Asesinato con un toque de especias de calabaza (Misterios de Whisper Hollow 1) 14. Papeles y las caderas no mienten
59%

14. Papeles y las caderas no mienten

Papeles y las caderas no mienten

— ¿Cómo te arruinó el historial crediticio? —me chilló Grace al oído.

—¿Recuerdas ese auto nuevo que se compró? —Salí del estacionamiento—. Pues no le alcanzaba para pagarlo a menos que alguien firmara como aval.

—Dime que no lo hiciste.

Me encogí de hombros. —Pensé que no habría problema, ya que estábamos comprometidos, pero luego empezó a atrasarse con los pagos…

—¿Así que no le bastó con romperte el corazón, también tenía que arruinarte el historial crediticio? —soltó otra palabrota—. No lo puedo creer. Si vuelvo a ver a ese mentiroso infiel, le voy a torcer ese pescuezo flacucho.

—En fin, el punto es que no creo que me aprueben tanto dinero. —Cambié de carril rumbo a Main Street—. Quizá podría conseguir la mitad, pero aun así, ¿de dónde se supone que voy a sacar el resto?

Grace suspiró, y me la imaginé pellizcándose el puente de la nariz.

—¿Cuánto tiempo tienes?

—La subasta es a fin de mes.

Si compraba el edificio de contado, no tendría que pagar una hipoteca, así que podría usar el dinero reservado para la próxima renta, pero eso no haría ni cosquillas a lo que necesitaba. Si tan solo pudiera encontrar el dinero perdido de mi Nana… pero seguramente ya se había esfumado.

—Mmm… No estoy segura. No es mucho tiempo, pero seguiré pensando en algo. —Algo se estrelló al fondo y soltó una palabrota—. Tengo que colgar. Kelsey tiró un vaso y hay vidrio por todo el piso.

—Está bien.

—Ánimo, Harp. Ya resolveremos esto —dijo antes de cortar.

Unos minutos después, estaba de vuelta en la tienda reabriendo Whispering Pages.

Unas horas y unos cuantos clientes más tarde, María entró apresurada con un papel en la mano.

Sacudió su paraguas afuera y se acercó. Intentó acariciar a Gigi, que saltó a lo alto de un estante y la miró un segundo antes de lamerse una pata.

—Algún día lograré que me quiera —masculló, dejando un borrador de volante sobre el mostrador—. ¿Qué te parece?

El volante tenía un borde de sombreros puntiagudos y calabazas sonrientes, con una fuente negra y morada que anunciaba una fiesta de Halloween el viernes veintiocho en Whispering Pages. Dos días antes de mi reunión con el banco.

—Se ve genial.

¿Podría ser la fiesta mi oportunidad de ganar algo extra? Era ridículo pensar que conseguiría todo en una sola noche, pero más gente significaba más ventas. Valía la pena intentarlo.

—Sé que estabas dudando sobre si hacerla, pero…

—Hagámosla —le sonreí—. Tienes razón, podría ser justo la publicidad que necesito para que la gente entre.

Las cejas de María se dispararon hasta su cabello.

—No sabía que fuera tan persuasiva.

—Sí, tú… y el hecho de que necesito empezar a ganar dinero si no quiero decirle adiós a la tienda de mi abuela. —Miré las hileras de estantes por las que de niña solía deambular.

—Pagar por esta fiesta es algo bueno —dijo María—; el dinero gastado hoy podría cambiar el destino de las naciones mañana.

—¿C. S. Lewis?

Negó con la cabeza. —Robert Jordan. Buen intento, de todos modos.

—Bueno, ¿y entonces qué hago? —Volví a mirar el papel.

—Yo me encargo de la publicidad y tú de los bocadillos y la música. La decoración ya está lista. —Recorrió la tienda con la mirada, sonriendo.

—Ya tenía una idea para la comida —dije—. ¿Qué te parece si trabajamos con Nancy, la de al lado? Prepara los cupcakes más lindos y seguro también le vendría bien el trabajo extra. —Tenía mis sospechas sobre ella, pero no podía dejar que eso me impidiera conseguir la mejor comida del pueblo.

—Suena genial. ¿Por qué no encargas cien? —María guardó el papel en su bolsa—. Voy a sacar un montón de copias y pegarlas por todo el pueblo. También crearé una página del evento para que aproveches tus redes. Va a quedar increíble.

—¿Cien? —Miré alrededor, imaginando a cien personas apretujadas en la tienda.

María se rio, como si me leyera la mente.

—No todos vendrán al mismo tiempo. La gente entrará y saldrá. Pero quiero asegurarme de que tengamos suficientes bocadillos. Yo compraré algunas cosas más para acompañar los cupcakes.

—¿Estás segura? Parece mucho trabajo.

Se acomodó un mechón detrás de la oreja.

—No pasa nada. Me encanta organizar fiestas. Prácticamente me estás haciendo un favor.

Me reí. —Claro, cómo no.

La puerta se abrió y Gigi saltó al mostrador. Sin inmutarse por su pelo mojado, Cooper tomó un dulce del caldero y le dio una palmadita al esqueleto.

—¿En qué andan, chicas?

—Estoy ayudando a Harper a planear una fiesta de Halloween en la librería —dijo María.

—Suena divertido.

—Será mejor que me vaya, tengo mucho que hacer. No puedo esperar.

María se dirigió a la puerta, pero al quedar a espaldas de Cooper me guiñó un ojo. Me sonrojé y fingí reordenar la mesa de libros de Halloween.

—¿Qué onda, Coop?

—Quería hablar contigo sobre la reunión de hoy. —Se metió el dulce a la boca y dio un paso más—. Parecías un poco rara en el estacionamiento.

Gigi le lanzó una mirada ofendida —quién sabe por qué— y saltó del mostrador, alejándose con la cola en alto.

No quería admitirle mis problemas económicos, sobre todo cuando aún me aferraba a la débil esperanza de encontrar el dinero de mi Nana.

—Gracias por preocuparte por mí.

Puso una mano en mi brazo.

—No tienes por qué estresarte por esto.

Le sonreí. —Estoy bien.

—Te gusta mantenerte ocupada, ¿eh? Abriendo un negocio, organizando fiestas, buscando sospechosos de asesinato.

—Es mejor que dejar que mi mente divague.

Cooper se inclinó un poco más y me quedé helada.

Tenía la costumbre de romper la barrera del contacto físico cuando menos lo esperaba.

Su aliento olía al dulce de manzana acaramelada que estaba chupando.

Había pasado mucho tiempo desde que estuve tan cerca de alguien, desde Tate, y se sentía bien.

Extrañaba tener a alguien que se preocupara por mí.

Que no lo necesitara no significaba que no lo quisiera.

—No tienes que preocuparte —dijo—; incluso si no puedes pagar tu parte, Seb y yo hablamos y estaríamos dispuestos a pedir un préstamo para cubrirla y dejar que nos sigas rentando. Nada tendría que cambiar.

—Vaya, qué amable de tu parte.

Pero la tensión en mi estómago se desvaneció como gas de refresco viejo.

Aunque su intención era buena, sonó como otro recordatorio de que no creían que pudiera lograrlo.

Yo quería ser dueña de mi negocio y pagar mi propia hipoteca, no volver a pagar renta.

Y aunque yo podía dudar de mí misma, no quería escuchar las dudas de los demás.

—Gracias, lo tendré en cuenta.

Se volvió hacia la puerta.

—Bueno, será mejor que vuelva al trabajo antes de que Seb me encuentre.

—Suena durísimo —dije, intentando recuperar el tono ligero.

Empujó la puerta.

—Durísimo.

Cuando la lluvia bajó a llovizna, fui a Sugarplum Delights, donde la mitad de las mesas estaban ocupadas.

—Primero Cooper y ahora tú —dijo Nancy con una sonrisa—. ¿No te bastó con verme en el banco?

Me reí, intentando no pensar en que sospechaba que esta mujer, a quien conocía desde niña, era una asesina.

—Nunca es suficiente, pero además, María y yo decidimos seguir con la fiesta y quiero encargar cupcakes.

—Oh, perfecto. —Los ojos de Nancy brillaron y sonrió tanto que se le marcaron las patas de gallo—. Qué manera tan divertida de celebrar también nuestra gran noticia sobre el edificio.

—Sí —dije, intentando igualar su entusiasmo.

—Déjame tomar un formulario de pedidos al por mayor y te…

—¿Nos puede ayudar, por favor? —gritó una mamá con dos niñas pequeñas.

Nancy y yo volteamos. El mantel estaba empapado y había un charco en el piso.

—Necesito invertir en mejores tapas para bebidas de niños —murmuró.

—No te preocupes. Yo limpio mientras las ayudas —dije.

Nancy tomó unos trapos y señaló una puerta junto a la cocina.

—Yo me encargo. Entra a mi oficina y toma un formulario de mi escritorio. Dice “Pedidos por Mayoreo” arriba.

—De acuerdo.

Entré a su oficina y fui directo al escritorio. Sin desordenar nada, moví notas adhesivas, un calendario gigante y algunas facturas hasta encontrar una pila de papeles bajo un libro. Moví una hoja con platos del menú y otra de suministros, y entonces lo vi.

Levanté el formulario y mi mirada se detuvo en un papel parcialmente oculto debajo.

Tenía la misma letra inclinada que la nota que había encontrado en mi puerta hacía casi dos semanas: la del señor James. La parte superior estaba rasgada, llevándose el saludo y las primeras palabras, pero el resto decía:

“…le escribo para informarle que, debido a circunstancias ajenas a mi voluntad, daré por terminado su contrato de arrendamiento con fecha del 31 de diciembre. Si bien ha sido un placer ser su arrendador, mi visión para esta propiedad ha tomado un rumbo diferente, y planeo combinar esta tienda con algunas otras para crear una nueva…”

Leí el resto y luego lo releí, sintiendo una opresión en el pecho. Era la prueba de que Nancy sabía que el señor James planeaba desalojarnos.

Un trueno retumbó. ¿Era Nancy la persona de la que debí sospechar desde el principio?

Si revisaba su escritorio, ¿encontraría la llave que supuestamente había perdido?

Vivía sola; habría sido fácil escabullirse hasta el señor James.

Y conociéndola, seguramente leyó la carta de mi Nana y descubrió dónde estaba el dinero.

La puerta se abrió y Nancy entró apresurada.

—¿Lo encontraste?

Y vaya que sí.

—Sí, creo que sí. —Forcé una sonrisa temblorosa, evitando mirar el papel. Nancy se limpió las manos en el delantal.

—¿Es este? —Me paré frente al escritorio y le extendí el formulario, ocultando el otro papel a mi espalda. Si necesitaba más pruebas, esa carta sería un buen comienzo.

Nancy revisó el formulario y asintió.

—Es ese. Vamos a llenarlo juntas, así me aseguro de tener todo lo necesario.

—¿Puedo llevármelo y consultarlo con María para tener una mejor idea de cuánta gente piensa invitar?

Me miró un largo momento. ¿Podría oír lo fuerte que me latía el corazón?

Nancy me devolvió el formulario.

—Mientras me lo entregues al menos una semana antes de la fiesta, no hay problema.

—Perfecto. Lo resuelvo cuanto antes.

En cuanto se giró, doblé el formulario y la carta juntos y me los metí al bolsillo. Con suerte no tenía cámaras en su oficina.

—Estaré esperando —dijo mientras regresábamos a la pastelería.

La lluvia golpeaba las ventanas, distorsionando el exterior en formas borrosas. Me sentía como si estuviera en una dimensión desconocida donde la mejor amiga de mi abuela podía ser capaz de robar y asesinar. Miré a mi alrededor, intentando actuar normal.

—Bueno, parece que estás ocupada. Será mejor que regrese a la tienda.

—¿De verdad te quieres ir? Afuera está cayendo otro diluvio.

—Estoy segura.

—Está bien, querida. Nos vemos pronto.

Salí de prisa y respiré aire fresco en cuanto la puerta se cerró. ¿Qué diablos estaba pasando? Corrí los pocos metros hasta Whispering Pages. Busqué mi llave a tientas mientras la lluvia helada me empapaba. Al entrar, cerré la puerta y me estremecí.

Suspiré, me puse el audífono y llamé a Grace. Contestó tras unos tonos.

—Dos llamadas en un día. Qué raro.

—Lo sé, pero necesito hablar con alguien que no viva aquí ni conozca a esta gente.

—¿Por qué? ¿Qué pasó? —Su voz se tensó.

Me sequé con una toalla.

—Encontré una carta del señor James en el escritorio de Nancy. Le decía que la iba a desalojar y a fusionar las tiendas.

Grace soltó un grito ahogado.

—¿Así que lo supo todo el tiempo?

—Ella sabía y mintió —dije, sacando el papel del bolsillo. Por suerte no se había mojado. Olía a calabaza y algo más que no lograba identificar.

Tras una pausa, Grace dijo:

—¿Estás sugiriendo que Nancy podría ser la asesina?

Era tan difícil para ella imaginarlo como para mí.

—No lo sé —me mordí el pulgar—. Pero no soy la única que piensa que es raro, ¿verdad?

—Sí, suena raro —admitió Grace—. Es difícil imaginar a la entrometida de Nancy haciendo eso.

—Lo sé —suspiré, caminando de un lado a otro—. Pero no sería raro que supiera del dinero que mi Nana me dejó. Ella me dio la carta. Pudo haberla leído antes.

—De una forma retorcida, tiene sentido —dijo Grace—. En las series y novelas de crimen, no es raro que el culpable se meta en la investigación. Y Nancy ha estado ahí en cada paso.

—¿Crees que por eso me ha estado ayudando?

Grace resopló.

—Supongo que se le podría llamar ayudar. Te ha dado pistas sobre todos menos sobre ella misma, y te ha mandado tras pistas falsas una y otra vez.

—Pero al menos sí me mencionó lo de la llave —dije—. ¿Crees que lo habría hecho si fuera ella?

—No lo sé. Podría ser inocente… o podría haber sido para distraerte. —Hizo una pausa—. ¿Entonces vas a enfrentarla como hiciste con Sebastian?

—Claro que no. Eso fue un desastre.

—¿La vas a denunciar?

—No sin más pruebas. —Me dejé caer en mi sillón favorito. Gigi saltó a mi regazo, se acurrucó y empezó a ronronear. Al menos una estaba feliz.

—Ok, pensemos —dijo Grace—. Si Nancy lo hubiera hecho, habría necesitado motivo, medios y oportunidad.

—Sabemos que tenía un motivo: era la única que sabía de los planes del señor James.

—Ese es un punto en su contra.

Me levanté, haciendo que Gigi saltara con un maullido.

—Y si esa llave no estaba perdida, pudo entrar a la tienda y atraer al señor James.

—Segundo strike. Pero lo que no entiendo es: ¿qué hacía ella en tu tienda?

—¿Quizá estaba ahí por el dinero de mi Nana y el señor James la sorprendió?

—Quizá —dijo Grace—. Y recuerda: la tienda de Nancy estaba cerrada esa mañana. Dijiste que te pareció raro.

—Sí —dije—. Muy raro.

—¿Cuál fue el arma homicida?

—Un martillo con mango azul —me estremecí al ver a Gigi acomodarse en mi sillón. Ella lo había encontrado bajo una estantería, cubierto de sangre seca.

Algo crujió del lado de Grace.

—Probablemente lo tenía a la mano —dijo.

Durante un rato, solo se oyó la lluvia.

—No sé, Harp —dijo al fin—. No pinta bien para Nancy.

—Lo sé, pero tampoco pintaba bien para mí cuando encontraron el cuerpo en mi tienda. Siento que no debo enfrentarla todavía. Ha sido parte de mi vida desde niña.

—Quizá no deberías enfrentarla. Llévale lo que sabes a la policía y deja que ellos se encarguen. No quiero que te enfrentes a un asesino.

Me estremecí.

—Buen punto. De acuerdo, estaré atenta por si encuentro más pistas. Si la policía no avanza, hablaré con ellos en unos días.

—Me parece bien. —Grace dijo algo entre dientes a uno de sus hijos—. ¿Revisaste si Nancy fue cliente de Blossom Boutique en las últimas dos semanas?

—Todavía no, pero lo haré ahora.

Saqué el celular y revisé las fotos de ese día. Hice zoom en la lista de nombres.

—Aquí está —susurré al ver “Nancy Simmons” en la segunda página.

—¿Harp?

—¿Sí?

—Ten cuidado. Preferiría no quedarme sin hermana.

—Gracias por el voto de confianza.

Colgué e intenté descifrar cuál sería mi siguiente paso ahora que sabía que Nancy tenía un motivo para matar al señor James… y que había mentido.