8. El Silmarillion #2
Se frotó la papada incipiente. —Sí, uno de los hermanos Moore dijo que pasó por su casa esa noche y la vio allí alrededor de las once, completamente dormida en el sofá.
Y eso es justo en medio de la franja horaria del asesinato, así que la descartamos como sospechosa.
—Luego añadió, casi como si se acabara de acordar: —Dijo que tenía que dejar algo.
Sus palabras hicieron que todo encajara como la pieza faltante de un rompecabezas.
El libro que descubrí en mi porche. Cooper debió de haberlo dejado, y así fue como terminó allí.
No estaba segura de por qué no lo devolvió a la tienda ni dijo nada en la cena de anoche, pero fuera cual fuera su motivo, me había salvado.
No pude evitar la sonrisa que se dibujó en mi rostro.
Era libre y, con suerte, eso también ayudaría a la tienda.
Pero todavía no podía celebrar. El asesino seguía suelto y, además, habían intentado incriminarme.
Encima, el dinero de mi Nana había desaparecido y tenía que preocuparme por el alquiler.
—En fin, ya la descartamos, pero como el cuerpo fue descubierto en su tienda, es posible que algunos oficiales pasen por aquí de vez en cuando hasta que cerremos el caso.
—Entiendo. —Al menos, entendía que, aunque mi nombre había sido limpiado, mi negocio podría seguir en peligro hasta que atraparan al verdadero sospechoso.
Si no lo atrapaban, el caso abierto continuaría asociándose con Whispering Pages.
Y si quería ayudar a mi tienda y encontrar el dinero perdido de mi Nana, todavía necesitaba encontrar al asesino—. Gracias por informarme.
Lo seguí mientras bajábamos las escaleras hasta llegar a la puerta principal. Se inclinó el sombrero a modo de despedida con un estaremos en contacto y dejó que la puerta se cerrara tras él con un clic.
—¡Ves, sabía que eras inocente! —María salió de entre dos estanterías y me dedicó una amplia sonrisa.
Le devolví la sonrisa y tomé nota mental de tener mi próxima reunión en mi oficina. A pesar de la música de Halloween de fondo, el sonido se propagaba con demasiada facilidad por toda la tienda. —Me alegra que la policía también se haya dado cuenta.
—Esto merece una celebración. Vamos a Sugarplum Delights por un dulce.
Me reí de su entusiasmo. —Todavía no puedo. Estoy trabajando.
—Entonces, ¿qué tal esta noche? Podríamos cenar allí. —Parecía casi esperanzada, con sus ojos castaños brillantes.
Aunque no había tenido mucha suerte con las amigas en el pasado, tal vez mi suerte cambiaría en Whisper Hollow, especialmente ahora que no era sospechosa de asesinato. —Claro, suena genial. Puedo ir cerrando como a las siete. ¿Te parece bien?
—Suena perfecto. —Retrocedió, agarró algo de una estantería y luego se volvió hacia mí, sosteniendo una pila de libros—. Y mientras tanto, tengo algunos libros que comprar.
Me reí de nuevo y le cobré. —Necesito que vengan más clientes como tú.
—Solo llevas unas semanas abierta. Dale tiempo.
Lo único que no tengo es el tiempo. —Totalmente —dije con una sonrisa forzada—. Sale, te veo esta noche.
—Nos vemos —dijo con voz alegre mientras salía por la puerta con su torre de libros.
Una vez que se fue, me quedé hasta que Kyle entró para su turno, y entonces corrí al local de al lado para darle las gracias a Cooper. A pesar de todas sus similitudes con Tate, quizá después de todo sí podía confiar en él.
Dentro, un señor ya grande con tirantes y una gorra de bolos estaba de pie cerca de un expositor en la pared izquierda, hablando con Sebastian. Estaban frente a una mecedora que se me hizo conocida.
La campanilla de la puerta sonó y Sebastian me miró. Nuestras miradas se encontraron y un escalofrío me recorrió.
—Entonces, ¿cree que le quedará bien? —preguntó el anciano, reclamando la atención de Sebastian.
—Creo que le va a encantar la mecedora, señor Mosely. —Sebastian le sonrió al hombre, pareciendo más relajado con él de lo que nunca había estado conmigo—. Además, es un poco tarde para cambiar de opinión. Ya está pagada y casi he terminado.
—De verdad, necesito encontrar el regalo perfecto. —El hombre mayor se quitó el sombrero y se frotó la calva con un pañuelo que sacó del bolsillo.
—Basado en lo que me dijo, estoy seguro de que hizo una buena elección. Creo que a ella le va a encantar.
Di un paso adelante y luego volví a apoyarme en los talones. Sí, me había metido a la bodega el otro día para perseguir a Gigi, pero no debía volver a hacerlo. Lo mejor sería esperar a que Sebastian terminara con su cliente y después preguntarle dónde podía encontrar a Cooper.
El señor Mosely asintió una vez y luego miró a Sebastian con sus pobladas cejas blancas fruncidas.
—Igual y piensa que estoy siendo dramático, pero es difícil encontrar el regalo de aniversario perfecto después de cincuenta y dos años de casados.
Y la mujer perfecta se merece el regalo perfecto, ¿no cree?
Sebastian le dio una palmada en el hombro al hombre mayor. —¿Acaso existe la mujer perfecta?
—Elly es la mujer perfecta para mí, y eso es todo lo que podría pedir. —El señor Mosely lo miró y meneó sus pobladas cejas.
—Bueno, debería poder terminar la silla para el final del día, y se la llevaré directamente a su casa para asegurarme de que llegue a tiempo.
—Se lo agradezco.
—No, gracias a usted por ser comprensivo con el retraso. Lamento que no estuviera lista para que la recogiera.
Un mal presentimiento en la boca del estómago me dijo por qué la silla no estuvo lista a tiempo y por qué se me hacía conocida. Era el proyecto en el que Sebastian estaba trabajando cuando Gigi se metió a la tienda. Con razón había estado tan cortante.
—De todas formas, esta parece la mejor opción. —El señor Mosely rio—. Descargarla es probablemente más de lo que mi vieja espalda puede soportar estos días. Podré parecer de cincuenta y tantos, pero tengo casi ochenta y cinco, ¿sabe? No debería andar acarreando mecedoras a tontas y a locas.
—Por supuesto que no. —Sebastian acompañó al hombre mayor hasta la puerta.
Me aparté de su camino, incapaz de sostenerle la mirada a Sebastian, pero una vez que la puerta se cerró tras el señor Mosely, solo quedamos nosotros dos en la tienda.
—¿Puedo ayudarla en algo? —preguntó en un tono educado.
—Lo siento por lo de la silla. —Incapaz de contenerlo más, solté las palabras—. Gigi fue la razón por la que no pudo terminarla a tiempo, ¿verdad?
—¿Gigi? —Levantó una ceja oscura, haciéndolo parecerse a Cooper. O quizá Cooper se parecía a él—. ¿Como el Gigi de Kiki, el aprendiz de bruja?
Parpadeé; no me esperaba que ubicara la referencia. —Sí, era una de mis películas favoritas de niña, así que mi Nana y yo la veíamos a menudo. —Sacudí la cabeza—. En fin, sé que ella estropeó algo cuando entró corriendo aquí el otro día.
Se encogió de hombros y desvió la mirada. —Son cosas que pasan.
La puerta de la trastienda se abrió y Cooper asomó la cabeza. —Me pareció oír tu voz, Harperoni. ¿Y ese milagro?
Aparté la vista del hermano mayor para mirar al menor. —Quería hablar contigo —dije mientras intentaba no prestar atención a cómo Sebastian desaparecía de nuevo en la trastienda—. Además, creo que los apodos están cada vez peor.
—Lo sé. Seguiré intentándolo. —Sacudió la cabeza con fingida desesperación—. Pero qué oportuna. Estaba a punto de tomarme un descanso para almorzar. ¿Quieres acompañarme?
—No debería ausentarme mucho tiempo.
Cooper cruzó la sala en unas pocas zancadas y sostuvo la puerta abierta. —Entonces te acompaño de vuelta —dijo con su característica reverencia.
Sonreí y salí con él de nuevo al aire fresco, resistiendo la tentación de mirar por encima del hombro a Sebastian.
Un viento fuerte soplaba por la calle, haciendo crujir las hojas sobre nuestras cabezas.
Caminamos el corto trecho de vuelta a Whispering Pages y me estremecí con mi suéter de punto trenzado.
—No tenías que hablar con la policía por mí, pero te agradezco que lo hicieras.
Cooper se detuvo y me miró mientras sus ojos oscuros se agrandaban. —¿De qué hablas?
—Ya es muy tarde para hacerte el inocente. —Me reí y me giré para quedar frente a él—. Anoche mencionaste que hablarías con la policía para darme una coartada, y esta mañana aparece el Sheriff Warner y me dice que ya no soy sospechosa en el caso.
—Ese no fui yo.
Sus palabras hicieron que mi corazón latiera con un ritmo pesado. Si no fue Cooper quien habló con el Sheriff, eso solo dejaba al otro hermano Moore.