ARUKANA: La Ciudad Perdida Capítulo 38
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Capítulo 38

Alistair

Dormir resulta imposible. No es culpa del terreno, ni de los insectos, ni siquiera de las preguntas que João sigue evitando responder.

El verdadero problema es que llevo horas intentando convencerme de que Eleanor Whitmore no es asunto mío, y cada minuto que pasa esa idea resulta menos creíble.

La primera luz del amanecer apenas atraviesa la garganta cuando el campamento comienza a moverse. Las ruinas emergen poco a poco de la niebla y, durante unos segundos, parecen algo más que simples piedras: algo antiguo, extraño y difícil de explicar.

Después el sol termina de imponerse y todo vuelve a parecer los restos de una civilización olvidada.

Aunque cada vez me cuesta más creerlo.

Blackwood ya está trabajando, naturalmente.

Encuentro al arqueólogo inclinado sobre varios documentos mientras Eleanor revisa una copia de los diarios de Arthur junto a él. Ni siquiera han desayunado.

—Buenos días.

La voz de Hale llega desde detrás de mí.

—Eso depende de a quién preguntes.

—Empiezas optimista.

—Es una de mis peores cualidades.

Hale sigue mi mirada. Observa a Blackwood, luego a Eleanor y finalmente vuelve a mirarme.

La sonrisa tarda apenas un segundo en aparecer.

Empiezo a comprender por qué Reed parece tan cansado de convivir con científicos.

La marcha se reanuda poco después.

La garganta desemboca en una zona más amplia donde empiezan a aparecer estructuras completas. Ya no son fragmentos dispersos ni piedras aisladas, sino muros, escalinatas y columnas partidas por raíces gigantescas.

La vegetación ha reclamado el lugar, pero ya no consigue ocultarlo.

Arukana empieza a sentirse real, y eso provoca una reacción extraña en el grupo. La emoción, el miedo y la expectación se mezclan en cada mirada.

—Arthur estuvo aquí.

La voz de Eleanor llega desde delante.

Blackwood asiente.

—Sí.

—Más tiempo del que escribió.

—Eso parece.

—¿Por qué ocultarlo?

—Ésa es la pregunta.

Los observo mientras avanzan. Están demasiado concentrados y demasiado cómodos trabajando juntos.

Y lo peor es que sé perfectamente que no están haciendo nada malo.

No hay coqueteo ni segundas intenciones. Simplemente comparten el mismo entusiasmo intelectual.

Lo cual resulta absurdamente irritante.

Miguel aparece a mi lado otra vez.

Empiezo a sospechar que tiene algún tipo de instinto sobrenatural para detectar momentos inoportunos.

—No es Blackwood.

—Miguel.

—Solo digo que no es él.

—No sé de qué hablas.

—Claro.

—De verdad.

—Entonces explícame por qué llevas observándolos media mañana.

—Estoy observando la expedición.

—Qué casualidad que la expedición tenga exactamente la forma de Eleanor Whitmore.

Lo fulmino con la mirada.

Miguel parece encantado.

—Nunca te había visto así.

—¿Así cómo?

—Confundido.

—No estoy confundido.

—Perfecto. Entonces estás celoso.

—No estoy celoso.

—Magnífico. Hemos descartado una posibilidad.

—Miguel.

—Ya me voy.

Se aleja sonriendo.

Odio que tenga razón.

Sobre todo porque ni siquiera estoy seguro de que la tenga.

La expedición se detiene al mediodía.

Hale ha encontrado una pared parcialmente enterrada bajo raíces. La superficie está cubierta de símbolos, muchos más que los vistos hasta ahora.

Blackwood se acerca inmediatamente. Eleanor también.

Durante la siguiente hora prácticamente olvidan que existe el resto del mundo. Discuten teorías, traducen patrones, comparan notas y se interrumpen constantemente.

Y se entienden demasiado bien.

—No es una advertencia.

—Lo es.

—No.

—Sí.

—Henry.

—Eleanor.

—No todo en esta ciudad intenta matarnos.

—La experiencia reciente no respalda tu optimismo.

Ella se ríe.

Por alguna razón, ese simple sonido me irrita más de lo razonable.

La tarde empeora, aunque no por las ruinas.

El problema soy yo.

Empiezo a responder con menos paciencia a Kane, a Finch y, especialmente, a Miguel.

Incluso Reed me observa varias veces como si estuviera considerando diagnosticarme algo.

Y quizá debería.

La discusión estalla más tarde, como suelen hacerlo estas cosas: por un motivo aparentemente insignificante después de demasiados días acumulando tensión.

Estamos revisando una bifurcación del camino.

Hay dos rutas posibles. Una desciende hacia el valle y la otra rodea una zona derrumbada.

Blackwood defiende una opción.

Yo la otra.

Nada nuevo. Lo hacemos constantemente.

—La ruta inferior es más directa.

—Y más peligrosa.

—No necesariamente.

—Sí necesariamente.

—Eso es una opinión.

—Es experiencia.

Blackwood abre la boca.

Eleanor interviene antes.

—En realidad creo que Henry tiene razón.

El silencio dura apenas un instante.

Pero lo noto.

Mucho.

—¿Perdón?

Ella me mira.

—La ruta inferior tiene sentido.

—¿Basándote en qué?

—En las anotaciones de Arthur.

—Las mismas anotaciones que intentó ocultar.

—Precisamente.

—Eso no es una respuesta.

—Sí lo es.

La conversación debería terminar ahí.

No lo hace.

Llevamos demasiados días acumulando tensión.

—Empiezas a confiar mucho en Blackwood.

La frase sale antes de que pueda detenerla.

El silencio posterior resulta inmediato.

Blackwood arquea una ceja.

Miguel cierra los ojos como un hombre que acaba de ver acercarse una catástrofe.

—¿Qué significa eso? —pregunta Eleanor.

—Nada.

—No parece nada.

—Olvídalo.

—No.

Su tono cambia.

El mío también.

—Has insinuado algo.

—No he insinuado nada.

—Entonces dilo claramente.

Blackwood da un paso atrás.

Muy inteligentemente.

Miguel también.

Todavía más inteligentemente.

—Llevas dos días cuestionando todo lo que digo.

La acusación me golpea porque es cierta.

—No es verdad.

—Sí lo es.

—Estoy intentando evitar errores.

—No.

Su mirada permanece fija en mí.

—Estás enfadado.

—No estoy enfadado.

—Entonces deja de actuar como si lo estuvieras.

—Perfecto.

—Perfecto.

Ninguno parece dispuesto a ceder, y ése es precisamente el problema.

—No puedes seguir tratando a todo el mundo como si fueras el único que sabe lo que hace.

La frase llega afilada y directa, mucho más personal de lo que esperaba.

—¿Y tú no puedes seguir comportándote como si fueras inmune a las consecuencias?

—¿Qué demonios significa eso?

—Significa que cada vez que encuentras una pista corres detrás de ella sin pensar.

—Y aun así solemos encontrar algo.

—Hasta que un día no vuelvas.

El silencio que sigue resulta brutal.

Las palabras salen demasiado rápido y revelan más de lo que pretendía admitir.

Eleanor se queda inmóvil durante varios segundos.

—Así que era eso.

—Eleanor.

—No.

Niega con la cabeza.

—Por eso llevas días insoportable.

—No estoy...

—Porque tienes miedo.

La acusación me deja sin respuesta.

Y ella lo sabe en cuanto ve mi reacción.

—No necesito que decidas por mí.

Su voz baja ligeramente, lo suficiente para que resulte peor.

—Nunca te lo he pedido.

—Lo sé.

—Entonces deja de actuar como si fueras responsable de todo.

—Alguien tiene que serlo.

—No.

Da un paso hacia mí.

—No siempre.

Durante unos segundos nadie habla.

Blackwood, Miguel y el resto del grupo permanecen en silencio mientras toda la expedición parece desvanecerse a nuestro alrededor. Solo quedamos nosotros frente a frente, rodeados por demasiadas cosas que ninguno se atreve a decir.

Finalmente es João quien rompe el momento.

—Basta.

Todos nos giramos.

El guía está observando algo más allá de la bifurcación, algo que nosotros todavía no vemos. Su expresión ha perdido cualquier rastro de calma.

—¿Qué ocurre? —pregunta Reed.

João tarda varios segundos en responder.

Cuando lo hace, su voz apenas supera un murmullo.

—Creo que hemos llegado.

El grupo sigue su mirada.

Más allá de la vegetación y de las ruinas, entre la niebla que cubre el valle, aparece algo.

Una estructura gigantesca, demasiado grande para ser un edificio aislado y demasiado compleja para ser una ruina cualquiera.

Durante un instante nadie recuerda la discusión, porque toda la atención queda atrapada por la misma visión.

Arukana.

Por primera vez de verdad.

Y mientras Eleanor permanece a pocos pasos de mí, todavía enfadada, desafiante e imposible, comprendo que acercarnos a la ciudad está resolviendo algunos misterios.

Pero también está complicando otro muchísimo más.