Capítulo 1 #4
—¿No? ¿Tienes prisa? Llevo buscándote toda la noche.
—Vale, eso me sorprende tanto como detiene mis pensamientos.
¿Qué puede querer de mí alguien como Felipe Torres?
—. Pero te he visto antes ocupada con el crío ese y…
me parecía de mala educación interrumpir.
Aunque, entre tú y yo, ese pipiolillo recién salido de internet no sabe cómo funciona este mundo como lo hacemos nosotros.
Me pregunto por un momento si es consciente de que en realidad Tomly es uno o dos años mayor que yo.
Porque estoy bastante segura de que sí sabe mi edad; yo sé perfectamente que tiene treinta y uno, once más que yo.
Igual que ambos conocemos la cantidad de artistas «salidos de internet» que venden giras nacionales y discos de muy buena calidad musical.
No sé por qué estaría mal utilizar las herramientas digitales para darse a conocer en lugar de seguir el complejo sistema tradicional.
—¿Qué querías? —pregunto directa y concisa.
A veces ser directa y concisa también es ser amable, en especial si lo haces con una sonrisa y justo después de decir que, en realidad, tienes prisa—.
Porque no sé qué podría darte yo —bromeo, pero dejando claro lo que los dos también sabemos: que las conversaciones en eventos como hoy buscan algo.
Y que, siendo sinceros, no es como si yo pudiera conseguirle nada a nadie.
—Bueno, se me ocurren unas cuantas… —Por supuesto, su chascarrillo no me hace reír—.
Pero ¿de verdad no tienes tiempo? ¿Ni una copa rápida?
—Mi suave sonrisa parece bastarle como respuesta, pues niega con la cabeza—.
Vale, vale, aunque prefería una conversación un poco más distendida.
Seré claro, entonces. —Espera a que asienta antes de añadir—: Y seamos también francos: ninguno de los dos está pasando por un momentazo reputacional especialmente favorable.
—Estoy a punto de contradecirle, aunque cambio de opinión en el último momento: mi imagen pública sí es favorable, solo que ya no está directamente ligada a un concepto musical propio porque aún no lo tengo.
Por eso no dejo de crear contenido en mis redes sociales o de hacer promo de diferentes marcas, para que la gente no se olvide de mí y seguir teniendo esa presencia positiva.
Otro tema es que necesite hacer música para que nadie se olvide de que lo que soy es cantante.
¿Y Felipe qué ha liado para que hable así de sí mismo?
Vero no me ha hablado de él últimamente—.
Estaba pensando que quizá podríamos ayudarnos el uno al otro, dejarnos ver un poco por ahí…
, darles algo bonito de lo que hablar. Como además somos buenos viejos conocidos.
—La verdad es que no sé en qué estás metido para que tu imagen te preocupe, pero no creo que ayude a tu reputación insinuarle a nadie una historia conmigo cuando me conociste con dieciséis años —le suelto a bocajarro.
Porque en realidad no siempre hay por qué ser amable, ni siquiera cuando eres una celebridad.
Hay salidas de tono que todo el mundo entiende, también en este mundo, como cuando un reportero se mete en exceso donde no le llaman y la respuesta del artista es borde.
O, según Vero, cuando un «gilipollas se está pasando de la raya».
Y creo que inventarse una supuesta farsa romántica para liarse conmigo es pasarse de la raya.
Porque es evidente que eso es lo que de verdad quiere de mí—.
Pero, vamos, que no me interesa, Felipe. Gracias por pensar en mí… supongo.
Solo doy un par de pasos lejos de él, pues vuelve a sostener mi muñeca entre sus dedos para impedir que me aleje. Me suelto, con mucha más fuerza que cuando le hice lo mismo a Tomly.
—No me toques.
—Tranquila, Ruki, solo estamos hablando, que cualquiera que te vea… —Suelta una risita—. Se va a pensar lo que no es, mujer.
—¿Y seguro que no lo es?
No sé si es la acusación o el hecho de que se sume a mi negativa, pero Felipe alza una ceja con disgusto y se cruza de brazos.
—Mira, niña —«Ahora soy una niña», pienso para mis adentros, pero siento cómo me hago pequeña.
Siempre me pasa cuando me tratan como si lo fuera, me convierto en diminuta de verdad—, no te lo tengas tan creído, ¿vale?
Eres muy mona, lo sabe todo el mundo. Pero también sabe todo el mundo que estás a dos telediarios de que dejen de tomarte en serio, así que baja un par de tonitos, ¿sí?
La gente se cansa rápido de las influencers , sobre todo si no las han descubierto ellos, así que deberías ponerte las pilas rápido con la música o…
Yo por lo menos te estoy ofreciendo una historia mientras les das lo que quieren. A la gente le encantan las historias.
Maldigo para mí el haber terminado mi copa con Tomly, porque me encantaría poder ahogar también sus palabras con ella.
Porque Felipe no está mintiendo, solo me recuerda lo que yo no olvido ni un solo día.
Vienen a mi mente todas las fotos que he sacado, y eliminado, durante la tarde; también la que les he sacado a los macarrones, de una marca de alimentación que me envió sus productos hace unas semanas…
, exactamente igual que el vestido que llevo puesto.
Mi vida está llena de apariencias, porque se ha vaciado de música.
Pero esto es pasajero, por eso mismo la discográfica me está presionando más que nunca.
Y también por eso las vías que me han dado tanto Tomly como Felipe no son opciones: para comenzar mi andadura en la música, mi primera gran noticia tiene que ser de mi música.
Ni colaboraciones que, en lugar de definir mi imagen, la acerquen a otros ni escándalos que la ensucien.
No me sorprendió lo más mínimo cuando se sentaron conmigo y me explicaron, punto por punto —con literalmente un dosier encima de la mesa—, los motivos por los que lo primero que se supiera de mí tras el cese de Girl-lies no debía ser algo del plano personal; no era profesional, me convertía en otro perfil, desviaba el foco de interés sobre mí.
Después de todo, en Girl-lies nuestras relaciones siempre habían sido una norma suprema e incuestionable.
O, mejor dicho, nuestras «no-relaciones».
Fue algo que se nos dejó claro desde la conformación del grupo: nada de chicos —ni mucho menos de chicas— mientras estuviéramos en la girl band .
Estaba terminantemente prohibido que tuviéramos relaciones sentimentales y que hablásemos en público de nosotras en esos términos.
Para todo un país enloquecido con nosotras, solo podíamos ser artistas musicales, nada de copar la prensa del corazón o dar que hablar fuera del contenido más blanco y familiar posible.
Quizá ese fue el motivo de que lo de Dani y Mili fuera todo un escándalo.
No solo era que de pronto dos chicas Girl-lies no hicieran gala de su perfecta soltería, sino que encima la relación era dentro del propio grupo y se abrían al mundo como sáficas.
Como mujeres que podían desear y amar. Desear y amar a otras mujeres.
«Lo de ellas fue distinto», recuerdo que me dijo Vero después de aquella charla, como si se le hubiese pasado por la cabeza que yo pudiera mencionarlas para defender que igual no era para tanto entrar en el tema privado; ni qué decir tiene que no pensaba hacerlo, ni siquiera se me había ocurrido.
Y tampoco me sorprendió su explicación. Claro que la discográfica había apoyado que Dani apareciese en el videoclip de Mili, el videoclip de una canción de amor, pero también de sexo, y en el que ambas salían compartiendo un beso que llenó las redes sociales durante días.
Después de todo, los temas que había sacado Mili antes que ese ya hacían gala de una sensualidad que había dado mucho de qué hablar viniendo de ella, de la chica dulce de Girl-lies.
Y la imagen rebelde que Dani había querido mantener se vio aún más acrecentada.
Además, pasado el shock inicial, ambas se habían convertido en enormes referentes del colectivo LGBT, y eso también había favorecido a la imagen de la discográfica.
Ellas ya tenían música propia, portadas con solo su nombre en ellas, y su historia había gustado a la gente e impulsado sus perfiles artísticos. Mi vida personal difícilmente podía impulsar un perfil artístico inexistente.
Más aún si era Felipe Torres el protagonista de tal vida personal.
De verdad que no soy una chica que se lo tenga creído lo más mínimo, pero estoy segura de que solo quiere tantear el terreno para enrollarse conmigo.
Comprobar si estoy tan desesperada como para ceder a un paripé así…
cuando los dos sabemos que no sacaría nada de esto.
Y eso ni siquiera tiene que ver con la prohibición de mi discográfica, solo con tener dos dedos de frente.
—Felipe, no me interesa. No me interesas. Y a las revistas del corazón tampoco les gustaría verte con una niña a la que le sacas once años. —Empiezo a alejarme de él, en especial porque no quiero que vuelva a tocarme—. Solo te has acercado a mí porque te has acordado de que soy guapa.
—Algún día valorarás que al menos —pone en la expresión el mismo énfasis que yo al llamarme «niña», como él me ha descrito hace un momento— se te recuerde por ser guapa.
Y no creo que sea muy tarde. —Su frase vuelve a golpearme el pecho, y creo que ese es el único motivo por el que no llega a repugnarme que recorra otra vez mi figura de arriba abajo—.
Disfruta de lo que queda de noche, Ruki.
Al final, se aleja él de mí antes que yo de él.
Y lo hace con la cabeza alta mientras yo soy incapaz de levantar la vista del suelo.
¿Puede todo el mundo dejar de tener esta facilidad para recordarme que estoy en un callejón sin salida y están a punto de pillarme?
¿Puede todo el mundo dejar de tener esta facilidad para hacerme daño?