As It It’s Your Last Capítulo 8
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Capítulo 8

Negaré frente a mi abogado que me ha molestado un poco que María haya elegido a nuestra madre para que le haga hoy las trenzas antes que a mí.

Así, mientras ellas están en sus «tareas de peluquería» y mi padre se dedica a planchar, yo tengo que conformarme con mirar el móvil distraído, tirado en el sofá.

Lo siento, pero es que lo que tenemos puesto en la tele está lejos de ser mi movida.

Porque lo venden como un programa de actualidad de famosos, pero en realidad lo que hace es tener a unos cuantos colaboradores rajando sobre la vida personal de todo aquel personaje mediático que haya hecho algo mínimamente relevante.

Carroña televisiva, si me preguntas. Para lo que no tengo respuesta es para por qué no estamos, qué sé yo, viendo los dibujos animados que le flipan a mi hermana; con lo cabezona que suele ser siempre para apropiarse todo el tiempo del mando, hoy no deja de decepcionarme.

—Anda que… ni que nos importase a nosotros esto —dice de repente mi padre mientras mira hacia la pantalla con el ceño fruncido; un escalofrío me recorre al ver el gesto, porque la verdad es que nos parecemos un huevo al hacer eso.

—Eso pasa por ver estos programas —replico con molestia—. Si la gente no hiciera caso a lo que dicen, pues…

—¿Y el Felipe Torres este es muy famoso? Fíjate que no sé si me suena haber escuchado nada suyo.

Su interrupción me hace rodar los ojos, algo que consigue arrancarle a María una de sus risitas cantarinas.

Le saco la lengua y, para cuando regreso la vista a la pantalla antes de enfrascarme de nuevo en mi teléfono, hasta yo noto cómo debo haberme quedado pálido.

Porque en el televisor reconozco a Olivia.

Aunque el rótulo la llama Ruki, claro. Y por si verla no era suficiente para ganarse toda mi atención, encima lo que veo me gusta entre nada y menos.

La han grabado saliendo de una clínica veterinaria y cargando con un transportín.

Parece muy agobiada…, aunque, por lo visto, no lo suficiente como para que varios periodistas decidan que es mejor no pegarse a ella con micrófono en mano.

Ella —¿debería seguir llamándola «amiga»?

— no les dirige ni una palabra mientras camina hacia el Unknown Car que la espera en la acera.

— Este vídeo que están viendo es de hace ya unas horas, de madrugada —explica uno de los colaboradores en plató—.

Y hemos podido acceder a más información de lo sucedido.

Por lo visto, Ruki acudió a esta clínica veterinaria cuando su gato ingirió por error un objeto de pequeño tamaño que le imposibilitaba respirar con normalidad.

También hemos podido saber que tuvieron que intervenirlo a toda prisa cuando llegaron a la consulta.

Pero, por fortuna, el animal ya está fuera de peligro.

El nudo en mi pecho se afloja un poco cuando escucho que Profiterol está bien, pero la verdad es que me dura poco la alegría.

— ¿Y esto no se podría haber evitado? —interviene entonces otro colaborador del programa—. No es que quiera yo poner en duda a Ruki, pero… ¿dónde estaba? Una mascota requiere de responsabilidad, y ella parece que no estuvo lo suficientemente pendiente como para que no pasara algo así.

— Bueno, tampoco es eso. —Ahora, es una periodista la que toma el turno de palabra.

Y parece que lo hace para salir en su defensa—.

Le podría haber pasado a cualquiera: a veces es complicado seguirles el ritmo a los gatos traviesos.

Además, Ruki reaccionó rápido; si no hubiese sido así, el pobre podría no haberlo contado.

— Pero, según nuestra fuente —el que ha juzgado antes a Olivia vuelve a la carga y yo no puedo evitar chasquear la lengua—, a la clínica veterinaria Ruki acudió junto a su mánager, Verónica Lazar.

En plató, se hace el silencio unos segundos. No creo ser el único que nota cómo queda en el aire el reproche de necesitar ayuda. Cómo, de alguna manera, se le reprocha sin palabras a Olivia que tomase la decisión de no arreglar la situación sola.

Para mi suerte o desgracia —no lo tengo claro—, el tema en plató cambia a otra celebridad, algo de que a una influencer se le han echado encima sus fans porque ha decidido no enseñar a su hijo. No me da tiempo a pensar en lo mucho que me asquea este asunto también, porque…

—Pero ¿esto es tan reseñable como para que lo comenten en la tele?

—pregunta mi madre mientras María elige el coletero que quiere para su trenza; seguro que se decanta por el que tiene purpurina y un unicornio—.

Pobre chica, suficiente tendrá ella con el susto…

¿Ves cómo un gatito necesita mucha atención, ratona?

—No, si mucho criticarlo, pero tampoco lo quitáis —digo elevando la voz. Aunque supongo que no los juzgo: aun no viendo bien estos programas, el morbo a veces hace querer saber qué cuentan.

Quizá por eso mismo desbloqueo mi teléfono mientras reviso en la esquina superior de la pantalla cuál es el hashtag del programa.

Lo busco y no tardo en ver a personas tras usuarios sin foto criticar a Olivia.

Que cómo puede tener un gato con su agenda.

Que si se sabe desde cuándo lo tiene, porque a ver qué hacía cuando las chicas y ella se iban de gira.

Que qué habría pasado si eso hubiese ocurrido con ella fuera de casa. Me cabreo. Me cabreo mucho.

—Esto es ridículo —suelto en voz alta. Mi padre me llama la atención y, al levantar la mirada del móvil, veo que los dos me miran—.

Están poniendo a caer de un burro a… Ruki, y es una gilipollez.

—Finjo no ver el reproche en mi progenitor por decir un taco delante de mi hermana y sigo hablando—: Lleva años con ese gato y siempre está superpendiente de él, lo adora.

En cuanto va a estar fuera, si no se lo puede llevar o cree que no va a cuidarlo bien, contrata a alguien que se ocupe o lo lleva a una guardería.

Tiene literalmente un montón de pasta. Ella…

, bueno, lo ha dicho en entrevistas… y eso.

Seguro que lo ha dicho públicamente alguna vez, vamos. Y, si no es así, mis padres no tienen por qué saberlo. Bueno, y que ni que ellos fueran a sospechar la realidad, seamos serios.

¿Te imaginas? «Andrés, cariño, no estarás quedando con Ruki, ¿verdad? Espera, seguro que has estado un montón de veces en su salón con su gato mirándote con cara de asco. Y es incluso más probable que os hayáis besado, que te haya besado ELLA, además. ¿Sí? ¡Lo sabía!». Evidentemente, no va a pasar.

—No sabía que te gustase tanto Girl-lies como para saber tanto de Ruki.

No, claro, la realidad ni se la huele, pero que tú hayas visto entrevistas suyas también es raro de cojones, Andrés.

—¡A mí me encantaban! Sobre todo Darku.

Y por esto amo a mi hermana. Tener una hermana de siete años es altamente recomendable a veces.

Me sale genial lo de dejar que María escurra el bulto y todos se olvidan tanto de cómo me he picado con la opinión de cuatro tontos de internet como de que de pronto sabía de una girl band más de lo esperado.

Apenas tardo en escabullirme a mi habitación y escribir a Olivia para decirle que puede llamarme cuando le apetezca, que he visto lo de Profiterol.

Pienso en la bola de pelo naranja gigante y refunfuñona.

Le he cogido cariño aun con lo porculero que es, oye. Espero de verdad que esté bien.

Y que lo esté Olivia.

Desde que llegué a casa, no me he separado de Profiterol ni un solo segundo. Es más, solo me he dedicado a mimarlo todo el tiempo… y a llorar. Mi pequeño, mi bebé, mi amor. Ya está bien, profundamente dormido. Pero no puedo dejar de pensar en las últimas horas.

Si le hubiera pasado algo, si lo hubiera perdido…

Vero ha intentado quitarme ese pensamiento de la cabeza por algo tan sencillo como que no ha pasado.

Mi representante entró en mi salón con un café de mi local favorito y un par de napolitanas de chocolate bajo el brazo tan solo una hora y media después de que lo hiciera yo.

Y, de la misma manera que yo no he soltado a Profiterol, ella tampoco se ha separado de mí ni ha dejado de darme su consuelo aun en silencio, con una mano en mi pierna de vez en cuando o jugando con un mechón rebelde de mi pelo.

Cuando mi gato empezó a no poder respirar bien, me agobié; me agobié tanto que no supe qué hacer, y la llamé a ella. Porque nadie me ha salvado nunca de más apuros, nadie me ha cuidado más que Vero.

Sí, todo está bien ahora, pero estoy en bucle.

Lo he pasado muy mal, también con los periodistas allí al salir con sus micrófonos preparados; yo solo me quería morir.

Mi mánager ha querido quitarle importancia, no solo porque al final ha quedado todo en un susto, sino a esa parte en concreto: según ella, no es algo tan jugoso como para que se le dé coba realmente.

Y a mí, en este momento, no podría importarme menos. Ni siquiera me he parado a pensar en los periodistas desde que cerré la puerta del Unknown Car .

Se me eriza la piel al sentir el fuerte ronroneo de Profiterol.

Pensar que siempre ha sido tan ruidoso y antes dejé de escucharlo…

Lo toco con todo el cuidado del mundo, hundiendo mis dedos en su pelaje muy despacio.

Él se encoge y estira con mis caricias a cada segundo sin llegar a mostrarme sus ojos pardos.

Y hablando de ojos pardos: el mensaje que vibra en mi muñeca lleva el nombre de Andrés. No necesito mi teléfono para leerlo porque mi reloj ya me muestra su contenido, pero me lanzo a por él igualmente. Para entrar en redes sociales, alertada por si él sabe lo que ha pasado.

—Vero, soy trending topic .

La velocidad de un guepardo tras su presa no es nada comparada con la de mi representante atrapando su propio móvil.

Y en menos de lo que dura un parpadeo ya está chasqueando la lengua; Vero me conoce muy bien, pero yo también a ella, y estoy segura de que lamenta no haber visto la reacción de la gente antes…

, aunque tampoco es que pueda hacer nada.