6 #3
—No, aunque esta mañana me he fijado en que, con los arbustos que hay ahí atrás, sería difícil ver algo.
Nuestro patio trasero está bastante aislado.
¿Podrían haber sido niños del pueblo, tal vez?
Sé que yo habría sentido curiosidad si alguien hubiera muerto.
Siempre he sido morbosa en ese sentido. Probablemente por eso soy escritora de novelas de misterio.
« Cierra el pico . ¿Sabes quiénes hablan demasiado ? Los culpables ».
Dio un sorbo a su café y luego dejó la taza sobre la mesa.
—Los niños del pueblo saben que no deben andar por la plaza. Solo se permite el acceso a los residentes, sus familiares y sus invitados.
—¿De veras?
—Sí, está en las normas. Sin embargo, el camino que pasa por detrás de las casas es de dominio público. Se considera parte de los terrenos del castillo.
—¿Quién es el propietario del castillo? ¿Está en ruinas o intacto? —Era una pregunta razonable. La mayoría de los castillos de esta parte del mundo estaban medio derruidos. Además, estaba desesperada por desviar la conversación de lo que acababa de ocurrir.
—Está intacto, como usted dice. Y es nuestra mayor atracción turística. Aporta mucho dinero al pueblo.
—Tendré que ir a verlo —dije—. ¿Alguna cosa más, inspector?
—No, eso es todo. Que tenga un buen día, señora McCarthy.
Lo acompañé hasta la puerta.
—Puede llamarme Mercy —le dije.
—Puede llamarme Kieran —dijo—. La mayoría de la gente del pueblo no me llama «inspector».
—Me parece una falta de respeto —señalé.
—No cuando has crecido aquí —dijo—. Mi abuela y el resto del pueblo me ven como un niño pequeño que anda en bicicleta, pero me ha tocado ver unas cuantas cosas cuando dejé la seguridad de Shamrock Cove.
En ese momento, sus ojos tenían la mirada atormentada de alguien que trabaja en los cuerpos de seguridad. La había visto muchas veces en los hombres y mujeres que desempeñaban un trabajo del que la mayoría de la gente no tenía ni idea. Veían lo peor de la vida día tras día, y eso les pesaba.
Aunque había policías corruptos en todos los rincones del mundo, la mayoría de los que trabajaban en el servicio público lo hacían por las razones correctas. Sin embargo, los corruptos a veces eran realmente lo peor que la humanidad podía ofrecer. Esperaba que Kieran no fuera uno de ellos.
—¿Podría preguntarle algún día sobre su trabajo con la Garda, Scotland Yard y la Policía Metropolitana de Londres? Solo para mi trabajo de documentación —aclaré—. Es decir, si se siente cómodo hablando de ello.
—No me gusta hablar de mi trabajo. —Se encogió de hombros—. Pero búsqueme después de unas cuantas pintas y nunca se sabe.
Los dos nos reímos.
En cuanto se marchó, Lizzie entró y tiró los guantes sobre la mesa que había junto a las escaleras.
—No vuelvas a hacerme eso —dijo, enfadada. Temblaba de pies a cabeza.
« Mecachis » .
—Lo siento —dije, abrazándola—. No era consciente de cuánto te afectaría. Está todo en orden, Lizzie. El inspector no ha sospechado nada.
—No estoy hecha para este tipo de cosas —replicó—. Si quieres jugar a ser detective aficionada, no creo que yo pueda participar.
La abracé con más fuerza, tal y como me habían enseñado los médicos. Mi hermana también había desarrollado una ansiedad grave durante el último año. Abrazarla con fuerza era una forma de bajarle la tensión arterial y calmarla. Me reproché haberla puesto en esa situación.
—Bueno, si te hace sentir mejor, no se me da muy bien. Me rompí los vaqueros y se quedó un trozo enganchado en la verja. Tengo la sensación de que por eso ha venido.
—Genial. Vas a acabar en una cárcel irlandesa y yo me quedaré sola en el mundo. Casi me da un infarto. Cuando ha entrado corriendo por el jardín delantero, he tenido que entretenerlo para que te diera tiempo a volver. Al menos, eso es lo que esperaba que estuvieras haciendo.
—Exacto, estaba volviendo a toda prisa, y tú lo has bordado.
—Bueno, ¿ha merecido la pena? ¿Has averiguado algo?
Y ahí estaba, la curiosidad innata que me invadía y que también tenía mi gemela. Puede que estuviera enfadada conmigo por poner en peligro mi vida, pero le gustaba tanto indagar como a mí.
—No he llegado a entrar en la casa del juez —dije.
Su rostro se ensombreció.
—Pero he escuchado a Lolly mientras hablaba con su nieto.
Todos los vecinos de la plaza tenían alguna desavenencia con el juez.
No se le daba bien hacer amigos. También ha mencionado el pasado del juez, que investigaré un poco más.
Al parecer, era un prodigio del derecho en sus inicios, pero todo el mundo, tanto en el pasado como en el presente, lo odiaba.
Ah, una cosa más. No puedes volver a la librería. Tienes que arreglarte.
—¿Por qué? —Frunció el ceño.
—Vamos a tomar el té con Rob, ¿recuerdas? Quiere que probemos algunas de sus nuevas recetas. Y tenemos que averiguar si estaban lo bastante enfadados con el juez como para matarlo.
—¿Por qué iban a matarlo?
Le conté el asunto de la gastroneta.
—Uy —dijo, poniendo los ojos como platos—. Entonces, ¿habrá que husmear en su casa? No estoy segura de poder soportarlo.
—No. Será la forma de husmear que te gusta: cotilleos. A ti se te da mucho mejor charlar de cosas sin importancia, y eso es lo que necesitamos esta noche.
Me dedicó una sonrisa molesta y se marchó.
Scott y Rob parecían tener una buena razón para querer matar al juez.
Pero ¿lo hicieron ellos?