—Ni idea. Esperaba que usted pudiera ayudarme. Sabemos que yo no maté al juez, así que tiene que ser otra cosa.
Se quedó mirándome y cruzó los brazos, inclinando la cabeza.
—Bueno, al menos yo sé que no lo maté. Incluso usted tiene que admitir que este asesinato requirió cierta planificación.
¿Puede siquiera probar que fue un asesinato?
—Me detuve. Se suponía que no debía haber visto los informes del médico forense—.
Tuvieron que colocar las gambas antes de que llegáramos mi hermana y yo. Al menos puede admitir eso.
Frunció el ceño, pero no dijo nada.
—Da igual. Como mínimo, hemos demostrado que yo no tenía ningún motivo. Así que no pueden culparme de su asesinato. Quizá piensen que hice otra cosa. Por eso le pido su ayuda.
—¿Hay alguna cosa en su historia reciente en Estados Unidos? ¿Noticias o algo que alguien pudiera usar para chantajearla aquí?
Resoplé, pero luego incliné la cabeza. ¿Me había seguido hasta allí mi acosador? No. Había tenido mucho cuidado de mantener mi traslado en secreto. Además, llevaba meses en Texas. Había hecho una breve parada en Nueva York para recoger mi ropa de invierno, pero solo habíamos estado allí unos días.
Su ceño se frunció aún más.
—Es curioso que siempre piense que he hecho algo malo. Y la respuesta es no. He estado en el rancho de mi hermana durante los últimos seis meses, ayudándola con todo. Ha sido duro. Y estuve allí de forma intermitente cuando mamá estuvo enferma durante los meses anteriores.
—Busqué información sobre Lizzie y encontré poca cosa. Aparte de que su negocio de lavanda tenía bastante éxito, al igual que su carrera como escritora. Pero reconozco el trastorno de estrés postraumático cuando lo veo —dijo—, y su hermana lo padece. ¿Le importaría explicármelo?
—En realidad, es ella quien debe contarlo —respondí.
—Si voy a ayudarla, necesito tener todos los datos —replicó.
Luego se quedó en silencio. Era una táctica de los cuerpos de seguridad. Pero yo estaba acostumbrada a los silencios incómodos.
—Por favor. —Fue la forma en que lo dijo lo que me hizo bajar los hombros.
—Después de perder su batalla contra el cáncer, nuestra madre murió. Detesto esa enfermedad.
—Ya —respondió.
—Lizzie y su prometido iban a casarse alrededor de un mes después de la muerte de mamá, pero pospusieron la boda. Ninguna de nosotras estaba preparada para celebrar nada. Estábamos muy unidas a nuestra madre. Ella era nuestro pilar. —Se me quebró la voz al final.
Di un sorbo de agua.
—Hace unos seis meses, hubo un temporal terrible en Texas. Justo antes de Navidad, se heló todo y nos quedamos sin luz. Fue muy duro para mucha gente. La zona donde vivía mi hermana se vio especialmente afectada.
»Los generadores de los invernaderos se averiaron. Estaba a punto de perder todo el esfuerzo dedicado a un proyecto para un nuevo tipo de cosecha. Pero eso es otra historia. Se la contaré otro día.
»En fin, su prometido iba hacia su rancho para llevarle unos generadores cuando un camión de bomberos, que intentaba llegar a una emergencia, patinó en el hielo y chocó de frente con su camioneta. No hubo supervivientes. Su hija pequeña también murió.
—Caray —dijo en un susurro.
—Sí. Lizzie lo pasó muy mal y se culpó a sí misma.
Mi hermana es una de las mujeres más fuertes que pueda conocer.
Lo digo en serio. Dirigía ese negocio de lavanda como un general y era un auténtico genio.
La gente acudía a ella en busca de consejo para sus empresas.
Era así de buena. Pero la muerte de las dos personas a las que más quería en el mundo, tras lo que le había pasado a mi madre, la destrozó.
»Una tarde, la encontré tirada en un campo.
Lloraba desconsoladamente con las manos en carne viva de recoger lavanda.
La llevé de vuelta a casa y me prometió que al día siguiente buscaríamos ayuda.
Pero esa noche bebió demasiado y se tomó unas cuantas pastillas.
No creo que intentara suicidarse. Más bien, intentaba aliviar el dolor para poder dormir.
La encontré unas horas más tarde y, como no conseguía despertarla…
»No me he separado de ella desde entonces. Nos convencimos mutuamente para venir aquí. Creo que las dos necesitábamos alejarnos de todos los recuerdos. El rancho y el negocio que había construido se habían convertido en algo doloroso para ella.
—Me lo imagino. Aun así, venir hasta Irlanda…
—Ya… —Me reí entre dientes—. Cuando recibí la primera carta del abogado, ni siquiera se lo conté. Pensé que era una broma. Pero luego, cuando me llamó y me contó lo de nuestro abuelo y lo que nos había dejado… El tema místico no es lo mío.
—¿Místico?
—Sí, bueno, eso de las manifestaciones en el universo. Tengo un gran respeto por el universo y mi lugar en él, pero a veces las cosas se ponen en nuestro camino por una razón.
»Cuando se lo conté a Lizzie, pensé que vendríamos para ver si era verdad. Pero fue ella quien dijo que quería mudarse aquí. Que necesitaba alejarse lo máximo posible… Estoy hablando demasiado.
—Lo siento por usted y por su hermana —dijo. Y era fácil ver por su expresión que lo decía en serio—. Eso explica la mirada en sus ojos. Y su estado nervioso.
—Sí, últimamente está mucho más sensible con todo. Por eso tenemos que averiguar qué está pasando. Ella necesita este lugar. La he observado en esa librería. Es más feliz de lo que ha sido desde que tengo memoria. Tenemos que encontrar al asesino.
—No tenemos —dijo él—. Entiendo que dude de mi capacidad para resolver un asesinato, pero tengo experiencia. Puedo averiguar qué pasó con esto. —Levantó la carta—. Y con el juez.
—Me conoce poco, inspector, pero no se me da bien no entrometerme.
—Formé un triángulo con los dedos juntos hacia arriba—.
Sobre todo cuando está en juego la seguridad de mi familia.
Confío en que encontrará al culpable, pero, como nos siguen ocurriendo cosas, y parece que a la gente le gusta hablar conmigo, me gustaría ayudar.
—Son sus preguntas las que pueden haber incitado a alguien a enviar la carta —observó él.
Tenía razón.
—A menos que no tenga nada que ver con el juez. Hay muchas reglas y expectativas en este pueblo. Soy una de esas estadounidenses terribles sin pelos en la lengua. No se sabe a quién podría haber ofendido.
Se rio entre dientes.
—Como mínimo, podría comprobar la marca de agua del papel, ¿no? Es distintiva y puede ser una pista.
—Así es. Pero hágame un favor: deje de husmear.
—Me ofende —dije, llevándome la mano al corazón—. Dicho esto, quizá también quiera investigar a Matt. Aunque le ruego que no lo arreste hasta que averigüe quién le suministra el café.
Esa vez soltó una carcajada. Luego, llevó su taza al fregadero.
—Estoy al tanto de la relación del juez con Matt y su madre. Incluso intenté hacer entrar en razón al anciano unas cuantas veces. Pero Matty es buen chico. No haría daño ni a una mosca.
—Si usted lo dice… Si prometo dejar de bombardearlo con preguntas, ¿me dirá qué le sucedió a la víctima? ¿Lo asesinaron? ¿Tenía alguna esperanza de salvarlo? Creo que eso es lo que más me inquieta. ¿Hice lo correcto? O sea, ¿necesitaba adrenalina o no?
—Ya, se refiere a si fue una reacción alérgica o un ataque al corazón. Usted hizo todo lo que pudo. Puedo decirle que sí, que sufrió un ataque al corazón. Aún no puedo decirle qué lo causó. Ahora, si me disculpa, tengo que relevar a Sheila. Le toca un descanso.
Se marchó.
No entendía por qué no me decía simplemente lo que habían revelado los análisis. Pero entonces recordé que ese hombre solo me conocía desde hacía unos días y que era un agente de la ley. Estaba haciendo su trabajo.
Aun así, conocer los datos no evitó que me sintiera frustrada.
Revisé mi correo electrónico para ver si Jack me había respondido. Nada.
Mi teléfono vibró con un mensaje de Lizzie.
Nunca adivinarías lo que ha pasado.
Esperé, pero no había nada más.
¿Y ahora qué?