Asesinato con un toque de especias de calabaza (Misterios de Whisper Hollow 1) 12. No todos los callejones llevan a la decepción
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12. No todos los callejones llevan a la decepción

No todos los callejones llevan a la decepción

C erré la puerta principal de Whispering Pages y me apoyé en ella con un suspiro. —Metí la pata.

—¿A qué te refieres? —La voz de Grace sonaba tranquilizadora a través de mi audífono.

Le conté lo que pasó en la tienda de al lado —muy diferente a como lo había planeado— y terminé diciéndole: —Y cuando revisé la oficina de mi Nana, la llave estaba exactamente donde él dijo que estaría.

Se me revolvió el estómago al recordar la expresión de su cara. No es que tuviéramos una gran relación que arruinar, aunque yo quisiera tener una, pero estaba bastante segura de que acusar a un inocente de asesinato contaba como quemar los puentes. Creo que Tate me arruinó.

—Claro que no te arruinó —dijo ella—; él no tiene ese tipo de poder sobre ti.

Me paseé por la tienda mientras Gigi me maullaba desde lo alto de una estantería de novelas románticas. —Sí, lo tiene. Jamás habría juzgado a Sebastian tan rápido si Tate no hubiera arruinado mi confianza en la especie masculina.

—No dudaste de él porque sea hombre. Dudaste de él porque era un sospechoso lógico basándote en las pistas que encontraste.

Probablemente debería abandonar todo este asunto de ser detective aficionada. Suspiré. Soy pésima en esto.

—Eso no es cierto. Seguiste una pista y no te llevó a donde necesitabas ir —dijo ella—; según todas las novelas de detectives que he leído, eso no es inusual.

Sí, porque seguro que mi vida se va a desarrollar como una novela de misterio. Me eché el pelo por encima del hombro.

—Nunca se sabe.

Quizá sea mejor que me vaya del pueblo. Me dejé caer en un cómodo sillón metido entre las estanterías y me llevé las manos a la cabeza. De todas formas, no sé por qué pensé que podría con esto: con la tienda de mi Nana, el asesinato y el dinero.

Grace se quedó en silencio un momento. —Podrías volver a casa.

—¿Pero? —pregunté—; porque con ese tono de voz, siempre hay un "pero".

—Pero no creo que sea una buena idea.

—¿Por qué no? Estabas lista para arrastrarme de vuelta hace unos días.

Su voz se suavizó. —Eso fue porque estaba preocupada por ti, no porque te estuvieras rindiendo.

No me estoy rindiendo. Solo estoy… demostrando que el sheriff y el señor James tenían razón sobre mí desde el principio.

—Harp, escúchame —dijo Grace—; estoy totalmente a favor de que vuelvas y te quedes con nosotros hasta que encuentren al responsable y lo metan entre rejas. Pero eso no significa que crea que debas abandonar Whispering Pages.

¿Pero y si fracaso? susurré.

—Entonces fracasas.

Parpadeé. Esa no era exactamente la respuesta, o el consuelo, que esperaba. —Vaya, gracias.

—Actúas como si el fracaso fuera algo malo —se rio—. Logan, ¿puedes decirle a la tía Harp lo que decimos sobre el fracaso en nuestra casa?

Se oyó estática a través del teléfono mientras cambiaba de manos, y luego una vocecita de tres años sonó por el altavoz: —El écito se contruye fobre una bafe de fracafos.

—Gracias, Logan. —No pude evitar sonreír ante su granito de sabiduría y su adorable ceceo.

Se escucharon ruidos de nuevo y luego Grace volvió a la línea. —Además, ya sabes lo que siempre dice papá.

—"Florece donde te planten". —Suspiré de nuevo. Grace siempre parecía saber qué decir. Pero, más importante aún, no tenía miedo de decirlo, incluso cuando no era lo que yo quería oír.

—En serio, puedes venirte para acá hasta que las cosas se calmen.

Negué con la cabeza. —No puedo dejar la tienda tanto tiempo si quiero mantenerla a flote. Tengo dos semanas para conseguir el dinero para el banco.

—Si te preocupa el alquiler…

—No, Grace. No voy a aceptar tu dinero. Si voy a tener éxito con esto, voy a hacerlo por mi cuenta. —Me giré para mirar por la ventana del frente, justo cuando pasó una mancha rosa. Era Nancy, probablemente de camino a Sugarplum Delights—. Será mejor que me vaya. Tengo otra pista que encontrar.

—Bueno, hablamos después. Llama cuando quieras.

Casi tan pronto como colgamos, mi teléfono vibró en mi bolsillo. Lo saqué con una sonrisa. ¿Acaso Grace había recordado algo más? Apreté el teléfono en la mano mientras leía el mensaje y mi sonrisa se desvaneció.

Harp, hablo en serio. Necesitamos hablar. Siento lo que pasó. Cometí un error, pero lo de ella y yo ya se acabó. Te extraño. Devuélveme la llamada.

Las palabras tiraron de los hilos deshilachados de mi corazón, dejándolo hecho un lío.

¿Acaso Tate podía creer de verdad que lo perdonaría después de que me engañó cuando estábamos comprometidos?

Digo, aunque pudiera perdonarlo, eso no significaba que quisiera volver a salir con él.

Si yo había quemado mis naves con Sebastian —la idea me provocó una punzada de remordimiento—, entonces Tate había volado las suyas con dinamita.

Metí el celular de nuevo en mi bolsillo y salí, volteando el letrero de la puerta a "Cerrado".

¿Acaso Tate no había entendido el mensaje cuando no respondí a su último texto?

Una brisa fresca sopló por la calle, alborotándome el pelo y calando a través de mi suéter.

Me estremecí y caminé los pocos pasos hasta la pastelería de Nancy.

Tan pronto como abrí la puerta, el delicioso aroma a calabaza y canela me envolvió como un cálido abrazo.

—Buenos días, cariño —saludó Nancy desde detrás del mostrador. Era uno de esos raros momentos en que la tienda estaba vacía, excepto por una adorable anciana que miraba los postres horneados en el frente.

—Buenos días, Nancy. ¿Dónde está todo el mundo?

—Decidí abrir un poco tarde esta mañana y acabo de volver. Evelyn, aquí presente, estaba prácticamente golpeando mi puerta.

La mujer mayor se rio y le dio un manotazo juguetón a Nancy con una mano arrugada. —Claro que no. —Me miró y susurró en tono de conspiración—: Pero a veces una mujer necesita algo más que la porquería que sirven en el asilo.

—¿El asilo? —pregunté.

—Evelyn vive en el centro de vivienda asistida que está a una cuadra, el que está cerca del motel —dijo Nancy, antes de volverse hacia Evelyn—. Evelyn, te presento a la nieta de Bettye.

Evelyn me estrechó la mano con un agarre huesudo y sorprendentemente fuerte. —Claro que la extrañamos por aquí. Era muy divertida.

Sonreí. Era fácil imaginar a las tres mujeres paseando por el pueblo como si fueran las dueñas del lugar. —Yo también la extraño.

Evelyn aceptó una taza que Nancy le ofreció y luego se despidió con la mano. —Bueno, será mejor que regrese. Fue un gusto conocerte, linda.

—Para mí también —la saludé con la mano mientras salía por la puerta; luego me volví hacia Nancy—. Qué raro que abras tan tarde.

—Tenía que entregar un pedido grande de cupcakes para una fiesta de Halloween en el pueblo —dijo. Se alejó del mostrador para refrescar las flores de algunos centros de mesa y luego enderezó los manteles a cuadros.

Sus palabras me recordaron la idea de María sobre la fiesta y, aunque no era por eso que había venido, mi cabeza empezó a dar vueltas con las posibilidades. —Quizá debería contratarte a ti también.

—¿Para qué?

—Estoy pensando en organizar una fiesta de Halloween en la tienda para atraer a más clientes.

—Tengo muy buenos precios para pedidos grandes. —Me dedicó una sonrisa y me guiñó un ojo—. Además, puedo hacerte el descuento de recién llegada.

—Déjame pensarlo y te aviso.

—Me parece bien. —Volvió a colocarse detrás del mostrador—. Dame un minuto y te preparo una bebida nueva para que la pruebes.

Me acerqué para ayudarla con las mesas.

—Esperaba poder hablar contigo. Aún no te lo había mencionado, pero mi Nana me contó que me había dejado algo de dinero para usarlo en la tienda.

—¿Ah, sí? Qué amable de su parte. —Nancy sonrió y empezó a preparar una bebida de calabaza especiada, echándole clavo y cardamomo.

—No lo supe hasta que leí la carta que me diste, pero cuando fui a buscar el dinero esa noche, ya no estaba.

—¿Desapareció? —Abrió los ojos de par en par.

—Sí, pensé que quizá estaba relacionado con el asesinato, pero ahora no estoy tan segura.

Puso la bebida sobre el mostrador. —¿Por qué crees que está relacionado?

Terminé con la última mesa y tomé la bebida, dejando que me calentara las manos a través del vaso de cartón. —Porque sucedieron con muy poca diferencia de tiempo.

—¿Ah, sí? —preguntó—. ¿O lo diste por hecho porque al señor James lo mataron la misma noche que descubriste que faltaba el dinero?

Reflexioné sobre sus palabras. —Supongo que podría haber sacado conclusiones precipitadas, pero no tengo ninguna razón real para pensar que no están relacionados.

—Pero tampoco tienes ninguna razón para pensar que sí lo están. —Esbozó una rápida sonrisa y borró el especial del día de la pizarra—. El dinero podría haber desaparecido en cualquier momento después del fallecimiento de Bettye.

—¿Crees que no están conectados? —Tomé un pequeño sorbo.

Su mano titubeó mientras escribía "Quiche de otoño" en la pizarra. —No lo sé. Quizá no.

¿Por qué se estaba comportando Nancy de forma extraña? ¿O era yo la que estaba demasiado nerviosa y desconfiada? Intentar encontrar al asesino me estaba afectando los nervios.

—En fin, ¿has avanzado algo en la búsqueda del dinero? —Nancy levantó la vista y sonrió, pareciendo normal de nuevo. Todo estaba en mi cabeza.

—No mucho. —Le resumí lo que había hecho, desde mi visita al parque y el descubrimiento de la conexión de Lillian hasta mi conversación con ella, las fotos y la lista con el nombre de Sebastian.

—¿Así que conociste a los Lloyd en el parque? Bien, bien. Son una buena familia —dijo—; creo que Jessie tiene más o menos tu edad.

—Sí, fue muy amable.

—Y pudiste volver a Blossom Boutique. —Nancy sonrió—. Era uno de los lugares favoritos de Bettye. Solía ir cada semana a comprar flores frescas para la librería.

Fruncí el ceño y apreté la taza con demasiada fuerza, haciendo que unas cuantas gotas del líquido humeante se derramaran sobre mi mano. Hice una mueca de dolor y me limpié con una servilleta. —Pero no sé qué hacer ahora, y estoy estancada con los dos casos.

—Todavía no estoy convencida de que estén conectados. ¿Piensas que Sebastian podría ser un asesino porque compró unas flores? —Nancy chasqueó la lengua y negó con la cabeza—. Ese chico no le haría daño ni a una mosca.

Dudé si corregirla por usar el término "chico", considerando lo bien que se veía hacía una hora. Definitivamente no era ningún chico.

—La caballerosidad no ha muerto, Nancy. El señor James sí. Y tenemos que averiguar quién fue —dije—. Me equivoqué con Sebastian, pero el asesino sigue suelto.

—Buen punto —suspiró—. Supongo que esto no es un dorama coreano.

—Me preguntaba si se te ocurre alguien más a quien mi Nana pudiera haberle dado una llave.

—Mmm... —continuó moviéndose de un lado a otro por la pastelería—. Hace tiempo tuve una copia de la llave de Whispering Pages, pero no estoy segura de qué hice con la dichosa llave. —Arrugó la frente mientras pensaba—. No se me ocurre nadie más, pero seguiré pensando en ello.

—Está bien, gracias.

Se me revolvió el estómago. ¿Cuántas llaves repartió mi Nana? A este paso, el asesino se iba a salir con la suya. Sentía que el caso se me escapaba de las manos tan fácilmente como el asesino se había escabullido por la puerta trasera de mi tienda.

Me enderecé. ¡Eso era! Un lugar que aún no había revisado en busca de pistas.

—¿Estás bien?

—Sí, me di cuenta de que tengo que hacer algo. Gracias por tu ayuda, Nancy —dije mientras salía apurada por la puerta hacia el espacio detrás de la tienda.

Quizá allí encontraría mi próxima pista.

De vuelta en Whispering Pages, ignoré cómo las cuencas vacías de los ojos del esqueleto parecían juzgarme mientras serpenteaba entre las estanterías y abría la puerta trasera.

Una ráfaga de aire fresco me recibió y me estremecí al salir al pequeño estacionamiento que compartían los locales.

La brisa traía consigo los tenues sones de la banda de música de la preparatoria, a unas cuantas calles de distancia.

Gigi se me unió, olfateando cosas al azar cerca del contenedor de basura en la esquina.

Olisqueó el envoltorio de un cupcake en el suelo y no pude evitar mirar hacia la parte trasera de Sugarplum Delights.

Nancy se había comportado de forma extraña cuando mencioné el dinero perdido de mi Nana y estaba bastante segura de que no eran solo imaginaciones mías.

¿Podría ella tener algo que ver con el dinero desaparecido?

Si el señor James también la había estado molestando, estoy segura de que un dinero extra le habría sido útil, pero me costaba imaginarla robándole a una de sus mejores amigas.

Aunque, por otro lado, la gente era capaz de todo tipo de cosas; como engañarte con tu compañera de cuarto de la universidad.

Quizá Nancy sabía algo que no estaba diciendo.

¿Estaba tratando de despistarme diciéndome que los casos no estaban conectados, aunque sí lo estuvieran?

No, estaba siendo tonta. Si algo había aprendido de mi experiencia con Sebastian, era que necesitaba tener más fe en la gente y estar menos dispuesta a sacar conclusiones precipitadas sin pruebas sólidas. Hasta yo me daba cuenta de que mis opiniones cambiaban constantemente, pero no podía evitarlo.

Una puerta se abrió detrás de mí con un crujido y me di la vuelta para encontrar a Cooper saliendo de su tienda con unos jeans azules y una camiseta verde.

—No dejamos de encontrarnos —dijo—; debe ser el destino, Harpsicle.

—No soy un helado, Coop —reí.

Gigi se escabulló, desapareciendo entre dos botes de basura.

—Y que nos encontremos podría tener algo que ver con el hecho de que trabajamos, literalmente, uno al lado del otro.

Se encogió de hombros y se cruzó de brazos, tamborileando los dedos de una mano contra el otro brazo. —Eso también suena a destino, si me preguntas.

—Supongo que podrías verlo de esa manera, si quisieras.

—¿Necesitas ayuda con algo?

—No, estoy bien. —Lo estudié con el rabillo del ojo. Actuaba tan despreocupado que me pregunté si Sebastian le habría contado de mi acusación. ¿De verdad estaba tan tranquilo o es que no lo sabía?

—¿Hay alguna razón por la que estás aquí husmeando en la basura? —Me dedicó una sonrisa torcida y luego se enderezó—. Ya sé. Estás investigando, ¿no?

Mi teléfono sonó y un vistazo me confirmó que era un número desconocido. —Lo siento, es mejor que conteste.

Él me saludó con la mano mientras yo volvía a entrar a la tienda y contestaba. —Hola.

—Hola, ¿hablo con la señorita Coleman?

—Sí, ella habla.

—Soy Dean Thomas, del Whisper Hollow Heritage Bank. Quería ver si podíamos programar una cita para reunirnos pronto.

El estómago se me quiso hacer un nudo. —¿Sobre qué?

—Sobre la propiedad que usted está rentando actualmente en Main Street.

—Claro. —Traté de que no me temblara la voz—. ¿Cuándo le gustaría que nos viéramos?

—Si pudiera venir el dieciséis al mediodía, sería perfecto.

—De acuerdo. —Tragué saliva, rezando para que ese no fuera el momento en que perdería la tienda de mi Nana para siempre—. Allí estaré.