16
NO COMÍA.
No hablaba.
No salía de la cama.
Llevaba así una semana. Miller cada noche lloraba a su lado pidiéndole perdón. Pidiéndole que no perdiera la fe. Le juraba que rescataría a su padre.
—Por favor, dime algo, mi ángel.
Pero de nuevo. No dijo nada y cerró sus ojos para caer en un sueño profundo lleno de pesadillas.
En la madrugada abrió los ojos de un tirón cuando escuchó el murmullo de alguien. Se dio cuenta que se trataba de Miller. Estaba teniendo una pesadilla.
—Por favor... mátame.
Eso le destrozó el alma. Nunca lo había visto de esa forma. La que siempre tenía pesadillas era ella.
—Por favor, no.
—Miller—Le tocó el rostro. Estaba empapado de sudor y temblaba. Estaba herida pero por nada del mundo deseaba aquello para él. Claramente estaba teniendo la peor pesadilla para rogar que lo matasen.
—Mátame a mí.
El roce del pensamiento de que Miller estuviese dispuesto a dar su vida por ella la llenó de temor.
—Miller, despierta— se subió sobre él para golpear su pecho y hacer que despertara.
—¡No!
—¡Miller! —Le gritó y Miller abrió sus ojos.
Le tomó las muñecas y la hizo rodar hasta que su espalda tocó el colchón. Se quedaron mirando a los ojos como dos desconocidos.
—Fóllame—Le imploró Eva—Por favor.
Casi nunca le pedía que le hiciera el amor de esa manera. Pero se dio cuenta que lo que necesitaba no era amor ni compasión. Sino hacerla fuerte y recordarle de qué estaba hecha. Les gustaba el sexo rudo. El sexo duro y fuerte que solo ambos podían entender.
Miller le rompió la ropa interior y el pequeño camisón que llevaba. Se despojó de lo único que llevaba encima y eran sus calzoncillos y sacó su pene ya erecto para introducirlo en su sexo de un solo golpe.
—¡Miller!
La excitación se hizo inmensa. Comenzó a bombearla fuerte y estrujándole los pechos como le gustaba. Eva lo recibía con resentimiento y placer al mismo tiempo. Y en ningún momento se besaban o dejaban de verse a los ojos.
Pero él no lo soportó.
Rápidamente la tumbó boca abajo e hizo puño su cabello con una mano para entrar de nuevo de lleno en ella. Le halaba el cabello fuerte lo que provocaba que Eva se excitara más.
—Perdóname, Eva. —gruñó —Perdóname mi Perséfone .
Eva se echaba de adelante hacia atrás con maestría para llegar al máximo placer. En cuanto a Miller, verla de esa manera lo cegaba la lujuria de querer hacerle más daño y follársela más duro.
Así que sin soltarle el cabello, con la otra mano comenzó a azotarle el culo con mucha fuerza.
Eva gritaba del placer y del dolor al mismo tiempo. Miller gruñía con cada embestida que le daba hasta que sintió que no podían más.
—¡Más duro!—Le ordenó Eva.
Como un motor a punto de estallar y escuchar su orden. La azotó más fuerte y penetró con más rapidez hasta quedar sin aliento. Escuchó cuando se corría.
—¡Dios, Miller!
Le soltó el cabello y la abrazó por detrás cuando era su turno de terminar.
Ambos cayeron de ambos lados de la cama y miraron hacia el techo de la habitación.
—Dime que no te he lastimado—Le rogó.
Eva lo miró por primera vez en muchos días.
—Nunca lo permitirías.
Una noche llena de sexo rudo y vainilla fue la medicina para calmar sus heridas. Al menos un poco. Eva no dejaba de pensar en su padre. No merecía su perdón pero tampoco que muriera en manos de Berlín. Por eso estaba dispuesta a todo para que volviera a casa.
Su móvil sonó mientras estaba sola en la habitación.
En cuanto miró la palabra desconocido supo que era momento de negociar.
—¿Sí?
—Tú a cambio de tu padre. Si no lo mataré y después sigue Miller.
Eva iba a decir algo cuando él continuó hablando.
—Las instrucciones están en tu joyero.
Cortó la llamada sin decir más.
Berlín tenía todo planeado y cada instrucción era delicada y meticulosa. Sabía que no podía decirle a Miller nada.
Esa mañana desayunaron como una pareja enamorada.
Salieron a caminar por el jardín y hasta vieron una película en el teatro de cine de la mansión.
Necesitaba tenerlo seguro y calmado de que todo estaba bien entre los dos.
Al llegar la madrugada. Luego de hacer el amor por última vez, Eva salió de la cama.
Se cambió de ropa sin hacer ruido y salió por la puerta trasera de la cocina. Corrió hasta el jardín sin ser vista y dos hombres ya esperaban por ella en el otro lado del muro.
Le ayudaron a saltarlo y cuando entró a un coche que parecía abandonado, sintió el pinchazo en su cuello.
Eva era llevada en helicóptero militar hasta las afueras de Estados Unidos con destino a la casa de Berlín donde la estaba esperando.
La mansión era más bien una fortaleza donde no podrían rescatarlos nunca.
Para esas alturas ya Miller se había dado cuenta de que Eva no estaba.
—¡EVAAAAAAA!—gritaba Miller destruyendo todo a su paso.
—La hemos buscado por toda la mansión y no hay señal de que haya salido en algún coche. Le avisó Flame.
Miller se recompuso, recordando las palabras de Berlín y de ella.
—Va a cambiar de lugar con su padre.
—Mierda—Dijo Flame.
—Prepara todo para irnos.
Con Miller en camino y una Eva adolorida y desnuda el día corría lento.
Miró a Berlín que se ponía la ropa de nuevo. Eva comenzó a gritar del dolor, pues había abusado de ella mientras estaba inconsciente.
—Sigues teniendo un buen coño.
La rabia que miraba en sus ojos lo excitó de nuevo. Pero decidió divertirse con algo más. Torturando a su padre delante de ella.
Esposada y ya vestida bajó de la habitación. La casa era inmensa y repleta de droga y dinero. Eva logró ver cómo sacaban a su padre y lo tiraban hacia el piso. Estaba con la cara desfigurada y débil.
—Déjalo ir—Le rogó —Ya me tienes. Ahora déjalo ir.
—No.
Eva abrió sus ojos como platos y comenzó a golpearlo como podía. Pero Berlín era más fuerte así que le regresó el golpe tumbándola en el suelo.
—¡Déjala, hijo de puta! ¡Es mi hija!
Berlín caminó hasta él. Olía a humo y sudor. Siempre había sido un hombre desagradable cuando se lo proponía. Todo de él a Eva le causaba asco. Y ahora más que nunca quería morir porque de nuevo había abusado de ella.
Eva no lo soportó más. Por más que quería mantenerse despierta. El dolor era insoportable y solamente pensaba en Miller, en que él no pudiera salvarla. Pero sabía que en el fondo él tarde o temprano llegaría por ella.
Nunca había dejado de creer en él. En la fe de esperar hasta que algo bueno les ocurriese y que pronto toda la pesadilla terminaría.
Una explosión la hizo despertar. Se escuchaban disparos y autos derrapar a lo lejos. Lo único que podía hacer era mantenerse a salvo y cubrir sus oídos con ambas manos.
Pero la idea de que pudiera ser Miller le ayudó a ponerse de pie y buscar ayuda. Si Berlín regresaba podía volver a huir con ella y no lo iba a permitir.
En el salón no había nadie más que su padre y ella. Pero no sabía si estaba con vida todavía.
Se arrastró al cuerpo de él y le habló.
—Papá, despierta. —Se le nubló la vista a causa de las lágrimas sin derramar.
Su padre abrió los ojos con mucha dificultad.
—Eva...
—Papá hay que irnos—Le tomó la mano e intentó levantarlo. Pero él no lo hizo.
—No, Eva. Vete tú, yo distraeré a Berlín si regresa.
—No, papá ven conmigo tenemos que irnos.
Otro estruendo y ola de balas se escucharon.
—¿Qué está pasando?
—Creo que es Miller. Ha venido por nosotros. Por favor, papá. Levántate.
Le ayudó a ponerse de pie y ambos intentaron caminar hasta un lugar seguro. La puerta se abrió de golpe y muchos hombres enmascarados entraron. Comenzaron a disparar detrás de ellos. Venían por ellos.
Uno de ellos se quitó la máscara que llevaba y era Miller. Eva cayó. De rodillas estaba demasiado débil y su padre también pero aún se mantenía de pie.
—Eva—Miller cayó de rodillas junto con ella y la abrazó. Eva no lo hacía, pues se sentía sucia para él.
Al ver su rostro Miller supo de inmediato lo que había pasado. Quiso tocarla pero ella lo esquivó. Los ojos se le inyectaron de sangre al recordar esa mirada perdida de ella.
—Lo lamento—Sollozó Eva—Lo lamento tanto.
Miller tragó en seco. No la tocó pero pegó su frente en la de ella y la miró fijamente.
—Sigues siendo mía. Te sigo amando más que ayer....¿Tú?... —Le costaba formar las palabras por las lágrimas que derramaba—¿Tú me sigues amando?
Eva sonrió a medias y le agarró la cara para darle un beso en la boca.
—Siempre.
Se besaron de nuevo y esta vez fueron interrumpidos.
—Lamento mucho interrumpir tan apasionado momento —Berlín entró con un chaleco antibalas y un arma más grande esta vez.
—¡Voy a matarte, hijo de puta!
Miller se abalanzó sobre él y comenzó a golpearlo. El arma cayó al suelo junto con el arma de Miller. Lo golpeaba como si su vida dependiera de ello, Berlín comenzó a sangrar y reía a carcajadas.
Era un hijo de puta psicópata que disfrutaba del dolor.
Un disparo en el aire los hizo que se detuvieran.
—Papá...
Fallon tenía prisionera e inmóvil a Eva con un brazo y un arma apuntándole en la cabeza.
Miller tras aquello sintió que la vida se le iba en un segundo. Un paso en falso y la perdería.
—Quietos los dos—Amenazó.
Por fin hubo algo que sorprendió a Berlín y era ver a su viejo amigo dispuesto a matar a su propia hija con tal de conseguir la libertad.
—¿Vas a matarla?—Le preguntó —Es así como maté a tu esposa. Me la recuerdas en estos momentos y me siento nostálgico.
—Cállate la puta boca—Fallon recordó ese día como su peor tormento—Había sido Eva si no te la hubiera dado. Y ella estaba de acuerdo. Pero no contaba con que la matarías.
Berlín no mostró sentimiento alguno.
—Ese es el precio por llevarte a mis mujeres. Cometiste el error de enamorarte de ella. Tenía que ser ella o Eva. Pero después Eva vino solita a mí y él mismo ciclo se repite.
—Papá...
—Sí vas a matarla hazlo rápido y si no lo haces la mataré frente a los dos. Y después los mataré a ustedes.
La mano no le temblaba. Estaba dispuesto a dispararle en la cabeza ahí mismo. Pero algo dentro de Miller no coincidía.
—Tú —Fallon ordenó a Miller—Ven aquí.
Miller levantó las manos en rendición rogando por la vida de Eva.
—No lo hagas, Fallon. Es tu hija.
—¡Cállate la pura boca y ven aquí!
Poco a poco cuando Miller estuvo cerca de él fue cuando lo entendió todo.
—Mantenla a salvo—Susurró.
Todo sucedió rápido y lento a la vez. Fallon arrojó a Eva a los brazos de Miller y con ella en brazos corrió hasta la salida que estaba a pocos pasos de ahí. Berlín comenzó a disparar y cuando Miller y Eva estaban afuera, Miller buscó el interruptor en su traje. Pero no lo encontró.
Lo único que pudo hacer fue cubrirla con su cuerpo mientras un estruendo se apoderó de todos sus sentidos y vidrios salieron disparados por todo el lugar a causa de la explosión.
—¡PAPÁÁÁÁÁ!
Miller la apretó contra él mientras todos los escombros caían sobre ellos. Se aferró a su pecho y cerró sus ojos hasta que todo por fin terminó y solamente se escuchaban las llamas en el interior de la casa.
Más camionetas llegaron al lugar. Pudo lograr ver a Flame que se acercaba donde ellos.
Eva estaba demasiado débil para hablarle.
Pero lo único que podía hacer es sentir a Miller sobre ella.
Tenía los ojos cerrados pero respiraba. Se lo decía su corazón que latía al mismo tiempo que el de ella en su pecho.
Y con ello, cerró sus ojos. Por fin la pesadilla había terminado.