Capítulo 47
Eleanor
Nadie persigue a la figura.
La decisión resulta extraña al principio porque el impulso natural de todos es correr tras ella. Blackwood da un paso hacia la escalinata, Kane lo imita e incluso Hale parece dispuesta a intentarlo. Sin embargo, Alistair los detiene antes de que nadie pueda moverse.
—No.
La palabra sale firme, sin necesidad de alzar la voz.
—Acabamos de ver a alguien —protesta Blackwood.
—Lo sé.
—Entonces deberíamos seguirlo.
—Eso es exactamente lo que esperan.
El arqueólogo abre la boca para replicar, pero termina cerrándola. Aunque le moleste admitirlo, sabe que Alistair tiene razón.
La expedición permanece junto al observatorio durante el resto de la tarde. No porque queramos, sino porque nadie está dispuesto a internarse más en la ciudad después de lo ocurrido.
La libreta encontrada en la escalinata se convierte de inmediato en el centro de atención. Blackwood prácticamente la secuestra, Reed amenaza con arrancarle las manos si rompe una sola página, Finch actúa como mediador y Hale fotografía cada hoja antes incluso de que terminemos de leerla.
Yo me siento junto a una de las paredes exteriores del observatorio, intentando procesar demasiadas cosas al mismo tiempo. Arthur, João, los guardianes y Briggs parecen formar parte de un mismo rompecabezas, pero cada respuesta genera nuevas incógnitas.
—¿Cómo estás?
La voz llega desde mi derecha.
Alistair, naturalmente. Últimamente siempre es él.
—¿Quieres la versión diplomática o la sincera? —pregunto.
—Sorpréndeme.
—Creo que mi padre me está volviendo loca desde la tumba.
La respuesta le arranca una sonrisa breve, pero auténtica.
—Eso ha sonado bastante sincero.
—Lo era.
—Entonces me preocupa un poco.
—A mí también.
Durante unos segundos observamos la ciudad en silencio. El observatorio proyecta una sombra enorme sobre parte de la plaza y, por primera vez desde que llegamos a Arukana, me pregunto si realmente quiero descubrir toda la verdad.
La idea resulta tan incómoda que apenas puedo sostenerla en mi cabeza.
—Eleanor.
La voz de Blackwood rompe el momento.
Nos giramos hacia él. Está de pie junto a la libreta y tiene la expresión de alguien que acaba de encontrar algo importante.
—Creo que deberíais ver esto.
El grupo se reúne rápidamente a su alrededor. Blackwood mantiene abierta una de las últimas páginas.
—No había visto esto antes porque está parcialmente borrado —explica—. La humedad ha ocultado parte del texto.
—¿Y ahora? —pregunta Finch.
—Ahora sí podemos leerlo.
Todos nos inclinamos hacia delante.
Hay líneas tachadas, anotaciones, números y símbolos. Después aparece una frase.
Una frase escrita por Briggs.
Mi estómago se tensa de inmediato.
—¿Qué dice? —pregunta Hale.
Blackwood lee despacio.
—"João no es el problema."
El silencio se instala entre nosotros. Miguel levanta la cabeza mientras João permanece inmóvil.
Blackwood continúa.
—"Arthur tampoco."
La frase provoca todavía más confusión.
—Eso no tiene sentido —murmura Reed.
—Espera —dice Blackwood mientras pasa la página—. Hay más.
Las siguientes líneas están dañadas, pero algunas palabras siguen siendo legibles.
"Observan."
"Desde dentro."
"No desde fuera."
Nadie habla porque todos estamos llegando a la misma conclusión.
—¿Qué significa eso? —pregunta Hale.
Blackwood tarda unos segundos en responder.
—Creo que Briggs pensaba que la amenaza no estaba fuera de Arukana.
—Estaba dentro —concluye Finch.
La posibilidad no tranquiliza a nadie. Nosotros también estamos dentro y Briggs terminó muerto.
La conversación continúa durante casi una hora entre teorías, hipótesis e interpretaciones, pero nadie consigue una respuesta definitiva.
El sol empieza a descender cuando Kane regresa de una inspección rápida de los alrededores. No vuelve solo: lleva algo entre las manos.
Todos nos ponemos en pie al verlo acercarse con un pequeño paquete envuelto en tela oscura.
—¿Dónde lo encontraste? —pregunta Alistair.
—En la entrada norte.
—¿Lo dejó alguien?
Kane asiente.
—Hace poco.
El grupo intercambia miradas. Nadie necesita preguntar quién.
Alistair toma el paquete, lo examina y retira lentamente la tela.
Dentro hay varios objetos: una pequeña talla de madera, un cordón trenzado y una hoja doblada.
Moderna. Reciente.
El corazón me golpea con fuerza cuando veo palabras escritas en inglés.
Solo una frase.
Alistair la lee en voz alta.
—"Marchaos antes de que sea demasiado tarde."
El silencio posterior parece extenderse por toda la plaza.
No suena como una amenaza. Precisamente por eso resulta más inquietante. Parece una advertencia sincera.
—¿Por qué harían esto? —pregunta Hale.
—Tal vez porque no todos quieren lo mismo —responde João.
Todos se vuelven hacia él.
—¿Qué significa eso? —pregunta Miguel.
João observa la nota durante varios segundos antes de responder.
—Significa que entre los guardianes también existen divisiones.
La respuesta genera nuevas preguntas, pero ninguna llega a formularse porque algo ocurre en ese mismo instante.
Un ruido procedente de la parte superior del observatorio.
Todos levantamos la cabeza.
Esta vez la figura no desaparece de inmediato. Permanece allí, observándonos durante varios segundos.
La distancia impide distinguir el rostro, pero sí percibo algo importante: no parece un guerrero ni una amenaza. Por alguna razón imposible de explicar, tengo la sensación de que nos está estudiando exactamente igual que nosotros a él.
Después desaparece otra vez.
Cuando bajo la vista descubro que Alistair me está observando. No mira el observatorio.
Me mira a mí.
—¿Qué? —pregunto.
Él tarda un segundo en responder.
—Nada.
—Mentira.
—Probablemente.
Y por primera vez en todo el día, a pesar de Arthur, de Briggs, de los guardianes y de la ciudad perdida, siento algo completamente distinto. Algo que empieza a parecerse peligrosamente a echar de menos una discusión con Alistair cuando no está cerca.