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Llevamos la carta a casa y la dejamos sobre la mesa de la cocina. Mientras Lizzie preparaba una ensalada, yo metí en el horno la lasaña que Rob nos había hecho para comer.
—Eh… —dije, mientras observaba la multitud de mandos del horno AGA.
Lizzie me hizo un gesto para que me apartara y se puso manos a la obra. Era mucho más complicado que los hornos normales, con los que yo ya necesitaba ayuda.
Mientras se calentaba la lasaña, nos sentamos a la mesa de la cocina.
La carta bien podría haber sido un letrero de neón parpadeante, tal y como la mirábamos.
—¿Por qué no se la dio al abogado? —preguntó ella—. ¿Por qué la escondió así? En una habitación secreta donde quizá nunca la hubiéramos visto.
—Ni idea —contesté, frunciendo los labios y negando con la cabeza—. Por lo que hemos averiguado hasta ahora, sabemos que era excéntrico. Y le gustaban las buenas novelas de misterio. Pero ver nuestros nombres escritos con su letra lo hace todo más real.
—Creo que he descubierto su sistema de contabilidad, y decir que era excéntrico es quedarse corto. —Sonrió.
Le devolví la sonrisa.
—Solo ha pasado un día. Párate a pensar en lo brillante que eres por haberlo descubierto tan rápido.
Ella me hizo un gesto con la mano como si estuviera siendo tonta.
—Lo digo en serio, Lizzie. Si hubiera estado yo sola con todo eso… Bueno, simplemente no habría sucedido.
—Ábrelo —dijo ella—. Quiero saber por qué no se puso en contacto con nosotras en todo este tiempo. ¿Por qué no sabíamos nada de él? Mamá nunca mencionó que nuestro padre fuera irlandés. No es que hablara mucho de él. Tengo muchísimas preguntas…
—Yo también. Quizá ella no sabía nada de él. Me refiero a que lo llamaba el donante de esperma. Creo que mamá nunca se planteó que él fuese a formar parte de nuestras vidas.
La mayoría de los niños hacían preguntas si faltaba uno de sus padres, y Lizzie y yo no éramos diferentes. Nuestra madre nos había contado que se enamoró de un chico y que luego él desapareció. La tristeza que sentía mamá cuando sacábamos el tema era palpable, así que lo dejamos estar.
Pero tal vez en esa carta encontraríamos las respuestas a las preguntas que nos habíamos estado haciendo toda la vida. Era hora de averiguarlo.
Utilicé un cuchillo de mantequilla para abrir el sobre.
Respiré hondo y saqué las hojas de papel. Esperaba que estuvieran escritas a máquina, pero no era así. La letra era casi caligráfica.
Mi hermana se movió en su silla para que pudiéramos leerla juntas.
Nietas:
Debo pediros perdón, chicas, ya que no tenía ni idea de que existíais hasta hace aproximadamente un año, cuando un investigador de herederos os localizó.
Para entonces, sentí que era demasiado tarde para aparecer en vuestra vida.
Ya sabía que me estaba muriendo y no quería añadir más problemas ni interferir en vuestra vida cuando ya estabais atravesando una tremenda crisis.
La breve explicación de por qué tardé tanto en descubrir vuestra existencia es que me negué a abrir las cosas de mi hijo cuando las enviaron a casa de la guerra. Hace más de treinta años, formaba parte de una fuerza especial de la ONU enviada a una misión. Nunca regresó.
Lamento decir que desapareció en combate antes de que nacierais. Era un buen chico. Todos estos años, he dado por hecho que estaba muerto. Sin embargo, no sé qué le ocurrió y es posible que, por desgracia, también haya fallecido. Nunca tuvimos una relación muy estrecha. Fue solo culpa mía.
Mi querida esposa, vuestra abuela, era la que se ocupaba de la familia.
Yo pasé mi vida distraído con los libros y descubrí demasiado tarde lo que era más importante: la familia.
Mi última conversación con vuestro padre fue muy dura, y le dije que no volviera nunca.
Hasta el día de hoy, no tengo ni idea de si sigue vivo.
Creí verlo hace unos años en Dublín, pero el hombre desapareció antes de que pudiera alcanzarlo.
Ojalá tuviera una respuesta para vosotras.
Es un misterio que no pude resolver antes de abandonar este cuerpo.
Os habría querido mucho a vosotras y a vuestra madre si hubiera sabido de vuestra existencia.
Estoy seguro. Lamento que no tuvierais la oportunidad de conocerlo.
Me duele el corazón al pensar que ella probablemente se preguntaba por qué él nunca regresó.
Pero quizá nunca lo sepamos. Solo cuando supe que me estaba muriendo decidí revisar sus cosas.
Encontré cartas que estaban destinadas a vuestra madre.
Él estaba profundamente enamorado de ella.
Dejé las cartas que él le escribió en un cajón de la biblioteca, por si queréis leerlas. También dejé información sobre mi vida y la suya de los primeros tiempos. Las encontraréis en mi biblioteca privada. Quizá os resulte divertido desentrañar el misterio a medida que sepáis más sobre nosotros.
Cuando mi hombre investigó a vuestra madre, os descubrió a vosotras dos. Vuestra madre estaba enferma entonces y, de nuevo, no quise molestaros. Aunque todavía no tengo pruebas de ADN, creo que el momento en que mi hijo escribió las cartas y la fecha de vuestros nacimientos confirman mis sospechas.
Si deseáis saber más sobre vuestra familia de este lado del charco, también hay varios diarios y registros históricos en la biblioteca.
No insistiré más, salvo para decir que mi mayor pesar es no haber mirado las cosas de mi hijo antes.
Me habría encantado conoceros, chicas. Estoy muy orgulloso de vuestros logros, pero también de que parezcáis personas decentes.
Vuestra madre era una mujer increíble en todos los sentidos, y se aseguró de que vosotras también lo fuerais.
Espero que paséis algún tiempo en mi precioso Shamrock Cove. Es un lugar maravilloso para sanar el corazón. Cuando estéis listas para conocer la historia de vuestra familia, mis diarios están en la biblioteca, detrás de la puerta secreta.
Sabed que os quiero, niñas mías.
Driscoll O’Heyne
P. D.: Si el juez os causa algún problema, mostradle esta carta. Luego decidle de mi parte que se la meta por su viejo culo.
La última parte me hizo sonreír.
Lizzie se sorbió la nariz y me giré para mirarla. Había sacado un pañuelo del bolsillo y se estaba secando los ojos.
—Ojalá se hubiera puesto en contacto con nosotras. Entiendo por qué no lo hizo, pero… —Volvió a sorberse la nariz y le di una palmadita en la espalda.
—En cierto modo, fue muy amable por su parte. Estábamos pasando por muchas cosas y habríamos podido estar muy poco tiempo con él. Seguro que nunca pensó que nos mudaríamos aquí. ¿Recuerdas haber visto una puerta secreta en la biblioteca?
Yo no había visto ninguna. Me encantaban las puertas secretas. Resultó que era algo que tenía en común con mi abuelo.
—Debió quedarse realmente desconsolado cuando nuestro padre desapareció para esperar tanto tiempo antes de revisar sus cosas —dijo Lizzie, negando con la cabeza—. Estoy un poco enfadada con él. Habría estado bien tener más familia. Siempre hemos estado muy solas.
—Es cierto, pero parecía muy arrepentido por haberse enterado demasiado tarde.
—Es curioso lo que dijo sobre el juez. Quizá no eran tan buenos amigos como dice todo el mundo.
Sonó el temporizador de la lasaña y ella se levantó de un salto.
—Yo la saco —dije.
—No te preocupes.
Sacó la lasaña humeante y la colocó en el centro de la mesa sobre un salvamanteles. Yo cogí la ensalada de la encimera.
Comimos en silencio. La lasaña estaba deliciosa y tenía un sabor exquisito. Tener a Rob como vecino era un gran regalo.
—Se me ha olvidado decirte que Rob nos ha invitado a tomar el té más tarde —dije—. Aunque no tengo muy claro a qué hora es eso. Tengo la sensación de que aquí dicen tomar el té para referirse a las comidas.
—Probablemente sobre las cuatro o las cinco. —Asintió—. Me ha dado su número, le enviaré un mensaje. ¿Crees que mamá sabía que él había desaparecido durante la guerra? ¿O pensaba que la había abandonado?
—Nunca quiso hablar de él. —Me encogí de hombros—. Lo llamaba el «donante», como si siempre hubiera querido tenernos ella sola. Aparte de que era un hombre simpático y guapo, nunca decía nada más. —Me metí un trozo de lasaña en la boca.
—Sí, pero quizá eso era porque pensaba que él la había abandonado y eso le había roto el corazón. Si el abuelo se hubiera puesto en contacto antes, al menos ella habría sabido la verdad antes de…
—Ahora ya es demasiado tarde —dije. No era mi intención que sonara tan duro—. Lo siento, sabes que no quería que sonara así. Es solo que mamá ya estaba sufriendo mucho por entonces. No estoy segura de que hubiera podido soportar una cosa más.
—Es cierto. —Lizzie se sonó la nariz con un pañuelo—. Y tienes razón en que no necesitaba nada más que le supusiera una presión adicional. Dios, la echo de menos. Todo esto le habría parecido muy intrigante.
—Sí, es verdad. —Sonreí—. Al igual que tú, me pregunto por qué dejó la carta en el almacén debajo de las escaleras.
—Es un lugar muy extraño y bien escondido. Quizá le preocupaba que alguien se la llevara si la dejaba aquí o en su despacho. Me ha encantado lo del armario de Narnia. ¿Cómo sabías que había que empujar el panel trasero?
—Todas las estanterías, las mesas y el despacho estaban repletos de sus extrañas antigüedades y libros. No tenía sentido que ese enorme armario estuviera vacío.
—¿Es raro que me encante que le gustaran los espacios secretos?
—Bueno, de algún sitio teníamos que haberlo sacado —dije.
—Eso me recuerda que me he dado cuenta de que esta época del año es bastante ajetreada para la tienda —dijo, chasqueando los dedos—.
Voy a mantener la inauguración para el miércoles.
También voy a instaurar una hora del cuento para niños.
¿Quieres ser mi primera lectora de las mañanas de sábado?
Quiero empezar a promocionarlo dentro de unas semanas.
—Por supuesto. —Sonreí—. Dime lo que necesitas que haga y ahí estaré.
Me guiñó un ojo.
—Voy a volver a la tienda. ¿Crees que la carta es el tesoro del que hablaba el abuelo en su testamento?