Asesinato en una librería de Irlanda (Mercy McCarthy 1) 11 #2
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Después de que Scott y Rob la hubiesen criticado, sentía curiosidad por saber por qué. En la fiesta de bienvenida me había parecido agradable, y a mi hermana le caía bien. Pero la gente siempre llevaba máscaras.

La tienda tenía hilos de colores y colchas de patchwork en el escaparate. Todo era muy especial. No había nada fuera de lugar. Y, al igual que en la librería, sonó una campanilla cuando abrí la puerta.

—Mercy, bienvenida.

Linda me hizo un gesto para que entrara.

Estaba cortando tela para un cliente. Su tienda era adorable.

Dos paredes estaban cubiertas de cubículos con hilos teñidos de colores preciosos.

Había varias estanterías largas con telas, y los artículos necesarios para hacer las diferentes labores estaban distribuidos en estantes de madera por toda la tienda.

Eché un vistazo a mi alrededor, admirando muchas de las colchas que colgaban de las otras paredes y sobre el mostrador, donde ella trabajaba. Era un sitio acogedor y precioso. Y extremadamente impoluto, como si el polvo no se atreviera a posarse en ningún lugar de su tienda.

Una vez que envolvió el paquete para el cliente, Linda se acercó a saludarme.

—¿Cómo estás? —me preguntó—. ¿Te apetece un té o un café? —Se movió afanosamente alrededor del mostrador—. No me cuesta nada hervir agua.

—No, estoy bien. Me apetecía visitar algunas de las tiendas de la calle principal. La tuya es preciosa.

—Gracias. —Se sonrojó—. ¿Haces patchwork , coses o haces punto o ganchillo?

—No. —Negué con la cabeza—. Mi madre hacía punto y sé el trabajo que cuesta crear cosas tan bonitas. No tengo paciencia para la mayoría de esas labores. Probablemente por eso escribo. Es muy inmediato, aunque el resultado pueda ser un desastre, y fácil de arreglar.

Linda se rio.

—Bueno, no puedo imaginar cómo debe ser, y tú tienes mucho éxito. ¿Qué te parece nuestro pueblo? ¿Echas de menos la gran ciudad?

—Me encanta estar aquí —dije, y era verdad—. Acabo de ir a la playa. Es preciosa.

—Espera a que llegue el verano. Se llenará de turistas, pero merece la pena. Ese sector es el que mantiene a flote nuestro pueblo.

—¿Siempre ha sido una tienda de patchwork ?

—Eh, creo que ha sido muchas cosas a lo largo de los años. —Su sonrisa vaciló un poco—. Antes, era una relojería. Verás que ha sucedido lo mismo con muchas de nuestras tiendas de la calle principal. Los tiempos cambian y las necesidades también.

—Supongo que es bueno para la economía cambiar con los tiempos —dije—. Pero es maravilloso que hayas podido mantener el encanto del lugar. Todo es muy bonito.

—Se necesita el esfuerzo de todos los que vivimos aquí —observó—. Algunos somos más progresistas que otros. —La última parte la dijo en voz baja, pero escuché cada palabra.

—Siempre tengo plazos que cumplir, pero quizá Lizzie y yo podamos ayudar de alguna manera. Me han dicho que eres la persona que está al tanto de todo lo que ocurre aquí.

—A veces se pregunta una si la gente es consciente de cuánto trabajo le dedica a este pueblo.

—Se llevó una mano al pecho—. Me encantaría invitaros a algunos de los comités en los que participo.

Desde nuestros numerosos festivales hasta campañas de conservación, pasando por decidir qué vendedores pueden ponerse en la playa.

—Acabo de ver los puestos junto al espigón.

—Sí, esos son nuestros establecimientos permanentes, propiedad de los residentes de Shamrock Cove.

Me refiero a los pequeños puestos temporales que se permiten en la propia playa.

Nuestra costa es muy popular y debemos cuidarnos de mantener alejada a la chusma.

—No estaba segura de cuándo había sido la última vez que oí a alguien utilizar la expresión chusma —.

Somos una ciudad que se enorgullece de ser auténtica y de que no haya delincuencia.

—Ah, entonces, la muerte del juez debe haber sido una gran sorpresa para todos. —Vale, no había sido la transición más fluida, pero tenía que ponerla a prueba.

—¿A qué te refieres? —Parpadeó.

—Ah, eeeh, he oído que murió en circunstancias sospechosas.

—No estarás difundiendo ese rumor, ¿verdad? —preguntó, entrecerrando los ojos—. Podría perjudicarnos a todos y a nuestro sector turístico. Murió de un ataque al corazón. Era un viejo cascarrabias, se enfadaba siempre por cosas que no eran de su incumbencia. Se lo buscó él mismo.

—Lo siento, oí a unas mujeres hablar de él en la librería.

—Levanté las manos en señal de rendición—.

Al parecer, la policía cree que lo asesinaron.

—No mencioné nada de lo que sabía—. Pero no era mi intención ofenderte.

Solo pensaba que seguro que sabías más que la mayoría, ya que pareces estar al tanto de todo lo que ocurre en Shamrock Cove.

—Es verdad. —Pareció controlarse—. Pero no he oído los rumores.

Aunque aquí la gente habla. Es un pueblo pequeño, es inevitable.

Pero no te preocupes. Estoy segura de que el juez murió por causas naturales.

Cualquiera que afirme lo contrario está diciendo tonterías.

Venga, cuéntame qué tipo de cosas solía tejer tu madre.

Me llevó otra media hora salir de la tienda. Y, cuando por fin me fui, me quedé con la impresión de que Linda era una persona bondadosa que solo quería lo mejor para Shamrock Cove y sus residentes.

No parecía el tipo de persona capaz de asesinar a alguien. Una mujer que creía que siempre tenía razón, incluso cuando no era así, tal vez. Eso podía entenderlo, pero no un asesinato. No era una asesina calculadora que tuviera la previsión de poner gambas en aceite de ajo.

La mantuve en la lista de sospechosos, pero en una posición más baja. De hecho, podría haber estado colaborando con su marido o con alguno de los demás vecinos.

« Y ahora estoy paranoica y me imagino que todo el mundo es sospechoso » .

Suspiré.

Me encontré con Dave, su marido, justo fuera de la tienda.

—Hola —dijo—. ¿Te has pasado a saludar?

—Sí. Tu mujer tiene una tienda preciosa.

Solo fue un segundo, pero juraría que se estremeció cuando dije mujer .

« Qué raro » .

—Sí, ¿verdad? ¿Qué tal te estás adaptando? ¿Puedo ayudarte con alguna cosa? Los impuestos para los escritores pueden ser complicados.

—Te agradezco el ofrecimiento. Por ahora no necesito nada, pero lo tendré en cuenta para el futuro. Linda me ha hablado del montón de festivales.

—Sí, uno por cada estación, a veces más de uno —detalló—. Y ella participa en todos.

No parecía que le hiciera demasiada gracia. Sus ojos se desviaron hacia la derecha y volvieron al centro. Debía haber cierta tensión por el entusiasmo participativo de su mujer.

—Tengo curiosidad por saber qué hacéis para divertiros en el pueblo —dije.

Se rio.

—Bueno, además del Trivial del pub , que es muy divertido, a mí me encanta el golf. ¿Juegas? Tenemos algunos de los mejores campos del mundo.

—No juego, pero es bueno saberlo. ¿Te has enterado de que la muerte del juez fue un asesinato?

No fue la mejor transición, pero tenía curiosidad por ver su reacción.

Una vez más, se estremeció.

—¿Es verdad eso? —preguntó, frunciendo el ceño—. Pensaba que simplemente era mayor o que había sido una reacción alérgica.

Miró al suelo como si estuviera sumido en sus pensamientos. Pero podría estar mintiendo. Había algo en él que no me cuadraba, como si estuviera tramando algo. ¿Era él quien había matado al juez? Y, si era así, ¿cuál había sido su motivo?

—Solo son rumores que he oído. Parece que no era muy popular.

—Bueno, por desgracia, esa es la verdad. Le gustaba causar problemas. Supongo que hay más de uno en la ciudad que se alegra de que haya muerto. —Se santiguó—. Yo no, claro. No me gusta hablar mal de los muertos. Pero no era el hombre más amable del mundo.

—Eso he oído. ¿Tuviste algún problema con él?

Su rostro se torció por un momento.

—Se lo hizo pasar mal a Linda, pero no, yo personalmente no tuve ningún problema con él. —Su tono me hizo sospechar. Había un matiz que antes no estaba ahí.

—Ah, no sabía que ellos dos habían tenido alguna desavenencia.

« Mentirosa».

—Mi mujer tiende a tomárselo todo como algo personal y le preocupa lo que piensen los demás.

—¿Hay algo concreto por lo que el juez se metiera con ella?

—Todo eso ya es agua pasada, ¿no? —Se aclaró la garganta—. No hay por qué preocuparse más. Si me disculpas… —Casi entró corriendo en la tienda de su mujer.

¿Qué había querido decir ?

Cuando volví a casa, era la hora de comer y no había escrito ni una palabra.

Me preparé un cortado y cogí un bollo frío de arándanos. Como mi cerebro necesitaba proteínas, también cogí unas lonchas de queso cheddar irlandés para mi plato. Nunca había probado ese tipo de cheddar hasta la otra noche en nuestra fiesta de bienvenida, y me encantó.

Aparté de mi mente todos los pensamientos sobre el asesinato y el chantaje, y luego me senté a escribir.

Un dolor en el cuello me obligó a parar unas horas más tarde. Eso y que necesitaba beber agua. Cuando miré por la ventana de la cocina, Lolly y las mujeres con las que había ido antes a la librería bajaban por el camino de la parte de atrás.

«¿Por qué habrá n tomado ese camino? ».

Quizá habían subido al castillo; le había prometido a Lizzie que lo exploraríamos juntas.

Estaba a punto de volver al despacho cuando alguien llamó a la puerta.

—Recibí su nota —dijo Kieran cuando abrí la puerta—. ¿Qué ha ocurrido?

Había sido un día tan largo que casi había olvidado por qué había ido a verlo.

—¿Le apetece un café?

—La respuesta siempre es sí. —Sonrió.

—Vaya a prepararlo —dije riendo—. Necesito coger algo para enseñárselo.

—De acuerdo.

Unos minutos más tarde, me reuní con él en la cocina.

—Tenemos que dejar de vernos así, la gente empezará a chismorrear.

Se rio. Era curioso lo guapo que estaba cuando no me miraba con el ceño fruncido.

—Mi abuela se está echando la siesta. Brenna se ha ido. Linda está en su tienda y Dave se ha ido a Dublín a ver a un cliente. Rob y Scott están en el pub organizando la noche del Trivial con Matt. Nadie me ha visto venir.

Había hablado con Dave antes y no me había mencionado ningún viaje.