6 #2
»Le eché una buena bronca al viejo canalla. Estaba fuera de sí. Se le estaba yendo la cabeza y creo que no se daba cuenta. Se olvidaba de las citas y cosas así. No era propio de él, que siempre había tenido una mente aguda. Pero en el último año había empezado a deteriorarse.
—¿Crees que es posible que se suicidara?
—Tenía demasiado ego —resopló ella—, y no habría elegido algo tan doloroso. Hablé con las chicas y me dijeron que sufrió mucho antes de morir.
—¿Alguien más?
—Linda siempre le sacaba de quicio, al igual que su marido —dijo—. Ya sabes por qué. El último plan de la pareja para renovar la calle principal lo tenía en pie de guerra. Los oí gritarse en la última velada de Trivial del pub .
—Creía que ese tema ya estaba cerrado hace mucho —dijo él.
—No en la mente de Linda. Ella no es de las que dejan pasar las cosas, y había revisado su plan. Quería presentárselo al ayuntamiento, pero necesitaba el permiso del juez, y él no estaba dispuesto a dárselo.
»Pero tú y yo sabemos, Dios la bendiga, que no es lo bastante inteligente ni capaz como para cometer un asesinato.
Vaya, qué comentario más desagradable. No conocía muy bien a Linda, pero parecía una mujer simpática.
El inspector carraspeó.
—Y eso sin contar al resto del pueblo —dijo Lolly—. Si alguien lo mató, tendrás un buen número de sospechosos.
Al menos no pensaba que yo hubiera matado al juez, lo cual suponía una ventaja. En cambio, no estaba tan segura de su nieto.
—Odiaba lo que Brenna había hecho con su jardín trasero y consideraba su jacuzzi una afrenta. A mí me gusta bastante. Es bueno para los huesos y estos viejos músculos cansados.
—¿Has estado en su jacuzzi ? —Parecía sorprendido.
Sonreí.
—Sí, nieto. Tomamos una botella de vino y un poco de queso.
Fue una velada estupenda, salvo por el juez, que nos espió todo el rato.
Volví a casa y dormí mejor que en años. Estoy pensando en poner uno yo misma, pero la encantadora Brenna dice que puedo usar el suyo cuando quiera, y no me gusta la idea de excavar en mi jardín, ahora que lo tengo como me gusta.
El inspector se rio. Tuve la sensación de que era una broma recurrente.
—Pero no era todo bravuconería y amenazas, tú lo sabes tan bien como yo. El juez tenía su lado bueno y ayudó a mucha gente. Simplemente le gustaba que las cosas se hicieran a su manera.
—Cierto, pero la mayoría piensan que hizo más daño que bien —apuntó Kieran.
—No estoy segura de eso. A la hora de juzgarlo, yo me inclinaría por el lado bueno.
Seguí escuchando un rato más mientras hablaban de otras personas de Shamrock Cove.
Cuando el inspector empezó a despedirse, decidí volver a saltar la verja.
Tendría que intentar registrar la casa en otra ocasión.
Con cuidado de no engancharme los vaqueros, salté al suelo y me escondí detrás del manzano de la esquina mientras el inspector abría la puerta trasera y salía al jardín del juez.
—¿Qué es eso?
Me encogí tanto como pude.
Bernard volvió a ladrar y luego gruñó. Rogué por que Lolly no lo dejara salir al camino por la puerta trasera.
—¿Qué ves? —gritó su abuela.
—Solo un trozo de tela negra en el pestillo. No recuerdo haberlo visto esta mañana cuando echamos un vistazo. Puede que tuvieras razón sobre que alguien intentó entrar.
Vaya detective estoy hecha. Miré el bajo de mis vaqueros negros y fruncí el ceño. Había dejado pruebas. Si aún no pensaba que yo era la asesina, probablemente ahora lo haría.
Esperé a que entrara en la casa del juez y eché a correr hacia nuestra casa.
Bueno, más bien fue un trote lento. No soy muy buena corriendo, aunque lo intento una vez al año, normalmente en enero.
Hace frío y me cuesta respirar, pero me obligo a hacerlo durante una semana, y luego lo dejo.
Hago yoga y camino mucho. Hace tiempo que decidí que eso era suficiente.
Cuando llegué al patio trasero, estaba sucia y sin aliento. Justo cuando mi hermana abrió la puerta principal de nuestra casa, entré en mi habitación.
—No sé dónde está —dijo Lizzie—. Quizá esté en su estudio. Voy a mirar. ¿Quiere un té?
—Vengo de casa de mi abuela —contestó, como si eso explicara que ya había tomado.
Lizzie abrió la puerta del estudio justo cuando me deslizaba en mi cuarto de baño. Abrí la ducha y me desnudé deprisa. Metí la ropa debajo del armario. Tendría que deshacerme de mis vaqueros favoritos más tarde.
—¿Mercy? —gritó Lizzie—. ¿Estás aquí?
—Estoy en la ducha —grité—. Salgo en un minuto.
—El inspector quiere hablar contigo. —No parecía muy contenta conmigo. No la culpé. Seguro que estaba furiosa por haberla puesto en esa situación.
La puerta del dormitorio se cerró. Me enjuagué las manos y la cara con el chorro de agua.
Luego, busqué ropa limpia. Aunque la mayoría de mis vaqueros eran negros porque había vivido en Nueva York, también tenía algunos azul oscuro.
No quería que el inspector estableciera la conexión con la tela negra, así que me puse los azules.
Después de vestirme, salí. No oí a mi hermana hablar con el inspector hasta que llegué al pasillo. Su voz sonaba tensa, y eso nunca era buena señal.
A Lizzie no se le daba bien mentir y probablemente le preocupaba que yo pudiera ir a la cárcel. Aunque, técnicamente, solo había saltado una verja y luego había vuelto a saltar al otro lado.
—Espero que no le importe —dijo el inspector cuando entré en la cocina—. Me he preparado un cortado.
—En absoluto. —Me encogí de hombros—. Puede venir cuando quiera. Y a mí también me apetece uno. —Me acerqué a mi nueva máquina y pulsé los botones para prepararme lo mismo—. ¿Ocurre algo o solo quería un café? —le pregunté.
—Me preguntaba si habría visto a alguien anoche por el camino trasero o quizá esta mañana.
—¿Antes o después de que muriera el juez? —inquirí, encogiéndome de hombros—. ¿Se sabe algo ya de los resultados toxicológicos?
—No, como le he dicho, puede que tarden un poco. —Frunció el ceño—. ¿Y por qué pregunta si fue antes o después?
Me senté frente a él.
—¿Le importa si termino con el jardín? —preguntó Lizzie—.
Disculpe, inspector, pero no soporto dejar las cosas a medias.
Y luego tengo que volver a la librería. He decidido que quiero terminar el inventario esta noche.
Lo que significa, Mercy, que necesito que traigas algo de cenar del pub . ¿Digamos que sobre las seis?
Caramba, mi hermana estaba enfadada. Tendría que pagar por mi pequeña escapada.
—Rob nos ha invitado a tomar el té, ¿recuerdas? —dije.
—Claro —replicó con tono severo.
—Puedo ir a ayudarte cuando termine con el inspector.
—Soy más rápida sola, y tú tienes que trabajar en tu libro —dijo.
« Ay » .
—Inspector. —Lizzie lo saludó con la cabeza antes de marcharse.
—¿Sucede algo? —preguntó él.
—¿Qué iba a suceder? —Sonreí, aunque probablemente pareció más bien una mueca.
—Parece molesta.
—No. Tiene muchas cosas en la cabeza. Es un poco obsesiva compulsiva, y cuando digo un poco, quiero decir mucho. Está en tratamiento.
« Cierra el pico » . Lizzie se enfadaría si me oyera hablar así de ella, aunque fuera cierto. Tras la tragedia con John y Audrey, su trastorno se había vuelto incontrolable. No podía impedir que limpiara o se obsesionara con cada detalle del rancho.
Un día, alrededor de un mes después de todo lo sucedido, la encontré en medio de un campo llorando desconsoladamente, incapaz de parar. Tenía las manos sangrando de recoger los tallos de lavanda sin guantes.
Fue uno de los peores días de mi vida, porque no podía perderla también a ella.
Fue entonces cuando accedió a buscar ayuda.
—Volviendo a su pregunta anterior, no. No creo haber visto a nadie en la parte de atrás. Es posible que haya oído a algunas personas en el camino trasero ayer por la tarde, antes de la fiesta…, pero hoy no. ¿Por qué?
—Eh…, he encontrado ropa en la verja de la casa del juez.
—Ah, ¿ha entrado alguien a robar? Pensaba que Shamrock Cove era un lugar muy seguro. Es una de las razones por las que quería que mi hermana se mudara aquí.
—El lugar más seguro del mundo —respondió, frunciendo el ceño.
—Tengo la sensación de que el juez diría lo contrario. —No solía enemistarme con los agentes de policía, pero había algo en él que me molestaba. Quizá fuese porque era demasiado guapo.
Había que reconocer que se limitó a arquear las cejas.
—Disculpe, era una broma. La gente no siempre entiende mi humor. —Eso era cierto. Pocas personas entendían mis bromas.
—Entonces, ¿no vio a nadie?