Capítulo 8 #3
—Emma…, esto solo lo sabemos nosotras, pero…
ella tuvo algo con un chico al poco de empezar en el pódcast en el que está.
Él formaba parte del equipo, era becario en la productora o algo así, creo.
Nunca lo confirmaron, ni hacían vida de pareja en público y eso…
, pero se les vio alguna vez juntos y, solo con las insinuaciones, con leves teorías en los medios…
, él se agobió un montón. Y terminó alejándose de Emma.
Ella lo entendió, claro. —Sus dedos ascienden por mi muñeca y yo estoy seguro de que nota mi vello erizado en su movimiento, o igual precisamente por eso ha tenido ese gesto—.
Nadie se va a enterar de lo nuestro, de verdad.
Lo estamos haciendo muy bien, te lo juro.
Solo que… está bien que sepas lo que hay.
Pero ¡en serio que…! Joder. —Olivia se revuelve en su sitio y ahora soy yo quien toca su piel despacio—.
Que yo soy la primera que se niega a que tú pases por lo que yo paso.
Esta es mi mierda. Y será solo mía siempre que tú lo quieras.
Estoy acojonado, pero no digo nada. Estoy acojonado, pero Olivia también lo está.
Lo veo en sus ojos tristes y huidizos, en su mandíbula apretada, en sus hombros encogidos. En la fuerza con la que ambos sostenemos las manos del otro.
Una vez más, me siento pequeño a su lado. Yo no tengo todos esos ojos sobre mí, ni los quiero. Pero esos ojos son relevancia, éxito, una muestra del interés de los otros por quién eres tú…, y yo solo soy un universitario un poco friki.
Insto a Olivia a acercarse y nos acurrucamos el uno en el otro. Hablamos bajito, de nada en concreto, como si hablar de la posibilidad de que esto explote nos forzase a no llamar la atención aun cuando el único espectador es un dormido Profiterol.
—Puedes quedarte a cenar —propone después de un rato Olivia, con un tono dulce tiñendo sus palabras y sus manos acariciando mi cuello despacio—… o lo que quieras.
¿Yo había dicho que estaba acojonado? No, perdona: acojonado estoy ahora.
Los colores ascienden sin ningún tipo de freno por mi rostro y siento cómo me inunda la vergüenza. El bochorno. El patetismo.
Y lo peor es que ella parece darse cuenta de que algo no va bien, porque se apresura a quitarle importancia con la mano a su sugerencia.
—No pasa nada si no quieres o si…
—Es que mi experiencia es nula —corro a explicarme antes de que ella pueda sentirse mal por no entenderme.
Venga, Andrés, vamos a dejarnos en ridículo un poco más—.
O sea, que nunca he tenido pareja, pero tampoco, bueno…
, o sea, que tampoco tengo ninguna experiencia.
Ya sabes a lo que me refiero. —Lo tiene que saber, vamos, Olivia ha debido leer perfectamente entre líneas, pero, aun así, decido verbalizarlo aún más, por si me había quedado corto en eso de sentirme minúsculo—. En el sexo.
Ella se sorprende, me doy cuenta. No la juzgo, supongo.
Pero su agarre en mi cuello se intensifica. Se vuelve más firme y, no sé cómo lo hace, pero el gesto impide que sea capaz de hacer otra cosa que mirarla a los ojos.
—No pasa nada. Podemos ir todo lo despacio que queramos —dice, y su voz ya no tiene el deje juguetón de antes, pero es más cariñosa si cabe—. En todo lo que queramos.
Y me reconforta, ella siempre lo hace, incluso cuando nuestra conversación es completamente banal.
Me gustaría decir que con eso es suficiente, que compartimos el mismo punto en nuestra relación porque los dos estamos dispuestos a acompañarnos el uno al otro…
, pero en realidad no estoy seguro de si compartimos el mismo punto.
Porque nuestra conversación sobre las relaciones de sus amigas sigue en mi mente, latiendo con fuerza.
Porque no sé bien en qué lado del espectro me encuentro, si puedo defender para mí la forma de verlo de Daniela y Laia…
o soy más como el becario de Emma. Y, por si no fuera suficiente con todas estas diferencias entre nosotros, a esto se suma que también nuestras «vivencias sentimentales» son dispares a la hora de hacerme sentir pequeño a su lado.
Siento repetirme, pero de verdad que me es imposible no percibir a Olivia… por encima de mí. Y, si no fui suficiente para mi mejor amigo, que era el mismo perfil de chaval pringado que yo, ¿cómo voy a serlo para esta estrella?
Porque Olivia es una estrella, solo le falta creerse que no es fugaz. Encontrará la manera de brillar siempre en el inmenso cielo que es la industria musical.
Sí que acepto quedarme a cenar, aunque, cuando Olivia propone pedir algo, yo sugiero que seamos nosotros quienes cocinemos.
Y es divertido, tan divertido como comer hamburguesas en un descampado a las afueras o perseguir a su gato por todo el salón en pijama.
Es Olivia, Olivia conmigo y yo con ella, lo que lo convierte en divertido.
Solo eso consigue que me olvide de quiénes somos y a quiénes podría interesarles nuestra historia. Esto es lo único que debería importar, y es lo único capaz de acallarlo todo por un rato, incluso el miedo: lo que sentimos cuando solo somos nosotros.