As It It’s Your Last Capítulo 1 #3
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Capítulo 1 #3

Supongo que mi mánager me notó pensativa después de contarme la llegada al estrellato de aquel nuevo cantante, pues no tardó en poner una mano sobre mi hombro.

«Por suerte, tú ya tienes un hueco… y muchos éxitos a tu espalda.

Ahora solo nos queda conseguir otros cuantos que no sean compartidos.

Sabes bien que esta industria no regala nada».

—Sí, sí, creo que sé quién eres —le digo con una de esas sonrisas encantadoras que compongo sin esfuerzo. Veo cómo Tomly parece conforme con mi reacción a su interrupción—. Tú versionaste una de nuestras canciones, ¿no?

—¡Claro, cómo no hacerlo! Girl-lies fue también mi adolescencia; qué ilusión que la vieras.

—En realidad no la he visto, pero, sabiendo que versiona temas populares, las probabilidades de que alguno nuestro hubiera caído eran bastante altas.

Los años me han enseñado a ser simpática—.

Es una de mis canciones preferidas de «Mentiras de chicas».

Bueno, todo ese álbum es increíble… Será el primero, pero tengo debilidad por él.

Qué monada. No, de verdad. Está tan nervioso que no deja de mover las manos, y sus orejas están teñidas de rojo; imagino que sus mejillas también, pero lleva una cantidad de colorete considerable, así que no estoy segura.

Salta a la vista que es fan de verdad, que no es un papel para acercarse a mí. O, al menos, no solo un papel.

—Sí, «Mentiras de chicas» es una pasada. Guardo muy buenos recuerdos de él —le confieso, porque la verdad aquí está tan sobrevalorada como infravalorada—. Lo que no estoy es muy puesta en qué estás haciendo tú ahora, lo siento.

Antes de que yo haya terminado de encoger los hombros en un gesto de suave disculpa, él ya está haciendo aspavientos para quitarle importancia.

—¡No pasa nada, no te preocupes, de verdad!

—dice con vehemencia, pero sin cambiar ese tono de voz calmado que me mantiene al mismo tiempo relajada y alerta.

Entonces pone una mano sobre mi hombro y la segunda emoción es la que gana; con disimulo, doy un paso hacia atrás—.

¡Es normal! Con lo ocupada que también debes estar tú, ¿verdad?

Y ahí está. No me pasa desapercibido ni su interés por que emplee de nuevo la sinceridad para responder a su pregunta ni cómo fuerza la entonación de ese «también». Quiere dejar claro que él es alguien, o que puede serlo.

—Bueno, ya sabes cómo funciona este mundo.

O lo sabrás pronto —apostillo dando un trago a mi copa.

Su contenido baja por mi garganta tan rápido cuando trago que, por un momento, me arrepiento del movimiento.

¿Se notará desde fuera lo nerviosa que me he puesto?

—. A veces la música no deja hueco para la música.

Para disfrutar la de otros, quiero decir.

Tomly asiente y su sonrisa sigue ahí, pero yo siento algo distinto. Doy un paso más hacia atrás, poniendo distancia entre nosotros. Me pregunto cuán evidente será echar un vistazo a mi alrededor.

—Es una lástima. Porque de los compañeros también se puede aprender o tomar inspiración, ¿no?

—Juro que lo sé, que su tono de voz no ha cambiado y sus palabras no tienen nada raro, pero algo dentro de mí sabe lo que está a punto de decir—.

O hasta encontrar a alguien que vea la música como tú y que nazca algo guay.

Directo, tan directo como sutil. Se me escapa una pequeña risa. Vero siempre dice que hay que ser cortés, pero también cortante cuando la situación lo merece. Y Tomly ha empezado cortés y ahora yo debo ser cortante.

—Cuando eso pasa es chulísimo y salen cosas bastante interesantes, pero…

nunca conviene forzarlo. —Yo misma sé que eso no es cierto, que el panorama musical está lleno de colaboraciones que son trámites: para mover atención de un artista a otro, para saciar los deseos de sus fans, para conseguir un impacto.

Pero ambos sabemos también, como Tomly me ha demostrado, que de cara a la galería lo bonito es presentarlo como algo surgido de una conexión artística—.

La verdad es que yo ahora estoy muy centrada en mi propia música.

Imagino que también debes estarlo tú…, ¿verdad?

Por primera vez, la sonrisa le tiembla un poco; haberle parafraseado debe haber sido lo suficientemente claro. Y cortés.

—Bueno, pero estas cosas surgen cuando menos las esperas, ¿no?

—Por supuesto, pero para que surjan tienes que juntarte con otros artistas en un estudio.

—Creo que en mi explicación sueno suave, porque soy incapaz de impostar un tono paternalista.

Quizá porque en realidad me hago pequeña cuando son condescendientes conmigo—.

Y yo no estoy muy interesada en eso ahora.

—Qué pena —dice Tomly, que se ha quedado blanco incluso con el maquillaje sobre sus pómulos—. Entre nosotros seguro que podría salir algo guay, conecto mucho con el rollo de Girl-lies…

Esta vez, el contenido de la copa desciende tranquilo por mi garganta, como si ni siquiera le importase que me encontrara en movimiento. Mis pasos ahora no son hacia atrás, sino hacia un lado, en un comienzo ya de despedida.

—Una lástima que Girl-lies ya no exista —bromeo, y mi cabeza hace un gesto que acompaña la dirección de mis tacones—. Ha sido un placer conocerte, Tomly; ya nos veremos por ahí.

Pero entonces sé con certeza que Tomly tendrá un hueco en la industria musical, le cueste más o menos éxitos, porque él también ha entendido ya cómo funciona:

—Sí, ya nos veremos. Igual ya para entonces tu nueva música te ha quitado el apellido Girl-lies.

Y también sabe ser cortante.

Escucho cómo él también se aleja por donde vino mientras finjo que no me ha afectado su comentario sin dejar de caminar.

Que no me ha desestabilizado más que el contenido de tres copas y los centímetros que separan mis pies del suelo.

Noto el pulso disparado y el repicar de mi corazón retumbando en mis oídos.

No sé si Tomly se habrá sentido humillado con mi negativa a intervenir en su carrera musical, pero desde luego a mí sí que me ha humillado su comentario sobre la mía.

Puede que a él le haya dolido que viniera de alguien a quien ha admirado, pero a mí me ha roto por ser algo continuado.

La presión mediática me oprime el cuello y siento cómo me cuesta respirar.

Pero no he dejado de caminar en ningún momento.

Tampoco ahora que acabo de cerrar los ojos.

Tengo que salir de aquí; al menos dejar de ver los techos altísimos bajo los que me encuentro, la marabunta de gente guapísima que sonríe y se codea con iguales por todas partes.

Yo no me siento igual a nadie, yo me siento terriblemente sola. En todo.

Mi paseo se ve interrumpido cuando no solo es mi respiración la que tiembla: apoyo mal el tacón derecho y doy un traspié. Por suerte, una mano rodea mi muñeca y sostiene mi equilibrio antes de que toda yo sea la que toca el suelo.

—¡Pero bueno, Ruki, a ver si nos vas a dar un susto!

—Reconozco su voz antes de que me dé tiempo a darle las gracias o siquiera mirarlo.

Aunque también es verdad que me cuesta unos segundos más de la cuenta conectar mis ojos con los suyos, porque se dedica a repasar mi cuerpo de arriba abajo—.

Qué guapa estás, siempre te ha favorecido este color.

Mi vestido es de tela vaquera, muy similar a la de las faldas de tablas que todas llevábamos en Girl-lies —excepto Dani, que, en su papel de rebelde, era la única que usaba pantalones—, y por lo visto tiene razón, y su azul combina conmigo más que el verde de mis iris, porque sus palabras llegan sin que se haya dignado a levantar la vista del borde de mi escote.

Libero de un tirón mi brazo de su agarre y él también libera mi canalillo.

Sigue teniendo la misma expresión gamberra de siempre.

Hablo de Felipe Torres, un cantante con el que hicimos una colaboración para nuestro tercer disco, cuando la banda en la que estaba se disolvió y la discográfica quería intentar llevar su imagen a un público más comercial que el de aquel grupo centrado en el indie .

Creo que le salió bien, porque no hace tanto vi un vídeo suyo cantando aquel tema —sin nuestro acompañamiento— en un estadio hasta los topes que también gritaba sus canciones.

—Cuánto tiempo, Torres. —Fuerzo una sonrisa.

Lo cierto es que no me apetece nada hablar con él.

Ni con nadie, en realidad: todavía parezco sentir el corazón en el fondo de la boca.

¿Este tío se alarmaría mucho si se lo vomitase encima?

Seguro que ya tiene groupies que le han tirado cosas peores al escenario, y, si no las ha conseguido aún, estoy segura de que le encantaría conseguirlas—. Siento no poder charlar mucho, pero…

Que no se me malinterprete. Evito todo lo que puedo poner excusas, pero hoy ni siquiera siento que darle largas lo sea.

La voz de Tomly todavía martillea en mis oídos.

Y lo peor es que no es solo la suya. También es la de los periodistas en los platós o cuando hablan conmigo en cualquier evento en el que puedan llegar hasta mí para preguntarme por unos planes que, ellos no lo saben, aún son inexistentes.

La de cualquier equipo que se junta conmigo para trabajar y que no consigue sacar de mí ni una sola nota a derechas.

La de mi cabeza cuando leo para mí los comentarios que mis fans dejan en redes sociales.

Y la de mi propia mente cuando intento preguntarme por qué no consigo que funcione, por qué no sé qué quiero hacer con mi sueño. La música es mi sueño, pero no sé cuál es mi música. No saber tampoco qué es lo que se espera de mí…, eso no ayuda en absoluto, eso solo acrecienta la presión.

Ruki, la chica de Girl-lies. Ruki, la líder de Girl-lies. ¿Qué va a hacer si no tiene con qué papel continuar, ni con qué personaje romper? ¿Quién es Ruki?